{"id":3330,"date":"2018-02-22T23:06:55","date_gmt":"2018-02-23T05:06:55","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3330"},"modified":"2018-02-22T23:06:55","modified_gmt":"2018-02-23T05:06:55","slug":"que-regresen-los-amaneceres-naranjas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3330","title":{"rendered":"Que regresen los amaneceres naranjas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-3331 size-full\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas.jpg\" alt=\"El huevo cojo\" width=\"1140\" height=\"712\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas.jpg 1140w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas-300x187.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas-768x480.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/queregresenlosamaneceresnaranjas-1024x640.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>En esta historia nost\u00e1lgica con la que debuta en nuestra p\u00e1gina Carolina Quintanilla, se nos cuenta un tema que cada vez es m\u00e1s com\u00fan en nuestra ciudad: aquellos lugares a los que volvemos luego de un tiempo y ya no est\u00e1 lo que dejamos. El entorno urbano cambia \u00faltimamente a una velocidad que es casi imposible seguir; la cr\u00f3nica intenta registrar esos cambios, pero m\u00e1s que eso: dejar testimonio de lo que fue.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Carolina Quintanilla<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Odio el color naranja en cualquiera de sus presentaciones, no me queda y no me va. Ese tono c\u00e1lido con el que se ilumina el cielo en los atardeceres dignos de postal y que inexplicablemente se ven tan bien a juego sobre los campos de flores, saca la peor versi\u00f3n de m\u00ed, porque me fall\u00f3.<\/p>\n<p>En Guadalajara, una colonia que ubicas cuando te nombran la Avenida Revoluci\u00f3n, R\u00edo Nilo, San Jacinto o Historiadores, por all\u00ed por donde estuvo el Club Jalisco, luego el Club Chivas y despu\u00e9s nada; esa zona llamada Jardines de los Poetas es para m\u00ed la parte de la ciudad en donde alguna vez quise comprar mi casa y vivir eternamente.<\/p>\n<p>Desgraciadamente mis pap\u00e1s no entendieron mi fascinaci\u00f3n por el barrio y en mis 27 a\u00f1os hemos vivido en 12 casas distintas, pero yo siempre recuerdo la primera, la que est\u00e1 ubicada en la privada Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Rojas. Una casa nada espectacular de fachada y cancel blanco, un piso, dos rec\u00e1maras y un ba\u00f1o, que fue rentada por el prometedor y muy joven matrimonio conformado por mis padres, por la mera coincidencia de tener como vecinos a mis t\u00edos y primos.<\/p>\n<p>Esa calle ten\u00eda una peculiaridad muy especial: por ser la \u00faltima cuadra solo ten\u00eda casas en una de las aceras, frente a estas casas estaba un alambrado que rodeaba un inmenso campo de flores que daba justo detr\u00e1s del \u201cClub Jalisco, luego Club Chivas y despu\u00e9s nada\u201d. La gran mayor\u00eda de flores que all\u00ed se sembraban abastec\u00edan todas las florer\u00edas de los principales mercados de Guadalajara. Cada mes, ese campo se vest\u00eda de un color distinto, primero eran rosas rojas, luego rosas y blancas, en marzo eran girasoles y mi parte favorita era cuando se llenaba totalmente de cempas\u00fachiles y creaban una inmensa alfombra naranja muy olorosa, que brillaba con cada amanecer.<\/p>\n<p>En 1992 me estrenaba en eso de \u201ccaminar por primera vez\u201d, lo hice mientras me sosten\u00eda del cancel para irme a la casa de mis primos que estaba justo a un lado, lo recuerdo porque el campo estaba rojo y mi pap\u00e1 sosten\u00eda una c\u00e1mara para capturar el momento. Justo cuando mis piernas se sosten\u00edan sin tambalear, me rebel\u00e9 contra mi mam\u00e1 cuando ella intent\u00f3 castigar a mi hermano por una travesura. No me parecieron sus formas y decid\u00ed irme de la casa con mi mochila y dos peluches. Qui\u00e9n dir\u00eda que a\u00f1os despu\u00e9s la historia se har\u00eda realidad.