{"id":1438,"date":"2012-03-15T04:06:26","date_gmt":"2012-03-15T04:06:26","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=1438"},"modified":"2021-09-21T23:56:58","modified_gmt":"2021-09-22T04:56:58","slug":"la-boca-de-itzamna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=1438","title":{"rendered":"La boca de Itzamn\u00e1"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #3366ff;\">En Guatemala no todo es verde y lo que hace falta para sortear las fauces de este monstruo mitol\u00f3gico son d\u00f3lares para seguir la traves\u00eda por el mundo maya.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #808080;\">Por V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos \u00abEl Chiva\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4289\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"450\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301.jpg 900w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301-300x150.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301-768x384.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Itzamna\u0301-640x320.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a> 1<\/p>\n<p>Justo llegando a M\u00e9rida, a Zahira se le olvidaron los quetzales que nos regal\u00f3 Parisa, la sueca que no parec\u00eda sueca que viv\u00eda en la casa donde compart\u00edamos las fiestas, las desveladas y hasta la cocina. Donde viv\u00edamos, pues. La divisa la olvidamos en un caj\u00f3n de mueble de un cuarto de hostal. Soberbios como somos, nunca los echamos en falta.<\/p>\n<p>En Bec\u00e1n, Campeche, vimos un palacio que ten\u00eda como puerta de entrada, tallada, la boca del monstruo de la Tierra: Itzamn\u00e1. Y en la pir\u00e1mide de Ek-Balam hay una decoraci\u00f3n de estuco que recuerda los altares barrocos de las iglesias. En lugar de \u00e1ngeles hay guerreros alados y cr\u00e1neos que custodian la entrada, que es -de nuevo- las fauces de este animal mitol\u00f3gico.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>En Escudo Jaguar, del lado mexicano, tomamos una lancha para dirigirnos primero a Yaxchil\u00e1n, la zona arqueol\u00f3gica a la vera del Usumacinta. En la traves\u00eda nos toc\u00f3 ver caimanes y monos ara\u00f1a (con su caracter\u00edstico rugido que un canadiense acertadamente describi\u00f3 como cuando una pala recoge tierra en un cuarto completamente vac\u00edo).<\/p>\n<p>Al cruzar el Usumacinta del lado guatemalteco nos vend\u00edan 70 quetzales por 100 pesos. Gracias, pero s\u00f3lo cambiamos cerca de 500 pesos.<\/p>\n<p>El nombre Guatemala viene del n\u00e1huatl <em>Quauhtlemallan<\/em>, que significa \u00abtierra de \u00e1rboles\u201d. Cruzar el pa\u00eds en carretera evidencia cerros pelones, \u00e1rboles fam\u00e9licos y despistados, como arrumbados. Olvidados. En momentos hace recordar un poco la lente polvorienta de las pel\u00edculas de Hollywood cuando alg\u00fan h\u00e9roe desbalagado se fuga a M\u00e9xico. El ambiente seco y borroso contrasta con la h\u00fameda selva mesoamericana que se vende como panacea a los turistas.Transbordamos de la central de camiones de Flores hacia unos camioncitos a Tikal, en el coraz\u00f3n del Pet\u00e9n.\u00a0Lo primero que hacemos al bajar del cami\u00f3n es tomarnos una cerveza Gallo en un tendej\u00f3n a la vera de la carretera.\u00a0Un par de ni\u00f1os juegan en las calles de tierra, a uno le preguntamos sobre un hostal. Nos lleva a uno que est\u00e1 empotrado en un cerrito.<\/p>\n<p>El hostal al que llegamos tiene caba\u00f1itas de madera, junto al Lago de los Itz\u00e1es. La familia que lo atiende es amable y nos proporciona informaci\u00f3n sobre c\u00f3mo llegar a la zona arqueol\u00f3gica, su costo y nos ofrecen un tour hacia unas ruinas mayas poco exploradas, a lo que declinamos. El due\u00f1o, al saber de d\u00f3nde venimos, nos cuenta que tiene familia mexicana y va de cuando en cuando a Tapachula, en Chiapas. Oscurece y no hay mucho qu\u00e9 hacer, excepto ir a cambiar algo de dinero al pueblo.