{"id":3640,"date":"2020-06-24T13:05:51","date_gmt":"2020-06-24T18:05:51","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3640"},"modified":"2020-06-24T13:05:51","modified_gmt":"2020-06-24T18:05:51","slug":"vivaldi-grave-sanguini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3640","title":{"rendered":"Vivaldi grave sanguini"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3641\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-scaled.jpg\" alt=\"\" width=\"2560\" height=\"1707\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-scaled.jpg 2560w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/vivaldi-joel-wyncott-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Cu\u00e1ntas veces nos ha sucedido que justo el d\u00eda que ten\u00edamos algo importante qu\u00e9 hacer, una desgracia viene a presentarse solo para complicar las cosas. La siguiente es una de esas historias.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Tasto\u00e1n Castorena<\/h4>\n<pre>Foto: Joel Wyncott<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue un jueves, bien recuerdo: 22 de junio de 2017. Era el cumplea\u00f1os 55 de mi padre. La camerata juvenil de la que formo parte a\u00fan se hallaba m\u00e1s o menos completa, es decir, ten\u00eda por lo menos dos instrumentos en cada atril: dos violines primeros, dos segundos, dos violas, dos cellos y un contrabajo.<\/p>\n<p>Hab\u00edamos estado ensayando desde las \u00faltimas semanas de abril (viernes y s\u00e1bados, como de costumbre) un peque\u00f1o programa para apoyar al profe Miguel, docente de guitarra en la academia musical del Palacio de la Cultura y los Congresos (PALCCO), que organiz\u00f3 una presentaci\u00f3n de fin de curso con sus alumnos peque\u00f1os del m\u00e9todo Suzuki, y \u00e9l iba a participar con una interpretaci\u00f3n de los tres movimientos del Concierto en Re Mayor de Vivaldi. Cosa poco sencilla, pues, aunque la particella se compone s\u00f3lo de dos hojas, las figuras musicales y la velocidad a la que \u00e9sta debe de ser interpretada requieren de cierta destreza y disciplina en su ejecuci\u00f3n. Por ello hab\u00edamos estado ensayando tan arduamente, y para el intento previo al conciertillo ya hab\u00edamos logrado, si no tocarlo a la perfecci\u00f3n, que la ejecuci\u00f3n fuera agradable para los o\u00eddos del p\u00fablico, principalmente del regente de la escuela de m\u00fasica, el maestro Leonardo Gasparini, director de orquesta italiano, cuya fama es la del mel\u00f3mano exigente que no se sorprende ni con la m\u00e1s soberbia y pulqu\u00e9rrima versi\u00f3n de la Suite de Carmen de Bizet, o del Danz\u00f3n 2 de M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, se lleg\u00f3 el d\u00eda de la presentaci\u00f3n. Yo, a\u00fan estudiante del octavo semestre de derecho, ten\u00eda un veh\u00edculo bastante modesto y vetusto: un Tsuru I, color blanco, modelo 1987 si mal no recuerdo, que si bien no apantallaba, peor era ir parado en el autob\u00fas, compactado como sardina y colgado de los tubos \u201ccomo res sacrificada a la voluntad del salvaje conductor del transporte p\u00fablico\u201d, dice mi pap\u00e1.