{"id":2513,"date":"2012-08-08T18:43:18","date_gmt":"2012-08-08T18:43:18","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2513"},"modified":"2021-11-08T10:24:47","modified_gmt":"2021-11-08T16:24:47","slug":"comida-para-un-campeon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=2513","title":{"rendered":"Comida para un campe\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4336\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/comida-para-un-campeo\u0301n.jpg\" alt=\"\" width=\"960\" height=\"544\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/comida-para-un-campeo\u0301n.jpg 960w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/comida-para-un-campeo\u0301n-300x170.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/comida-para-un-campeo\u0301n-768x435.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/comida-para-un-campeo\u0301n-640x363.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/p>\n<h4><span style=\"color: #3366ff;\">El hambre, como bien se sabe, no perdona. Lo hace a uno exaltarse al grado de querer forcejear con el cocinero. El personaje de esta cr\u00f3nica lo hizo&#8230; y as\u00ed le fue.<\/span><\/h4>\n<h4><span style=\"color: #999999;\"><strong>Por Roberto Medina<\/strong><\/span><\/h4>\n<p>\u00c9l era fr\u00e1gil. Si de por s\u00ed la estatura no le favorec\u00eda, su leve joroba lo hac\u00eda parecer m\u00e1s cercano al suelo. Sus rodillas casi juntas, como queriendo explorarse una a la otra, lo hac\u00edan dar pasos lentos y cuidadosos; imposible imaginarlo corriendo. Pero en ese momento era lo de menos. En ese momento, la altura, los pasos y las rodillas eran situaciones tan relevantes como el polvo. El quer\u00eda algo m\u00e1s mundano: comida.<\/p>\n<p>Esta historia tuvo su lugar en La Habana. Eran cercanas las 2 de la tarde y parec\u00eda que el sol concentraba su fuerza sobre la isla. Esta historia tuvo su lugar en un desagradable lugar de comida r\u00e1pida; la pizza era tan mala que se escurr\u00eda entre los dedos y en partes estaba mal preparada, pero a la vez era tan barata \u2014una pizza individual y un refresco de cola por un d\u00f3lar\u2014 que uno no pod\u00eda hacer m\u00e1s que cerrar los ojos y masticar.<\/p>\n<p>\u00c9l estaba sentado frente a la barra; una barra curveada que iba de extremo a extremo del lugar. \u00c9l iba vestido con una camisa blanca medio guanga y medio sucia. Una bermuda de mezclilla\u00a0 y unos tenis blancos y percudidos completaban el juego. Tambi\u00e9n llevaba, por cierto, una voz que en ese momento pretend\u00eda hacerse notar:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bf\u00a1D\u00f3nde est\u00e1 mi spaghetti!?<\/p>\n<p>Nadie atiende. Cuando yo llegu\u00e9 al lugar, \u00e9l ya estaba frente a esa barra. Cuando lleg\u00f3 mi pizza malhecha, \u00e9l segu\u00eda esperando.<\/p>\n<p>Una mujer de piel oscura y de probablemente unos 23 \u00f3 24 a\u00f1os limpia lo que puede con un trapo. Tambi\u00e9n toma \u00f3rdenes con la memoria y pone mal gesto si uno le cambia la indicaci\u00f3n. Hace de todo, pero no hace caso de su cliente, quien luce m\u00e1s desesperado.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Quiero mi spaghetti!<\/p>\n<p>Grita y vuelve a gritar. Grita que tiene dinero, que no est\u00e1 pidiendo nada regalado; grita que qu\u00e9 forma es esa de tratar a un campe\u00f3n mundial y panamericano de gimnasia. Grita que ya hace un rato que pidi\u00f3 su orden y nada; su est\u00f3mago sigue tan vac\u00edo como cuando lleg\u00f3.