{"id":3524,"date":"2020-04-22T01:16:03","date_gmt":"2020-04-22T06:16:03","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3524"},"modified":"2020-04-24T01:43:28","modified_gmt":"2020-04-24T06:43:28","slug":"me-encanta-el-sol-en-la-espalda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3524","title":{"rendered":"Me encanta el sol en la espalda"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3525\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/marcelaS1.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/marcelaS1.jpg 750w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/marcelaS1-300x160.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/marcelaS1-640x341.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>En medio de la situaci\u00f3n extraordinaria que vivimos, quiz\u00e1 muy poco nos detenemos a pensar en las necesidades que tienen los dem\u00e1s; cada qui\u00e9n tiene sus propios ritmos, est\u00e1ndares, costumbres y eso: ne-ce-si-da-des. La autora de esta cr\u00f3nica (que debuta en esta p\u00e1gina), por ejemplo, no puede dejar de ejercitarse corriendo, trotando, y ha tenido que hacerlo como se va pudiendo. Y as\u00ed la ha pasado.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Marcela S\u00e1nchez Orth (MaSO)<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Temprano, en domingo, salimos a correr, despu\u00e9s de una semana sin <em>gym<\/em> y tratando de hacer ejercicio en casa, nos hemos dado permiso. Ya se me hab\u00eda olvidado lo rico que es que el sol te pegue en la espalda.<\/p>\n<p>El despertador suena y nos levanta sin prisas, porque no hay que llegar a tiempo a ninguna carrera, solo alistarse. Playeras, mayas y shorts, calcetas y tenis, viseras, hidrataci\u00f3n, celular y reloj, todos los implementos, un tentempi\u00e9 para ir a correr: medio pl\u00e1tano con una medida de cereales y leche, procesador, apenas tres tragos, es solo para no ir con el est\u00f3mago vac\u00edo; \u00faltima visita al ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Salimos al estacionamiento del coto y calentamos un poco, yo realmente no tengo ganas, pero le sigo la corriente a mi marido; cabeza, hombros brazos, cintura, piernas, con tanta flojera que espero sirva realmente\u2026 ya quiero trotar<\/p>\n<p>Tan pronto salimos surge el comentario travieso a la desobediencia de la cuarentena y digo que qu\u00e9 bueno que salimos temprano, as\u00ed no nos ver\u00e1n; re\u00edmos. Las calles empedradas de camellones amplios y grandes \u00e1rboles de Ciudad Granja est\u00e1n desiertas, realmente no es tan temprano, ocho de la ma\u00f1ana, solo se ve una pareja mayor con el cl\u00e1sico envase para llevar a casa la pancita y en una bolsa de pl\u00e1stico imagino los implementos necesarios: cebollita, epazote, chilitos, tortillas. Ellos tambi\u00e9n nos miran con curiosidad.<\/p>\n<p>\u201cMira mi amor: ellos tambi\u00e9n est\u00e1n de desordenados\u201d, comenta mi marido. Y una cuadra m\u00e1s tarde, nos cruzamos con una camioneta-patrulla, se me salta el coraz\u00f3n, creo que nos van a pedir regresar, pero los oficiales solo nos ven, nosotros a ellos reprimiendo un saludo y cada quien contin\u00faa su camino, \u00a1fiu!, no nos regresaron, podemos soltar el miedo y seguimos hasta la esquina donde empezamos el trote en direcci\u00f3n al Parque Metropolitano.<\/p>\n<p>Todo est\u00e1 planeado: no entraremos en el parque porque ya hemos o\u00eddo que una camioneta los persigue, o, mejor dicho: los sigue con invitaci\u00f3n sonora \u2013altavoz\u2013 a dejar el parque. Llegaremos trotando hasta las inmediaciones del Metropolitano por la parte de atr\u00e1s de la UP, en la calle de San Lorenzo y correremos toda esa calle hasta llegar a la alberca, subir y bajar, para retomar la calle y transitar las bocacalles de Paseo Lluvia de Oro y Avenida San Juan, que dan paso a los nuevos cotos que se han formado. Son cuadras de buena distancia y adem\u00e1s tienen pendiente, lo que ofrece un reto en el trote. Y al final nuevamente en la UP.