{"id":3546,"date":"2020-05-03T21:58:05","date_gmt":"2020-05-04T02:58:05","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3546"},"modified":"2020-05-03T21:58:05","modified_gmt":"2020-05-04T02:58:05","slug":"reir-en-tiempos-de-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3546","title":{"rendered":"Re\u00edr en tiempos de pandemia"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3548\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"819\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2.jpg 800w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2-293x300.jpg 293w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2-768x786.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2-640x655.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/perifoneo2-50x50.jpg 50w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>\u201cNo existe la menor duda de que esta pandemia ha trastocado diversos aspectos de la cotidianidad, de manera paulatina va modificando nuestro propio entorno y la forma en que nos relacionamos, sin embargo, hay asuntos que permanecen inmutables, sin la m\u00ednima posibilidad de alteraci\u00f3n, se muestran lineales como rutina\u201d<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><em>Efra\u00edn Amador\u00a0 <\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los sonidos que habitan la ciudad est\u00e1n ligados a nuestra existencia: los vamos hilvanando en una colecci\u00f3n que nos acompa\u00f1a de continuo, ya estamos acostumbrados al encuentro con el perifoneo, cuyos sonidos -a pesar de las nuevas tecnolog\u00edas- siguen vagabundeando por la ciudad con la desfachatez del gato callejero. Nadie queda fuera del campo auditivo preciso para privarse del anuncio de los tamales oaxaque\u00f1os calientitos; por igual, el pan se anuncia desde los altavoces, se sigue publicitando por ese medio la llegada de un circo y la manera de deshacernos de un colch\u00f3n viejo.<\/p>\n<p>Yo tengo un sonido que me catapulta directito a los a\u00f1os de la infancia, es una m\u00fasica cuyo origen me fue desconocido hasta que accidentalmente me enter\u00e9 de que se trataban de dos melod\u00edas de los a\u00f1os cincuenta, escritas por Bent Fabric, jazzista de nacionalidad danesa. El nombre de estas composiciones musicales son <em>Alley Cat y Chiken Feet<\/em>, estos t\u00edtulos ocuparon la lista de \u00e9xitos musicales de los a\u00f1os sesenta de distintos pa\u00edses, es posible que todos estos datos no sean significativos, sin embargo, si menciono que esta es la m\u00fasica del carrito de las nieves, de inmediato sabremos reconocerlas.<\/p>\n<p>A partir de la crisis del Covid-19 comienzan a surgir sonidos que no formaban parte del mapa sonoro de la ciudad: los peri\u00f3dicos locales documentaron que el d\u00eda de ayer una avioneta vol\u00f3 sobre el\u00a0 municipio de Zapopan lanzando en picada la canci\u00f3n de <em>Ay Jalisco, no te rajes<\/em>, lo que fue entendido como una\u00a0 invitaci\u00f3n a resistir el embate de la enfermedad; tambi\u00e9n hicieron su aparici\u00f3n veh\u00edculos\u00a0 de Protecci\u00f3n Civil, patrullas y veh\u00edculos de los bomberos recorriendo el centro hist\u00f3rico de continuo, lanzando consignas en las que exhortaban a los paseantes que encontraban a su paso para que se devolvieran sus casas. Pero el m\u00e1s extraordinario de todos los que hemos escuchado\u00a0 de manera reciente se origin\u00f3 en San Pedro Tlaquepaque, a unas cuadras del Par\u00edan, en el momento en el que un potente sonido se fugaba desde una camioneta, invitando a los escasos transe\u00fantes a que se acercaran para recibir la cura contra el coronavirus; la furgoneta donde se anunciaba esta\u00a0 esperada medicina estaba rotulada\u00a0 con el \u00a0listado de las enfermedades que curaba la p\u00f3cima que\u00a0 all\u00ed se vend\u00eda: diabetes, hipertensi\u00f3n, VIH, c\u00e1ncer de mama, enfisema pulmonar y aseguraba que en setenta y dos\u00a0 horas, \u00e9l\u00a0 hab\u00eda erradicado el dengue en el estado de Jalisco. Del veh\u00edculo descendi\u00f3 el bienhechor de la humanidad: un septuagenario de estatura baja, mientras un grupo de malagradecidos polic\u00edas se acercaban para detenerlo, imput\u00e1ndole cargos por quebrantar el orden p\u00fablico. De manera posterior se informar\u00eda que no ten\u00eda permiso para ofrecer ning\u00fan tipo de servicios, adem\u00e1s de carecer de una acreditaci\u00f3n como m\u00e9dico.