{"id":1056,"date":"2011-10-28T13:32:05","date_gmt":"2011-10-28T13:32:05","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=1056"},"modified":"2021-10-24T21:46:22","modified_gmt":"2021-10-25T02:46:22","slug":"tristeza-de-ciclista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=1056","title":{"rendered":"Tristeza de ciclista"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><em><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4316\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista.jpg 900w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/tristeza-ciclista-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #0000ff;\"><em>Para el Pollito, alias Bruno,<br \/>\n<\/em><\/span><span style=\"color: #0000ff;\"><em>porque sin saberlo me fue dictando las palabras.<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">&#8211; \u00a1Perdidos por mil, perdidos por cientos! \u00a1No s\u00e9 qui\u00e9n nos manda estar aqu\u00ed, sufriendo!<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Antonio se queja, hace un gesto duro con la mand\u00edbula, se acomoda el sombrero, entrecierra los ojos. Es una tarde soleada, pero no importa: hay en los hombres una tristeza de tigre ciego que la rabia disimula. Al fin tristeza, al fin rabia y al fin ceguera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">De un peque\u00f1o empuj\u00f3n apura a Bruno. La ciudad se aleja sobre esos pasos y atr\u00e1s va quedando un animal domesticado por el cemento: es el r\u00edo, la \u00fanica cosa viva que veremos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<!--more--><\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">&#8211; Ven aqu\u00ed, Bruno, si\u00e9ntate. No pensemos en nada, nos emborracharemos.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Pero no se emborrachar\u00e1n. Con trabajo comer\u00e1n pan con mozzarella en ese peque\u00f1o restor\u00e1n donde no venden pizzas. Es curioso: en los restaurantes italianos no venden pizza. Bruno igual come. Est\u00e1 feliz, salvo por ese peque\u00f1o momento de distracci\u00f3n cuando Antonio hace cuentas y va repasando por frente a sus ojos lo mucho que costar\u00e1 ese distractor con queso y ajo. Luego le acerca el vino<em> \u00a1Si supiera tu madre que te hago beber!<\/em> Acaso Bruno tiene m\u00e1s problemas que contar dinero o emborracharse: los cubiertos se le rebelan, se niegan a partir el pan, sufren de espasmos al ser tocados por sus dedos primerizos \u00a1Negarse a partir un pan, qu\u00e9 humanidad vil hay en los cubiertos! Pero las manos, esas ara\u00f1as cojas de tres patas completas, saborean una venganza que los cubiertos ni sue\u00f1an: el masaje de una lengua que agradece en sus lomos la oda del bolo alimenticio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Antonio hace cuentas sobre la mesa: doce mil de sueldo, dos mil de extraordinarios, m\u00e1s los subsidios familiares&#8230; De algo nos hemos perdido, porque ni Bruno, ni dios, ni el diablo, ni el que esto escribe, saben c\u00f3mo es que a Antonio le resultan 800 liras diarias. Las matem\u00e1ticas italianas son surrealistas: por alguna raz\u00f3n los peri\u00f3dicos publican que cada d\u00eda son robadas 30.5 bicicletas en el centro de Roma. Pero nadie explica de d\u00f3nde ha salido ese artista del robo que por las ma\u00f1anas hurta bicicletas en mitades y por las noches pretende exigir cenas completas. Lo justo es lo justo, pero en Italia un ladr\u00f3n de bicicletas enteras ha decidido aparecer injustamente en la historia, y desde la <em>Puerta Fortese<\/em> ha huido con el patrimonio de Antonio, y con ello se ha llevado, sin saberlo, el sue\u00f1o de las 800 liras. <em>Y ah\u00ed est\u00e1 el centro de las cosas<\/em> \u2013dice Antonio- :<em> \u00a1Mejor que un rey! \u00a1Y uno tiene que dejarlo!