<\/p>\n<p>Encontramos que nos venden 50 quetzales por 100 pesos. Sorprendidos, sin mucho dinero encima y con el orgullo nacional pisoteado, regresamos al hostal a juntar lo m\u00e1s posible: incluso las moneditas son bienvenidas. De regreso en la tiendita que tambi\u00e9n funciona como casa de cambio, sacamos nuestros dineros, las monedas y los billetes. No, no aceptan monedas, s\u00f3lo billetes. Cambiamos lo m\u00e1s que podemos, no sabemos si comeremos, pero ir a Tikal es por lo que estamos aqu\u00ed, as\u00ed sea que tengamos que ir caminando. Con esa convicci\u00f3n y maldiciendo por primera vez el ser mexicano, nos dirigimos caminito al hostal donde nos besamos bajo un arbotante.<\/p>\n<p>Estamos tan cansados que en realidad dormimos poco. A las seis de la ma\u00f1ana nos preparamos para salir hacia la cuidad maya.<\/p>\n<p>El ticket de entrada es bastante m\u00e1s caro para extranjeros que en M\u00e9xico (excepto, quiz\u00e1, Chich\u00e9n Itz\u00e1), a pesar de que llevamos credenciales internacionales de estudiante. O pensamos en aquel momento que era exorbitante, ya que poco hab\u00edamos desayunado y el mundo maya se abr\u00eda hostil como una selva inexpugnable, llena de jaguares, tapires, monos y serpientes.<\/p>\n<p>Recuerdo de inmediato la boca de Itzamn\u00e1, la deidad primig\u00e9nea de los mayas, la boca de lagarto que devora lo vivo para darle paso al inframundo.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>En un sendero que nos lleva a empezar nuestra exploraci\u00f3n por el mundo perdido de estos mayas vemos a un peque\u00f1o venado. No se mueve, pero nos mira con recelo. Zahira y yo intentamos tomarle una foto. Lentamente saco la c\u00e1mara de su estuche. Zahira me toma tan fuerte del brazo que ahogo un grito. Tomamos un par de fotos borrosas. El venadito mueve la cola nervioso. Un paso m\u00e1s. El venado sale disparado y nuestra sonrisa se queda para siempre en el lugar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las ciudades mayas est\u00e1n construidas de acuerdo con la cosmovisi\u00f3n a la que eran adeptos. Se colocaban palacios y templos sobre sus plataformas y basamentos en torno a grandes plazas orientadas astron\u00f3micamente (que constituyen alegor\u00edas del sol, su salida y ocaso; as\u00ed como el ciclo matutino de Venus o los equinoccios) y est\u00e1n unidas por calzadas.<\/p>\n<p>Tikal se muestra imponente. Sus pir\u00e1mides son altas y esbeltas. Coronadas de crester\u00edas que hacen pensar en las cabezas de los gobernantes mayas con la t\u00edpica frente modificada y sus altos tocados ricamente ataviados de plumas de quetzal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nos maravillamos de las vistas, s\u00f3lo dejan subir a unas pocas estructuras. Desde alguna de ellas tenemos la panor\u00e1micas de la base rebelde de la que sale la flota que comanda Lando Carlissian para destruir la nueva Estrella de la Muerte en El Regreso del Jedi.<\/p>\n<p>Los basamentos poseen cuerpos superpuestos con entrecalles que los separan unos de otros y esquinas remetidas, as\u00ed como moldura doble en cada cuerpo cuya parte superior forma un gran fald\u00f3n en talud.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me impresionan los mascarones de estuco que perfilan a Chac, la deidad nariguda de las anteojeras y los bigotes. Algunas conservan incluso el azul aquamarina que nos han legado los habitantes de esta regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como a eso de las diez de la ma\u00f1ana el Ej\u00e9rcito de Guatemala hace su aparici\u00f3n. Entonces no estaba acostumbrado a verlos en la calle y menos en las zonas arqueol\u00f3gicas. Entiendo que es por la seguridad de los visitantes, pero su presencia no deja de ser\u00a0 intimidante.