{"id":3125,"date":"2014-06-15T14:39:57","date_gmt":"2014-06-15T19:39:57","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3125"},"modified":"2015-06-23T14:02:52","modified_gmt":"2015-06-23T19:02:52","slug":"en-el-aqui-y-el-ahora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3125","title":{"rendered":"En el aqu\u00ed y el ahora"},"content":{"rendered":"<h4><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3126 alignnone\" alt=\"Mazunte1\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte1.jpg\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte1.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte1-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/h4>\n<h4>\u00bfEs el libro <i>Di su nombre<\/i>, de Francisco Goldman el motivo por el que Majo viaja hasta las costas de Oaxaca? \u00bfO simplemente un impulso por conocer ese casi m\u00edtico lugar que tiene fama por su violento oleaje? Como quiera que haya sido, la autora nos entrega una deliciosa cr\u00f3nica de ese su viaje y lo hace casi nuestro.<\/h4>\n<blockquote><p><b style=\"line-height: 1.5em;\">Por MarieJo Delgadillo<\/b><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de los seres humanos late entre 60 y 100 veces por minuto.\u00a0 Menos veces es un indicativo de presi\u00f3n baja, m\u00e1s es taquicardia.<\/p>\n<p>En Mazunte, Oaxaca, el oc\u00e9ano tiene taquicardia. Las olas rompen en superlativo constante: Demasiado arriba, <i>arrib\u00edsima<\/i>, demasiado fuerte, <i>fort\u00edsimo<\/i>. Por ello estas olas, al igual que los corazones con taquicardia asustan, inmovilizan extremidades, te paralizan.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es, se sabe, del tama\u00f1o del pu\u00f1o de su portador y no es, como han querido vendernos todas las ilustraciones cursis, verdaderamente rojo. A decir verdad, el coraz\u00f3n humano no es m\u00e1s que una peque\u00f1a y arrugada v\u00e1lvula que como todo el mar, palpita.<\/p>\n<p>El oc\u00e9ano aqu\u00ed no es ni verde, ni azul oscuro como otros; si no que enga\u00f1a como las im\u00e1genes del coraz\u00f3n generoso en sus transparencias de azul y en sus dorados de arena. Peque\u00f1os fragmentos de oro flotando en una superficie transparente. El reflejo del agua en Mazunte, que se nos presenta seductoramente claro y aparentemente apacible es -como los ojos de ciertas personas o como la publicidad de un coraz\u00f3n feliz- un truco.<\/p>\n<p>Yo vine a Mazunte despu\u00e9s de una hora y media de autob\u00fas rebotando en la parte trasera de una camioneta, porque me dijeron que aqu\u00ed, enredada en esas olas palpitantes, muri\u00f3 Aura Estrada. No porque la conociera. No la conoc\u00ed nunca. Conoc\u00ed a la Aura de Fuentes y al aura de las personas, pero nunca conoc\u00ed a esta Aura. Viajar hasta aqu\u00ed es un homenaje a la inexistencia de una desconocida.<\/p>\n<p>Al llegar al encuentro con el mar, me sorprende de primera vista la fauna que nos rodea: turistas de diferentes colores y acentos. Todos, juntos pero no revueltos, intentan adentrarse en la muralla que corresponde el romper de las olas.<\/p>\n<p>Nadie llega muy lejos. El mar arranca y revuelca a muchos, sin distinci\u00f3n de nacionalidad o idioma.<\/p>\n<p>Lo intento. Lo primero que hago al llegar es quitarme la falda y dejar mis cosas sobre una piedra para entrar al agua. Creo que puedo hacerlo porque aprend\u00ed a nadar en el mar hace tanto tiempo que no puedo recordar la fecha. Estas olas, creo mientras al primer contacto de mis pies con el agua me sorprende la tibieza, no deber\u00edan ser tan complicadas. La confianza en m\u00ed misma me llena y entro decidida y orgullosa.<\/p>\n<p>No es un minuto, siquiera, el que paso dentro del agua antes de que la corriente me arranque, me revuelva y me escupa hacia la orilla sin piedad. Lo mejor que aprend\u00ed sobre ser revolcado por las olas es no desesperarse, no empujar hacia todas partes, mejor intentar relajarse y aguantar la respiraci\u00f3n. Cuando el primer latigazo se levanta e intento recuperarme,\u00a0 mis manos y rodillas sangran desde las heridas de los vencidos.<\/p>\n<p>Y lo intento de nuevo, y de nuevo, y de nuevo.<\/p>\n<p>Pero, cada una de las veces, conlleva un fracaso m\u00e1s brutal y agotador que el anterior.