{"id":3397,"date":"2019-05-22T11:49:44","date_gmt":"2019-05-22T16:49:44","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3397"},"modified":"2020-02-04T11:50:20","modified_gmt":"2020-02-04T17:50:20","slug":"resurreccion-de-recuerdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3397","title":{"rendered":"Resurrecci\u00f3n de recuerdos"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3398\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/2215168984_f510932c3d_b.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/2215168984_f510932c3d_b.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/2215168984_f510932c3d_b-300x225.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/2215168984_f510932c3d_b-768x576.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>Qu\u00e9 potentes son los textos que encierran sentimientos tan fuertes, como este, que habla no s\u00f3lo de fr\u00edos recuerdos: sino de toda una vida. Mago narra en unos cuantos p\u00e1rrafos a\u00f1os de vida de su madre, su familia y lo hace con el tono perfecto y el adjetivo preciso para transportarnos a ese lugar en Queser\u00eda, Colima, y casi podemos ver a cada personaje y revivir las situaciones.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Mago Rodr\u00edguez<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Migramos de Queser\u00eda, un pueblo azucarero de Colima, a la ciudad de Guadalajara hace m\u00e1s de tres d\u00e9cadas.\u00a0 Las vacaciones siempre fueron para ir a ver a la familia, por ello esa Semana Santa del 2018 no era extra\u00f1o estar en el terru\u00f1o. Lo que hizo diferente esa fecha fue saber que mi prima hab\u00eda recuperado la casa de \u201cMam\u00e1 Milia\u201d, nuestra abuela. Mi madre, Victoria, en cuanto lo supo fue a visitarla. Hace m\u00e1s de 10 a\u00f1os que su hermano menor hab\u00eda perdido la propiedad y era un pendiente familiar. Quien fuera, pero que la recuperen, era la sentencia. Fue as\u00ed que ese S\u00e1bado de Gloria resucitaron recuerdos.<\/p>\n<p>Cruz\u00f3 la puerta y sus ojos se llenaron de pasado. De la entrada principal solo quedaba la puerta clausurada: el par de escalones ya no llevaban a ning\u00fan lado, solo quedaba en la memoria \u201cCilantro\u201d, quien fue custodio de ese lugar por varios a\u00f1os. \u201cCilantro\u201d era un se\u00f1or de ojos saltones, orejas grandes peludas, nariz chata con poros grandes; cara redonda enmarcada con cejas escasas, barba eterna de dos semanas, pelo corto, tez morena por el sol, panza prominente. Vest\u00eda pantal\u00f3n de mezclilla, camisa a botones \u2014que no utilizaba\u2014 de mangas largas remangadas y huaraches de llanta. Todo demasiado limpio para ser indigente, pero lo suficientemente percudido para preguntarse si viv\u00eda solo. \u00c9l eligi\u00f3 como zona de trabajo los dos escalones de la entrada principal; llegaba a las nueve y se retiraba a la hora de comer, para luego volver pasadas las cuatro de la tarde y se iba hasta que empezaba a oscurecer. Su casa colindaba con la de Emilia. Su autoempleo sin sueldo consist\u00eda en matar todas y cada una de las moscas que osaran cruzar el umbral de la puerta, el \u00e1rea de su labor era limitada por el largo de su brazo y su movilidad, ni un cent\u00edmetro m\u00e1s. El arma para tal fin era un matamoscas de pl\u00e1stico \u2014a veces verde, otras rojo y algunas m\u00e1s azul\u2014 con el mango reforzado por un palo atado con mecate y pabilo. Era estricto en su labor de portero, dejando entrar solo aquello que no fuera un d\u00edptero insecto, salvo los d\u00edas que mi abuela saliera a alg\u00fan pendiente, entonces se apropiaba del ancho de la puerta y s\u00f3lo entraba aqu\u00e9l que se consideraba familia. \u201cCilantro\u201d bien podr\u00eda haber sido el se\u00f1or del costal o un ogro come ni\u00f1os, pero se nos inculc\u00f3 respeto hacia \u00e9l: se le saludaba al llegar y se desped\u00eda uno al salir; aunque de \u00e9l no saliera nunca la misma cortes\u00eda. Se dice que en alguna ocasi\u00f3n habl\u00f3 para solicitar en matrimonio a una de mis t\u00edas, pero se le neg\u00f3; no insisti\u00f3 en su pedimento. Su jubilaci\u00f3n fue voluntaria, a los pocos meses de haber muerto \u201cMam\u00e1 Milia\u201d.