<\/p>\n<p>Ese 22 de junio tuve la peregrina idea de ponerme a lavar el susodicho automotor, porque las primeras lluvias de la temporada lo hab\u00edan \u201ccharpeado\u201d de lodo y me parec\u00eda impresentable que un m\u00fasico ejecutante llegara a un concierto con el auto en esas condiciones. Al limpiar el interior del autom\u00f3vil me percat\u00e9 que una de las mascaritas peque\u00f1as de tasto\u00e1n que hac\u00edan las veces de adorno y que colgaban del espejo retrovisor, se hab\u00eda quedado sin un bigote de cola de res, por lo que al terminar mi faena de lavacoches me traslad\u00e9 a la mesa del comedor, disponi\u00e9ndome a arreglar la m\u00e1scara y recordando que entre mis curiosidades contaba con tres o cuatro colillas de vaca, por lo que eleg\u00ed la m\u00e1s blanca posible y me dispuse a intentar pegarla en el labio superior del peculiar ornamento; sin embargo no quedaba, no se dejaba pegar y supuse que \u00e9sta no se encontraba lo suficientemente abierta (al curtir una cola de res, se abre en canal por el lado que no tiene cerdas y se le coloca sal, lo que hace que la piel se seque y con ello se evita que se pudra, lo que tambi\u00e9n facilita que pueda adherirse a nuestras m\u00e1scaras). Yo, por las prisas, asum\u00ed que necesitaba abrir m\u00e1s tal objeto vacuno, por lo que proced\u00ed a tomar un <em>cutter<\/em> industrial para llevar a cabo mi labor de tentativa de carnicero: \u00bfcu\u00e1l no ser\u00eda mi desdicha que por hacer las cosas a la carrera y sin precauci\u00f3n casi me rebano el dedo pulgar de la mano izquierda con la filosa navaja del punzante artefacto, faltando s\u00f3lo dos horas para el evento? Se abri\u00f3 desde el extremo de la u\u00f1a hasta la mitad del dedo, aquello sangraba horrores, estaba hecho un Cristo; \u00a1carajo! -me dije a m\u00ed mismo- \u00a1qu\u00e9 suerte la m\u00eda!, \u00a1estar a punto de auto amputarme el dedo con un concierto a la vuelta del reloj! En ese momento maldije al tiempo por lo r\u00e1pido que transcurr\u00eda, a la mascarita por permitir que se cayera su bigote albino y al fabricante de <em>cutters<\/em> que hac\u00eda hojas de cortar tan filosas. Eso s\u00ed, convenencieramente no me dio tiempo para reprocharme mi falta de cuidado en tan delicada tarea.<\/p>\n<p>Inmediatamente busqu\u00e9 algo para detener el flujo sangu\u00edneo, pero por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n, ese d\u00eda el botiqu\u00edn de emergencias mis padres se lo hab\u00edan llevado a un viaje que hicieron a Colima, dej\u00e1ndonos a nuestra suerte a mi hermano y a m\u00ed sin nada m\u00e1s que un \u201cDios que los bendiga\u201d, lo cual no me serv\u00eda de mucho para cerrar la herida. Al ver que el tiempo transcurr\u00eda, opt\u00e9 por hacer la higiene personal y pens\u00e9 que ya en la ducha se me ocurrir\u00eda algo, lo cual no aconteci\u00f3, s\u00f3lo atin\u00e9 a lavarme la incisi\u00f3n con un jab\u00f3n en barra llamado \u201cCasablanca\u201d, mismo que mi padre trajo de uno de esos viajes colimenses y que el se\u00f1or asegura y jura por sus hijos que es milagroso y cura casi todo, cosa que tampoco ocurri\u00f3, pero al menos disminuy\u00f3 el sangrado, por lo que deduje que alguna facultad curativa o m\u00e1gica s\u00ed tiene ese menjurje de grasas.<\/p>\n<p>Al salir del ba\u00f1o, opt\u00e9 por buscar una venda o gasa, o cualquier cosa que me ayudara a hacer presi\u00f3n para detener el goteo sanguinolento y que no diera mal aspecto, pues ya bastante mala fama y poca voluntad le tiene la comunidad musical a los violistas, para que encima yo apareciera en el escenario con el dedo hecho bolas e inflamado, como de guante de espuma. Finalmente encontr\u00e9 unas gasas que probablemente no se usaron en la curaci\u00f3n de alguna ca\u00edda de bicicleta de mi hermano menor, y la sell\u00e9 con microporo que m\u00e1gicamente apareci\u00f3 en un bote con objetos de uso personal que tengo en mi habitaci\u00f3n. Hecho esto, proced\u00ed a vestirme: formal, hab\u00eda dicho el director, pues el concierto ser\u00eda en la sala de c\u00e1mara de PALCCO. \u00bfCu\u00e1l no ser\u00eda mi desgracia, al percatarme que el extra\u00f1o bulto que me forraba el dedo me imped\u00eda hacerme el nudo de la corbata? Tampoco pod\u00eda quitarme la gasa para hacer el amarre, pues podr\u00eda manchar la inmaculada camisa y entonces s\u00ed hubiera sido aquella una presentaci\u00f3n con escenograf\u00eda de tragedia shakesperiana. Despu\u00e9s de no pocos intentos (y un innecesario consumo de valios\u00edsimo tiempo), logr\u00e9 hacer el m\u00e1s extra\u00f1o de los amarres para corbatas y me dispuse a tomar las particellas, intentando recordar el programa de memoria para acomodar las piezas en el orden previsto por el director; a\u00fan lo tengo en la mente: acompa\u00f1amientos de viola para piezas de los libros I y II de Suzuki (Estrellita, Remando Suavemente, Minuetos I, II y III, y Coro de Cazadores), Sinfon\u00eda Telemann, Obertura de Guillermo Tell, Obertura Mexicana, y por supuesto, los tres movimientos del Concierto en Re Mayor de Vivaldi (alto, largo y allegro).<\/p>\n<p>Una vez que me hube percatado de que hab\u00eda un poco de orden dentro de mi caos, tom\u00e9 el saco, el atril y la viola y sal\u00ed hecho polvo por las vialidades perif\u00e9ricas de la ciudad: nunca imagin\u00e9 que un auto tan antiguo pudiera ir a m\u00e1s de 60 kil\u00f3metros por hora, hacer tan poco tiempo desde la avenida Belisario Dom\u00ednguez hasta la carretera a Tesist\u00e1n, entre el tr\u00e1fico de las obras de ese salvaje Perif\u00e9rico Norte, con un m\u00fasico herido y el nudo de la corbata hecho a la mitad, \u00a1vaya imagen!<\/p>\n<p>Antes de llegar a la desviaci\u00f3n que conduce hacia PALCCO, a la altura de avenida Acueducto, justo cuando cre\u00ed que no pod\u00edan ocurrirme m\u00e1s desgracias, me sal\u00ed equ\u00edvocamente del Perif\u00e9rico y en vez de girar hacia mi destino, ingres\u00e9 al retorno que conduce hacia avenida Patria, con rumbo a Plaza Andares, por lo que tuve entonces que llamar a mi compa\u00f1ero de atril para decirle que iba demorado pero que ya estaba cerca del lugar, \u00bfqu\u00e9 cara de sorpresa habr\u00e9 puesto al intentar llamar y ver que mi tel\u00e9fono celular se apag\u00f3 y no prend\u00eda? En un descuido del trayecto, lo hab\u00eda dejado sobre el asiento del copiloto y con el lacerante sol de las tres de la tarde, en el reci\u00e9n comenzado verano de esta jungla asf\u00e1ltica, la bater\u00eda se hab\u00eda sobrecalentado y parec\u00eda que no ten\u00eda ninguna intenci\u00f3n de volver a encenderse, haciendo entonces todo lo que humanamente estuviera a mi alcance para as\u00ed llegar lo m\u00e1s pronto posible al teatro y afinar mi instrumento antes de la presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al llegar al recinto y luego de estacionar \u201cla pichirila\u201d, sub\u00ed a los salones de la escuela de m\u00fasica, para dejar mi estuche y afinar a Chabela, la viola. Ya estaba all\u00ed el profesor y director de la camerata, que al percatarse del lastimoso estado en que me hallaba me pregunt\u00f3 si pod\u00eda salir as\u00ed a tocar, a lo que respond\u00ed que s\u00ed, pues ya se hab\u00eda ensayado mucho para que una cola de res y un <em>cutter<\/em> sanguinario vinieran a impedir que yo interpretara el barroco del Cura Rojo, a lo que el maestro respondi\u00f3 con una sonrisa y expresando que aquello ya me hab\u00eda ocurrido a\u00f1os atr\u00e1s, en febrero del 2013, cuando me lesion\u00e9 el tobillo derecho jugando b\u00e1squetbol