<\/p>\n<p>As\u00ed iniciamos nuestro recorrido, me encanta tomar la calle junto al Metropolitano por lo hermosamente sombreada que est\u00e1, con esos \u00e1rboles altos y frondosos que hacen el recorrido muy agradable. No somos los \u00fanicos \u201ctraviesos\u201d: hay varias parejas, j\u00f3venes, personas paseando al trote o con sus perros, en bici\u2026 casi todos nos saludamos con un respetuoso \u201cbuenos d\u00edas\u201d, sonre\u00edmos porque somos c\u00f3mplices del mismo atrevimiento.<\/p>\n<p>Yo no corro r\u00e1pido y con una semana sin hacerlo y habiendo hecho ejercicio solo tres d\u00edas, considero que es mejor trotar a ritmo, voy junto a mi marido y en las subidas doy el bofe, me falta aire, paro, descanso tantito; mi marido me va cuidado: \u201c\u00bfvas bien?\u201d, pregunta cuando ya no me siente cerca. Veo mi sombra proyectada y siento el calor del sol, suavecito, en mi espalda. Vamos, Marce, \u00a1corre!, le digo a la sombra que me encanta y sonr\u00edo.<\/p>\n<p>Antes de llegar al punto de inicio percibimos que el n\u00famero de desobedientes ha subido, son 8:45 y hay con quien ya en el recorrido nos hemos topado una o dos veces y se da de forma natural el echarnos porras: \u201c\u00a1\u00e1nimo, con fuerza!\u201d, nos decimos y sonre\u00edmos en nuestra mutua complicidad, animando el esfuerzo de aprovechar el momento: estamos sanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ocho d\u00edas despu\u00e9s, ya con el horario de verano, salimos con la misma complicidad de correr un momento. Tal vez por ser m\u00e1s temprano se ve menos gente al principio del trote, ahora est\u00e1n m\u00e1s quietas las calles, el fresco renueva y refresca las tardes de mucho calor en casa.<\/p>\n<p>El sol me da en la espalda y mi sombra crece m\u00e1s larga, m\u00e1s delgada, manteniendo un ritmo, un movimiento que se refleja en el ir y venir de mi cola de caballo. \u00a1Corre Marce, corre!, no debes declinar, hoy no hay que bajar tiempos, solo mantenerse activos y aguantar las subidas, ese es el \u00fanico reto.<\/p>\n<p>A 45 minutos de haber empezado vemos c\u00f3mo las parejas llegan a la ruta: de dos en dos, solos, con mascota o madres con sus hijos y bicis, son m\u00e1s que hace ocho d\u00edas, tal vez el encierro, el permiso para salir un rato, sabiendo que por ser temprano la autoridad del Metropolitano en domingo aun duerme.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<h5>Viernes Santo<\/h5>\n<p>Mi marido no tiene que ir a trabajar y nos animamos a correr entre semana. S\u00ed, es Viernes Santo, las calles est\u00e1n verdaderamente solas, pero en la calle de San Lorenzo los corredores y las personas no han dejado de tener una cita para hacer ejercicio. Hoy cambiamos un poco la ruta, van a ser menos kil\u00f3metros, la sombra de los \u00e1rboles y el clima son a\u00fan m\u00e1s frescos que las semanas anteriores, el viento se siente fr\u00edo. Los saludos de miradas alegres se intercambian con los corredores que van en contrasentido, repito: estamos sanos.<\/p>\n<p>Al iniciar la ruta veo en el borde del Metropolitano un corredor que parece gacela: shorts cortos y amplios, playera sin mangas, paso ligero, se nota la fortaleza de sus piernas y las horas de entrenamiento en el color de su piel morena. Nosotros iniciamos el trote, despacio, tratando de dar ritmo a la respiraci\u00f3n y al paso.<\/p>\n<p>Un clima maravillosos y minutos despu\u00e9s, a mi parecer muy pocos, veo nuevamente a \u201cla gacela\u201d. \u00a1Caramba!, ya dio una vuelta completa al Metropolitano!, pienso con sorpresa y mentalmente trato de hacer los c\u00e1lculos: \u00e9l corri\u00f3 una vuelta de 5km mientras nosotros llevamos como 3. Sin querer perder el momento, me apresuro a comentarle a mi marido: Mira, \u00a1ya termino una\u2026 y \u00a1paz!, que me tropiezo.