{"id":3554,"date":"2020-05-08T10:26:53","date_gmt":"2020-05-08T15:26:53","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3554"},"modified":"2021-05-10T13:56:58","modified_gmt":"2021-05-10T18:56:58","slug":"pequeno-manifiesto-de-las-madres-en-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3554","title":{"rendered":"Peque\u00f1o manifiesto de las madres en pandemia"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3555\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage.jpg\" alt=\"\" width=\"1536\" height=\"1197\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage-300x234.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage-1024x798.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage-768x599.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Manifiesto1_Richard-Hamilton-collage-640x499.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1536px) 100vw, 1536px\" \/><\/p>\n<pre>Im\u00e1genes:\r\n\r\nD.R. Viviana Pantoja\r\n\r\nD.R. Richard Hamilton<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Con el pretexto del D\u00eda de las Madres, quisimos publicar el siguiente texto de NoHilda, que es todo un homenaje a esa figura de la que sobra decir calificativos. Adem\u00e1s de ser una gran cr\u00f3nica y, como lo dice en su t\u00edtulo, de proponerse que pareciera un manifiesto, se trata de un reconocimiento, a trav\u00e9s de la puntual y cuidada prosa de la autora, a todas esas certezas, incertidumbres y descubrimientos que se experimentan cuando se cumple el papel de madre.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>NoHilda<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cYo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cu\u00e1nto tardar\u00eda en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo \u201cdistancia de rescate\u201d, as\u00ed llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del d\u00eda calcul\u00e1ndola, aunque siempre me arriesgo m\u00e1s de lo que deber\u00eda.\u201d <\/em><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Samanta Schweblin<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tard\u00f3 m\u00e1s en sonar mi despertador que yo en apagarlo. Eran las 7:30 de la ma\u00f1ana y t\u00fa a\u00fan no despertabas, as\u00ed que aprovech\u00e9 el silencio y cerr\u00e9 los ojos de nuevo, no esperaba volver a dormir, pero quer\u00eda fingir que lo estaba. A esas horas tempranas los pensamientos ya se hab\u00edan despojado de las im\u00e1genes de los sue\u00f1os para protagonizar la actividad mental con sus cuchicheos vac\u00edos. El silencio se hab\u00eda terminado. Suspir\u00e9 antes de levantarme. Cuando al fin me sent\u00e9, mi dedo gordo tante\u00f3 el piso telegrafiando a mis sandalias quienes aparecieron \u00e1vidas de hacer su funci\u00f3n. Camin\u00e9 tratando de que mi torpeza no arruinara aquella paz, ya he tropezado demasiadas veces como para caminar sin cuidado. Encend\u00ed la cafetera, y mientras me ment\u00eda a m\u00ed misma dici\u00e9ndome que esperaba el caf\u00e9, habit\u00e9 la inacci\u00f3n, la mirada al vac\u00edo, el cuerpo despojado. Y en ese despojo, llegaste. Como si el cord\u00f3n umbilical fuera ahora fantasmal, me sentiste. Como siempre me sientes. Aunque no haga ruido. De tu cuarto sali\u00f3 primero el \u201cbuenos d\u00edas\u201d y lo seguiste sin mirar nada directamente, sin mirarme. Fuiste al ba\u00f1o y apostar\u00eda a que no miraste tampoco al espejo, porque saliste de ah\u00ed con el cabello igual de desordenado que el m\u00edo. Hui a mi cama y me volv\u00ed a tapar esperando que hicieras lo mismo y te durmieras, con mucha fe de aqu\u00e9l dicho donde los hijos siguen el ejemplo de lo padres, aunque nunca funcione. Irrumpiste en esa fe imaginaria y te dejaste caer a mi lado, el colch\u00f3n cruji\u00f3 quej\u00e1ndose un poco y me contaste un sue\u00f1o con tus compa\u00f1eras de la escuela, no lo dijiste, pero s\u00e9 que las extra\u00f1as, que quieres platicar con ellas, que quisieras ver el nuevo dise\u00f1o de manicure de tu maestra y que te gustar\u00eda comprar un mollete en el recreo. (1.