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s, mientras los adultos hablaban de problemas econ\u00f3micos en el pa\u00eds, yo ve\u00eda que mi prima Liz se pon\u00eda sus pantalones de mezclilla hasta la cintura, una pantiblusa negra y botas alt\u00edsimas, eran sus 21 a\u00f1os y se alistaba para irse a la disco, mi hermano y yo, en su casa, ve\u00edamos \u201cLa Sirenita\u201d; los girasoles estaban brillando cuando la vi subirse a un carro con su amiga Marcia.<\/p>\n<p>Meses m\u00e1s tarde, cuando ya se hab\u00edan llevado los cempas\u00fachiles, el Ni\u00f1o Dios nos sorprendi\u00f3 con una resbaladilla amarilla y un triciclo. Muchos atardeceres me cost\u00f3 aprender a andar, a distintas velocidades, en aquel peculiar artefacto de tres ruedas que promet\u00eda ponerme en forma para cuando tuviera edad para andar en bici. Justo en ese tiempo supe que mi primo Pepe (hermano de Liz) andaba de novio con \u201cMoni\u201d, una muchacha bonita que viv\u00eda a unas cinco casas despu\u00e9s de la esquina; se le declar\u00f3 con un ramo de rosas rosas que apenas pod\u00eda y que yo alcanc\u00e9 a reconocer hab\u00edan crecido en el campo de enfrente. Tanto \u00e9xito tuvieron las flores que un a\u00f1o despu\u00e9s, los novios ya estaban en el altar jur\u00e1ndose amor eterno en voz y en carne, pues mientras se pon\u00edan las sortijas ya se cocinaba un beb\u00e9 entre ellos. La fiesta naturalmente fue en la calle, era cerrada y ten\u00eda como vista un campo de rosas rosas, las mismas que le dieron a mi primo el primer \u201cs\u00ed\u201d de su historia con Moni.<\/p>\n<p>Esos a\u00f1os formaron en mi mente la definici\u00f3n de lo que hasta ahora para mi significa vivir en familia, pero un d\u00eda tambi\u00e9n llor\u00e9 por el campo. El sol quem\u00f3 las flores de esa temporada, las llamas consumieron el colorido de la cosecha, dejando un terrible panorama gris con olor a ceniza. Tuvieron que pasar semanas para que volvieran a brotar las alfombras de colores; ese mismo a\u00f1o tambi\u00e9n tem\u00ed por mis primos, me di cuenta del terror y odio que sent\u00edan por mi t\u00edo Carlos. \u00c9l era operador de camiones for\u00e1neos y casi no estaba en casa, pero cuando llegaba era terrible. Sus arranques de celos por su esposa e hijas combinados con el alcohol propiciaban que m\u00e1s de una vez mi pap\u00e1 tuviera que intervenir en sus peleas.<\/p>\n<p>Un atardecer naranja, mientras daba vueltas en mi triciclo escuch\u00e9 llorar a Liz. La vi tirada en su cochera con l\u00e1grimas en sus ojos sosteni\u00e9ndose la mejilla, me met\u00ed a su casa para levantarla y cuando menos lo esperaba mi t\u00edo estaba detr\u00e1s de nosotras con un palo de madera apunt\u00e1ndonos a matar. Con mi l\u00f3gica de cinco a\u00f1os de edad me tir\u00e9 sobre ella para protegerla y justo cuando esperaba lo peor, pap\u00e1 se meti\u00f3 y recibi\u00f3 el golpe por nosotras. Recuerdo mi respiraci\u00f3n intermitente y miedo profundo mirando al suelo sin saber lo que hab\u00eda ocurrido. Mi t\u00edo Carlos era el hermano mayor de mi padre y siempre lo respet\u00f3, pero ese d\u00eda al verme en esa situaci\u00f3n, con toda su ira, mi pap\u00e1 lo golpe\u00f3 tanto que lo dej\u00f3 tendido en la cochera. Lo vi recostado llorando y sosteniendo su mejilla, tal y como me encontr\u00e9 a Liz, pero en esa escena no me interpuse para salvarlo.<\/p>\n<p>Los siguientes meses se volvieron m\u00e1s dif\u00edciles, el campo no daba las mismas flores que antes, los atardeceres naranjas eran m\u00e1s tristes en parte tambi\u00e9n porque mis pap\u00e1s nos prohibieron ir a la casa de mis primos: no m\u00e1s visitas y no m\u00e1s pel\u00edcula de \u201cLa Sirenita\u201d en su tele, no m\u00e1s Liz alist\u00e1ndose para la disco y tambi\u00e9n no m\u00e1s gritos de mi t\u00edo Carlos. Se acercaba mi cumplea\u00f1os y al parecer seis a\u00f1os era un gran motivo para consagrarme como princesa. Por eso fuimos con Do\u00f1a Paty, una se\u00f1ora que viv\u00eda a espaldas de con nosotros. Paty era una mujer peque\u00f1a, esbelta, morena y usaba de collar una cinta m\u00e9trica. Con alfileres sostenidos entre sus dientes, me tom\u00f3 las medidas para crear un vestido igual que el de \u201cLa Cenicienta\u201d, la pel\u00edcula de moda en ese momento en mi casa.