{"id":2922,"date":"2013-04-02T15:51:33","date_gmt":"2013-04-02T15:51:33","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=2922"},"modified":"2014-02-28T18:13:38","modified_gmt":"2014-03-01T00:13:38","slug":"la-primera-vez-que-ellos-se-vieron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=2922","title":{"rendered":"La primera vez que ellos se vieron"},"content":{"rendered":"<h4><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/centrointernet1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3016\" alt=\"centrointernet[1]\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/centrointernet1.jpg\" width=\"640\" height=\"426\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/centrointernet1.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/centrointernet1-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/h4>\n<h4><span style=\"color: #3366ff;\">Era m\u00e1s que evidente: \u00e9l hab\u00eda concertado una cita con un extra\u00f1o, alguien a quien no hab\u00eda visto jam\u00e1s. Lo otro s\u00f3lo era l\u00f3gico: ese alguien deb\u00eda ser otro hombre y no mayor de 25 a\u00f1os. El medio de contacto bien pudo haber sido una sala de <i>chat<\/i> o uno de esos portales a trav\u00e9s de los que se consiguen citas de ligue.<br \/>\n<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"color: #808080;\">Por Christian Mendoza<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">1. Observar e inferir.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Me cay\u00f3 encima igual que cemento fresco. Advert\u00ed desde el principio su presencia, pero no fue del todo insoportable hasta que fue endureci\u00e9ndose. Entonces me cost\u00f3 trabajo respirar: mi diafragma se contrajo y mis hombros trataron de recobrar algo del espacio que parec\u00eda reducirse. Levant\u00e9 la mirada y ah\u00ed estaba \u00e9l. No m\u00e1s de 1.70, piel morena y maltratada por el tiempo. Pr\u00e1cticamente calvo, el cabello que aun suspend\u00eda de las partes m\u00e1s bajas de su cabeza no pod\u00eda esconder la tintura de las canas. Barba tupida y bigotes recortados, tambi\u00e9n canosos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El golpe de su mirada fue a raja tabla. Ni siquiera recuerdo haberme movido. Le\u00ed su cuerpo en un instante. La forma en que su espina a medio encorvar se tiraba hacia adelante con los hombros ca\u00eddos y las rodillas dobladas con los pies ligeramente hacia adentro. El tampoco se movi\u00f3. Se qued\u00f3 ah\u00ed, mir\u00e1ndome, como si no supiera a d\u00f3nde ir. Hubiese jurado que no ten\u00eda vida de no haber sido por el fulgor de sus ojos, ese que no dejaba de intentar meterse en mi cuerpo y me robaba el aire.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Para entonces yo ya sab\u00eda lo que pasaba. Era m\u00e1s que evidente: \u00e9l hab\u00eda concertado una cita con un extra\u00f1o, alguien a quien no hab\u00eda visto jam\u00e1s. Lo otro s\u00f3lo era l\u00f3gico: ese alguien deb\u00eda ser otro hombre y no mayor de 25 a\u00f1os. El medio de contacto bien pudo haber sido una sala de <i>chat<\/i> o uno de esos portales a trav\u00e9s de los que se consiguen citas de ligue. Habr\u00edan decidido no intercambiar fotograf\u00edas, s\u00f3lo una descripci\u00f3n somera. Nada personal. Sin n\u00fameros de tel\u00e9fono ni correo electr\u00f3nico. El motivo del enganche era sencillo: hombre maduro busca chico joven; chico joven busca hombre maduro. El \u00fanico inconveniente: yo no era su cita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Todo pareci\u00f3 haber quedado claro una vez que nos enfrentamos. Contuve el aliento y lo mir\u00e9. \u00c9l espero un instante mientras yo comprend\u00eda la situaci\u00f3n, luego abri\u00f3 ligeramente las manos y los brazos llev\u00e1ndolos un poco hac\u00eda arriba mientras se encog\u00eda de hombros. Arque\u00f3 la ceja y sus refulgentes ojos rogaron por mi respuesta: \u201cdi que eres t\u00fa\u201d. Una sonrisa hubiese bastado. En lugar de eso volv\u00ed a mi lectura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En cuanto mis ojos cayeron sobre el papel \u00e9l lo supo: Yo no era su joven misterioso\u2026era un testigo metiche.