<\/p>\n<p>Se levant\u00f3 de su silla y comenz\u00f3 a caminar tan r\u00e1pido como sus precavidos pasos le permitieron. Iba haciendo se\u00f1as desesperadas, torciendo la boca y maldiciendo; es que c\u00f3mo pues, siendo \u00e9l un deportista que sirvi\u00f3 a Cuba durante no s\u00e9 cu\u00e1ntos a\u00f1os, se le trataba as\u00ed.<\/p>\n<p>Casi arrastrando los pies se par\u00f3 a un metro de la entrada de la cocina. El hombre luc\u00eda a\u00fan m\u00e1s enojado y estaba dispuesto a entrar. Entonces una cocinera grande y gorda sali\u00f3 al paso y lo increp\u00f3; le dijo que se regresara a su lugar con formas poco amables y, cuando el tipo intent\u00f3 forcejear, termin\u00f3 siendo derribado por la no d\u00e9bil mujer que segu\u00eda intacta y de pie.<\/p>\n<p>\u00c9l, como pudo, se levant\u00f3. Ten\u00eda hambre, pero no era tonto, pues tom\u00f3 la distancia suficiente para que la cocinera no lo regresara al suelo. Fue ah\u00ed cuando de la misma cocina sali\u00f3 un hombre que, por la actitud que tom\u00f3, parec\u00eda tener un cargo de mayor relevancia, como de gerente. Al ver a aquel hombre tan alterado, pregunt\u00f3 qu\u00e9 pasaba; \u00e9ste le respondi\u00f3 simple y directo: el maldito spaghetti, \u00e9se que hab\u00eda pedido hace muchos minutos y para el cual tra\u00eda dinero, no le hab\u00eda sido entregado. Habr\u00e1 sido el vac\u00edo en el est\u00f3mago lo que increment\u00f3 su ira, pero despu\u00e9s de aquel empuj\u00f3n que lo dej\u00f3 con la espalda pegada al suelo, al menos ya no pretendi\u00f3 forcejear.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a su lugar. Pasaron dos o tres minutos y su spaghetti ya estaba frente a \u00e9l, aunque si sab\u00eda igual de mal que la pizza, no era para alegarse tanto.<\/p>\n<p>Comi\u00f3 con la misma desesperaci\u00f3n con la que reclamaba. Comi\u00f3 como si alg\u00fan travieso pretendiera arrebatarle el plato. Comi\u00f3 sin quedar del todo satisfecho, pues pidi\u00f3 otra orden igual, quiz\u00e1, tan s\u00f3lo quiz\u00e1, con el deseo de que esta vez no tardara tanto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1310\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><span style=\"color: #3366ff;\">Roberto Medina Polanco.<\/span><\/strong><span style=\"color: #3366ff;\">\u00a0Le quedaban dos opciones: usar lentes o comenzar a entrenar a su perro para que lo guiara. Para fortuna de su peque\u00f1a mascota, opt\u00f3 por la primera. Siendo aprendiz de periodista y con anteojos, se dio cuenta de que no basta para\u00a0ser Superm\u00e1n o El Hombre Ara\u00f1a. El caf\u00e9 y el Twitter, sus dos adicciones, siguen intactas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hambre, como bien se sabe, no perdona. Lo hace a uno exaltarse al grado de querer forcejear con el cocinero. El personaje de esta cr\u00f3nica lo hizo&#8230; y as\u00ed le fue. Por Roberto Medina \u00c9l era fr\u00e1gil. Si de por s\u00ed la estatura no le favorec\u00eda, su leve joroba lo hac\u00eda parecer m\u00e1s cercano al suelo. Sus rodillas casi juntas, como queriendo explorarse una a la otra, lo hac\u00edan dar pasos lentos y cuidadosos; imposible imaginarlo corriendo. Pero en ese momento era lo de menos. En ese momento, la altura, los pasos y las rodillas eran situaciones tan relevantes como el polvo. El quer\u00eda algo m\u00e1s mundano: comida. Esta historia tuvo su lugar en La Habana. Eran cercanas las 2 de la tarde y parec\u00eda que el sol concentraba su fuerza sobre la isla. 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