{"id":2878,"date":"2013-01-08T01:57:36","date_gmt":"2013-01-08T01:57:36","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2878"},"modified":"2014-05-15T16:21:56","modified_gmt":"2014-05-15T21:21:56","slug":"los-lectores-no-tan-ligeros-del-tren-ligero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=2878","title":{"rendered":"Los lectores no tan ligeros del tren ligero"},"content":{"rendered":"<h4><span style=\"color: #3366ff;\">Pocas veces se puede uno topar con gente que en el transporte p\u00fablico vaya leyendo un libro, mucho menos si se trata de un cl\u00e1sico. Con su fina mirada que registra hasta el m\u00ednimo detalle, Christian Mendoza nos comparte la cr\u00f3nica de lo que observ\u00f3 mientras se dirig\u00eda a su casa en el tren ligero, donde al parecer abundan lectores. Al menos algunos d\u00edas.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/TrenLigero1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3060 alignnone\" alt=\"TrenLigero[1]\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/TrenLigero1.jpg\" width=\"594\" height=\"333\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/TrenLigero1.jpg 660w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/TrenLigero1-300x168.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 594px) 100vw, 594px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">1. La fan que me hizo perder el vag\u00f3n<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">A la mitad de la escalinata escuch\u00e9 el rechinido de sus ruedas sobre la v\u00eda. En otras circunstancias habr\u00eda corrido por el pasillo, subido a prisa los escalones del otro lado y apresurado el paso hasta al and\u00e9n. Con suerte habr\u00eda alcanzado a entrar al vag\u00f3n antes de que las puertas terminaran de cerrarse. Con m\u00e1s suerte les habr\u00eda atravesado mi malet\u00edn a pocos cent\u00edmetros del contacto, se hubiesen expandido nuevamente y\u2026 \u00a1oh victoria! Pero no; todo por su causa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Es por todos sabido que correr por un pasillo del subterr\u00e1neo es peligroso, sin mencionar que es tambi\u00e9n de mal gusto, sobre todo cuando alguien m\u00e1s va por delante. Y especialmente cuando ese alguien va leyendo. S\u00ed, leyendo mientras camina, en una especie de modo zombie autom\u00e1tico. Dada esta adversa situaci\u00f3n no corr\u00ed, ni sub\u00ed aprisa las escaleras, ni apret\u00e9 el paso para llegar al and\u00e9n. Me conform\u00e9 con ir detr\u00e1s suyo, como quien sigue una trama con sus puntos y sus comas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Tras un tiempo que pareci\u00f3 interminable, suficiente para haber terminado un cap\u00edtulo, llegamos al and\u00e9n. Ella se sent\u00f3 en la orilla de la banca y, sin siquiera ped\u00edrselo, a modo de reflejo, se recorri\u00f3 lo suficiente para que yo me sentara junto a ella. Ah\u00ed el misterio se revel\u00f3: \u00bfQu\u00e9 le\u00eda con tanta avidez aquella joven mujer de cabellos oscuros y gafas de Bvlgari?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Hab\u00eda algo <em>clarividoso<\/em> en la forma infantil con la que columpiaba sus pies. En el suave ritmo del ir y venir de sus botas de gamuza gastada. Como si con ese balanceo las palabras de su libro adquiriesen un significado m\u00e1s profundo, suficiente para desvanecer cualquier preocupaci\u00f3n terrenal. Lanc\u00e9 un par de suposiciones. Una novela rosa\u2026 una antolog\u00eda de poemas de Bennedeti, o tal vez uno de esos manuales que prometen ense\u00f1ar t\u00e9cnicas para la dominaci\u00f3n masculina.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">No lo supe con certeza hasta que el bamboleo de sus piernas entrelazadas, una detr\u00e1s de la otra, decreci\u00f3. Levant\u00f3 la mirada un instante para descansar. Regres\u00f3 al libro y busc\u00f3 entre sus hojas un separador de cartoncillo. Alcanc\u00e9 a distinguir algo impreso: una leyenda y un dibujito de arco\u00edris con tiernos ositos. Por un breve instante cerr\u00f3 el libro y pude echarle un ojo a la portada. He olvidado el nombre, pero la autor\u00eda era de Paulo Cohelo \u00bfAcaso importa que no sepa cu\u00e1l? Sin temor alguno puedo asegurar que se trataba de un libro lleno de frasecillas citables con las que se llenan agendas y el reverso de los calendarios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Plane\u00e9 hacerle una pregunta: \u201c\u00bfte gusta lo que est\u00e1s leyendo?