{"id":3468,"date":"2020-03-31T23:51:22","date_gmt":"2020-04-01T05:51:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3468"},"modified":"2020-03-31T23:52:31","modified_gmt":"2020-04-01T05:52:31","slug":"ydentroo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3468","title":{"rendered":"Y(Dentro)o"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3470\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/NoHilda2.png\" alt=\"\" width=\"708\" height=\"349\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/NoHilda2.png 708w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/NoHilda2-300x148.png 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/NoHilda2-640x315.png 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 708px) 100vw, 708px\" \/><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5>NoHilda<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>As\u00ed como se puede narrar lo que sucede en las calles en medio de la pandemia, tambi\u00e9n hay que contar lo que ocurre al interior de nuestros propios encierros. Dentro de las paredes de cada hogar tambi\u00e9n hay historias: como esta de NoHilda, quien debuta en nuestra p\u00e1gina, con este texto que avanza \u2014lento, preciso, punzante\u2014 justo como los d\u00edas que vivimos.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLa normalidad no volver\u00e1<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>porque fue ella la que nos trajo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>donde estamos\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Graffiti an\u00f3nimo en las calles de Wuhan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n no hab\u00eda pensado en regresar al vientre de la madre, lugar confortable, c\u00e1lido, seguro y ajeno al mundo externo? \u00bfQui\u00e9n no est\u00e1 cansado de estar tras las ventanas de un lugar confortable, c\u00e1lido, seguro e imposibilitado del mundo externo? Estar en casa nunca hab\u00eda llegado a tales proporciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recuerdo los d\u00edas de cuaresma donde mis padres nos reclu\u00edan marat\u00f3nicamente, a mis hermanos y a m\u00ed, desde el jueves santo hasta el domingo de resurrecci\u00f3n y no nos dejaban ver televisi\u00f3n, escuchar m\u00fasica o jugar, todo se resum\u00eda a: limpiar o rezar. Estos d\u00edas de encierro me recuerdan aquella infancia que parece ajena con una diferencia: ya no rezo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mirando como un insecto estoy frente al ventanal de mi balc\u00f3n. Mis chanclas con relieves para dar masaje a los pies cuando camino sostienen al cuerpo quieto, en pijama, casi rocoso; no siento masaje en los pies. Es el segundo o tercer d\u00eda de cuarentena, son las siete u ocho de la ma\u00f1ana. El campo de f\u00fatbol que est\u00e1 enfrente, donde colapsan las mascotas divertidas y retumban los due\u00f1os preocupados, est\u00e1 vac\u00edo. No ha venido el se\u00f1or de los seis perros, ese que los amarra a los postes de las porter\u00edas y les grita por turnos, no ha venido el boxeador retirado o boxeador en entrenamiento (depende de la edad, no lo he visto de cerca), no est\u00e1 tampoco la pareja de j\u00f3venes novios que dejan sus mochilas a medio campo a la vista de todos. Estoy yo, desde mis chanclas, detr\u00e1s del ventanal. Confinada. Como todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No me ha entrado el p\u00e1nico, no me ha entrado la tragedia. Con un caf\u00e9 m\u00e1s negro de lo normal, espero en mi cuarto el golpe duro de alguna realidad, de la enfermedad o el de la esperanza. Nada. Sigo esperando, hasta el mediod\u00eda cuando el \u201cya tengo hambre\u201d de alguno de mis hijos me devuelve movilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un par de d\u00edas despu\u00e9s, antes de ir al trabajo, mientras las horas en casa parece que se acumulan en la espalda, entro a ba\u00f1arme y me quedo bajo el agua sin moverme, esperando a que la tensi\u00f3n se escurra por el desag\u00fce. Me enjuago una vez y otra. Luego pongo jab\u00f3n l\u00edquido transparente en mis manos, las froto, como las he frotado ya tantas veces y cierro los ojos; me las llevo a la cara y en c\u00edrculos revuelvo los suspiros tambi\u00e9n l\u00edquidos. Con los ojos cerrados cierro la llave y espero a que el aire que viene desde la ventanita me refresque