<\/p>\n<p>Ahora se ingresa a la casa por donde hab\u00eda estado el cuarto de mujeres, mi madre mir\u00f3 como quien hojea un \u00e1lbum de fotos viejas. Las cuatro camas, roperos y la petaquilla, ya no estaban. En el pasado quedaron los cuchicheos entre ellas, las peleas por tomar la ropa sin permiso y aquella vez que Victoria se col\u00f3 de su cuarto a la cocina para comer costillitas, el d\u00eda que enfermo de varicela y se le ten\u00eda prohibido consumir cerdo. A ella le gustaba cocinar y ten\u00eda buena saz\u00f3n; recuerda aquel d\u00eda que encontr\u00f3 unos hongos y los cocin\u00f3 con sal en el comal, se los comi\u00f3 con queso y unas tortillas reci\u00e9n hechas. Despert\u00f3 hasta el d\u00eda siguiente. Nunca volver\u00eda a comer ning\u00fan tipo de hongo, por m\u00e1s bueno que le dijeran que estaba. Victoria fue de las \u00faltimas en dejar aquel cuarto, a pesar de ser la hermana mayor, dos de las menores se casaron antes que ella.<\/p>\n<p>El comedor no se movi\u00f3 de lugar. La gran mesa rectangular con tablones usados como asientos a los lados y dos sillas de madera que duraban para siempre, en los extremos, eran los lugares de Jos\u00e9 y Emilia; todo fue sustituido por un perecedero comedor tubular. La gran ventana de dos alas, herraje viejo y mosquitero permanec\u00eda, a\u00fan se pod\u00eda ver el corral. Por ella, Victoria conocer\u00eda el poder del miedo. A los pocos d\u00edas de muerto su padre, vio a un hombre con sombrero de ala ancha y camisa de manta con manga larga que con el brazo derecho le dec\u00eda: \u201cven\u201d, mientras se encontraba sentada, cenando junto a sus hermanos y su madre; las primeras en darse cuenta fueron ella y su hermana, que estaba sentada a su lado. Ese \u201cven\u201d estaba esperando a que se le obedeciera, era de un an\u00f3nimo, el rostro lo cubr\u00eda el sombrero. La poca luz del foco amarillo de 80 watts abonaba a la misteriosa escena. El miedo la abraz\u00f3: su coraz\u00f3n de 13 a\u00f1os lat\u00eda desbocado; temerosa le dijo a su madre, quien mand\u00f3 a Aurelio, uno de los mayores, a espantar al insistente se\u00f1or. Aurelio abri\u00f3 la puerta con un machete en la mano, baj\u00f3 las dos rudimentarias escaleras de piedra; el sujeto no cambiaba de posici\u00f3n, el \u201cVen\u201d era m\u00e1s vigoroso.<\/p>\n<p>\u2014<em> \u00bfQue quiere?<\/em>, grit\u00f3 Aurelio sin recibir respuesta.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 a \u00e9l con sigilo, unos segundos de silencio y despu\u00e9s una carcajada escandalosa. <em>\u00a1Vengan a ver!<\/em> Las tres mujeres fueron y rieron con tranquilidad y consuelo. El sombrero y la camisa estaban colgados en el aguacate, el tronco y sus ra\u00edces daban la forma de piernas y pies, la manga se mov\u00eda por el viento, la otra estaba detenida con una rama.<\/p>\n<p>\u2014<em> Ese era el aguacate del susto.<\/em> Me dice mi madre mientras caminamos al corral.