{"id":3713,"date":"2020-08-03T12:22:15","date_gmt":"2020-08-03T17:22:15","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3713"},"modified":"2020-08-03T12:22:15","modified_gmt":"2020-08-03T17:22:15","slug":"apizaco-un-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3713","title":{"rendered":"Apizaco, un recuerdo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3714\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco.jpg\" alt=\"\" width=\"1772\" height=\"1181\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco.jpg 1772w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Apizaco-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1772px) 100vw, 1772px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>La autora de la presente historia vivi\u00f3 en su ni\u00f1ez y gran parte de su juventud en Apizaco, Tlaxcala. Los recuerdos entra\u00f1ables que nos comparte, las an\u00e9cdotas personales y las im\u00e1genes que nos regala de ese lugar podr\u00edan ser la de muchos otros lugares del pa\u00eds, en la propia infancia de cualquiera.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Marcela S\u00e1nchez Orth (MaSO)<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi infancia transcurri\u00f3 en un lugar de M\u00e9xico que pasa desapercibido al visitante porque realmente no tienen ning\u00fan atractivo tur\u00edstico o de ubicaci\u00f3n, en una zona con gran belleza natural: Apizaco. Naci\u00f3 de una estaci\u00f3n de tren que atrajo el comercio de los pobladores cercanos y se convirti\u00f3 en parada obligada en la ruta M\u00e9xico-Veracruz.<\/p>\n<p>La antigua estaci\u00f3n que sol\u00eda ver el subir y bajar de pasajeros sombrerudos revolucionarios y en la cual yo tom\u00e9 varias veces el tranv\u00eda para ir a la ciudad, es actualmente un centro comercial con un hotel minimalista, donde se guardan recuerdos de vagones, rieles, gr\u00faas y otras piezas que intentan traer al presente una memoria que poco a poco se diluye en la modernidad, entre tiendas de moda y restaurantes de comida mexicana.<\/p>\n<p>Una pieza fiel de este recuerdo es \u201cla Maquinita\u201d \u2013m\u00e1quina de vapor n\u00famero 212\u2013 que est\u00e1 en una glorieta y distribuye la circulaci\u00f3n vehicular, formaba el l\u00edmite poniente de mi infancia. Pasar \u201cla Maquinita\u201d era ya salir del pueblo, rumbo a Tlaxcala, para tomar autopista a M\u00e9xico o cruzando las v\u00edas rumbo a Tlaxco, al rancho de mis abuelos.<\/p>\n<p>Largas horas pasamos mis hermanos y yo esperando en el coche a que el tren terminara su paso, ya fuera de d\u00eda o de noche, algunas veces nos divert\u00edamos contando la cantidad de vagones que jalaba la m\u00e1quina, si ve\u00edamos que era una sola m\u00e1quina, cont\u00e1bamos como quien aprende, con lentitud, con ritmo, uno a uno, a la velocidad de paso del convoy. Jug\u00e1bamos a adivinar si tra\u00eda una segunda m\u00e1quina o si iba de reversa para luego regresar a la estaci\u00f3n \u2013un cambio de v\u00edas\u2013. Otras veces solo lo ve\u00edamos.<\/p>\n<p>El tren pasaba frente a mi casa, a un costado est\u00e1 la calle que se convierte en carretera a Huamantla; en un d\u00eda claro, se puede contemplar el Pico de Orizaba, muy peque\u00f1ito, rebasando la l\u00ednea del horizonte, con su copa blanca, en contraste con la imponente Malinche que es nuestra vecina y solo llega a tener nieve en enero. Los amaneceres son lo mejor de esta orientaci\u00f3n, un evento que me encantaba ver desde la ventana de mi rec\u00e1mara, donde sol\u00eda poner el despertados 10 o 15 minutos antes, para poder disfrutar de ese sol color oro naranja o de plata, con las nubes bajas, antes de ir a la escuela.<\/p>\n<p>En esta esquina hay una gasolinera que marcaba, en nuestros paseos a Veracruz, la primera parada y el final del pueblo. Todos subidos en el bocho: 6 ni\u00f1os y dos adultos, sal\u00edamos muy temprano y regres\u00e1bamos muy noche, nos escap\u00e1bamos al mar; a\u00fan recuerdo el olor nauseabundo a gasolina despu\u00e9s de cargar para iniciar el viaje. Los cuates (Ang\u00e9lica y Octavio) y yo ocup\u00e1bamos el cajoncito detr\u00e1s de los asientos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed tambi\u00e9n mi pap\u00e1 tuvo una intervenci\u00f3n heroica, pues una pipa derram\u00f3 su carga y se estrell\u00f3, incendi\u00e1ndose dentro de las instalaciones de la gasolinera, o muy cerca, y con mangueras de agua y cartones mojados \u00ad\u2013o lo que fuera\u2013 trataron de evitar que se calentaran las bombas despachadoras.