-) Las madres sabemos cosas que los hijos dicen con los ojos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nos quedamos acostadas alrededor de diez minutos que, a diferencia de antes, cuando ibas a la escuela, no lo har\u00edamos nunca. Nuestros silencios hablaron entre s\u00ed, se elevaron por sobre nosotras y se enredaron en lazos que a\u00fan no podemos descifrar; ese lugar entre el despertar y el desayuno est\u00e1 lleno de tumbas, de actividades muertas que quisimos hacer un d\u00eda antes. Cuando ten\u00edas dos a\u00f1os te gustaba jugar con unos bloques de construcci\u00f3n, ten\u00edan un folleto de instrucciones donde hab\u00eda que armar una choza de jungla. Al principio, yo armaba todo y t\u00fa s\u00f3lo me pasabas los bloques; luego, algunos meses despu\u00e9s, yo armaba la base y t\u00fa constru\u00edas el resto; tiempo m\u00e1s tarde, armabas y desarmabas a tu antojo ese dise\u00f1o y muchos m\u00e1s. Ahora no necesito hacerte el chocomilk, solo acercar las cosas que no alcanzas. Te levantaste como sin peso y me dejaste con mis pesados recuerdos, desde la cama escuch\u00e9 c\u00f3mo musicalizabas la cocina preparando casi un jazz l\u00edquido con leche y chocolate. Un sentimiento, que no s\u00e9 bien decir si es esperanza o miedo, se arrop\u00f3 en silencio junto conmigo al pensarte en tu futuro armando y desarmando tu destino a tu ritmo. (2.-) Las madres guardamos el miedo en el pecho para que los hijos act\u00faen sin \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Te acompa\u00f1\u00e9 a la cocina y le puse agua fr\u00eda al caf\u00e9 para tomarlo como estos d\u00edas me han obligado a hacerlo: a tragos grandes. Le\u00ed desde mi celular los avances de la pandemia. Tragu\u00e9 m\u00e1s saliva que caf\u00e9 e inmediatamente te volte\u00e9 a ver temiendo que leyeras tambi\u00e9n mis pensamientos o mi angustia. No los le\u00edste. Descalza, desde el sill\u00f3n estabas viendo Mickey y sus amigos en televisi\u00f3n abierta, tan libre y despreocupada como cualquier ni\u00f1o en fin de semana. La piel de los ni\u00f1os es tan firme que dif\u00edcilmente entra la preocupaci\u00f3n; en cambio, la piel adulta guarda toda clase de inquietudes entre, bajo y sobre sus no pocos e irreverentes pliegues. Decid\u00ed dejarte as\u00ed unos momentos, prolongar lo m\u00e1s que estaba en mi control ese estado l\u00e1nguido y escaso de la existencia. Tu hermano escuch\u00f3 la televisi\u00f3n y cual vagabundo encobijado y maloliente nos rode\u00f3 escarbando en las sobras algo que llevarse a la boca para despu\u00e9s regresar a su cama, que poco le falta para tener peri\u00f3dico en la cima de s\u00e1banas y cobijas. Parec\u00eda no importarte su presencia, ni la m\u00eda. Re\u00edste con las tonter\u00edas de Goofy&#8230; Hasta los comerciales. Ah\u00ed, en ese descanso de caricaturas, comienzan tus cuestiones, tus pedidos, tus quejas, tus reclamos, tus caras, tus mejores ejemplos de lo que a veces yo soy como madre. (3.