<\/p>\n<p>Todo sucedi\u00f3 como en c\u00e1mara lenta: el pie izquierdo se me atora en el tope y caigo con la rodilla, la inercia no me deja ah\u00ed, me arrastra, y logro colocar las dos manos en el piso, sin lograr frenarme mi rodilla derecha toca el suelo y es donde veo claramente la cercan\u00eda del pavimento en mi rostro: giro la cabeza y soltando el cuerpo me dejo caer de lado para protegerme y quedar completamente en el suelo.<\/p>\n<p>Me duele todo: el orgullo, la pena, las rodillas, las mu\u00f1ecas, el codo. Mi marido trata inmediatamente de ayudarme a levantar y yo decido permanecer un momento sentada en el suelo. Qu\u00e9 golpazo, ya no siento el sol, ni el aire fresco, solo quiero saber cu\u00e1les fueron los da\u00f1os: reviso mis rodillas levantando la malla, la rodilla izquierda esta toda raspada, como cuando era ni\u00f1a, en la otra solo siento un punto de golpe en el mero centro. A ver si no luego esta me da m\u00e1s lata, pienso.<\/p>\n<p>Mi mano derecha ya empieza a revelar el moret\u00f3n en la parte baja de la palma y la izquierda esta raspada; mi cara est\u00e1 completa. Decido levantarme y continuar con el trote, en el camino no s\u00e9 si llorar o re\u00edr, prefiero callar y trotar y al hacerlo reviso paso a paso mi cuerpo: mis tobillos bien, mis rodillas \u2013sin pensar en el moret\u00f3n\u2013 bien, mi cadera bien; as\u00ed, poco a poco recobro el ritmo del trote, el aliento; no ha pasado a mayores.<\/p>\n<p>Como flash llega a mi mente la impresi\u00f3n de haber tenido que ir al hospital: No, \u00a1qu\u00e9 horror! En cualquier otra circunstancia habr\u00eda sino un lugar de ayuda, ahora siento que es un lugar de desasosiego, de contagio. \u00a1Solo voy a estorbar! Casi al terminar me empieza a doler el hombro, paro y reviso levantando la manga corta de la playera, est\u00e1 tan raspado como mi rodilla; nada de mi ropa se rasg\u00f3 o rompi\u00f3, solo mi piel, mi orgullo. \u00a1Qu\u00e9 imprudente! Es la frase que brinca en mi mente.<\/p>\n<p>De regreso a casa reflexiono sobre las medidas de la cuarentena y e incluso el peligro que existe en ir a correr. Medito sobre aumentar escaleras en el entrenamiento de casa, estoy arrastrando los pies al correr y debo fortalecer las piernas, justifico mi distracci\u00f3n. Debo dejar para otros momentos la delicia de sentir el sol en mi espalda, de todas maneras las carreras a las que estaba inscrita ya han cancelado o han dado nuevas fechas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Quince d\u00edas despu\u00e9s ha pasado ya el dolor en los moretones, pero es imposible no pensar en correr, llevo 15 a\u00f1os ya corriendo, as\u00ed temprano y a ritmo; el hecho de salir me da la sensaci\u00f3n de fortaleza, de juventud, de libertad que no quiero perder. He tenido dos semanas de entrenamiento en casa constante y muy ordenado. Ya estoy lista para volver a salir.<\/p>\n<p>Temprano el domingo, nuevamente c\u00f3mplice de mi marido: la misma ruta, con el \u00e1nimo de vencer las pendientes y el gusto de sentir la fatiga en la respiraci\u00f3n y en las piernas. Estoy alegre y esta vez mi marido no me espera ni me carrerea como de costumbre.<\/p>\n<p>Ya llegando a San Lorenzo la afluencia de corredores es muy poca, se siente desierta la calle. Iniciamos el trote y me siento un poco inc\u00f3moda, me falto ir al ba\u00f1o por \u00faltima vez, le comento a mi marido. \u00c9l me ofrece las llaves (porque siempre salgo sin ellas a correr) y yo como buena mujer empoderada, fuerte y consiente de lo que quiere, me niego a regresar y camino un rato para mitigar la molestia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un rato reflexiono sobre las llaves y pienso que fue una mala idea no aceptarlas, mi marido ya va como 300 metros adelante y por muchos gritos que diera no creo que me escuche, corre muy concentrado. Ya no me importa la sombra, el fresco, el sol, las pendientes, quiero sentirme un poco mejor para poder trotar.