{"id":2190,"date":"2012-05-18T20:23:34","date_gmt":"2012-05-18T20:23:34","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2190"},"modified":"2021-05-03T14:37:50","modified_gmt":"2021-05-03T19:37:50","slug":"la-direc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=2190","title":{"rendered":"La direc"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #3366ff;\">Nadie hacia corajes como ella. Hay que decir que, todos los alumnos que cayeron en sus manos, aprendieron aquello de la fe como un granito de mostaza<\/span><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #999999;\">Por Roberto Medina (@chinomorocho)<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4109\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc.jpg\" alt=\"\" width=\"881\" height=\"454\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc.jpg 881w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc-300x155.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc-768x396.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/la-direc-640x330.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 881px) 100vw, 881px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miles de veces la vimos enojada, pero como \u00e9sa, pocas. Nuestro sal\u00f3n estaba separado de la direcci\u00f3n por unos 15 \u00f3 20 metros; ella, la directora de la escuela, los camin\u00f3 de prisa con su paso de ping\u00fcino encabronado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Absolutamente nadie en sus cinco sentidos espera que unos adolescentes de secundaria est\u00e9n quietos en clase, pero ella no desist\u00eda. Ese d\u00eda est\u00e1bamos en alguna materia que resultaba menos entretenida que hablar sobre los cuerpos en desarrollo de nuestras compa\u00f1eras. De seguro no est\u00e1bamos frente aquella maestra joven y de pechos grandes, porque en su clase era el \u00fanico momento en el que hab\u00eda paz dentro del sal\u00f3n. No: \u00e9ramos una jaur\u00eda de monos excitados que gritaba, brincaba y mentaba madres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso la directora se levant\u00f3 de su escritorio y caminaba con pasos amenazantes. En su mano llevaba una botella de pl\u00e1stico con agua en su interior. S\u00ed, agua, pero con el detalle de que estaba \u201cbendita\u201d. Entre m\u00e1s se acercaba al sal\u00f3n, todos regres\u00e1bamos a nuestros lugares como pod\u00edamos. Por encima de las bancas y hasta de la cabeza de alg\u00fan descuidado. Los gritos mutaron en leves susurros que expresaban: \u201cSsshhhhhh, ah\u00ed viene la direc\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entr\u00f3 al sal\u00f3n. No dijo una palabra. No hizo falta: resulta que la tapa del bote de pl\u00e1stico que conten\u00eda el agua bendita, ten\u00eda un peque\u00f1o orificio; ella comenz\u00f3 a agitar su brazo, como si estuviera espantando mosquitos, y nos roci\u00f3 a todos con el l\u00edquido. A algunos se les habr\u00e1 salido el demonio, pero a la mayor\u00eda, la \u00fanica marca que nos dej\u00f3, fue la de unas gotas en los cuadernos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se llamaba Mar\u00eda Esther Amezcua Puga. Pero el nombre es lo de menos, los a\u00f1os no perdonan a la memoria y \u00e9sta podr\u00eda equivocarse. En todo caso, desde primero de k\u00ednder a tercero de secundaria, era conocida como \u201cLa direc\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera vez que la vi ten\u00eda yo seis a\u00f1os; ella de seguro ya hab\u00eda superado los 60. A lo mucho med\u00eda 1.60 metros y ten\u00eda una cara morena y arrugada que le hizo valer el apodo de \u00abla pasita\u00bb. Los ni\u00f1os, ricos o pobres, nunca dejar\u00e1n de ser crueles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre llegaba antes de la siete de la ma\u00f1ana para abrir la escuela. Cuando uno entraba con el almohadazo marcado y los ojos medio cerrados; con esa mochila que lo hac\u00eda parecer a uno jorobado y el uniforme lo menos arrugado que se pod\u00eda, ella ya estaba ah\u00ed: parada a unos metros de la puerta, con la mano izquierda sosteniendo a la