{"id":3240,"date":"2015-07-31T18:50:16","date_gmt":"2015-07-31T23:50:16","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3240"},"modified":"2015-07-31T18:55:04","modified_gmt":"2015-07-31T23:55:04","slug":"juamski-las-monjas-y-el-rottweiler","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3240","title":{"rendered":"Juamski, Las Monjas y el rottweiler"},"content":{"rendered":"<p align=\"left\"><span style=\"line-height: 1.5em;\">\u00a0 <a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/davidLaMonjera.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3242\" alt=\"davidLaMonjera\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/davidLaMonjera.png\" width=\"793\" height=\"404\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/davidLaMonjera.png 793w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/davidLaMonjera-300x152.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 793px) 100vw, 793px\" \/><\/a> <\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\">El autor de la siguiente cr\u00f3nica vivi\u00f3 muchos a\u00f1os en la Colonia Americana, colindante con la Lafayette. Estas tres estampas de situaciones vividas ah\u00ed, podr\u00edan ser las de cualquier otro habitante de la ciudad, en cualquier otra parte. Como ya se ha dicho, se trata de ejemplificar \u2013con una historia\u2013\u00a0 lo que sucede en todas partes: dicho de otra forma, lograr una met\u00e1fora de lo que sucede en toda la ciudad.<\/p>\n<p align=\"left\">\u00bfAlguien tiene una historia as\u00ed?<\/p>\n<\/blockquote>\n<h4 align=\"left\"><span style=\"line-height: 1.5em;\">David Izazaga<\/span><\/h4>\n<p align=\"left\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<h5 align=\"left\">Juamski<\/h5>\n<p align=\"left\">Juamski parec\u00eda la viva imagen de El Yeti \u201cel hombre de las nieves\u201d. S\u00f3lo que luego de hibernar unos catorce a\u00f1os: flaco, alto, encorvado pelo y bigote cano y un cigarro, siempre un cigarro encendido, as\u00ed fueran las seis de la ma\u00f1ana o las doce de la noche. Llegamos a pensar que un d\u00eda iba a morir quemado en su colch\u00f3n por culpa de esa colilla encendida que parec\u00eda uno m\u00e1s de sus dedos.<\/p>\n<p align=\"left\">Juamski viv\u00eda debajo de nosotros: m\u00e1s precisamente, nosotros habit\u00e1bamos en el departamento que estaba arriba de su casa. A\u00fan m\u00e1s precisamente: aquella era una casa antigua, grand\u00edsima, a la que hab\u00edan dividido en cuatro partes para convertirla en una especie de conjunto habitacional, pero a partir de una sola casa. De ah\u00ed que los \u201cdepartamentos\u201d tuvieran una muy extra\u00f1a distribuci\u00f3n. Y de ah\u00ed tambi\u00e9n el extra\u00f1o asunto de que las \u00fanicas ventanas de nuestra rec\u00e1mara dieran a un cubo de luz en el que abajo se encontraba la cocina de Juamski. Cuando nos acost\u00e1bamos a ver el noticiero, a punto de dormir, Juamski acostumbraba gritarle a su familia: \u201c\u00bfVan a querer los huevos con chorizo?\u201d Cuando la respuesta era afirmativa, Juamski se pon\u00eda a cocinar los huevos con chorizo y hasta cantaba y hac\u00eda bromas. Cuando la respuesta era negativa se pon\u00eda de p\u00e9simo humor y de todos modos cocinaba los huevos con chorizo (muy probablemente s\u00f3lo los suyos) y entonces se pon\u00eda a gritar y a maldecir por cualquier nimia cosa a todos y cada uno de los integrantes de su familia. Durante siete a\u00f1os siempre conciliamos el sue\u00f1o con el olor del chorizo frito.<\/p>\n<p align=\"left\">Los primeros a\u00f1os juraba que, a causa de la ingesta de chorizo diario -\u00a1y por las noches!