{"id":3133,"date":"2014-10-23T18:03:54","date_gmt":"2014-10-23T23:03:54","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3133"},"modified":"2015-06-23T14:03:18","modified_gmt":"2015-06-23T19:03:18","slug":"urano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3133","title":{"rendered":"Urano"},"content":{"rendered":"<h3><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/urano.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3137\" alt=\"urano\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/urano.jpg\" width=\"630\" height=\"360\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/urano.jpg 630w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/urano-300x171.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 630px) 100vw, 630px\" \/><\/a><\/h3>\n<h3><span style=\"line-height: 1.5em;\">Hay, sin duda, objetos que tuvimos en nuestra ni\u00f1ez que se convierten en m\u00e1s que eso: detonadores de recuerdos, insignias de tiempos que se fueron, pero que siguen vivos. En esta historia el autor nos da cuenta de un caso as\u00ed y sin quererlo detona el recuerdo de los propios objetos personales que cada quien tuvimos.<\/span><\/h3>\n<address>\u00a0<\/address>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00a0<i>Por: Mois\u00e9s Navarro<\/i><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>\u00ad<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 siendo un juguete en forma de planeta, pero un planeta con anillos. Era color azul y el anillo que pasaba a su alrededor era color negro, seg\u00fan recuerdo. Siempre cre\u00ed que era Urano. No s\u00e9, tal vez por el color. El juguete de marras era de pl\u00e1stico y en el anillo se colocaban ambos pies, luego saltabas y rebotabas y rebotabas otra vez.<\/p>\n<p>Para dejar de referirme al objeto como juguete, le llamar\u00e9 Urano. Bien. Urano perteneci\u00f3 a mi primo mayor, quien por ciertas circunstancias vivi\u00f3 un lapso de su vida con nuestra abuela. Creo que esas circunstancias obedecieron a que era necesario reafirmar nuestra identidad como familia mexicana. Entre sus juguetes estaban una colecci\u00f3n preciosa de mu\u00f1ecos de acci\u00f3n de las Tortugas Ninja, un maravilloso S\u00faper Nintendo, una bicicleta azul -robada por su padre apenas mi primo tom\u00f3 el avi\u00f3n a Tijuana-. Cuando se fue a Estados Unidos guard\u00f3 a las Tortugas Ninja junto con sus villanos para que pelearan eternamente o hicieran amistad en una maleta oscura y min\u00fascula. Tambi\u00e9n guard\u00f3 el S\u00faper Nintendo junto con los casettes. Pero Urano no cab\u00eda en esa maleta y nos lo obsequi\u00f3 junto con unas l\u00e1grimas de rabia y tristeza.<\/p>\n<p>Ya con Urano en casa, mi hermano y yo brincamos sobre \u00e9l una y otra vez, \u00a0hasta que el anillo se zaf\u00f3. Mi pap\u00e1 lo coloc\u00f3 de nuevo para que brinc\u00e1ramos en \u00e9l una y otra vez, y dejamos de hacerlo cuando el anillo se zaf\u00f3 de nuevo. Entonces Urano qued\u00f3 abandonado y arrinconado a un costado de una caja repleta de luchadores tiesos, pelotas desinfladas y una multitud de osos Bimbo que silbaban al momento de apachurrarlos.<\/p>\n<p>En un determinado momento, mi pap\u00e1 tom\u00f3 a Urano y en lugar de tirarlo lo llev\u00f3 al segundo nivel de tiliches. El primer nivel de tiliches, estaba en la casa, en el patio, esos tiliches estaban ah\u00ed, porque en un momento dado se pod\u00edan necesitar aunque nunca se necesitaran (llantas de veh\u00edculos que no ten\u00edamos, herramienta de oficios que no practic\u00e1bamos, revistas viejas, ceras caducadas para veh\u00edculos, m\u00e1quinas de escribir que iban a servir cuando creci\u00e9ramos, pues las computadoras jam\u00e1s iban a salir de las oficinas de IBM). El segundo nivel de tiliches no estaba en casa, estaba en un terreno, lejano de lo que entonces era la Zona Metropolitana de Guadalajara. Ah\u00ed, en el Rancho \u2013as\u00ed lo llam\u00e1bamos y as\u00ed lo seguimos llamando\u2013 iban a parar los desechos de mi abuelo, de mi t\u00eda, de mi t\u00edo, de mi otro t\u00edo, de mi t\u00edo