<\/p>\n<p>No existe la menor duda de que esta pandemia ha trastocado diversos aspectos de la cotidianidad, de manera paulatina va modificando nuestro propio entorno y la forma en que nos relacionamos, sin embargo, hay asuntos que permanecen inmutables, sin la m\u00ednima posibilidad de alteraci\u00f3n, se muestran lineales como rutina. De manera ingenua pens\u00e9 que los desaparecidos, los asesinatos y la violencia menguar\u00edan durante este periodo de resguardo, por el contrario: permanecen; el mes de marzo -con todo y cuarentena-\u00a0 fue declarado como uno de los meses con mayor \u00edndice delictivo, a pesar de todo, \u00a0los noticieros \u00a0contin\u00faan\u00a0 teniendo una extensa secci\u00f3n para la\u00a0 nota roja, en especial\u00a0 me llama la atenci\u00f3n el asesinato de Mar\u00eda Elena Ferral, una periodista veracruzana que ya hab\u00eda recibido amenazas de un pol\u00edtico, quien ha ocupado distintos cargos en el gobierno veracruzano.<\/p>\n<p>Fui consiente del clima de inseguridad que seguimos manteniendo, justo por un incidente que me toc\u00f3 vivir hace un par de d\u00edas: mientras desayun\u00e1bamos, un celular timbraba con insistencia, Francisco contest\u00f3, se le fue quebrando la voz mientas avanzaba la conversaci\u00f3n telef\u00f3nica, hizo\u00a0 muchas preguntas a su interlocutor, luego me relat\u00f3 que se trataba de la mam\u00e1 de uno de sus mejores amigos: la mujer estaba desesperada,\u00a0 ten\u00eda m\u00e1s de un d\u00eda sin tener noticias de su hijo. Esta ser\u00eda la primera vez que de manera cercana experimento la impotencia de saber que el desaparecido es alguien cercano, en esta ocasi\u00f3n no se trataba de subir una fotograf\u00eda a tu Facebook de una persona a la que nunca has visto, ese instante se torn\u00f3 distinto: se trataba de alguien pr\u00f3ximo, ahora el desaparecido tiene un nombre que te es cotidiano. De inmediato se tendr\u00edan que hacer varias llamadas, primero con una activista de derechos humanos, ella indic\u00f3 que el caso lo llevar\u00eda gente de la Fiscal\u00eda, a los minutos vuelve a timbrar el tel\u00e9fono, ahora se trata de una persona que trabaja en el \u00e1rea de personas desaparecidas. Piden datos, Francisco va proporcionando la informaci\u00f3n del amigo que no aparece, el cuestionario es largo y el tiempo juega a ser est\u00e1tico, le pidieron presentarse en ese momento para llenar unos formularios y para entregar una fotograf\u00eda reciente de la persona desaparecida. La se\u00f1ora que no encuentra a su hijo sale de su casa para imprimir una fotograf\u00eda del muchacho a un <em>ciber<\/em> cercano, de all\u00ed se trasladar\u00eda a la dependencia; quedamos de vernos en las oficinas de la Fiscal\u00eda Especial de Personas Desaparecidas, que se encuentran sobre la Calzada Independencia, por el rumbo del Hospital Civil Nuevo, no es zona segura para los carros, ni sabemos cu\u00e1nto tiempo tendremos que estar all\u00ed, entonces optamos por un Didi, dejamos el desayuno inconcluso, preparamos una mochila con algunos objetos que podr\u00edamos necesitar y abordamos el carro, conduce una chica como de unos veinte a\u00f1os, luce m\u00e1s bien como una joven\u00a0 que se va de antro, sin importarle que sus largas u\u00f1as se aver\u00eden con el volante, da comienzo el trayecto, con ello inicia nuestra primera escapada: rompemos el aislamiento, ahora las medidas de seguridad frente al virus son secundarias. Francisco me cuenta m\u00e1s detalles de este asunto: de acuerdo con la madre del desaparecido, la \u00faltima vez que lo vieron hab\u00eda comentado que tal vez se ir\u00eda a correr a la barranca, despu\u00e9s ya nadie lo vio, aunque una vecina le advirti\u00f3 que lo hab\u00eda visto con una muchacha y a lo mejor andaba con ella. Pero nadie sab\u00eda de qu\u00e9 chica se trataba, no hab\u00eda forma de encontrar a alguien que lo hubiera visto en las \u00faltimas horas, durante el trayecto se vuelven a comunicar con