\u201d Pero pudo m\u00e1s el temor a su respuesta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">2. El destiempo<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Aun no acababa de sobreponerme al desencanto de tener que esperar 15 minutos por la pr\u00f3xima corrida de la ruta que va del norte al sur, a causa de una fan\u00e1tica de Cohelo, cuando un sonido hueco me sac\u00f3 del limbo: \u00a1Bum!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Dirig\u00ed los ojos al punto del que provino, es decir por encima de mi cabeza, al lado derecho, y c\u00f3mo si aquello fuera oferta de fin de temporada: otro lector. Para ser m\u00e1s exactos, otro pasajero con un libro. A diferencia de la mujer a mi izquierda \u00e9l, un chavo a la mitad de sus veinte, que presum\u00ed alba\u00f1il por la cantidad de yeso y cemento en sus pantalones y zapatos, prefiere a los cl\u00e1sicos. El librote gordo y pesado que dej\u00f3 caer sobre la brillante superficie superior de un bote de basura no es otro que \u201cEl Conde de Montecristo\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u201cUn cl\u00e1sico es un cl\u00e1sico, y puede leerse a cualquier edad\u201d, me dijo mi amigo Gabriel, cuando le confes\u00e9 mi verg\u00fcenza por hallarme leyendo \u201cLa isla del tesoro\u201d, de Stevenson a la edad a la que ya deber\u00eda estar leyendo a Proust. Aquellas palabras no aminoraron mi desconsuelo, pero qu\u00e9 remedio, supongo que tiene algo de raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Luego record\u00e9 una historia de Luigi Amara en la que describe un popular juego en las reuniones de catedr\u00e1ticos, libreros y escritores. Consiste en mencionar el nombre de alg\u00fan libro cl\u00e1sico y levantar la mano si no se le ha le\u00eddo. El perdedor resulta aquel que, a juicio de los participantes, haya cometido la omisi\u00f3n m\u00e1s grave. El r\u00e9cord, seg\u00fan cuenta el mismo Amara, pertenece a un profesor de literatura inglesa que jam\u00e1s ha le\u00eddo \u201cHamlet\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Me hallaba a la mitad de tan in\u00fatiles cavilaciones \u2013que el lector habr\u00e1 de disculpar- cuando pude escuchar la bocina del nuevo tren. La sinfon\u00eda de su rechinar apurado, la relampagueante est\u00e1tica y el viento detr\u00e1s suyo. Ese que al parecer lo levanta sobre el ras de las viejas v\u00edas para darle su nombre popular: tren ligero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Mir\u00e9 la hora antes de abordar: 7:15 p.m. Calcul\u00e9 que desde la estaci\u00f3n de Mexicaltzingo hasta mi destino: Perif\u00e9rico Sur, tardar\u00eda un total de 15 minutos. A eso habr\u00eda que sumarle otros 5 para salir de la estaci\u00f3n y otros 20 hasta el paradero m\u00e1s cercano a mi casa en autob\u00fas. En adici\u00f3n, los 10 minutos de recorrido a pie desde el paradero hasta mi hogar. Tiempo neto de viaje: 50 minutos. Tiempo total del viaje, gracias al retraso inicial: 65 minutos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">3. Leer a Dumas en el subterr\u00e1neo<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Como es costumbre los vagones del tren est\u00e1n repletos. Incluso los asientos preferenciales tienen ocupante. Necedad se\u00f1alar que no son ni ancianos, ni invidentes, ni mujeres embarazadas. Aun m\u00e1s necio se\u00f1alar que hay de pie por lo menos un individuo que pertenece al grupo anterior y que as\u00ed permanece todo su trayecto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Por suerte o descuido dos estaciones adelante me apropio de una silla reci\u00e9n desocupada y a penas me acomodo se me presentan como una visi\u00f3n guardiana mis dos lectores. Cada uno flanqueando la puerta de entrada, justo frente a m\u00ed. Ella se sostiene del travesa\u00f1o con la mano izquierda, mientras su antebrazo derecho abraza la barra vertical. Con esa misma mano, que le ha quedado libre, sostiene el libro que aun lee. \u00c9l es m\u00e1s osado: lo \u00fanico que lo mantiene de pie es su propio balance y el ritmo con el que mece su cuerpo seg\u00fan las sacudidas del tren. Tal suerte de equilibrista tiene una raz\u00f3n muy clara: necesita ambas manos para sostener el enorme libro. Como si cargarlo no fuera suficiente, tambi\u00e9n requiere la gu\u00eda de una tarjeta para no perderse entre l\u00edneas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Al tiempo que me propongo espiar el resultado de tan liosa situaci\u00f3n me doy cuenta de que mi lector cl\u00e1sico tiene una enorme cicatriz en el antebrazo, por encima del codo. La marca tiene una