-) Las madres odiamos los comerciales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A veces no te entiendo. Como cuando te quiero comprar alg\u00fan libro para tu edad y t\u00fa pides uno sin dibujos o cuando te presto mis marcadores y prefieres mis plumas, a veces pareces m\u00e1s grande, m\u00e1s enfocada y m\u00e1s madura que yo. Otras veces te entiendo como si fueras mi amiga, una que nunca tuve. Cuando despu\u00e9s de desayunar y lavar tu plato sacaste la s\u00e1bana de flores rosas y la colocaste bajo la escalera para hacer una casita dentro de esta casa, cuando la llenaste de cobijas y de peluches y desde fuera yo vi un caos, pero al meternos la luz que ven\u00eda de arriba hizo que las flores resplandecieran vida en nuestros ojos, siento que, insuperablemente nos comunicamos con \u2014y en\u2014 la presencia, ah\u00ed nos entendemos. Tu casa ten\u00eda muros luminosos, muebles acolchados y habitantes cordiales a pesar de que est\u00e1n rotos o que les falte un ojo. (4.-) A veces las madres guardamos los ojos de los peluches para ver el pasado a trav\u00e9s de ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya para mediod\u00eda nos pusimos a limpiar. Nunca has sido muy ordenada y yo que pienso que s\u00f3lo puedo exigirte lo que yo soy, aprob\u00e9 con la sonrisa, tambi\u00e9n poco ordenada, cuando me preguntaste si tu cuarto ya estaba limpio. El vagabundo volvi\u00f3 y habl\u00f3 con su celular, t\u00fa me preguntaste que, si cuando tuvieras su edad, tendr\u00edas tambi\u00e9n uno y te condicion\u00e9 el pedido a cambio de buena conducta. Una felicidad revitaliz\u00f3 tu cuerpo como si ya te hubiera entregado el aparato. Te fuiste a tu cuarto de nuevo y te pusiste a hacer la tarea sobre tu cama pulcramente tendida. Como tu maestra ha pedido fotos de los ni\u00f1os haciendo los trabajos, t\u00fa en todo momento est\u00e1s al acecho de mi instinto paparazzi, mirando de reojo a ver si te estoy enfocando con la c\u00e1mara. La prisa nos ha abandonado y puedes preguntarles a tus peluches las respuestas de las multiplicaciones sin que yo te est\u00e9 llamando la atenci\u00f3n. Desde el marco de la puerta de tu cuarto, como las piedras silentes de la calle, te observ\u00e9 sin moverme, tratando de evitar que el cord\u00f3n fantasmal se tensara y te dieras cuenta de que yo estaba ah\u00ed. En tu peque\u00f1o cuerpo cabe cada vez menos tu ser, cada d\u00eda la casa parece encogerse ante ti. Me da una nostalgia de f\u00f3sil cuando ese ser que eres t\u00fa se va dispersando hasta los lugares no-tuyos: la sala con tus tijeras, mi escritorio con tu plastilina y mis letras con tu imagen. Conservando mi identidad de piedra record\u00e9 c\u00f3mo en nuestra casa anterior marcamos tu crecimiento, esas marcas horizontales de tu estatura en cent\u00edmetros parec\u00edan las capas superpuestas de tierra colorida que se estudian en geolog\u00eda. No te pude comparar con una roca como yo, imagin\u00e9 un ciruelo en crecimiento nutri\u00e9ndose de esas capas de tierra. (5.-) Por mucho que crezcan los hijos, para las madres, siempre ser\u00e1n ciruelos en crecimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hice de comer ensalada de pollo. Me dijiste que ya me hab\u00edas dicho muchas veces que esa no te gustaba y me miraste de forma tan larga que cre\u00ed que el tiempo se hab\u00eda detenido. Luego, te volteaste. Tus u\u00f1as mal pintadas de negro hac\u00edan juego con tu blusa; \u201cgirl power\u201d se le\u00eda sobre la rosa blanca que estaba al centro. La primavera nos rodeaba. Te comiste la ensalada apartando la lechuga m\u00e1s verde, esa que te encanta comer sola o en los s\u00e1ndwiches. Durante el resto de la tarde estuviste quebrando tostadas para comerlas en tri\u00e1ngulos que geom\u00e9tricamente se amoldaban a tus manos. \u201c\u00bfMe prestas tu celular?\u201d No s\u00e9 cu\u00e1ntas veces he escuchado salir esa pregunta de tu boca, con el mismo tono tierno y amenazante. S\u00e9 que si no te lo presto preguntar\u00e1s \u201c\u00bfqu\u00e9 horas son?