{"id":3139,"date":"2014-10-27T19:21:41","date_gmt":"2014-10-28T01:21:41","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3139"},"modified":"2015-06-23T14:14:26","modified_gmt":"2015-06-23T19:14:26","slug":"tren-de-sombras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3139","title":{"rendered":"Tren de sombras"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/chiva.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3140\" alt=\"bicicleta\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/chiva.jpg\" width=\"737\" height=\"553\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/chiva.jpg 737w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/chiva-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 737px) 100vw, 737px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"line-height: 1.5em;\">Cruzar las v\u00edas del tren por la noche a veces puede resultar una experiencia salvaje, pues tras las sombras suelen esconderse malandrines que se aprovechan de la oscuridad para obtener su bot\u00edn. He aqu\u00ed un testimonio de un asalto, afortunadamente, fallido.<\/span><\/h3>\n<blockquote>\n<address>\u00a0<i>Por: V\u00edctor C\u00e9sar Villalobos<\/i><\/address>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ora hijo de la chingada, saca el iPhone!\u201d, escucho detr\u00e1s de m\u00ed mientras el mismo que grita me jalonea el morral. Trato de pedalear, pero ya lo tengo encima. Las sombras que momentos antes hab\u00eda intuido \u2014entre las siluetas del tren umbr\u00edo y el ritmo acompasado\u2014 son tres chicos no mayores de quince o diecis\u00e9is, con look de reguetoneros, con sus gorras de trailero que comunican tipograf\u00edas barrocas, camisas a cuadros y estrafalarios pantalones de mezclilla. La indumentaria me dice que no son migrantes. Por el tono de voz tambi\u00e9n s\u00e9 que no me invitar\u00e1n una chela. At\u00f3nito, no entiendo mucho y me atrevo a preguntar, desconcertado:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014\u201c\u00a1El iPhone, hijo de tu puta madre!\u201d<\/p>\n<p>Si supieran que tengo un celular que da m\u00e1s l\u00e1stima que una foto de perrito en adopci\u00f3n \u2014pienso\u2014 seguir\u00edan su camino, m\u00e1s bien compadeci\u00e9ndome. Uno de ellos que se ha quedado a prudente distancia se pone la mano detr\u00e1s, en la faja del pantal\u00f3n, como si trajera una pistola. De pronto recuerdo que traigo mi iPad en el morral.<\/p>\n<p>El tiempo se ralentiza. Veo c\u00f3mo los tres toman posiciones: el que amaga con traer pistola, tres metros a la izquierda, al otro lo tengo de frente y el que intenta abordarme, peligrosamente cerca. Contrario a mi actuar natural, levanto con fuerza mi brazo en escuadra y alcanzo en la cara al chico que me jalonea. Mi reacci\u00f3n lo toma por sorpresa. Da unos pasos hacia atr\u00e1s: luce aturdido. Tambi\u00e9n sus amigos. El que alardea de ir armado corre hacia los barandales de esa zona de guerra que es el puente por el que cruza Ni\u00f1os H\u00e9roes debajo, mientras el otro, el de la derecha, hace lo propio m\u00e1s torpemente porque intenta recoger piedras de grava en su huida. Por un momento se los traga la noche.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ahora s\u00ed, hijos de la chingada, v\u00e9nganse de a uno!\u201d, les grito \u2014para mi sorpresa\u2014 fuera de m\u00ed. Les levanto los pu\u00f1os, amago con \u00edrmeles encima a su territorio de grava, basura y escombros. Muevo los brazos, les planto la cara (supongo) m\u00e1s fiera que tengo. Ellos corren y se resguardan entre las sombras de los \u00e1rboles y los flashazos que dejan, mec\u00e1nicamente, los vagones del tren a su paso. El tren, en su indiferencia interminable, no termina de pasar. Le alcanzo a gritar a Daniela \u2014que ha seguido unos pocos metros pedaleando y que sorprendida por mis gritos ha detenido su marcha\u2014 que se vaya. Ella se va.<\/p>\n<p>El cruce ferroviario colinda con un garage de una aseguradora. Por su aspecto, creer\u00eda que estamos en una zona de guerra: hay durmientes de v\u00eda empalados como dientes separados y sarrosos a lo largo de esa parte, custodiando los rieles, \u00e1rboles ficus de denso follaje que obstruyen cualquier intento de iluminaci\u00f3n, casas abandonadas y vandalizadas, algunas con cristales rotos y grafiti en sus paredes; algunos autos abandonados. Poca gente vive ah\u00ed. Y el traqueteo interminable de esa bestia cansina e interminable de diesel y fierros.