{"id":3199,"date":"2015-06-25T18:52:52","date_gmt":"2015-06-25T23:52:52","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3199"},"modified":"2015-07-29T01:47:42","modified_gmt":"2015-07-29T06:47:42","slug":"expulsion-de-ratas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3199","title":{"rendered":"Expulsi\u00f3n de ratas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/ratas2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3200\" alt=\"ratas2\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/ratas2.jpg\" width=\"624\" height=\"351\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/ratas2.jpg 624w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/ratas2-300x168.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 624px) 100vw, 624px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>Quien nunca haya tenido un problema con ratas en su casa, que aviente la primera\u2026 rata. En esta cr\u00f3nica el autor se enfrenta ante ese hecho com\u00fan de tener que lidiar con esos peludos roedores y a la vez con su realidad y su pasado. El pasado puede a veces ser esa rata que te observa sin que te t\u00fa te des cuenta.<\/p><\/blockquote>\n<h4>\u00a0Mois\u00e9s Navarro<\/h4>\n<p>Las pinches ratas habitaron la casa: el abandono las hizo acreedoras a ella. Ya hab\u00eda tenido pl\u00e1ticas con mi padre de recuperar esa casa, dijo que s\u00ed pero no se anim\u00f3 a hacerlo.<\/p>\n<p>Mi abuelo abandon\u00f3 el rancho, dejo de ir porque a su nueva novia no le gusta el polvo y el muy mandil\u00f3n necesita estar pegado a ella todo el tiempo. Su tercera -o cuarta- adolescencia lo tienen ciego y el rancho, junto con la casa de descanso, quedaron a su suerte.<\/p>\n<p>Las primeras ratas que llegaron ah\u00ed fueron humanas: se llevaron todo el cable de luz, las escopetas, un par de televisiones viejas que al apagarse manten\u00edan un punto de luz en el centro de la pantalla; se llevaron los cazos de cobre, destruyeron el cableado del interior de la casa, cagaron y orinaron; tiraron todo. Para ingresar a la casa se mantuvieron escondidos en la milpa que sembr\u00f3 el se\u00f1or que en ocasiones cuida ah\u00ed. Cuando vieron solo, salieron, tiraron los ladrillos junto de la puerta e ingresaron. Despu\u00e9s se repararon algunos da\u00f1os, se limpi\u00f3, se sacaron las pocas cosas con cierto valor que quedaron y otra vez el lugar qued\u00f3 abandonado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, visitas ef\u00edmeras: la puerta se volv\u00eda m\u00e1s dura de abrirse, la fosa s\u00e9ptica termin\u00f3 por colapsar y abri\u00f3 un paso seguro para las alima\u00f1as. La taza del ba\u00f1o se llen\u00f3 de residuos, el papel sanitario estaba regado y hecho pedazos, la terraza apestaba a orina de rat\u00f3n, la borra de los colchones estaba regada por todos lados, como si estos caminaran por las noches y a cada paso se desintegraran.<\/p>\n<p>En alguna ocasi\u00f3n mi amigo Antonio y yo caminamos entre las colonias que est\u00e1n ubicadas entre la Carretera a Zapotlanejo y la autopista libre a Zapotlanejo. Estuvimos haciendo un estudio urbano. El desarrollo habitacional era (o sigue siendo) un completo fracaso. Para bajar del paso peatonal de la autopista al desarrollo hab\u00eda que descender por una loma demasiado empinada sin camino formal, s\u00f3lo hab\u00eda veredas hechas por los caminantes y estas rodeaban la maleza. A partir de ah\u00ed todo estaba infestado de roedores. Los escuchabas meterse en la hierba, los ve\u00edas de reojo, los sent\u00edas encima, luego cre\u00edas verlos pero no era nada.