\u201d cada diez minutos, como los has hecho desde que empez\u00f3 todo esto. El \u00faltimo d\u00eda que fuiste a la escuela no lo disfrutamos como nos hubiera gustado, no sab\u00edamos que no habr\u00eda m\u00e1s. No sabemos tampoco cu\u00e1ndo ser\u00e1 el \u00faltimo de estos d\u00edas y tampoco lo disfrutaremos. Con tu petici\u00f3n cumplida, te recostaste en la sala a ver los tik-toks, pero despu\u00e9s de un rato dejaste el celular lejos de ti y de m\u00ed, como a prop\u00f3sito. Me puse a leer queriendo alejarme de la idea de \u00ablo \u00faltimo de todas las cosas\u00bb, pero el fin de cada cap\u00edtulo me llevaba ah\u00ed de nuevo. (6.-) Las madres nos angustiamos porque no sabemos cu\u00e1ndo es el \u00faltimo d\u00eda de infancia de los hijos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Salimos a los campos de f\u00fatbol que est\u00e1n en frente, a esa hora fuimos los \u00fanicos dispuestos a desgastar los tenis. Atravesaste el aire en tu bicicleta y marcaste sus llantas a mi alrededor haciendo un tejido circular en la tierra, sudaste de tanto pedalear y callar. \u201c\u00a1Ma!, \u00a1ya s\u00e9 andar en la bici de Alan!\u201d No te aguantaste. Me sent\u00ed orgullosa de que lograras algo que te hab\u00edas propuesto, pero no te lo dije porque no quer\u00eda bajar tu velocidad con mis palabras y s\u00f3lo sonre\u00ed. Cuando el vagabundo, t\u00fa y yo, jugamos al \u201cgato\u201d con una de las gomas del manubrio de tu bici me sent\u00ed feliz. No me di cuenta hasta la noche que estaba a punto de dormir; pens\u00e9 en que alg\u00fan d\u00eda, cuando acumules m\u00e1s a\u00f1os, te podr\u00e9 ejemplificar por qu\u00e9 Antoine de Sant-Exup\u00e9ry dice que la felicidad es invisible a los ojos, de c\u00f3mo nos acompa\u00f1a sin que podamos verla hasta que se va. Esa noche tuve insomnio. (7.-) Las madres nos apartamos y sonre\u00edmos cuando, a pesar de las adversidades, los hijos logran sus metas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El final del d\u00eda nos junt\u00f3 para la cena y entre cada bocado los planes del d\u00eda siguiente se fueron compartiendo. Ustedes los ni\u00f1os son muy adaptables, nosotros los adultos crujimos cada que nos doblan poquito. Despu\u00e9s de que dijiste \u201cbuenas noches\u201d y apagaste la luz, pens\u00e9 en los recuerdos que te mantendr\u00edan en la cama unos minutos cuando tuvieras mi edad, el c\u00f3mo me recordar\u00edas y el c\u00f3mo percibes esta situaci\u00f3n dentro de la casa, lejos de la histeria colectiva, de los miedos adultos y de la inseguridad econ\u00f3mica; no imagino, aunque quiera, c\u00f3mo es tu perspectiva o c\u00f3mo ser\u00e1n tus memorias. Luego pienso en las cosas que yo pas\u00e9 con mis padres y que no asimil\u00e9 como ellos. Mientras me pongo la pijama, pienso en el papel de madre que dejo tirado en el piso junto con mi pantal\u00f3n de mezclilla y mi blusa negra. Me permito ser vulnerable unos momentos y me recuesto sabiendo que la noche ser\u00e1 m\u00e1s larga que otras. Se humedece mi almohada con gotitas tibias que se escurren con la velocidad de un caracol. (9.-) Las madres no lloramos frente a los hijos en la pandemia porque no queremos que ellos nos vean toc\u00e1ndonos el rostro al secar las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quer\u00eda escribir de otras cosas, quer\u00eda poner otras palabras, pero no salieron. Salieron estas palabras lentas y tibias que parecen l\u00e1grimas (10.-) Las madres necesitamos hablar de los que nos hace madres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Im\u00e1genes: D.R. Viviana Pantoja D.R. Richard Hamilton &nbsp; Con el pretexto del D\u00eda de las Madres, quisimos publicar el siguiente texto de NoHilda, que es todo un homenaje a esa figura de la que sobra decir calificativos. 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