{"id":3707,"date":"2020-07-30T22:32:21","date_gmt":"2020-07-31T03:32:21","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3707"},"modified":"2020-07-30T22:32:21","modified_gmt":"2020-07-31T03:32:21","slug":"la-otra-pandemia-que-no-para","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3707","title":{"rendered":"La otra pandemia que no para"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3708\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"2400\" height=\"1621\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash.jpg 2400w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-300x203.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-1024x692.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-768x519.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-1536x1037.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-2048x1383.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/lapandemiaquenopara_jan-tinneberg_unsplash-640x432.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2400px) 100vw, 2400px\" \/>\u00a0<\/strong><\/p>\n<blockquote><p>La autora de la presente cr\u00f3nica tuvo una amarga experiencia apenas hace unos d\u00edas: se metieron a robar en su casa. Quien haya pasado por esa experiencia sabr\u00e1 que el sentimiento es indescriptible, m\u00e1xime cuando atestiguas que todo revuelto, cuando ha sido violada tu intimidad. Desde aqu\u00ed le enviamos nuestra solidaridad a la autora y que sirva tambi\u00e9n su testimonio para redoblar nuestra propia seguridad: es innegable que esa otra pandemia crece.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4>Mar\u00eda del Refugio Reynozo Medina<\/h4>\n<pre>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@craft_ear?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Jan Tinneberg<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/home-interior?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ladr\u00f3n salt\u00f3 por la azotea, fue por la ma\u00f1ana, al amparo del silencio matinal de un domingo de pandemia.<\/p>\n<p>Volv\u00edamos de la ciudad, intentamos hacer fila para conseguir una pizza de orilla de queso en <em>Little Caesars<\/em>, hab\u00eda unas veinte personas antes y mejor fuimos por los ingredientes para hacer <em>hot dogs<\/em> a Soriana.<\/p>\n<p>Cuando llegamos no observamos nada extra\u00f1o, abrimos el port\u00f3n y entramos con el auto. Me sent\u00e9 en la peque\u00f1a sala que arm\u00e9 con un par de escritorios recuperados de la bodega de una escuela cuando iban al basurero, ah\u00ed me recargu\u00e9 en la silla giratoria mientras los ni\u00f1os y su pap\u00e1 sacaban las cosas del auto. Desde ah\u00ed, en una de las vueltas que estaba dando, alcanc\u00e9 a ver la habitaci\u00f3n del fondo abierta.<\/p>\n<p>\u2014Oye, est\u00e1 abierto el cuarto, dije.<\/p>\n<p>En seguida Jos\u00e9 se encamin\u00f3 r\u00e1pidamente hacia la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Se metieron a robar.<\/p>\n<p>Inmediatamente record\u00e9 la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica: la hab\u00eda tra\u00eddo la semana pasada para hacerle un retrato a un compa\u00f1ero maestro que anda en campana pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 de un salto para ir y los ni\u00f1os caminaron atr\u00e1s de m\u00ed. La chapa estaba forzada, la escalera que guard\u00e1bamos en el cuarto de herramienta estaba recargada en la pared; parece que escaparon por ah\u00ed.<\/p>\n<p>Una desolaci\u00f3n me acompa\u00f1\u00f3 al ver toda la habitaci\u00f3n revuelta: la ropa de todos los armarios estaba vaciada sobre las camas, los cajones desocupados encima. La peque\u00f1a alcanc\u00eda de yeso en forma de cerdito, que de por si es pesada por lo grueso de sus capas, no estaba, ni el mont\u00f3n de viejos celulares que almacen\u00e1bamos en una caja, quien sabe para qu\u00e9; la cadenita de oro que un d\u00eda se iba a reparar tampoco.