un d\u00eda antes de una presentaci\u00f3n por el aniversario de la ciudad de Guadalajara, y tuve que ir vendado del pie a ejecutar el himno que Pepe Gu\u00edzar le compuso a la que anta\u00f1o fuera conocida como \u201cla ciudad de las rosas\u201d. S\u00f3lo asent\u00ed con la cabeza tratando de olvidar tan bochornoso momento y pensando que un pie no afecta que un m\u00fasico de cuerdas pueda ejecutar una pieza musical, \u00bfpero el dedo de la mano? Estaba por verse si esto representaba un verdadero obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Finalmente, antes de salir y como si la potestad divina dijera \u201cyo quiero una cosa bien hecha\u201d, Juan, mi compa\u00f1ero de atril y quien la mayor\u00eda de las veces hac\u00eda de principal de secci\u00f3n, me pidi\u00f3 que tomara su lugar y que lo dejara como segundo al mando, pues hab\u00eda ensayado poco esa semana y no se sent\u00eda tan confiado. Le expliqu\u00e9 mi situaci\u00f3n y me dijo que m\u00e1s val\u00eda que en la foto saliera un dedo vendado que un m\u00fasico sudado (de nervios). Acced\u00ed sinti\u00e9ndome algo mareado, ya por el estr\u00e9s, ya por la preocupaci\u00f3n del concierto, ya por la p\u00e9rdida del plasma sangu\u00edneo, o todas juntas, vaya usted a saber, pero le ped\u00ed al buen Juan que antes de entrar a escena me ayudara a acomodarme la corbata, pues de por s\u00ed era bastante penoso salir con el dedo cortado, como para encima ir con la corbata mal anudada y casi de marinerito, hasta el ombligo, porque no lograba acomodarla.<\/p>\n<p>Ya afinados, con el flujo sangu\u00edneo del dedo controlado y la corbata bien hecha, salimos a la sala de c\u00e1mara. All\u00ed estaba el profe Miguel, con su guitarra y su banquillo, listo para ejecutar de memoria su concierto, y entre el p\u00fablico, el maestro Gasparini rodeado de los dem\u00e1s profesores de la escuela de m\u00fasica, todos ellos experimentados y atentos a lo que est\u00e1bamos a punto de interpretar.<\/p>\n<p>Tomamos asiento y el compa\u00f1ero concertino se levanta de su lugar para dar una r\u00e1pida revisi\u00f3n a la afinaci\u00f3n de los instrumentos por secci\u00f3n. Todo en orden. Luego entran los peque\u00f1os alumnos a los que habremos de acompa\u00f1ar en su recital de graduaci\u00f3n. El dedo, punzante pero listo para interpretar lo que habr\u00eda de dar armon\u00eda a la melod\u00eda que tocaban los infantes. Termina una pieza, otra, luego es el turno de Georg Philipp Telemann; todo ha transcurrido en orden. La gasa se ha aflojado un poco y lastima la u\u00f1a partida por la mitad. La parte trasera del diapas\u00f3n por donde tomo la viola tampoco ayuda mucho, lo siento m\u00e1s pesado que de costumbre. Ahora viene el turno del Guillermo Tell de Rossini: como el veloz caballo de aquel llanero solitario cuyo programa era musicalizado por la sinfon\u00eda en cuesti\u00f3n, tal pieza ambienta mi prisa por llegar al final del fragmento de la obra, pues siento un particular cansancio en el dedo que me hace pensar que la viola va a ir a dar por los suelos. Ya por \u00faltimo, escucho que los ni\u00f1os en autom\u00e1tico y sin particella, interpretan \u201cel pajarillo barranque\u00f1o\u201d, \u201clas gaviotas\u201d y un extracto de la marcha de Zacatecas que componen el popurr\u00ed denominado \u201cObertura Mexicana.