<\/p>\n<p>Al corral le hicieron muchos cambios, ahora hay una terraza con todo para organizar una carne asada o cualquier reuni\u00f3n casual. El pozo de agua a\u00fan permanec\u00eda, pero con tapa y bomba nuevas; al fondo quedaban rastros de lo que fue el chiquero. Varios \u00e1rboles desaparecieron, solo quedaban el de lima, aguacate y guayaba rosa. Las teresitas, hortensias, pasiflora, pensamientos y rosales ya no est\u00e1n. Hab\u00eda amapolas, pero esas se las llevaron los soldados junto con la mariguana cuando fueron prohibidas por el gobierno en los 60\u2019s.<\/p>\n<p>Mantener el corral limpio era el orgullo de la abuela y el pesar de mi madre y t\u00edas. En una de las orillas del jard\u00edn est\u00e1 sepultada \u201cMariposa\u201d, una gata que muri\u00f3 por golosa e imprudente y fue la causante del odio a los gatos de mi madre. Era una labor tit\u00e1nica cuidar que el animalito no bebiera de la jarra de leche que se oreaba despu\u00e9s de hervida; Victoria siempre fallaba en la encomienda y por ello era merecedora de castigos. Un d\u00eda se encontraba barriendo el corral, cuando la malhechora felina se beb\u00eda la leche, en su desesperaci\u00f3n por correrla la lanz\u00f3 con la escoba y fue a retachar a la pared. Quedo inerte, el garrotazo hizo que sus siete vidas se fueran de golpe; ella sepult\u00f3 su delito en aquel rinc\u00f3n. De la \u201cMariposa\u201d no habl\u00f3 m\u00e1s.<\/p>\n<p>Todo hab\u00eda cambiado, pero para m\u00ed madre fue lo de menos, la propiedad volvi\u00f3 a ser de la familia, eso era suficiente y demasiado. Salimos no sin antes ver la cochera, donde hab\u00eda sido la sala y cuarto de mi abuela. No estaban los sillones de cojines cuadrados rojos, ni las dos camas, ni los roperos, tampoco el sill\u00f3n reclinable ni la mesita con el tel\u00e9fono verde olivo de disco. Ah\u00ed guardamos silencio, porque fue donde se tendi\u00f3 a mi abuelo cuando Victoria ten\u00eda 13 a\u00f1os, y a Emilia, \u2014mi abuela\u2014 hace m\u00e1s de 25. Mi madre dio un suspiro y sali\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014 <em>Por aqu\u00ed sal\u00ed hace 45 a\u00f1os casi, para fugarme con tu padre.<\/em><\/p>\n<p>Me lo dijo con melancol\u00eda. Su coraz\u00f3n no pod\u00eda con tanta nostalgia, tuvimos que regresar ese mismo d\u00eda a Guadalajara porque se descontrol\u00f3 su salud. Nos prometimos volver, ella quer\u00eda regresar con todos: con mis hermanos para que record\u00e1ramos juntos.<\/p>\n<p>Cuatro meses despu\u00e9s regresamos a la casa de \u201cMam\u00e1 Milia\u201d, \u00edbamos todos. Llev\u00e9 las cenizas de m\u00ed madre Victoria, ahora eran mis ojos los que al cruzar la puerta se llenaron de pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Qu\u00e9 potentes son los textos que encierran sentimientos tan fuertes, como este, que habla no s\u00f3lo de fr\u00edos recuerdos: sino de toda una vida. Mago narra en unos cuantos p\u00e1rrafos a\u00f1os de vida de su madre, su familia y lo hace con el tono perfecto y el adjetivo preciso para transportarnos a ese lugar en Queser\u00eda, Colima, y casi podemos ver a cada personaje y revivir las situaciones. &nbsp; Mago Rodr\u00edguez &nbsp; Migramos de Queser\u00eda, un pueblo azucarero de Colima, a la ciudad de Guadalajara hace m\u00e1s de tres d\u00e9cadas.\u00a0 Las vacaciones siempre fueron para ir a ver a la familia, por ello esa Semana Santa del 2018 no era extra\u00f1o estar en el terru\u00f1o. Lo que hizo diferente esa fecha fue saber que mi prima hab\u00eda recuperado la casa de \u201cMam\u00e1 Milia\u201d, nuestra abuela. Mi madre, Victoria, en cuanto lo supo fue a visitarla. Hace m\u00e1s de 10 a\u00f1os que su hermano menor hab\u00eda perdido la propiedad y era un pendiente familiar. Quien fuera, pero que la recuperen, era la sentencia. Fue as\u00ed que ese S\u00e1bado de Gloria resucitaron recuerdos. Cruz\u00f3 la puerta y sus ojos se llenaron de pasado. 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