<\/p>\n<p>Todas las casas abandonadas o que no se vendieron ten\u00edan la hierba alta. Una plaza comercial sin ning\u00fan local en uso ten\u00eda maleza y grietas en el suelo y en las paredes.\u00a0 Un fraccionamiento fantasma y dos o tres personas camin\u00e1ndolo y Antonio y yo como observadores. A cada paso las ratas se iban ocultando, las sent\u00edamos en nuestros pies, as\u00ed que met\u00ed mis pantalones adentro de mis calcetines aunque me viera rid\u00edculo. S\u00ed alguna rata fuera a trepar sobre nosotros que lo hiciera sobre To\u00f1o, por andar llevando bermudas. Comenzamos a pisar fuerte, hab\u00edamos da\u00f1ado el flex\u00f3metro y sacamos toda la cinta y la mov\u00edamos con energ\u00eda para que nos fueran escuchando. Un par de vaqueros sonando sus pistolas para alertar a sus enemigos.<\/p>\n<p>Record\u00e9 una an\u00e9cdota que me cont\u00f3 mi padre: Su casa de infancia colindaba con un bald\u00edo y las ratas carcom\u00edan el cemento o el ladrillo y terminaban por meterse a las rec\u00e1maras. Las gallinas presentaban mordeduras. Pinches ratas fantasmales. Cuando las luces se iban, \u00e9l sent\u00eda y escuchaba una rata caminando sobre la pared y los ojos rabiosos y rojos clav\u00e1ndose en su rostro. Y la cobija delgada no era suficiente para cubrirlo. De vez en vez, \u00e9l o alguno de sus hermanos presentaban mordeduras en la nariz. \u201cMata esa rata, Guillermo, Arturo no puede dormir\u201d, le dijo mi abuela a mi abuelo. Entonces sac\u00f3 su l\u00e1mpara de cazador (una l\u00e1mpara que se pon\u00eda en la cabeza, como de minero) una pistola calibre 34, coloc\u00f3 a Arturo sobre su espalda, mir\u00f3 el recorrido de la rata, la midi\u00f3, y dispar\u00f3 mientras esta caminaba sobre la pared como si fuera Dr\u00e1cula. Cuando escuch\u00e9 esa historia le cre\u00ed a mi abuelo que s\u00ed era bueno para cazar.<\/p>\n<p>Ech\u00e9 <i>aflojatodo<\/i> en el cerrojo y en la llave. Mi pap\u00e1 me dej\u00f3 el camino libre para limpiar la casa y sacar todo lo que hiciera nido. No se animaba a deshacerse de los tiliches. Yo nunca les tuve cari\u00f1o. Abr\u00ed y todo estaba oscuro, el olor era \u00e1cido, las paredes desprend\u00edan polvo. Los sombreros de charro que colgaban sobre la pared estaban en el suelo y mordisqueados. Abr\u00ed la habitaci\u00f3n donde dorm\u00edamos y estaba demasiado t\u00e9trica, as\u00ed que decid\u00ed iniciar por otro lado. Abr\u00ed la habitaci\u00f3n destinada a mi abuelo. En esa \u00a0habitaci\u00f3n vi la final de vuelta del Toluca- Atlas. Estaba demasiado tenso ese d\u00eda: ven\u00eda la tanda de penales. Me recargu\u00e9 sobre la puerta. El Perro Berm\u00fadez se call\u00f3 la boca. El Jerry Estrada tom\u00f3 vuelo. Mov\u00ed la puerta y son\u00f3 horrible. Fue como si el sonido de la puerta hubiera distra\u00eddo al Jerry y por mi culpa el muy g\u00fcey fall\u00f3 el penal. Me fui corriendo a chillar al \u00faltimo cuarto, d\u00f3nde mi t\u00eda Lupe me abraz\u00f3 hasta que mis sollozos fueron disminuyendo. Ah\u00ed decid\u00ed comenzar la limpia.<\/p>\n<p>Le di una patada \u00a0a la puerta para abrirla (como si fuera muy intr\u00e9pido), di golpes con una escoba y no sali\u00f3 nada. A mi abuelo se le ocurri\u00f3 hacer las bases de la cama de cemento. La borra abundaba por todas partes, los colchones estaban por completo destruidos. Respir\u00e9 hondo, tom\u00e9 la escoba como los porteros toman los palos de hockey (tomarla como espada hubiera sido m\u00e1s rid\u00edculo) respir\u00e9 hondo y mov\u00ed el colch\u00f3n. Nada. Lo volv\u00ed a mover de nuevo. Nada tampoco. Lo mov\u00ed para tirarlo y di un brinquito medio chistoso para atr\u00e1s. No sali\u00f3 nada. Tir\u00e9 los cojines y fui arrastrando todo con la escoba hacia