\u201d Me parecen bastante virtuosos, pero el dolor que ahora se ha extendido a la mano entera, y el hecho de que el director de orquesta entre el p\u00fablico no se inmute, hacen que me olvide pronto de mi fascinaci\u00f3n. Era como aquella leyenda urbana que, para evocar el genio de Paganini, cuenta que el sin igual violinista termin\u00f3 un concierto con una sola cuerda porque las otras tres se rindieron a media presentaci\u00f3n. Ac\u00e1 era lo mismo, s\u00f3lo que sin tanta virtuosidad, y en vez de faltar cuerdas, comenzaban a faltar dedos por el entumecimiento.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento de ejecutar el concierto de Vivaldi. Poco recuerdo ya de lo que sucedi\u00f3, s\u00f3lo me queda la molestia de que, en el segundo movimiento, las notas redondas que ya de por s\u00ed son largas, el profe Miguel las hizo a\u00fan m\u00e1s, pues toc\u00f3 de una manera tan m\u00e1s lenta y dolorosa, que ahora los dos violistas est\u00e1bamos sudando, uno de nervios y el otro de malestar de pulgar. No en vano el movimiento se llama \u201clargo.\u201d Finalmente, viene a mi mente el momento despu\u00e9s de la \u00faltima nota del concierto: silencio sepulcral en la sala, m\u00fasicos con violines a\u00fan arriba, cellos y contrabajos con el arco mudo sobre las cuerdas, los ni\u00f1os sentaditos en las butacas hasta adelante y mirando estupefactos la habilidad del profesor de guitarra; de pronto, el aplauso de toda la concurrencia; como si nos pusi\u00e9ramos de acuerdo, los concertistas volteamos todos a ver al mismo tiempo a Gasparini, quien estaba de pie ovacionando la interpretaci\u00f3n que acab\u00e1bamos de hacer de la composici\u00f3n del Cura Rojo. De la emoci\u00f3n, el dedo dio tregua, pero la gasa se hab\u00eda rendido por completo y ahora ten\u00eda que esconder la mano para recibir el saludo o las felicitaciones que nos hac\u00edan los asistentes del evento. La extremidad poco a poco se fue desentumeciendo.<\/p>\n<p>Mi maestro de m\u00fasica, el director, se aproxim\u00f3 a donde yo estaba y me dijo: \u201cIsmael, vaya inmediatamente a hacerse revisar ese dedo y que le den atenci\u00f3n m\u00e9dica\u201d; le dije que s\u00ed, pero de la emoci\u00f3n y de lo feliz que estaba, ni me volv\u00ed a acordar del dedo en todo el d\u00eda. Al contrario, llegando a casa le propuse a mi hermano que le envi\u00e1semos una felicitaci\u00f3n musical en video a nuestro padre por su cumplea\u00f1os, pero ahora al ritmo del bajo quinto y el acorde\u00f3n. En una tarde aquello hab\u00eda pasado de ser \u201cVivaldi grave sanguini\u201d a \u201cnorte\u00f1o presto con fuoco.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cu\u00e1ntas veces nos ha sucedido que justo el d\u00eda que ten\u00edamos algo importante qu\u00e9 hacer, una desgracia viene a presentarse solo para complicar las cosas. La siguiente es una de esas historias. &nbsp; Tasto\u00e1n Castorena Foto: Joel Wyncott &nbsp; Fue un jueves, bien recuerdo: 22 de junio de 2017. Era el cumplea\u00f1os 55 de mi padre. La camerata juvenil de la que formo parte a\u00fan se hallaba m\u00e1s o menos completa, es decir, ten\u00eda por lo menos dos instrumentos en cada atril: dos violines primeros, dos segundos, dos violas, dos cellos y un contrabajo. Hab\u00edamos estado ensayando desde las \u00faltimas semanas de abril (viernes y s\u00e1bados, como de costumbre) un peque\u00f1o programa para apoyar al profe Miguel, docente de guitarra en la academia musical del Palacio de la Cultura y los Congresos (PALCCO), que organiz\u00f3 una presentaci\u00f3n de fin de curso con sus alumnos peque\u00f1os del m\u00e9todo Suzuki, y \u00e9l iba a participar con una interpretaci\u00f3n de los tres movimientos del Concierto en Re Mayor de Vivaldi. 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