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">2. Un asunto que distraiga del \u201casunto\u201d.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Quiz\u00e1 nunca antes lo hab\u00eda hecho, por eso escogi\u00f3 ese lugar. Crey\u00f3 que ser\u00eda m\u00e1s sencillo ubicarlo en un espacio peque\u00f1o, poco concurrido y silencioso. No parec\u00eda haberse dado cuenta de que con tales caracter\u00edsticas la cafeter\u00eda de la librer\u00eda s\u00f3lo lo dejaba al descubierto. Cuando cay\u00f3 en la cuenta ya era muy tarde, los susurros y las suspicacias hab\u00edan comenzado \u00bfQui\u00e9n era ese hombre y porque estaba aun de pie? \u00bfRealmente iba a beber caf\u00e9, o cu\u00e1l era su asunto?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Tom\u00f3 la mesa detr\u00e1s de la m\u00eda. La ultima del pasillo, por el lado derecho, la m\u00e1s cercana al mostrador. Hoje\u00f3 un par de revistas, un libro. Nada. Incluso dio una vuelta por la librer\u00eda, mir\u00f3 entre los estantes. De pronto vio un rostro familiar en el mostrador del caf\u00e9, camin\u00f3 de regres\u00f3 y exclam\u00f3: \u201cHola Jos\u00e9\u201d. Jos\u00e9 respondi\u00f3 sin mucha energ\u00eda: \u201cHola\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Volvi\u00f3 a tomar su asiento, quiz\u00e1 m\u00e1s temeroso que antes. Mientras estuvo lejos alcanc\u00e9 a escuchar los cuchicheos de la barista y uno de los dependientes: \u201c\u00bfy ese se\u00f1or qu\u00e9, ya orden\u00f3 algo o nom\u00e1s se est\u00e1 haciendo <i>g\u00fcey<\/i>\u201d? Fiel a sus labores, la mujer le extendi\u00f3 una sonrisa y una pregunta: \u201c\u00bfte sirvo algo?\u201d \u00c9l pidi\u00f3 que se le recitara el men\u00fa. \u201cUna coca cola\u201d, decidi\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La bebi\u00f3 a sorbos peque\u00f1os, como esperando que su desconocido se apareciese antes de que se acabara el gas. Finalmente sucedi\u00f3.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #000000;\">3. Ser testigo, ser c\u00f3mplice.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">No fue dif\u00edcil adivinar que era \u00e9l. Bastaba con ver que compart\u00edan la misma cara de despiste y el mismo estupor de saberse vigilados, pillados a la mitad de un supuesto acto vergonzoso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Sonre\u00ed maliciosamente. Aquel efebo rubor despert\u00f3 en mi el m\u00e1s profundo y perverso deseo <i>vouyerista<\/i> del que tenga memoria. Deb\u00eda tener mi estatura, mi complexi\u00f3n, quiz\u00e1 hasta algunos rastros de mi estructura \u00f3sea. El cabello y los ojos m\u00e1s oscuros. La piel m\u00e1s marcada por la mala hidrataci\u00f3n, pero no era feo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">N0 se atrevi\u00f3 a caminar por el pasillo hasta donde su hallaba su cita, se limit\u00f3 a sentarse en la primera mesa de la orilla izquierda, quedando justo en diagonal a la de su hombre secreto. Antes hizo lo propio: se pavone\u00f3 como pudo por la peque\u00f1a \u00e1rea, dio pasos hacia adelante, luego hacia atr\u00e1s; prob\u00f3 una mesa, luego la otra, siempre mirando en su direcci\u00f3n, siempre sonriendo coqueto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Su hombre misterioso ni se inmut\u00f3. Sigui\u00f3 