{"id":1425,"date":"2012-02-21T05:05:58","date_gmt":"2012-02-21T05:05:58","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=1425"},"modified":"2021-05-03T12:57:59","modified_gmt":"2021-05-03T17:57:59","slug":"colomitos-cercanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=1425","title":{"rendered":"Colomitos cercanos"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #3366ff;\">El pobre convidado de piedra en que se convirti\u00f3 Pepe Gu\u00edzar mira, inc\u00f3lume, la decadencia de aquellos sus \u00abColomitos lejanos\u00bb. En esta cr\u00f3nica, el autor no s\u00f3lo narra en lo que hoy se han convertido Los Colomos, sino que irremediablemente los recuerdos de su infancia lo buscan, agazapados, en cualquiera de los parajes del bosque.<br \/>\n<\/span><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #888888;\">Por V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos \u00abEl Chiva\u00bb<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-4100\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-1024x667.jpg\" alt=\"\" width=\"661\" height=\"430\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-1024x667.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-300x196.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-768x500.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-1536x1001.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos-640x417.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/PepeGuizarColomos.jpg 1691w\" sizes=\"auto, (max-width: 661px) 100vw, 661px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"color: #333333;\">\u00a1Ay, ay, ay, ay! Colomitos lejanos&#8230;<br \/>\n<\/span><\/em><em><span style=\"color: #333333;\">!Ay! Ojitos de agua hermanos<br \/>\n<\/span><\/em><span style=\"color: #333333;\">Pepe Gu\u00edzar<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p><span style=\"color: #333333;\">La estatua de Pepe Gu\u00edzar mira en lontananza. Su traje consta de chaquet\u00edn bordado, chaleco, camisa, mo\u00f1o y pantal\u00f3n con tarugos. Pepe tiene la mano derecha extendida y la izquierda sosteniendo el sombrero de ala grande y grecas. Su actitud es de cantar, \u00bfpero a qu\u00e9 le canta? El monumento est\u00e1 ah\u00ed, perdido en la entrada de Colomos I, frente al castillo que tantas veces me hizo so\u00f1ar en historias medievales s\u00f3lo para mostrarme la miseria de sus entra\u00f1as.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">He llegado antes que Zahira. Quedamos para hacer un d\u00eda de campo. La cita era en la entrada de Colomos II, entre Avenida Patria y Alberta. Desquehacerado que estoy, me pongo a juntar conitos que caen de los eucaliptos mientras de vez en vez una lluvia de esporas amarillas que sueltan los mismos conitos me ba\u00f1an. Me recuerdan al fenecido Club Guadalajara, que estaba -justamente- en la calle Colomos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">En realidad, cuando caen no son conos, sino una especie de agitador de martinis que lleva por dentro, en lugar de la bebida favorita de Bond, James Bond, esos listoncillos amarillos que caen como lluvia amarilla. Yo me entretengo abri\u00e9ndolos y destrip\u00e1ndolos; aventando las esporas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Al poco tiempo de estar ah\u00ed, me llama la atenci\u00f3n la fila de cinco, luego seis, luego siete&#8230; autos. No deja de parecerme absurdo trasladarse a un lugar arbolado dentro de la ciudad en carro, pero cada qui\u00e9n. Yo llegu\u00e9 en la amable ruta 25. Luego de unos cinco minutos, un exasperado automovilista empieza a pitar fren\u00e9ticamente el claxon, perturbando el alegre silencio dominical que nos rodea.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Hay un letrero muy grande en esa entrada en el que se lee \u201cEstacionamiento lleno\u201d. Ser\u00e1 mi mala costumbre de leer todo, pero creo que el anuncio es lo suficientemente visible. El se\u00f1or o no se ha dado cuenta que el estacionamiento est\u00e1 lleno -tampoco los otros siete autos delante de \u00e9l- o s\u00f3lo tiene ganas de mostrarnos los altos tonos que alcanza su claxon. Pienso que un tr\u00e1iler a alt\u00edsima velocidad pierde el control justo en esa curva de Patria, llev\u00e1ndose para siempre a nuestro exasperado amigo. Luego regreso a mis cuatro a\u00f1os, cuando hac\u00eda copas en las que beb\u00eda agua de lim\u00f3n o manufacturaba castillitos con los conos que ca\u00edan de los eucaliptos en aquellas tardes del Club de Colomos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Una guardabosques que cuida la entrada sale de su posta y se dirige al acceso de autom\u00f3viles. El tipo sigue pitando. Quiz\u00e1 con la combinaci\u00f3n correcta de largos y cortos logre un lenguaje morse y m\u00e1gico para desvanecer la fila frente a \u00e9l y encuentre un lugar brillante y perfumado para su auto. La guardabosques se\u00f1ala el anuncio y la magia surte efecto. Todos desaparecen.