afuera de la casa. Tom\u00e9 mis guantes y ech\u00e9 todo a una alberca inservible para ponerle fuego a las cosas y as\u00ed poder contenerlo. Repet\u00ed la operaci\u00f3n con los otros dos colchones (incluido el brinquito). Mis t\u00edas, a modo de ropero, pusieron un par de tablas amarradas con cadenas y dejaron ah\u00ed su ropa, pijama, s\u00e1banas y fundas. La madera casi se romp\u00eda por vieja, por el tiempo y por la humedad. Desamarr\u00e9 una cadena y cay\u00f3 la ropa. En ese momento sali\u00f3 un raton\u00f3n y comenz\u00f3 a dar vueltas, yo pegu\u00e9 un pinche brincote y sal\u00ed del cuarto. Despu\u00e9s respir\u00e9 (no s\u00e9 porque en ese momento imagin\u00e9\u00a0 que una canci\u00f3n de Raphael ser\u00eda adecuada para musicalizar el momento). Di se\u00f1ales de mi entrada, alc\u00e9 la escoba en alto como se\u00f1ora hist\u00e9rica dispuesta a correr a su marido borracho y holgaz\u00e1n, y entr\u00e9 a la rec\u00e1mara.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00e9 la jornada vi el pasto acabado, \u00e1rboles secos. Vi que el lugar donde pas\u00e9 mi infancia estaba muriendo. Encend\u00ed la fogata y me puse reflexivo, nost\u00e1lgico: Los juegos, el f\u00fatbol, las borracheras, la exnovia con la que faj\u00e9 bajo las estrellas toda la noche para no sentir fr\u00edo.<\/p>\n<p>Ya era de noche. Despu\u00e9s lleg\u00f3 Rafa (el hijo del que cuida el terreno qui\u00e9n, adem\u00e1s, tiene mi misma edad) escuchamos relinchar un caballo, el crujir de la fogata, perros salvajes aullando; abrimos un par de cervezas y contemplamos el fuego en silencio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quien nunca haya tenido un problema con ratas en su casa, que aviente la primera\u2026 rata. En esta cr\u00f3nica el autor se enfrenta ante ese hecho com\u00fan de tener que lidiar con esos peludos roedores y a la vez con su realidad y su pasado. El pasado puede a veces ser esa rata que te observa sin que te t\u00fa te des cuenta. \u00a0Mois\u00e9s Navarro Las pinches ratas habitaron la casa: el abandono las hizo acreedoras a ella. Ya hab\u00eda tenido pl\u00e1ticas con mi padre de recuperar esa casa, dijo que s\u00ed pero no se anim\u00f3 a hacerlo. Mi abuelo abandon\u00f3 el rancho, dejo de ir porque a su nueva novia no le gusta el polvo y el muy mandil\u00f3n necesita estar pegado a ella todo el tiempo. Su tercera -o cuarta- adolescencia lo tienen ciego y el rancho, junto con la casa de descanso, quedaron a su suerte. Las primeras ratas que llegaron ah\u00ed fueron humanas: se llevaron todo el cable de luz, las escopetas, un par de televisiones viejas que al apagarse manten\u00edan un punto de luz en el centro de la pantalla; se llevaron los cazos de cobre, destruyeron el cableado del interior de la casa, cagaron [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3201,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14,1096],"tags":[1135,1136],"class_list":["post-3199","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-las-cronicas","category-moises-navarro","tag-ratas","tag-zapotlanejo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3199","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3199"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3199\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3204,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3199\/revisions\/3204"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/3201"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3199"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3199"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3199"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}