derecha frente a su est\u00f3mago, con un gesto amable con el que recib\u00eda a los padres de familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ese gesto amable y la voz suave se iban pasadas las 7:15. Con una disciplina casi militar, nos pon\u00eda a todos en fila \u2013a los m\u00e1s madrugadores a veces les tocaba sentados\u2013, y de repente ah\u00ed est\u00e1bamos, elevando cantos y plegarias al se\u00f1or. Era cuando menos media hora que se pasaba entre padres nuestros, aves mar\u00edas y granitos de mostaza, de \u00e9sos que dice el se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ay de aquel que rompiera el orden! \u201cLa direc\u201d siempre amenazaba a los indisciplinados con dejarlos dos o tres horas parados a medio patio; contaba la leyenda, una de las muchas que circulaban, que s\u00ed cumpl\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pasaron los a\u00f1os. Por muy religiosa que fuera, hasta la fecha sigo convencido de que ten\u00eda alg\u00fan pacto con el diablo: de segundo de primaria a tercero de secundaria, no vi un solo cambio en ella. Siempre fue el mismo caminado de ping\u00fcino; el mismo cabello medio chino y medio escaso; las mismas faldas que le cubr\u00edan las rodillas por completo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de terminar esa etapa estudiantil, la vi al menos una decena de veces. Ahora me tocaba recibir el mismo tono amable con el que siempre atendi\u00f3 a todo aquel que no fuera alumno de su escuela. Yo nunca olvid\u00e9 sus maneras y rega\u00f1os. Tampoco he admitido que su educaci\u00f3n religiosa me formara como un hombre de bien. Pero en fin, cada quien tiene su versi\u00f3n de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me enter\u00e9 de su muerte un d\u00eda de 2011. Habr\u00e1 sido alguna tarde de mayo o junio. Hac\u00eda ya m\u00e1s de un a\u00f1o que luchaba contra el c\u00e1ncer. Aunque durante los a\u00f1os en los que la vi cotidianamente no present\u00f3 ning\u00fan cambio f\u00edsico evidente, en los \u00faltimos meses la enfermedad la hab\u00eda relegado a permanecer en cama.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No asist\u00ed a su funeral. S\u00f3lo vi c\u00f3mo en el Facebook, aquellos alumnos que pertenecieron a mi generaci\u00f3n la recordaban con fervor y ped\u00edan toneladas de rezos. Yo, un ateo m\u00e1s en este mundo, no me atrev\u00ed a seguirles la corriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pienso en las nuevas generaciones de ese colegio. Aquellos que entraron despu\u00e9s de la muerte de la se\u00f1ora Mar\u00eda Esther. S\u00f3lo les quedar\u00e1n peque\u00f1as historias con lo que tendr\u00e1n que armar aquel rompecabezas conocido como \u201cLa direc\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1310\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><span style=\"color: #3366ff;\"><strong>Roberto Medina Polanco.<\/strong> Le quedaban dos opciones: usar lentes o comenzar a entrenar a su perro para que lo guiara. Para fortuna de su peque\u00f1a mascota, opt\u00f3 por la primera. Siendo aprendiz de periodista y con anteojos, se dio cuenta de que no basta para\u00a0ser Superm\u00e1n o El Hombre Ara\u00f1a. El caf\u00e9 y el Twitter, sus otras dos adicciones, siguen intactas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie hacia corajes como ella. Hay que decir que, todos los alumnos que cayeron en sus manos, aprendieron aquello de la fe como un granito de mostaza &nbsp; Por Roberto Medina (@chinomorocho) &nbsp; Miles de veces la vimos enojada, pero como \u00e9sa, pocas. Nuestro sal\u00f3n estaba separado de la direcci\u00f3n por unos 15 \u00f3 20 metros; ella, la directora de la escuela, los camin\u00f3 de prisa con su paso de ping\u00fcino encabronado. Absolutamente nadie en sus cinco sentidos espera que unos adolescentes de secundaria est\u00e9n quietos en clase, pero ella no desist\u00eda. Ese d\u00eda est\u00e1bamos en alguna materia que resultaba menos entretenida que hablar sobre los cuerpos en desarrollo de nuestras compa\u00f1eras. 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