<\/p>\n<p>Pienso \u2013mente superior domina mente inferior\u2013 y con ello pongo mi esfuerzo en contener. Despu\u00e9s de unos pasos ya me siento mejor y recupero el trote, m\u00e1s lento que de costumbre pero nada despreciable.<\/p>\n<p>Un kil\u00f3metro despu\u00e9s alcanzo a mi marido, ya que \u00e9l tom\u00f3 una boca calle y corremos juntos un momento. \u00c9l ya no me pregunta y me da las llaves: \u201cpor si las necesitas, y no corras toda la ruta, no te esfuerces, adel\u00e1ntate a la casa\u201d. El trote contin\u00faa por 2 kil\u00f3metros m\u00e1s, donde nos separamos.<\/p>\n<p>Yo ya no me siente muy bien, pero contin\u00fao trotando hasta llegar a Circunvalaci\u00f3n Oriente para poder tomar Calzada Cipreses y dirigirme a casa. Nunca hab\u00eda notado lo largas que son las cuadras en Ciudad Granja, solo faltan tres cuadras para llegar y los 300 metros que en otros momentos no parecen nada, ahora se me hacen interminables, ya no puedo trotar m\u00e1s, camino.<\/p>\n<p>La banqueta de Cipreses est\u00e1 llena de vegetaci\u00f3n por ambos lados, simulado un t\u00fanel que ahora me parece profundo y largo, largo como pel\u00edcula de ciencia ficci\u00f3n. A\u00fan tengo el control y contin\u00fao caminando, la segunda cuadra est\u00e1 llena de escalones que suben y bajan y por un momento pienso en bajar de la banqueta. \u00bfQue ser\u00e1 peor, el empedrado o soportar el escal\u00f3n?<\/p>\n<p>La \u00faltima cuadra mi caminar parece de maratonista de marcha, ya saqu\u00e9 las llaves y voy como puedo. Llegando a casa boto todo conforme me acerco a mi destino: cintur\u00f3n con cantimplora, llaves, visera.\u00a0 Mi hijo se sorprende de verme regresar pronto, a lo que solo puedo contestar: ba\u00f1o, ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 como buen roba base de b\u00e9isbol, \u00bfqui\u00e9n dijo que ir a correr no tiene emoci\u00f3n constante? Ya ba\u00f1ada no encuentro a mi hijo (que tambi\u00e9n va a correr) y un ratito despu\u00e9s llega mi marido. No puede haber mejor coordinaci\u00f3n: mi marido y mi hijo, sin empoderamiento, sin pretensiones, solo estar atentos a los mensajes al salir a correr.<\/p>\n<p>Las incursiones a correr seguir\u00e1n: con tapabocas, geles, mangas largas y dem\u00e1s precauciones, y espero en la siguiente pueda hacerlo con el sol en mi espalda para decir: vamos, Marce, \u00a1corre!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En medio de la situaci\u00f3n extraordinaria que vivimos, quiz\u00e1 muy poco nos detenemos a pensar en las necesidades que tienen los dem\u00e1s; cada qui\u00e9n tiene sus propios ritmos, est\u00e1ndares, costumbres y eso: ne-ce-si-da-des. La autora de esta cr\u00f3nica (que debuta en esta p\u00e1gina), por ejemplo, no puede dejar de ejercitarse corriendo, trotando, y ha tenido que hacerlo como se va pudiendo. Y as\u00ed la ha pasado. &nbsp; Marcela S\u00e1nchez Orth (MaSO) &nbsp; Temprano, en domingo, salimos a correr, despu\u00e9s de una semana sin gym y tratando de hacer ejercicio en casa, nos hemos dado permiso. Ya se me hab\u00eda olvidado lo rico que es que el sol te pegue en la espalda. El despertador suena y nos levanta sin prisas, porque no hay que llegar a tiempo a ninguna carrera, solo alistarse. Playeras, mayas y shorts, calcetas y tenis, viseras, hidrataci\u00f3n, celular y reloj, todos los implementos, un tentempi\u00e9 para ir a correr: medio pl\u00e1tano con una medida de cereales y leche, procesador, apenas tres tragos, es solo para no ir con el est\u00f3mago vac\u00edo; \u00faltima visita al ba\u00f1o. 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