<\/p>\n<p>Tras haber intentado dominar el mar, infructuosamente, durante cuarenta minutos y haber sido revolcada por el mismo con casi cada ola, salgo del agua y busco un lugar para intentar descansar.<\/p>\n<p>Ahora, y no antes, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que no estoy sola: Cuatro chicas que rondar\u00e1n los tempranos veintes se sientan en una de las mesas que la palapa\/restaurante amablemente presta a los clientes por el m\u00f3dico consumo m\u00ednimo de un refresco de $25, y ordenan micheladas que llegan poco despu\u00e9s, bien servidas en aquellos vasos destinados a grandes cocteles de camarones. Los bikinis de las veintea\u00f1eras veraneantes ostentan la marca no s\u00f3lo en la etiqueta, sino \u00a0en el dise\u00f1o que se encarga de avisarnos, y de que no nos quede duda alguna, \u00a0que ese preciso traje para nadar ha sido elaborado por la marca Billabong.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-3127 alignnone\" alt=\"Mazunte4\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte4.jpg\" width=\"665\" height=\"304\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte4.jpg 950w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte4-300x137.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 665px) 100vw, 665px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Dos de ellas entran al agua gritando mientras dos se quedan al pie de las olas, indecisas y temerosas. De esta manera sabemos que Aranza, quien esta tarde luce un bikini blanco, le teme al agua; y que a Fernanda, bikini negro y cabello rizado, la revuelcan tres olas de corrido.<br \/>\nLas otras dos, adentro del agua desde hac\u00eda tiempo, salen por ratos a darle sorbos a sus micheladas, y en una de esas vueltas, pescan un rubio incauto y a su tabla de surf.<br \/>\nDespu\u00e9s de un par de minutos, las cuatro rondan al rubio entre risitas y codazos. Nadie aprender\u00e1 a surfear ese d\u00eda.<\/p>\n<p>En toda la extensi\u00f3n de la arena incre\u00edblemente caliente que delinea el oc\u00e9ano taquic\u00e1rdico hay palapas como la del restaurante. Sin embargo, en lugar de contener mesas a las \u00f3rdenes de quien guste el refresco m\u00e1s caro a 5 kil\u00f3metros a la redonda, se rentan como zona de acampado en donde uno puede situar tiendas de campa\u00f1a para tener as\u00ed, todos los d\u00edas, suite presidencial con vista al mar.<\/p>\n<p>Los habitantes de una de estas palapas armados con dos casas de campa\u00f1a viven desde hace ya varios d\u00edas vistiendo s\u00f3lo las prendas m\u00e1s necesarias: el traje de ba\u00f1o, quiz\u00e1 alg\u00fan short min\u00fasculo. Comen sardinas en salsa roja que pescan directamente de una gran lata y beben jugo Am\u00ed sin que vaso intermedie entre sus labios y la botella de gal\u00f3n, que se sit\u00faa sobre la \u00fanica mesa cubierta de arena.<\/p>\n<p>Una de las tiendas de campa\u00f1a es el refugio habitacional temporal de una pandilla de turistas nacionales. La otra, en el reducido espacio en el que convergen todas sus pertenencias, comparte acentos internacionales demasiado mezclados unos con otros debido a la convivencia, haciendo imposible la distinci\u00f3n de sus habitantes.<\/p>\n<p>Del otro lado, se\u00f1ores ataviados con bermudas y panzas prominentes entran decididos y de a poco al agua, bordeando las orillas de ese coraz\u00f3n loco que domina el romper de las olas, pero huyen despavoridos cuando la ola se acerca. Nadie podr\u00eda culparlos de nada, aun cuando el chico salvavidas asegure \u2013a quien sea que pregunte- que nada pasa en esa playa.<\/p>\n<p>Una peque\u00f1a que de tan rubia atrapa el sol en su cabello y lo refleja hacia los ojos ajenos aguanta estoica a la orilla de la marea. Su bikini fosforescente y la fosforescencia misma de su cabello la convierten en un par\u00e9ntesis entre la calidez de arena y de pieles que conforman la constante de la orilla. Ella, quien no pasar\u00e1 los 7 u 8 a\u00f1os, parece ser la m\u00e1s valiente de toda la orilla y, sin embargo, si una \u00fanica ola la alcanzara y \u00a0arrebatara de la tierra medianamente firme que es esa arena dorada e incre\u00edblemente caliente, el salvavidas tendr\u00eda que entrar al agua por ella y, con buena suerte, recuperarla. Es demasiado peque\u00f1a para oponerse a las corrientes, pero eso -mientras ella se planta en la orilla con las manos en alto como si ella y nadie m\u00e1s que ella controlara el oleaje- no lo sabe.