<\/p>\n<p>\u2014Tomamos por todo Mexicaltzingo hasta Calder\u00f3n de la Barca, ah\u00ed cruzamos las v\u00edas por Ni\u00f1os H\u00e9roes y seguimos hasta tu casa.<\/p>\n<p>\u2014A m\u00ed me da pendiente, ya es noche. Mejor nos apuramos y nos vamos por otro lugar. Est\u00e1 muy oscuro y solo para cruzar las v\u00edas por ah\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014No pasa nada. He cruzado por las v\u00edas varias veces y aqu\u00ed sigo.<\/p>\n<p>\u2014Bueno.<\/p>\n<p>\u2014Cuando trabajaba en el peri\u00f3dico, era mi camino hacia Chapultepec y cruzaba sin problemas, incluso a altas horas de la noche. Inglaterra es mi ruta favorita porque casi no hay autos. Estaremos bien.<\/p>\n<p>Apuro la p\u00f3rter Perro Negro y ella la Victoria. La tarde pasa pl\u00e1cida a media luz, en una terraza blanca que mira a la calle Libertad. Pagamos la cuenta y subimos a nuestras bicicletas. La tarde pierde sus colores y los arbotantes empiezan a mostrar la vida en un amarillo un tanto deslavado. Cae la noche.<\/p>\n<p>No s\u00e9 en qu\u00e9 momento la lluvia de piedras me empieza a caer, pero las veo n\u00edtidas y lentas a pesar de que no hay un solo arbotante en esa cuadra. Las esquivo con la facilidad de Neo, el de Matrix: a una le puse el antebrazo al calcular la trayectoria, a otra \u2014del tama\u00f1o de un ladrillo\u2014 le puse el rin de la bicicleta; otra, por fin, me alcanza en la rodilla de roz\u00f3n porque tambi\u00e9n la mov\u00ed antes que me deshiciera la r\u00f3tula. Les sigo imprecando con vehemencia.<\/p>\n<p>Aprovecho un momento de vacilaci\u00f3n en el cual no me avientan m\u00e1s piedras para montarme en la bici e intento andar. La pierna derecha, que da el primer impulso, se va en banda, la cadena est\u00e1 suelta. Un segundo intento y me doy cuenta que el rin est\u00e1 estropeado. A\u00fan sin comprender mucho, mi primer impulso es dejar la bici y seguir corriendo. Sin embargo, cargo con la bici y corro en retirada. La rodilla empieza a dolerme, pero corro con todas las fuerzas. En esa parte de Inglaterra hay un garage de autos, creo que es de una aseguradora, pero est\u00e1 totalmente deshabitada. No hay d\u00f3nde pedir ayuda. Intento llegar a la parte m\u00e1s iluminada, que es la siguiente esquina. Veo las piedras rebotar en el pavimento, pero ninguna me alcanza. Por fin llego a la esquina, pero sigo caminando hasta plantarme en uno de los postes de alumbrado p\u00fablico. Les grito que se vengan de a uno, que son unos pinches putos, que se vengan a la luz. Por respuesta recibo una metralla de piedras que no me cuesta trabajo esquivar. Estoy m\u00e1s lejos y ellos no se mueven de las sombras protectoras de un \u00e1rbol situado a un lado de las v\u00edas. Finalmente me gritan que vaya por ellos. La adrenalina me corre a raudales, quiero ir tras ellos, pero decido seguir corriendo, en retirada, cojeando y con la bici rota.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfEst\u00e1s bien? \u00bfLlamo a la polic\u00eda?\u201d, me pregunta Daniela. Con la rabia a\u00fan aflorando por todos mis poros le respondo que no, que para qu\u00e9. Caminamos hacia Avenida Arcos, el shot de adrenalina empieza a bajar. Camino cojeando y el dolor empieza a manifestarse mientras miento madres: quiero regresar por ellos. Daniela me recuerda que ella ten\u00eda sus dudas respecto a la ruta. Llama a su pap\u00e1 para que venga por nosotros y nos lleve a casa. Lo esperamos en la bomba de agua que est\u00e1 en la confluencia de Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez y Arcos.<\/p>\n<p>El tren ha dejado de pasar y las luces de los autos parpadean. Todav\u00eda hay gente en las esquinas esperando el cami\u00f3n. Es fin de semana y la vida nocturna apenas empieza, pero no para m\u00ed, que tendr\u00e9 que rumiar el dolor de la rodilla alcanzada por una piedra an\u00f3nima en un cruce ferroviario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cruzar las v\u00edas del tren por la noche a veces puede resultar una experiencia salvaje, pues tras las sombras suelen esconderse malandrines que se aprovechan de la oscuridad para obtener su bot\u00edn. 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