<\/p>\n<p>La c\u00e1mara fotogr\u00e1fica estaba ah\u00ed, en su maleta estampada arriba del armario junto a la ventana. Me alegr\u00e9 de ello hasta las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 menso el ratero, dijo mi hijo Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os hac\u00edan comentarios seguidos de los nuestros, creo para tranquilizar sus miedos; Natalia lloraba y dec\u00eda que no quer\u00eda dormir ah\u00ed.<\/p>\n<p>\u201cMis peluches\u201d, dijo con voz dram\u00e1tica mientras buscaba debajo de las almohadas. \u201cV\u00e1monos a San Cris\u201d, dec\u00eda como a\u00f1orando un oasis en medio del desierto, y abrazaba su cobija.<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n era una monta\u00f1a colorida y revuelta, tan revuelta como mi est\u00f3mago en esos momentos.<\/p>\n<p>Cada paso que avanz\u00e1bamos era un hallazgo: las tarjetas del seguro en el piso, los \u00fatiles de las mochilas escolares regados, los bolsos de mano esculcados, los pasaportes debajo de las camas.<\/p>\n<p>\u00cdbamos recorriendo la habitaci\u00f3n y el patio en busca de m\u00e1s indicios, pod\u00eda sentir la repugnante presencia, las asquerosas manos tocando nuestros objetos personales, sus ojos pos\u00e1ndose en las fotograf\u00edas familiares, en nuestra informaci\u00f3n personal, mientras segu\u00eda recorriendo los espacios.<\/p>\n<p>\u201cQue ratero tan menso\u201d, volvi\u00f3 a decir mi peque\u00f1o hijo, al contemplar el mueble de los zapatos completo. \u201cPod\u00eda haberse llevado tus zapatos y los vend\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>En el patio una de las l\u00e1minas estaba ca\u00edda, por ah\u00ed trep\u00f3 o treparon, rompieron un lazo y un barrote de la puerta de la cocina para abrirla. La alacena estaba abierta, tambi\u00e9n los cajones de las tapaderas y los cubiertos.<\/p>\n<p>Escrib\u00ed en el grupo de WhatsApp de seguridad de la colonia y solicit\u00e9 una unidad. Hasta entonces, en el chat vecinal, me di cuenta de que, en el 1420, unas casas al lado, un tipo se hab\u00eda metido y se llev\u00f3 una m\u00e1quina de tatuar. Un vecino dijo que el ratero se hab\u00eda brincado por el 1415 de Mexicaltzingo.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 la patrulla, bajaron tres oficiales que nos preguntaron si faltaba algo de valor, a m\u00ed me faltaba mucho de valor y me sobraba la impotencia y el coraje.<\/p>\n<p>\u201cEn caso afirmativo, para que acudan a la Fiscal\u00eda\u201d, me dijo.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que acud\u00ed a la Fiscal\u00eda fui a denunciar el robo de mi bicicleta roja que se llevaron de la cochera, solo para conseguir un n\u00famero de reporte.<\/p>\n<p>Los oficiales no ten\u00edan intenciones de entrar, a menos que estuviera ah\u00ed el ratero, entraron solo para llevarse el socroso morral que el ladr\u00f3n olvid\u00f3 en el tendedero. Lo revisaron y tra\u00eda solo una l\u00e1mpara de mano.<\/p>\n<p>Cierto, que m\u00e1s puede hacer la polic\u00eda, solo servir de receptora de un discurso para mi desahogo, en medio de la noticia de que en cualquier momento alguien se puede brincar un muro e invadir un espacio privado y robar la tranquilidad, la paz y de paso los objetos.<\/p>\n<p>Record\u00e9 los tiempos de universitaria cuando tomaba una clase que terminaba a las diez de la noche y llegaba a bordo de la bicicleta a cualquier hora, incluso despu\u00e9s de una exposici\u00f3n de arte o de un concierto, \u201csin novedad\u201d, esos s\u00ed eran buenos tiempos.