el m\u00e1s joven y de mi pap\u00e1. Los colchones inservibles, las salas viejas ya sin cabida en nuestras casas, las estufas, las pinturas vencidas, una tina de ba\u00f1o junto con un escusado; botellas de refresco, botellas de vino, m\u00e1quinas que tuvieron un prop\u00f3sito y de un d\u00eda a otro se convirtieron en chatarra; alacenas, cubiertos, ollas, cazuelas, platos, vasos, vasos de veladoras que sirvieron despu\u00e9s como vasos normales, vasos del mole Do\u00f1a Mar\u00eda convertidos en vasos para beber agua; cartones, cartones de cerveza, cartones de cerveza sin envase. Luego, cuando cerraron unas loncher\u00edas que ellos atend\u00edan, llegaron ah\u00ed los anuncios, las mesas, los refrigeradores y las sillas. Y todo sigue en el mismo lugar sin ning\u00fan aparente orden. Y mientras nuevas cosas se desechan, nuevas cosas llegan ah\u00ed, porque el tipo de la camioneta que compra \u201ccacharros viejos, botellas de caguama, refrigeradores, colchones viejos\u201d no le da el valor suficiente a los tiliches y entonces mejor los arrojan al Rancho, donde <i>no pierden el valor<\/i> y tampoco se utilizan.<\/p>\n<p>Existi\u00f3 un tercer nivel de tiliches. Era la Granja, ubicada en la colonia Las Pintas, en tiempos donde esta colonia era a\u00fan m\u00e1s marginada. En la granja llegaba lo que ya no ten\u00eda cabida en el Rancho. Los colchones podridos, el escombro, la chatarra que s\u00ed consideraban ellos chatarra, el cascaron de un veh\u00edculo oxidado, sin motor, mezclado con colores verde y azul, y otras cosas que no recuerdo. Todo quedaba arrumbado en los chiqueros sin cerdos y en bodegas donde se guardaba alimento de puercos, gallinas, patos y conejos.<\/p>\n<p>La Granja fue vendida y el tercer nivel de tiliches se qued\u00f3 en el Rancho, dejando as\u00ed, \u00fanicamente dos niveles. Urano, pues, fue llevado al segundo nivel, pero mi mam\u00e1, lo rescat\u00f3 y lo devolvi\u00f3 al primer nivel, con nosotros, donde pod\u00eda ser alguna vez utilizado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s lleg\u00f3 un pastor alem\u00e1n y comenz\u00f3 a morder todo objeto a su alcance. Lo llamaron Ringo. Para que se enfocara en morder s\u00f3lo uno, le prestaron a Urano, y Urano se convirti\u00f3 en su juguete. Lo mord\u00eda, lo lanzabas y \u00e9l lo recog\u00eda como perro com\u00fan y corriente, y pod\u00edas lanzarlo cincuenta veces y el muy desgraciado no se deten\u00eda ni siquiera a beber agua. Solo que el <i>chucho<\/i> ese no era com\u00fan y corriente, naci\u00f3 enfermo. Al a\u00f1o de tenerlo, comenz\u00f3 a dar s\u00edntomas de algo, no diger\u00eda la comida y la cagaba casi entera y se volvi\u00f3 extremadamente delgado y, siempre, siempre ten\u00eda hambre. Debido a eso, lo internaron m\u00e1s de una vez. Se debilitaba y le pon\u00edan suero, luego se repon\u00eda y jugaba con Urano, persegu\u00eda borregas en el Rancho, exploraba la playa en Colimilla donde nunca se moj\u00f3, \u00a0se aterrorizaba con los rayos, cumpl\u00eda con el clich\u00e9 de odiar a los repartidores de agua y al cartero que ahora solo entrega sobres de Telmex y ladraba a los amigos que tocaban y luego jugaba con ellos al momento en el que cruzaban la puerta. Ringo muri\u00f3 hace unos d\u00edas. Muchas de sus cosas fueron desechadas, pero no Urano. Urano sigue aferr\u00e1ndose a esta casa, como marca de un recuerdo significativo para mi madre, y una l\u00ednea de tiempo, pues recorre a su sobrino casi hijo, a nosotros y a un perro con la categor\u00eda de <i>casi humano<\/i>. Urano no pisar\u00e1 de nuevo el segundo nivel de tiliches, tampoco el primero, se ir\u00e1 a una caja y compartir\u00e1 espacio con fotograf\u00edas, prendas seleccionadas, y dem\u00e1s objetos que conforman nuestra personal\u00edsima colecci\u00f3n del dolor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay, sin duda, objetos que tuvimos en nuestra ni\u00f1ez que se convierten en m\u00e1s que eso: detonadores de recuerdos, insignias de tiempos que se fueron, pero que siguen vivos. 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