un poco. El ba\u00f1o es el \u00fanico sitio de la casa en el que no entra nadie cada diez minutos a preguntar el paradero de los calcetines, en donde me puedo resguardar de esta soledad compartida, es mi zona segura dentro de mi zona segura, es el n\u00facleo del vientre de concreto, mi placenta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las horas de trabajo se han reducido a la mitad. Los libros amontonados en mi escritorio me abruman un poco. En estos d\u00edas calurosos mi cama no tiene colcha, la s\u00e1bana es pasto fresco bajo un \u00e1rbol, desde ah\u00ed leo en mi celular. No es una espera, es una pausa. Detener el tiempo y que yo misma siga funcionando, como cuando me lo imagin\u00e9 tantas veces de ni\u00f1a. El tiempo est\u00e1tico, fara\u00f3nico. Me recuerdo embarazada, igual de imposibilitada. En las redes abundan las encuestas con preguntas personales como las de los tiempos de secundaria: \u00bfTe da asco comer h\u00edgado?, \u00bferes hetero?, \u00bfun animal que comience con la letra de tu nombre?\u2026 Hay hormigas afuera de mi casa, de tanto que van y vienen ya han apartado la hierba haciendo un camino. Voy del ba\u00f1o a la sala, de la sala a la cocina, de la cocina al tel\u00e9fono de nuevo, \u00bfhacia d\u00f3nde va el camino que voy haciendo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tragedia siempre nos va a llegar, pero el hecho de que no sepamos cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo, perturba m\u00e1s que la tragedia misma. El virus no posee una mortalidad alta, la muerte, en su caso, no es la tragedia; lo m\u00e1s perturbador es que, temiendo que habr\u00e1 una recesi\u00f3n econ\u00f3mica, no podamos en realidad saber exactamente ni c\u00f3mo, ni cu\u00e1ndo. Un total saco de ojos, o\u00eddos y papilas gustativas es ahora mi cuerpo, un <em>mindfullness<\/em> extremo a la espera de un m\u00ednimo cambio. Mi cama, cada vez m\u00e1s \u00edntima, se forra de lenguas de algod\u00f3n en espera de envolverme o saborearme o cobijarme. Y yo, me dejo ser presa hasta ver oxidarse el cielo; mientras con mis manos y piernas emulo al horizonte que no parece hoy tan lejano, que parece m\u00e1s un amante silente a mi lado. Me estoy acostumbrando a una soledad m\u00e1s pura y tengo miedo de no poder desacostumbrarme, el \u201cnosotros\u201d se ha ido a la comunidad virtual, haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s intangible o inalcanzable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi mochila est\u00e1 cerca de la puerta y temo que en cualquier momento le salgan pies y me abandone: si algo me falta para creer ser yo misma es traerla al hombro, tortuga lenta sin caparaz\u00f3n. Se me ve todo el mundo interno cuando me siento en la sala, con la televisi\u00f3n apagada y miro mis adornos de calavera. \u00bfA qu\u00e9 estamos? dice mi madre despu\u00e9s de saludarme de lejos con una mano en el coraz\u00f3n. Es martes, pero no importa.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 d\u00eda es hoy? pregunta mi hermano para continuar la cronolog\u00eda de la an\u00e9cdota de mi padre, quien, dejando a un lado el bast\u00f3n, los domingos por la ma\u00f1ana serrucha, tumba, clava, levanta y vuelve a tumbar los muros de la azotea de su casa. Es martes, pero no importa. Ma\u00f1ana ser\u00e1 otro martes y luego otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para las mujeres que hemos tenido hijos la cuarentena es lugar com\u00fan, pienso ese martes que el calendario dice que es mi\u00e9rcoles. Recuerdo que en mi primera cuarentena \u2014y lo digo con toda la intenci\u00f3n de que se note que hay experiencia en esto\u2014 sal\u00ed a la calle al d\u00eda siguiente sin pensar en la tormenta de rega\u00f1os que las se\u00f1oras me tirar\u00edan con desd\u00e9n: \u00bfno traes cubierta la cabeza? Obviamente no la tra\u00eda, ni tampoco tuve ning\u00fan cuidado. En mi segunda cuarentena, aprovech\u00e9 el estado invisible que adquirimos las mujeres cuando hay un beb\u00e9 reci\u00e9n nacido y vi la mayor cantidad de pel\u00edculas que me cupieron en los ojos, los cuidados fueron m\u00e1s bien comodidades. En la tercera y m\u00e1s dolorosa cuarentena llegu\u00e9 a la casa con el vientre a la mitad, las manos vac\u00edas y los ojos llenos de l\u00e1grimas; me guard\u00e9 en mi hogar y m\u00e1s que en duelo, me sent\u00eda en interrogatorio, casi