<\/p>\n<p>Pasaron dos largas semanas y finalmente el vestido estuvo listo, mi mam\u00e1 me prest\u00f3 su collar de perlas y mi pap\u00e1 mand\u00f3 hacerme unos zapatos de cristal. Mi cumplea\u00f1os se celebr\u00f3 en esa misma calle, cuando los pocos girasoles se apagaban y comenzaban a sembrar nuevas flores. Los grandes ausentes fueron mis primos, los cuales decidieron irse de vacaciones para no verme vestida de Cenicienta; de cualquier modo ped\u00ed que me tomaran muchas fotos para mostr\u00e1rselas a Liz cuando volviera.<\/p>\n<p>S\u00ed volvieron, pero nosotros nos \u00edbamos. Quit\u00e1bamos los globos de la fiesta cuando mi mam\u00e1 nos dijo que tendr\u00edamos una hermanita, y era necesario cambiarnos de casa, era insuficiente el espacio y una nueva integrante nos obligaba aumentar los cuartos. A rega\u00f1adientes y sin margen para negarnos, mi hermano y yo aceptamos; nos fuimos de Jardines antes de que estuvieran listas las fotos de mi d\u00eda como princesa.<\/p>\n<p>La mudanza lleg\u00f3 un atardecer naranja, dej\u00e1bamos una casa vac\u00eda y un campo con cempas\u00fachiles a medio salir. La resbaladilla se quedaba porque no entraba en la nueva casa y el triciclo se lo regalaron a mi sobrino, hijo de mi primo Pepe.<\/p>\n<p>Mi pap\u00e1 me tom\u00f3 de la mano y me dijo: \u201cvamos a volver, ya ver\u00e1s\u201d. Lo cumpli\u00f3, pero 12 a\u00f1os despu\u00e9s, cuando mi t\u00edo Carlos ya hab\u00eda muerto, y s\u00f3lo quedaba Liz en la casa a la que alguna vez nos prohibieron entrar. Llegamos porque despu\u00e9s de vivir en 6 casas distintas, en dos estados distintos, el dinero y la enfermedad atent\u00f3 contra nosotros: quedamos sin nada y mi prima nos abri\u00f3 su casa para recuperarnos de tan duro golpe de la vida.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a ver el atardecer naranja, volv\u00ed a oler las flores, abrac\u00e9 a mi prima, pero mi pap\u00e1 ya no era el roble que alguna vez me defendi\u00f3.<\/p>\n<p>S\u00f3lo unos meses estuvimos all\u00ed y nuevamente cambi\u00e9 el atardecer por un hogar en donde \u00e9l se sintiera mejor, en donde la familia volviera a sentirse segura y autosuficiente. As\u00ed han sido estos a\u00f1os lejos de las flores, hasta hace unas semanas, cuando Liz me llam\u00f3 para invitarme a comer a su casa, pero vaya golpe que me di al llegar, golpe contra el cemento y el hierro que brotaron del campo que alguna vez se arrop\u00f3 con alfombras de flores.<\/p>\n<p>Ya no queda nada de ese campo, llegaron familias que ni se enteraron que de all\u00ed brotaba vida, luz&#8230; las flores nos regalaban un aire puro aderezado con sus aromas \u00fanicos. Esas estructuras grises mataron el \u00fanico color naranja que soporto, aquel que ahora s\u00f3lo vive en mis recuerdos y que en mis adentros cada noche que \u00a0extra\u00f1aba esos a\u00f1os, cerraba mis ojos rezando: \u201cque vuelvan los atardeceres naranjas\u201d.<\/p>\n<p>Liz me recibi\u00f3 con malas noticias, Pepe ya no le habla, Moni la odia, do\u00f1a Paty muri\u00f3 poco despu\u00e9s de hacer mi vestido, la resbaladilla se fue a la basura porque se oxid\u00f3 y a ella le acababan de diagnosticar una enfermedad que podr\u00eda quitarle a\u00f1os a su joven vida.<\/p>\n<p>Con sus ojos esperanzadores, me desped\u00ed de ella cuando el atardecer se asomaba y se dibujaban l\u00edneas naranjas en el cielo. Con todas esas noticias retumbando en mi mente mir\u00e9 el naranja del cielo y por primera vez lo odi\u00e9, porque ya no hab\u00eda flores que mirar, ni motivos para volver, se acabaron los rezos que alguna vez pronunci\u00e9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta historia nost\u00e1lgica con la que debuta en nuestra p\u00e1gina Carolina Quintanilla, se nos cuenta un tema que cada vez es m\u00e1s com\u00fan en nuestra ciudad: aquellos lugares a los que volvemos luego de un tiempo y ya no est\u00e1 lo que dejamos. El entorno urbano cambia \u00faltimamente a una velocidad que es casi imposible seguir; la cr\u00f3nica intenta registrar esos cambios, pero m\u00e1s que eso: dejar testimonio de lo que fue. &nbsp; Carolina Quintanilla &nbsp; Odio el color naranja en cualquiera de sus presentaciones, no me queda y no me va. 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