<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Antonio aprieta la mand\u00edbula de nuevo, pero esta vez no es la rabia quien empuja, esta vez es el ojo que le arrancaron con la bicicleta. <em>Ojo por ojo<\/em>, va pensando mientras Bruno le pisa la sombra. Italia es un basurero despu\u00e9s de la guerra. A los edificios inv\u00e1lidos hay que agregar los trapos que la gente se unta para disimular al pa\u00eds en ruinas que no logra levantarse de la derrota. No hay color en las camisas, no hay color en los pliegues de los sacos, no hay color en los pantalones ra\u00eddos; los italianos levantan alto los pies como si marcharan, andan con un andar de aut\u00f3matas y lo hacen por una raz\u00f3n muy humana: temen ser confundidos con sus sombras. Para colmo: r\u00eden una vez al d\u00eda, y eso, la sonrisa, es lo \u00fanico que la sombra no reproduce; en Italia hasta las risas son un oscuro misterio que se arrastra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Hay calles anchas que son blancas como un mont\u00f3n de gansos y est\u00e1n solas; si la muerte pasara por ah\u00ed nadie ver\u00eda su presencia. Las calles oscuras son otra cosa: cualquier italiano sabe que la muerte es un animal friolento, prefiere las multitudes, ama \u2013si es posible decir que hay amor en la muerte- ama, dec\u00eda, alimentarse de un tibio hacinamiento, se lame los bigotes frente a las multitudes distra\u00eddas, frente a lo repentino de llegar y gangrenarlo todo. La democracia de la muerte es una novedad de las guerras, una de las pocas modas al alcance de cualquier italiano este lunes de 1948.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a1800 liras y no poder nada contra el robo de una bicicleta!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Todo es surrealista en la Rep\u00fablica italiana posterior a Mussolini. Tan surrealista como un partido de f\u00fatbol en pleno lunes, unas calles vac\u00edas y al otro lado, como una tentaci\u00f3n fulgurante, una bicicleta estirando su sombra como un gato amodorrado. Es un lunes cualquiera en Italia, donde los gatos se disfrazan de sombras y las bicicletas son mujeres recargadas en las esquinas, listas a pasar de mano en mano, de pie en pie. Las bicicletas son la nueva perdici\u00f3n de estos hombres sin trabajo. Esta noche romana las prostitutas dormir\u00e1n so\u00f1ando que tienen llantas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">***<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Lo que sigue es muy r\u00e1pido, todo sucede con la velocidad de un rel\u00e1mpago seco: Antonio ve la oportunidad, la toma, agarra por los cuernos una bicicleta que no es la suya y no siente la misma adrenalina de un italiano tomando prestada una mujer ajena; siente verg\u00fcenza. Huye. Pero esa verg\u00fcenza y otros diez romanos desempleados lo alcanzan. Todo sucede frente a Bruno, su hijo: los jalones, los gritos, los cachetazos, los empujones. Pero sobre todo la miseria. Todo lo desconoce la miseria. \u00a1La miserable miseria que no sabe cu\u00e1n miserable es!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Antonio y Bruno vuelven a casa. Sin bicicleta, ahogados en la verg\u00fcenza triste de los pobres. Tienen s\u00f3lo sus manos y se las regalan. Los vemos desaparecer como desaparecen los que no tienen una casa, un jard\u00edn, y juntos tienen todas las desgracias del mundo. Tienen sus manos y es todo. Yo vuelvo a casa caminando. Pienso en ellos, en que no quiero esa tristeza de tigre ciego dando l\u00e1stima. Tristeza de ciclista echado de su para\u00edso rodante. Tristeza de miseria, de <em>porca miseria<\/em> que nadie sabe en qu\u00e9 momento nos toca y nos espanta\u2026<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #000000;\"><em>Basado en El ladr\u00f3n de bicicletas, de Vittorio de Sica (1948).<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_hablamedelmundo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1307\" title=\"autor_hablamedelmundo\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_hablamedelmundo.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>H\u00e1blame del mundo.<\/strong> Fue medalla de oro en ciclismo de monta\u00f1a dentro de los Juegos Panamericanos pero no subi\u00f3 al podio porque le deprimen los homenajes. Tambi\u00e9n obtuvo el bronce en lectura de cien letras libres y plata en poes\u00eda r\u00edtmica. Los descalificaron en el marat\u00f3n por no responder a una pregunta de cultura general.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para el Pollito, alias Bruno, porque sin saberlo me fue dictando las palabras. &nbsp; &#8211; \u00a1Perdidos por mil, perdidos por cientos! \u00a1No s\u00e9 qui\u00e9n nos manda estar aqu\u00ed, sufriendo! Antonio se queja, hace un gesto duro con la mand\u00edbula, se acomoda el sombrero, entrecierra los ojos. Es una tarde soleada, pero no importa: hay en los hombres una tristeza de tigre ciego que la rabia disimula. Al fin tristeza, al fin rabia y al fin ceguera. De un peque\u00f1o empuj\u00f3n apura a Bruno. 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