- Juamski morir\u00eda de exceso de colesterol en las venas. Pero al parecer la vida es incoherente, pues todav\u00eda hace unos d\u00edas lo vi, \u201cvivito y coleando\u201d, agarrado de su colilla de cigarro como si de ella dependiera su vida.<\/p>\n<p align=\"left\"><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<h5 align=\"left\">Las Monjas<\/h5>\n<p align=\"left\">La parte de atr\u00e1s de nuestra casa daba a una enorme finca. No hab\u00eda que hacer mucho esfuerzo para observar un gran patio arbolado, con matorrales y macetones en el que bien hubieran cabido al menos dos canchas de voleibol. Al fondo se ve\u00edan unos grandes ventanales, lugar por el que se entraba (o sal\u00eda, depende la perspectiva) a la casa. Esa gran finca albergaba a un pu\u00f1ado de monjas a las que se les ve\u00eda muy poco, excepto cuando dos o tres veces al a\u00f1o organizaban una especie de retiros espirituales con puras ni\u00f1as de entre diez y quince a\u00f1os a las que les pon\u00edan unas faldotas que les llegaban a los tobillos y a las que encerraban durante un fin de semana largo que iba del viernes al domingo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pasaron a\u00f1os sin que tuviera noticia de las monjas de esa casa, fuera de los gritos de las ni\u00f1as durante el recreo de los encierros espirituales. Hasta que un d\u00eda, tocaron a la puerta, abr\u00ed y vi a una de las monjas que muy seria sosten\u00eda con sus deditos santos, pulgar e \u00edndice, una bolsita negra. En esos segundos que pasaron entre que ella dijo lo que dijo y yo quedara petrificado, lo \u00fanico que pens\u00e9 fue que estaba ah\u00ed para obsequiarme algo. La imaginaba dici\u00e9ndome: \u201cqueremos de alguna manera agradecerle que tolere los gritos de nuestras ni\u00f1as invitadas y le hicimos estas galletitas\u201d. Pero no, la monja, muy seria, mientras estiraba su mano para darme la bolsita y yo la agarraba, me espet\u00f3: \u201cEsto es de su perro. Parece que alguien ha estado ech\u00e1ndolas a nuestro patio\u201d. Y se dio la media vuelta para irse.<\/p>\n<p align=\"left\">Juro que en ese momento no entend\u00ed\u00a0 nada. Y mucho menos cuando abr\u00ed la bolsa y vi que lo que conten\u00eda eran cacas de perro. Muchas. Secas. S\u00ed: la monja hab\u00eda tenido el mismo cuidado que seguramente tiene para procurar el bien al pr\u00f3jimo, ahora para recolectar las cacas de mi perro en una bolsita, salir de su casa, dar la vuelta a la esquina, subir las escaleras y -en lugar de bendecirme, llena toda de gracia- devolverme las heces de mi mascota.<\/p>\n<p align=\"left\">Sub\u00ed al lugar donde viv\u00eda el perro para tratar de explicarme lo que suced\u00eda, pues no me imaginaba a alguien aventando las cacas de \u201cBenito\u201d al otro lado, nom\u00e1s, por deporte.<\/p>\n<p align=\"left\">Y, efectivamente descubr\u00ed el misterio: exist\u00eda, oculto en una esquina, un bajante que \u00a0enviaba el agua desde mi azotea hacia el patio de la casa de las monjas. En tiempo de lluvias el agua arrastraba todo a su paso \u2013incluidas las heces de \u201cBenito\u201d- e iban a parar a las jardineras de esa casona santa. Sucedi\u00f3 que de repente ellas quitaron las jardineras para ganar espacio en su patio y todo lo que bajaba desde mi azotea iba a dar all\u00e1.<\/p>\n<p align=\"left\">Las monjas pudieron ir a hablar conmigo y pedirme que solucionara el problema, pero en cambio llevaron a cabo una acci\u00f3n que, seg\u00fan yo, les acarrear\u00e1, tarde que temprano, un castigo divino.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios quiera.