Francisco para que los ayude a identificar las redes sociales de su amigo, mientras\u00a0 esto ocurre, me percato de lo congestionado de la avenida y de toda la gente que se puede ver, probablemente haciendo las actividades de un d\u00eda normal, como si no estuvi\u00e9ramos en medio de una emergencia sanitaria. Seguimos en nuestro trayecto, desde la radio aparece el noticiero que dan cada hora en algunas estaciones, ni siquiera recuerdo el tipo de m\u00fasica que se escuchaba desde que nos subimos al carro, pero en ese momento puse atenci\u00f3n, se\u00f1alan que en nuestro estado se han registrado seis casos de agresiones a personal m\u00e9dico, siendo estas v\u00edctimas de empujones y de cubetadas de agua clorada. Justo ayer le\u00ed que en un poblado de Morelos los habitantes se pusieron de acuerdo para impedir que el hospital local recibiera enfermos de coronavirus, de no hacer caso a sus demandas amenazaron con quemar el sanatorio. Recuerdo que justo cuando aparecieron los primeros casos, un columnista de Milenio se\u00f1alaba en su colaboraci\u00f3n que hab\u00eda en la poblaci\u00f3n mexicana un esp\u00edritu de fraternidad y de solidaridad con los enfermos de Covid-19, no obstante, conforme trascurren las semanas emerge nuestro verdadero rostro, incluso la violencia dom\u00e9stica sigue a la alza, v\u00edctima y verdugo encerrados en la misma celda como en una historia de terror.<\/p>\n<p>Llev\u00e1bamos ya como veinte minutos de camino, la madre del desaparecido se vuelve a comunicar para decirnos que su hijo acaba de comunicarse con ella, los de la Fiscal\u00eda terminan su protocolo de b\u00fasqueda comunic\u00e1ndose de forma directa con la persona reportada como desaparecida, le pedimos a la conductora modifique la ruta: damos vuelta para regresar a casa. Hasta el d\u00eda de hoy no sabemos cu\u00e1l fue el motivo de su prolongada ausencia, su mam\u00e1 dice que de seguro estuvo todo ese tiempo encerrado en un motel con la vieja con la que lo vieron. El hijo solo ha mencionado que no llevaba su cargador y que se agot\u00f3 la bater\u00eda del celular; lo \u00fanico que sabemos, porque \u00e9l mismo lo relat\u00f3, fue que cuando se comunicaron con \u00e9l desde la Fiscal\u00eda no pudo parar de re\u00edr al imaginarse a su madre y a sus amigos busc\u00e1ndolo por todos lados.<\/p>\n<p>A veces la risa se enreda entre los labios, emerge aun cuando la situaci\u00f3n no sea la m\u00e1s propicia, solo ser\u00e1 cuesti\u00f3n de encontrar el extremo del acontecimiento para que se asome de manera descarada o con cierto recato. Con un motivo o sin \u00e9l, la risa puede caminar al lado de cualquier suceso, sin importar lo incoherente de su presencia. Se confunden el ruido del mundo resquebraj\u00e1ndose con la indolencia, porque al final, de todo flota, en la comedia humana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cNo existe la menor duda de que esta pandemia ha trastocado diversos aspectos de la cotidianidad, de manera paulatina va modificando nuestro propio entorno y la forma en que nos relacionamos, sin embargo, hay asuntos que permanecen inmutables, sin la m\u00ednima posibilidad de alteraci\u00f3n, se muestran lineales como rutina\u201d &nbsp; Efra\u00edn Amador\u00a0 &nbsp; Los sonidos que habitan la ciudad est\u00e1n ligados a nuestra existencia: los vamos hilvanando en una colecci\u00f3n que nos acompa\u00f1a de continuo, ya estamos acostumbrados al encuentro con el perifoneo, cuyos sonidos -a pesar de las nuevas tecnolog\u00edas- siguen vagabundeando por la ciudad con la desfachatez del gato callejero. Nadie queda fuera del campo auditivo preciso para privarse del anuncio de los tamales oaxaque\u00f1os calientitos; por igual, el pan se anuncia desde los altavoces, se sigue publicitando por ese medio la llegada de un circo y la manera de deshacernos de un colch\u00f3n viejo. Yo tengo un sonido que me catapulta directito a los a\u00f1os de la infancia, es una m\u00fasica cuyo origen me fue desconocido hasta que accidentalmente me enter\u00e9 de que se trataban de dos melod\u00edas de los a\u00f1os cincuenta, escritas por Bent Fabric, jazzista de nacionalidad danesa. 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