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3128\" alt=\"Mazunte2\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte2.jpg\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte2.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mazunte2-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Y no se lo vamos a decir. Aqu\u00ed no pensamos m\u00e1s en temas tristes.<\/p>\n<p>Reviso mi tel\u00e9fono que por ratos, los que m\u00e1s, pierde toda se\u00f1al y, por lo tanto, me hace perder todo contacto con el mundo. Mejor. En la pantalla del celular resplandece el \u00faltimo mensaje que recib\u00ed antes de perder comunicaci\u00f3n con el mundo existente fuera de este universo de arena, agua, sal y micheladas.<\/p>\n<p>\u201cTen mucho mucho cuidado, porfa.\u00a0 Respeta al mar\u201d<\/p>\n<p>Y yo pienso en ella, en Aura, alguien que no conoc\u00ed nunca y que ya no conocer\u00e9 nunca, pero quien me trajo hasta aqu\u00ed. Por eso, porque pienso en Aura, pienso tambi\u00e9n en su ahora viudo, Francisco Goldman, y pienso tambi\u00e9n en John, quien me espera en el DF, quien envi\u00f3 ese mensaje parpadeante en mi tel\u00e9fono y quien me prest\u00f3 el libro gracias al que supe qui\u00e9n hab\u00eda sido Aura: \u201cSay Her Name\u201d.<\/p>\n<p>Entierro m\u00e1s y m\u00e1s los pies en la arena bajo la mesa y cada vez la siento m\u00e1s fresca, m\u00e1s h\u00fameda. Puedo entender por qu\u00e9 Aura amar\u00eda tanto un lugar como este. Salvaje y hermoso, como ella misma, o como lo que yo creo que era ella misma. No s\u00e9 si me hubiera gustado conocer a la persona de carne y hueso que fue Aura, y quien este a\u00f1o cumplir\u00eda 36 a\u00f1os, pero s\u00ed s\u00e9 que me gusta conocer a la Aura que est\u00e1 aqu\u00ed, en Mazunte.<\/p>\n<p>El esc\u00e1ndalo de las personas felices me saca de mis cavilaciones y el impulso de volver a entrar al agua me llena como una corriente el\u00e9ctrica. Camino por entre la arena y el agua para aminorar el calor.<\/p>\n<p>Encuentro un espacio conquistado por una familia de turistas espa\u00f1oles, donde el agua parece haber tomado sus medicamentos para la presi\u00f3n. Expropio un trozo de mar lo suficientemente lejos de los espa\u00f1oles y me pongo a flotar dejando que la corriente me lleve a donde sea.<\/p>\n<p>Siempre quise saber lo que se sent\u00eda ser Aura, dice Francisco Goldman. Y yo tambi\u00e9n quise, por eso llegu\u00e9 hasta ac\u00e1. Hasta ahora.<\/p>\n<p>Pero en el aqu\u00ed y en el ahora, no pensamos m\u00e1s en temas tristes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Majo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3129 alignleft\" alt=\"Majo\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Majo.jpg\" width=\"144\" height=\"144\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Majo.jpg 200w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Majo-50x50.jpg 50w\" sizes=\"auto, (max-width: 144px) 100vw, 144px\" \/><\/a>MarieJo Delgadillo escribe, lee, baila y vive a una velocidad dif\u00edcil de medir. Para conocerla un poco m\u00e1s, hay que leer su blog: <a href=\"http:\/\/mariejodelgadillo.wordpress.com\/\">http:\/\/mariejodelgadillo.wordpress.com\/<\/a> y seguirla en Twitter: @MarieJoDel.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfEs el libro Di su nombre, de Francisco Goldman el motivo por el que Majo viaja hasta las costas de Oaxaca? \u00bfO simplemente un impulso por conocer ese casi m\u00edtico lugar que tiene fama por su violento oleaje? Como quiera que haya sido, la autora nos entrega una deliciosa cr\u00f3nica de ese su viaje y lo hace casi nuestro. Por MarieJo Delgadillo &nbsp; &nbsp; El coraz\u00f3n de los seres humanos late entre 60 y 100 veces por minuto.\u00a0 Menos veces es un indicativo de presi\u00f3n baja, m\u00e1s es taquicardia. En Mazunte, Oaxaca, el oc\u00e9ano tiene taquicardia. Las olas rompen en superlativo constante: Demasiado arriba, arrib\u00edsima, demasiado fuerte, fort\u00edsimo. 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