bebiendo de a sorbos peque\u00f1os su coca-cola. Por un instante el mundo de esa peque\u00f1a cafeter\u00eda se detuvo. En silencio los presentes hac\u00edamos una apuesta \u00bfQui\u00e9n ser\u00eda el primero en acercarse? Nadie, fue mi primera respuesta. Ambos tem\u00edan demasiado, se sab\u00edan demasiado expuestos. El joven misterioso parec\u00eda desesperar: a su edad la paciencia no es una virtud. Recorri\u00f3 los mismos pasillos hasta el ba\u00f1o, tal vez, s\u00f3lo tal vez\u2026 La estrategia no funcion\u00f3, el hombre secreto no se movi\u00f3. Continu\u00f3 bebiendo su coca y hojeando su revista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Al volver, el joven misterioso jug\u00f3 su \u00faltima carta. Camin\u00f3 hasta la cuarta mesa de la izquierda y amenaz\u00f3 con quedarse. Revis\u00f3 en su mochila de escolapio: cable, cargador, laptop\u2026 todo fue dispuesto sobre la mesa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Puede que sean almas gemelas. Que logren comunicarse como pocos a trav\u00e9s de la red, de sus pantallas, teclados y <i>gadgets<\/i>. Puede que su amor sea virtual y perfecto, que ambos puedan reinventarse y reconocerse a trav\u00e9s de avatares o <i>nicknames<\/i> cachondos. Pero en la vida, en el tiempo y espacio que ambos comparten fuera del mundo virtual; ah\u00ed en esa cafeter\u00eda, donde los secretos no son secretos y el misterio ya no es misterio; ah\u00ed\u2026 ah\u00ed \u00e9l es un hombre maduro y el otro un adolescente.<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #000000;\"><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_christian.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1301\" alt=\"autor_christian\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_christian.jpg\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><span style=\"color: #3366ff;\">Christian Mendoza. Hijo de Terps\u00edcore. Lejos de ser musa se conformar\u00eda con ser diva. Lamentablemente, un escritorcillo franc\u00e9s rompi\u00f3 su esperanza: \u201clas divas no limpian cacas\u201d, le asegur\u00f3 el descastado \u00a1Oh tragedia! \u00c9l ya lo hizo. En la necesidad de menores ambiciones ser\u00eda para \u00e9l suficiente con leer -y comprender- la obra completa de Proust, de paso, tambi\u00e9n la de Octavio Paz. Nada m\u00e1s porque le parece que podr\u00edan ayudarle a convertirse en un \u201cescritor\u201d no tan malo. Vive, esperamos que temporalmente, en Puerto Vallarta.<\/span><\/span><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era m\u00e1s que evidente: \u00e9l hab\u00eda concertado una cita con un extra\u00f1o, alguien a quien no hab\u00eda visto jam\u00e1s. Lo otro s\u00f3lo era l\u00f3gico: ese alguien deb\u00eda ser otro hombre y no mayor de 25 a\u00f1os. El medio de contacto bien pudo haber sido una sala de chat o uno de esos portales a trav\u00e9s de los que se consiguen citas de ligue. Por Christian Mendoza 1. Observar e inferir. Me cay\u00f3 encima igual que cemento fresco. Advert\u00ed desde el principio su presencia, pero no fue del todo insoportable hasta que fue endureci\u00e9ndose. Entonces me cost\u00f3 trabajo respirar: mi diafragma se contrajo y mis hombros trataron de recobrar algo del espacio que parec\u00eda reducirse. Levant\u00e9 la mirada y ah\u00ed estaba \u00e9l. No m\u00e1s de 1.70, piel morena y maltratada por el tiempo. Pr\u00e1cticamente calvo, el cabello que aun suspend\u00eda de las partes m\u00e1s bajas de su cabeza no pod\u00eda esconder la tintura de las canas. Barba tupida y bigotes recortados, tambi\u00e9n canosos. El golpe de su mirada fue a raja tabla. Ni siquiera recuerdo haberme movido. Le\u00ed su cuerpo en un instante. 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