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Al terminar la expedici\u00f3n, ya esperando en el estacionamiento el bus que nos lleve de regreso por las mochilas y dem\u00e1s enseres, Zahira y yo discutimos. Es tan desagradable la escena que pensamos no volvernos a ver. Itzamn\u00e1 ha cerrado sus fauces.<\/p>\n<p>Platicamos durante el trayecto de regreso y arreglamos la situaci\u00f3n lo mejor posible. Llegamos a nuestro hostal y -al prepararnos para salir- nos damos cuenta que no completamos el dinero.\u00a0Uno de los hijos del due\u00f1o nos ofrece el paseo hacia las ruinas. Lo miramos con una mezcla entre desesperaci\u00f3n e implorando piedad.\u00a0Con quien hablamos es con la esposa. Le explicamos que nos faltan como cinco quetzales, que no traemos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Nos mira altiva, impasible.<\/p>\n<p>&#8211;La tarifa est\u00e1 pactada desde que llegaron.<\/p>\n<p>&#8211;Pues s\u00ed, pero nom\u00e1s son cinco quetzales. Es m\u00e1s: si quiere le damos 10 pesos mexicanos, para que los utilice su esposo cuando vaya a Chiapas.<\/p>\n<p>&#8211;D\u00e9jame ver.<\/p>\n<p>Itzamn\u00e1 no deja de apretar su hocico de dientes y colmillos serpenteantes, triturando los sue\u00f1os en esa casucha oscura y miserable.\u00a0Nos aceptan los 10 pesos.\u00a0Silenciosos y meditabundos, a\u00fan enmuinados, salimos a esperar el cami\u00f3n que nos lleve a Flores.<\/p>\n<p>Lo interesante de las religiones mesoamericanas es que la vida, la muerte y el mundo est\u00e1n ligados y una no es m\u00e1s importante que la otra. Por momentos alguna prevalece. Y viceversa. Pero todo est\u00e1 conectado.<\/p>\n<p>Hemos escapado esta vez al aliento destructor de Itzamn\u00e1. Despu\u00e9s de sacar dinero del cajero de la central en Flores, bebemos una Gallo en la isla de Flores, rodeados por el Lago de los Itz\u00e1es.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_victor.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1311\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_victor.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\">V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos \u201cEl Chiva\u201d (Guadalajara, 1978), no tiene mucho qu\u00e9 decir de s\u00ed mismo. Es mel\u00f3mano irredento y escribidor. Como Bartleby, preferir\u00eda no hacerlo.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Guatemala no todo es verde y lo que hace falta para sortear las fauces de este monstruo mitol\u00f3gico son d\u00f3lares para seguir la traves\u00eda por el mundo maya. Por V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos \u00abEl Chiva\u00bb. 1 Justo llegando a M\u00e9rida, a Zahira se le olvidaron los quetzales que nos regal\u00f3 Parisa, la sueca que no parec\u00eda sueca que viv\u00eda en la casa donde compart\u00edamos las fiestas, las desveladas y hasta la cocina. Donde viv\u00edamos, pues. La divisa la olvidamos en un caj\u00f3n de mueble de un cuarto de hostal. Soberbios como somos, nunca los echamos en falta. En Bec\u00e1n, Campeche, vimos un palacio que ten\u00eda como puerta de entrada, tallada, la boca del monstruo de la Tierra: Itzamn\u00e1. Y en la pir\u00e1mide de Ek-Balam hay una decoraci\u00f3n de estuco que recuerda los altares barrocos de las iglesias. En lugar de \u00e1ngeles hay guerreros alados y cr\u00e1neos que custodian la entrada, que es -de nuevo- las fauces de este animal mitol\u00f3gico. 2 En Escudo Jaguar, del lado mexicano, tomamos una lancha para dirigirnos primero a Yaxchil\u00e1n, la zona arqueol\u00f3gica a la vera del Usumacinta. 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