<\/p>\n<p>Ahora lo \u00fanico que podemos hacer, dijo el uniformado, es tener una pistola y actuar en defensa propia.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 peor pandemia que ir por la vida actuando \u201cen defensa propia\u201d.<\/p>\n<p>Paso siguiente, vino el aviso a nuestros seres queridos: la rendici\u00f3n del informe que comienza a aliviar, las recomendaciones, la ayuda. Vino hasta ac\u00e1 mi hermano con su mujer, al rescate de mis hijos.<\/p>\n<p>En la calle, no s\u00e9 c\u00f3mo, lleg\u00f3 la asistencia de los buenos vecinos, que no escucharon nada extra\u00f1o por la ma\u00f1ana, pero que estaban ah\u00ed para concretar el proceso de aceptaci\u00f3n de la realidad y la catarsis.<\/p>\n<p>\u201cYo lo vi salir de la otra casa\u201d dijo alguien. \u201cPero cre\u00ed que era un rentero\u201d.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n iba a llevarse una bicicleta, pero justo en ese momento llegaron unos chavos y dijeron: \u201cesa bici es la de mi primo\u201d, el tipo avent\u00f3 la bicicleta y se alej\u00f3 corriendo.<\/p>\n<p>\u201cSon los de las v\u00edas\u201d, dijo otro.<\/p>\n<p>All\u00e1, al lado de la avenida Washington, donde est\u00e1n las v\u00edas del tren, hay sobre un callej\u00f3n unas casas improvisadas con tablas, hules, muebles y colchones viejos: es una guarida de desocupados y bandidos; record\u00e9 a las personas que van a llevarles ropa y comida, que los mantiene en pie para que luego puedan caminar hacia ac\u00e1 y arrebatarnos todo.<\/p>\n<p>La conversaci\u00f3n en la calle con los cuatro vecinos fue la sobremesa de lo sucedido y los intercambios de n\u00fameros celulares, an\u00e9cdotas y recomendaciones, fueron el apapacho para cerrar el agrio episodio y comenzar la reparaci\u00f3n de los da\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cYa se me quit\u00f3 el hambre\u201d, hab\u00eda dicho Natalia, pero el hambre volvi\u00f3 cuando el aroma de las cebollas fritas se col\u00f3 por el comedor y lleg\u00f3 a todas las habitaciones de la casa.<\/p>\n<p>Colocamos los v\u00edveres en el refrigerador, las frutas en el frutero, los ni\u00f1os cenaron como nunca, mordieron con el hambre atrasada las salchichas fritas mientras se chupaban los dedos cubiertos de mostaza y la salsa dulce de jitomate.<\/p>\n<p>Esa noche se los llev\u00f3 su t\u00edo Lucas a San Cris y nosotros nos quedamos a levantar lo ca\u00eddo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 La autora de la presente cr\u00f3nica tuvo una amarga experiencia apenas hace unos d\u00edas: se metieron a robar en su casa. Quien haya pasado por esa experiencia sabr\u00e1 que el sentimiento es indescriptible, m\u00e1xime cuando atestiguas que todo revuelto, cuando ha sido violada tu intimidad. Desde aqu\u00ed le enviamos nuestra solidaridad a la autora y que sirva tambi\u00e9n su testimonio para redoblar nuestra propia seguridad: es innegable que esa otra pandemia crece. \u00a0 \u00a0 Mar\u00eda del Refugio Reynozo Medina Foto de Jan Tinneberg en Unsplash. &nbsp; &nbsp; El ladr\u00f3n salt\u00f3 por la azotea, fue por la ma\u00f1ana, al amparo del silencio matinal de un domingo de pandemia. Volv\u00edamos de la ciudad, intentamos hacer fila para conseguir una pizza de orilla de queso en Little Caesars, hab\u00eda unas veinte personas antes y mejor fuimos por los ingredientes para hacer hot dogs a Soriana. Cuando llegamos no observamos nada extra\u00f1o, abrimos el port\u00f3n y entramos con el auto. Me sent\u00e9 en la peque\u00f1a sala que arm\u00e9 con un par de escritorios recuperados de la bodega de una escuela cuando iban al basurero, ah\u00ed me recargu\u00e9 en la silla giratoria mientras los ni\u00f1os y su pap\u00e1 sacaban las cosas del auto. 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