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Zahira llega radiante a pesar del retraso. Sus lentes blancos parecen sacados de una fiesta de la noche anterior en el Caudillo&#8217;s. Intuyo esos ojos azules que tanto me gustan. Enfundada en riguroso pants, no puede verse m\u00e1s linda. Trae los s\u00e1ndwiches en su mochila, as\u00ed que nos ponemos en acci\u00f3n y buscamos entre los senderos y los corredores un lugar que no d\u00e9 a Patria y que est\u00e9 lo suficientemente aislado para dejarnos la sensaci\u00f3n de que no estamos en esta mole de concreto y no muy a la vista de los que se ejercitan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Decidimos quedarnos a la vera de uno de los arrollos (secos) que hay. Casi no se ve la avenida y el sendero m\u00e1s cercano est\u00e1 como a 15 metros. Acercamos un par de troncos y nos disponemos a desayunar. El hambre creci\u00f3 poco a poco en nosotros hasta este momento, en que es insoportable. Conversamos, comemos, disfrutamos del clima bajo los pinos, vemos ardillas que la maravillan a ella. Le cuento de c\u00f3mo las ardillas del Bosque de Chapultepec ahora est\u00e1n amaestradas para hacer bober\u00edas y dejarse tomar la foto a cambio ya no de una bellota, sino de una migaja de pan o cualquier alimento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Recordamos la primera cita que tuvimos justo ah\u00ed, en Colomos y lo bizarro que fue. Hasta un guardabosque nos corri\u00f3 porque era hora de cerrar. Desde entonces no hab\u00edamos regresado ni juntos, ni cada quien por su lado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Terminado el desayuno, decidimos caminar, primero perdi\u00e9ndonos entre los senderos. Luego, optamos porque nuestros pasos nos lleven al Jard\u00edn Japon\u00e9s. De camino, me encuentro a un compa\u00f1ero de la primaria. Nos saludamos efusivamente, le presento a Zahira y cotorreamos un poco. Me meto en las cuevas \u201cde osos\u201d que hay.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Se supone que un Jard\u00edn japon\u00e9s est\u00e1 dise\u00f1ado para que uno d\u00e9 largos paseos y medite cobijado por el sonido del agua. En domingo es imposible escuchar el propio pensamiento. La cantidad de gente es tal que hay veces que se forman cuellos de botella en los puentes de madera que cruzan los arrolluelos atestados de peces y tortugas. Los ni\u00f1os gritan cada que ven a alg\u00fan pez hacer una pirueta. Y ni pensar en sentarse en las tres o cuatro bancas que hay. Al menos no hay quincea\u00f1eras o parejas de novios en sesi\u00f3n de foto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Caminamos, tomados de la mano, platicamos de cualquier cosa. Preferimos pasar de largo el paseo escult\u00f3rico, tan deteriorado y con piezas de concreto y fierro tan poco llamativas. Vemos la zona de asadores, creo que est\u00e1 dedicada a Oregon, Estados Unidos. Descansamos un momento ah\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Por fin vemos el Castillo. Yo recordaba las grandes cisternas frente al edificio rebozantes, azules, verdosas. Me estremec\u00eda ver tanta agua. Mi pap\u00e1 me dijo que con eso abastec\u00edan esa zona de Guadalajara (la casa de mis abuelos no estaba lejos de ah\u00ed y mi abuela nos dejaba tomar agua directamente de la llave. As\u00ed era la confianza hacia el agua de Colomos). Las cisternas ahora est\u00e1n vac\u00edas, no hay mucho qu\u00e9 ver.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Est\u00e1n terminando las clases de pintura, las se\u00f1os copetonas rodean las almenas del castillo como centinelas con sus miradas oscilando entre los lienzos y los alrededores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Rodeamos todo el edificio y nos encontramos con el creador de la m\u00edtica\u00a0 canci\u00f3n Guadalajara: con Pepe Gu\u00edzar, condenado a ser testigo inm\u00f3vil de la desaparici\u00f3n de su ciudad como \u00e9l la conoci\u00f3 y de la que tanta fama gozara.\u00a0<\/span><span style=\"color: #333333;\">De poder salir huyendo, seguro abrir\u00eda -como <a href=\"http:\/\/www.folkways.si.edu\/explore_folkways\/nati_cano.aspx\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Nati Cano<\/a>&#8211; una sucursal de la m\u00fasica vern\u00e1cula en Los Angeles. Pero no. Est\u00e1 encadenado.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_victor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1311\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_victor.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\">V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos \u201cEl Chiva\u201d (Guadalajara, 1978) no tiene mucho qu\u00e9 decir de s\u00ed mismo. Es mel\u00f3mano irredento y escribidor. Como Bartleby, preferir\u00eda no hacerlo; aunque a veces lo disfrute s\u00e1dicamente.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pobre convidado de piedra en que se convirti\u00f3 Pepe Gu\u00edzar mira, inc\u00f3lume, la decadencia de aquellos sus \u00abColomitos lejanos\u00bb. 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