obligada y torturada por la vida y las circunstancias a responder palabras disfrazadas que deseaba sellaran las mil bocas que me rodeaban; yo quer\u00eda silencio. Esta cuarta cuarentena es compartida, es emp\u00e1tica y hasta paternalista. Hay listas de pel\u00edculas para ver mientras estamos en casa, listas de libros, actividades para ni\u00f1os, adultos y mascotas, consejos para dormir bien, recetas de platillos f\u00e1ciles y baratos. Me pregunto, \u00bfd\u00f3nde estaba todo este cuidado cuando era solo yo qui\u00e9n lo viv\u00eda? Quiz\u00e1 detr\u00e1s de las preguntas incriminatorias, a un lado de las miradas de desaprobaci\u00f3n o por debajo de las indirectas est\u00fapidas. En este barco estamos todos, como dice un meme del Tit\u00e1nic, y ahora s\u00ed, la empat\u00eda est\u00e1 al alcance como barco salvavidas \u2014aunque a veces dude del motivo de qui\u00e9n se sube\u2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Generalmente, lo que hacemos, m\u00e1s que por los dem\u00e1s, lo hacemos por nuestra relaci\u00f3n con ellos, sentencio al espejo mientras le sonr\u00edo con falsedad virtual. Sin poder tocar mi cara y tras el olor jabonoso de mis manos que ya no huelen a ellas, lo que naci\u00f3 en esta cuarentena es, precisamente, una nueva forma de relaci\u00f3n con nuestro entorno y sus objetos. Mi \u00edndice va de arriba hacia abajo de la pantalla lisa que no es en nada parecida a mi cutis con cicatrices y algunas arrugas: no cambio de cara al moverlo horizontalmente, no me salen los filtros y ya est\u00e1 casi prohibido tocarme. \u00bfDe qu\u00e9 objetos a\u00fan dispongo que no est\u00e9n contaminados? El propio envase del jab\u00f3n puede estarlo y por ello tallo con m\u00e1s frecuencia la parte con la que lo toqu\u00e9. No es solo soledad, es soledad sin siquiera el toque de uno mismo. Intento otros toques. Junto mi \u00edndice con el pulgar \u2014cosa no prohibida, no riesgosa\u2014 y pongo mi atenci\u00f3n en el \u00edndice: estoy ah\u00ed soy \u00e9l, el sujeto que toca. Cuando cambio mi atenci\u00f3n al pulgar soy el sujeto tocado y que, a su vez, tambi\u00e9n toca. Intento lo mismo con el l\u00e1piz verde, con la cuchara vac\u00eda de crema de cacahuate, con la almohada y su fonda de 1800 hilos. Me faltar\u00e1 pr\u00e1ctica. Lo intento con el espejo: soy quien observa, soy la que ve, soy la esencia. Cuarentena zen al servicio de la comunidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al amanecer de los d\u00edas siguientes, a la fase dos de la pandemia no espero mucho, hasta me he dado cuenta de que he vestido igual: con mis playeras negras sin manga, mis mismos tenis que solo uso para ir a la tienda y pantal\u00f3n de mezclilla del mismo color. Reencarnaci\u00f3n de S\u00edsifo, pero m\u00e1s linda. Estoy vulnerable mental y f\u00edsicamente, a mis 12 541 d\u00edas de nacida sigo siendo casi igual de vulnerable, dependo del entorno para mantener una mediana salud y de la gente que me rodea, es como si naciera cada d\u00eda en lo alto de una monta\u00f1a y tuviera que viajar hacia abajo para tocar tierra y dormir para olvidarme de todo, como en el s\u00faper: cuando me pregunta mi esposo que qu\u00e9 m\u00e1s falta y yo, absorta en el rostro de la gente que va con mascarillas tratando de ocultar su miedo y ocultando tambi\u00e9n su sonrisa, le contesto que ya no me acuerdo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Son d\u00edas dif\u00edciles los que me dejo llevar sin oponerme, los que me besa la preocupaci\u00f3n tras la cancelaci\u00f3n de mis pacientes y el progresivo vac\u00edo del bolsillo. Y aunque sigo sin encontrar la raz\u00f3n de mi esencia rebelde, les digo sin pensar que me escriban, aunque no vengan y que estoy para ellos; me reconfortan de una manera abismalmente conmovedora sus palabras de regreso, esas que arropan el coraz\u00f3n cuando son le\u00eddas o escuchadas y descubro, casi con l\u00e1grimas en los ojos, que el coraz\u00f3n nunca es tocado m\u00e1s que por la fraternidad resguardada en cofrecitos que todos sacamos desde dentro y que llamamos palabras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; NoHilda &nbsp; As\u00ed como se puede narrar lo que sucede en las calles en medio de la pandemia, tambi\u00e9n hay que contar lo que ocurre al interior de nuestros propios encierros. 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