forma particular que encuentro plenamente fascinante: un c\u00f3ndor, o tal vez una \u00e1guila calva, con las alas plegadas, en contrapicado. Qui\u00e9n sabe. Aquello bien podr\u00eda ser un trazo r\u00e1pido de Birdman. Una vez que dej\u00f3 de mirar su agrietada piel ceniza vuelvo a concentrarme. No pienso dejar de mirar hasta contestarme una pregunta \u00bfha terminado la p\u00e1gina? Me parece que no, pero me reh\u00faso a juzgarlo sin pruebas. Ahora estoy en la estaci\u00f3n de Urdaneta y s\u00f3lo pido que no vaya a bajarse antes de solucionar el misterio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Llegamos a 18 de Marzo sin ninguna novedad. Ha cerrado el libro y lo ha vuelto abrir en dos ocasiones. Husmea en las caras de los pasajeros, repasa, los anuncios y la lista de estaciones. La pr\u00f3xima es Isla Raza, pero eso no es un misterio para nadie. Al menos no para quienes est\u00e1n dentro y tratan de evitar las miradas inc\u00f3modas y la proximidad de los extra\u00f1os enfoc\u00e1ndose en las zonas comunes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La fan de Cohelo ha salido de mi rango visual. Un par de hombres robustos y sudorosos la cubren. As\u00ed ser\u00e1 hasta que me d\u00e9 cuenta de que ha abandonado la unidad. Justo en la antigua estaci\u00f3n del Tesoro, que desde hace unos meses ha sido rebautizada con el nombre de Santuario M\u00e1rtires de Cristo Rey.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">A s\u00f3lo una estaci\u00f3n de mi destino me hallo incapaz de responder con certeza si \u00e9l ha le\u00eddo una p\u00e1gina completa desde que empezamos el trayecto. Como pues iba yo a lograrlo con tantas distracciones, incluyendo a una mujer joven con los brazos m\u00e1s masculinamente velludos que yo jam\u00e1s he visto. Hasta entonces s\u00f3lo he podido constatar que mi lector abre y cierra el libro a voluntad. Soy incapaz incluso de aventurarme a decir si lo hace en la misma p\u00e1gina cada vez que esto sucede.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Al fin llegamos a la estaci\u00f3n de Perif\u00e9rico Sur. Me aterra la exactitud de mi c\u00e1lculo inicial, son 30 minutos despu\u00e9s de las siete. Tal vez me tome m\u00e1s tiempo salir de la estaci\u00f3n. La gente se empuja para entrar antes de que quienes estamos dentro podamos salir. Unos corren por el pasillo, otros suben las escaleras a prisa o aprietan el paso por el and\u00e9n. Seguro piensan: \u201cNo vaya a ser que los vagones cierren sus puertas y deba esperar 15 minutos hasta la pr\u00f3xima corrida\u201d.<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #3366ff;\">Christian Mendoza. Hijo de Terps\u00edcore. Lejos de ser musa se conformar\u00eda con ser diva. Lamentablemente, un escritorcillo franc\u00e9s rompi\u00f3 su esperanza: \u201clas divas no limpian cacas\u201d, le asegur\u00f3 el descastado \u00a1Oh tragedia! \u00c9l ya lo hizo. En la necesidad de menores ambiciones ser\u00eda para \u00e9l suficiente con leer -y comprender- la obra completa de Proust, de paso, tambi\u00e9n la de Octavio Paz. Nada m\u00e1s porque le parece que podr\u00edan ayudarle a convertirse en un \u201cescritor\u201d no tan malo. Vive, esperamos que temporalmente, en Puerto Vallarta.<\/span><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocas veces se puede uno topar con gente que en el transporte p\u00fablico vaya leyendo un libro, mucho menos si se trata de un cl\u00e1sico. Con su fina mirada que registra hasta el m\u00ednimo detalle, Christian Mendoza nos comparte la cr\u00f3nica de lo que observ\u00f3 mientras se dirig\u00eda a su casa en el tren ligero, donde al parecer abundan lectores. Al menos algunos d\u00edas. &nbsp; 1. La fan que me hizo perder el vag\u00f3n A la mitad de la escalinata escuch\u00e9 el rechinido de sus ruedas sobre la v\u00eda. En otras circunstancias habr\u00eda corrido por el pasillo, subido a prisa los escalones del otro lado y apresurado el paso hasta al and\u00e9n. Con suerte habr\u00eda alcanzado a entrar al vag\u00f3n antes de que las puertas terminaran de cerrarse. Con m\u00e1s suerte les habr\u00eda atravesado mi malet\u00edn a pocos cent\u00edmetros del contacto, se hubiesen expandido nuevamente y\u2026 \u00a1oh victoria! Pero no; todo por su causa. Es por todos sabido que correr por un pasillo del subterr\u00e1neo es peligroso, sin mencionar que es tambi\u00e9n de mal gusto, sobre todo cuando alguien m\u00e1s va por delante. Y especialmente cuando ese alguien va leyendo. 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