<\/p>\n<p align=\"left\"><b style=\"line-height: 1.5em;\">\u00a0<\/b><\/p>\n<h5 align=\"left\">El rottweiler<\/h5>\n<p align=\"left\">Junto a la casa de las monjas hay otra finca de dimensiones espectaculares. Muy posiblemente cubra poco m\u00e1s de un cuarto de manzana. Nadie sabe a ciencia cierta \u00a0de qu\u00e9 clase de oficinas se trate, pero al parecer han de guardar ah\u00ed las perlas de la virgen o quiz\u00e1 al mism\u00edsimo Cristo crucificado, porque en el d\u00eda hay un par de vigilantes y en las noches le quitan las cadenas a un perro rottweiler\u00a0 que pasa el d\u00eda dormido.<\/p>\n<p align=\"left\">El lindo perrito est\u00e1 all\u00e1, a lo lejos, hasta tierno se ve, pero apenas logra divisar que alguien va a pasar por la banqueta y, como toro de lidia tras el capote rojo del torero, se deja venir a gran velocidad hasta la breve barda con reja que separa a la finca de la banqueta.<\/p>\n<p align=\"left\">Dije \u201ccomo toro de lidia se deja venir\u201d y habl\u00e9 de una \u201cbreve\u201d barda con reja porque ambos elementos son harto importantes para la historia. El m\u00e9ndigo can no hace ruido cuando emprende la carrera, no ladra, dir\u00eda que hasta se viene por el pastito para que no se escuchen sus pisadas. De manera que el peat\u00f3n, la mayor\u00eda de las veces, no advierte el peligro y aqu\u00ed es donde interviene el segundo elemento: la bardita y reja que separan al can de la banqueta mide menos de un metro, as\u00ed que, si alguien va muy pegado al lado contrario de la calle, la boca del chucho terminar\u00e1 muy cerca de su oreja.<\/p>\n<p align=\"left\">Durante los varios a\u00f1os que pas\u00e9 por esa casa, si era de d\u00eda ve\u00eda al perro ah\u00ed, al fondo, dormido, sin inmutarse de lo que sucediera a su alrededor. De noche, en cambio, era la fiera acechante. Yo logr\u00e9, con el paso de los a\u00f1os, a controlar mi miedo, a saber en qu\u00e9 cuadrante de la banqueta pod\u00eda caminar sin correr peligro, a dominar el arte de ignorar al chucho, de convertir su teatro particular en un artificio de salva.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi diversi\u00f3n entonces consisti\u00f3 en observar a desconocidos incautos hacer toda clase de desfiguros, cuando caminaban por la banqueta y a unos cuantos cent\u00edmetros la boca de un rootweiler los hac\u00eda brincar, correr, maldecir. Era como disfrutar de esos videos de gente que se asusta, pero en vivo y para m\u00ed solo.<\/p>\n<p align=\"left\">Hace a\u00f1os que no paso de noche por ah\u00ed, no s\u00e9 si el chucho siga haciendo de las suyas. Cualquier noche de estas pasar\u00e9 por ah\u00ed a saludarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 El autor de la siguiente cr\u00f3nica vivi\u00f3 muchos a\u00f1os en la Colonia Americana, colindante con la Lafayette. Estas tres estampas de situaciones vividas ah\u00ed, podr\u00edan ser las de cualquier otro habitante de la ciudad, en cualquier otra parte. Como ya se ha dicho, se trata de ejemplificar \u2013con una historia\u2013\u00a0 lo que sucede en todas partes: dicho de otra forma, lograr una met\u00e1fora de lo que sucede en toda la ciudad. \u00bfAlguien tiene una historia as\u00ed? David Izazaga \u00a0 \u00a0 Juamski Juamski parec\u00eda la viva imagen de El Yeti \u201cel hombre de las nieves\u201d. S\u00f3lo que luego de hibernar unos catorce a\u00f1os: flaco, alto, encorvado pelo y bigote cano y un cigarro, siempre un cigarro encendido, as\u00ed fueran las seis de la ma\u00f1ana o las doce de la noche. Llegamos a pensar que un d\u00eda iba a morir quemado en su colch\u00f3n por culpa de esa colilla encendida que parec\u00eda uno m\u00e1s de sus dedos. Juamski viv\u00eda debajo de nosotros: m\u00e1s precisamente, nosotros habit\u00e1bamos en el departamento que estaba arriba de su casa. 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