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda yo lo pas\u00e9 muy mal en la escuela: recuerdo que estaba en la sesi\u00f3n de primaria, porque me acuerdo muy bien de los pupitres de madera, el pizarr\u00f3n negro y las paredes gruesas del viejo edificio. No s\u00e9 c\u00f3mo, mis compa\u00f1eras se enteraron del suceso y me comentaron: \u201c\u00bfno tienes miedo de que tu pap\u00e1 pueda morir en la explosi\u00f3n?\u201d. Acto seguido trat\u00e9 de informarme, solo o\u00eda calamidades y malos augurios si llegaba a estallar la gasolinera. Trat\u00e9 de pedir permiso a las madres para hablar por tel\u00e9fono, a lo que obtuve un \u201cno te preocupes, todo est\u00e1 bien\u201d.<\/p>\n<p>Rob\u00e9 de la alcanc\u00eda del sal\u00f3n unas monedas \u2013mismas que regres\u00e9 despu\u00e9s\u2013 para poder pagar la llamada, pero jam\u00e1s me dejaron llamar. A la salida corr\u00ed de regreso a la casa y antes de llegar vi la estaci\u00f3n de gasolina cerrada, pero normal; en casa ese d\u00eda tampoco pude ver a mi pap\u00e1, pero mi madre claramente me dijo que no hab\u00eda pasado nada, y mi mam\u00e1 es ley. D\u00edas despu\u00e9s, las an\u00e9cdotas con mis hermanos se dieron y crecieron las historias de hero\u00edsmo de mi pap\u00e1. Jam\u00e1s supe en realidad exactamente qu\u00e9 pas\u00f3.<\/p>\n<p>Pocos eventos suced\u00edan, quiz\u00e1s por eso a\u00fan le digo pueblo. Uno que no fallaba era la conmemoraci\u00f3n del 16 de septiembre (y la del 20 de noviembre) con desfile y todo; las bandas de las diferentes escuelas ese d\u00eda sal\u00edan a demostrar sus habilidades adquiridas y a marcar el paso de los alumnos en pelotones que, llegado el momento, pasaban frente al templete para realizar muestras de coordinaci\u00f3n o habilidad con tablas. Yo particip\u00e9 desde primero de primaria hasta tercero de secundaria.<\/p>\n<p>Estos desfiles eran la muerte, porque ninguna de las avenidas cuenta con arbolado, mucho camell\u00f3n, pero sin \u00e1rboles, as\u00ed que todo lo hac\u00edamos a pleno rayo del sol. Mi hermana Maty cuenta que mis pap\u00e1s corr\u00edan de esquina a esquina para aplaudir \u2013ella era abanderada\u2013; yo no lo recuerdo, cuando ya me toc\u00f3 ser \u201ccomandante\u201d, es decir, quien da los silbatazos (porque mi promedio nunca dio para abanderada) ellos ya no iban, o nos esperaban en una esquina determinada.<\/p>\n<p>Igual recorr\u00eda todas las calles, los s\u00e1bados que ten\u00eda los entrenamientos de b\u00e1squet. Ang\u00e9lica y yo, con tenis, pantalones c\u00f3modos y un su\u00e9ter ligero \u2013siempre hace fr\u00edo en la ma\u00f1ana\u2013, sal\u00edamos muy temprano de casa (6:45 am) con direcci\u00f3n a las canchas que nos prestaban. Por lo general las encontr\u00e1bamos cerradas y esper\u00e1bamos a que dieran las meras 7 para empezar a hacer la ronda de visitar cada casa de las amiguitas, o primas, para despertarlas e incluso a los que nos entrenaban.<\/p>\n<p>Todo suced\u00eda con naturalidad: ir tocando timbres, ver las caras dormilonas o asustadas de todos por haber olvidado el entrenamiento (eso s\u00ed: todos en pijamas) y despu\u00e9s en bola ir caminado de regreso, recogiendo a cada uno de los que ya hab\u00edamos despertado, muy animados ya, con el su\u00e9ter amarrado en la cintura hacia las canchas. Los entrenamientos entonces iniciaban, si se despertaban pronto a las 9 y si no a las 10.<\/p>\n<p>Duraban lo que la alegr\u00eda o las energ\u00edas resist\u00edan, o si ten\u00edamos uno o m\u00e1s balones, pues esto pod\u00eda definir el trabajo de t\u00e9cnica, bote a dos manos, driblado al tablero o solo el jugar cascarita y aprender a dar pases y bloquear. Ya para la una est\u00e1bamos de regreso en casa, dispuestas a comer e iniciar el siguiente juego en el patio.<\/p>\n<p>As\u00ed, en una de mis caminatas descubr\u00ed qui\u00e9n era el responsable de la iluminaci\u00f3n de los camellones. Fue en la avenida Cuauht\u00e9moc, que llega a la estaci\u00f3n del tren. Muy temprano, de camino a la secundaria, vi a un hombre en bici, con un largu\u00edsimo palo que atravesaba su bici sobresaliendo por delante y atr\u00e1s, andando la calle en sentido contrario. Como era temprano, me esper\u00e9 a ver qu\u00e9 hac\u00eda, se estacion\u00f3 en el borde del camell\u00f3n y sacando el largo palo se acerc\u00f3 a uno de los postes de las luminarias, de esos que parecen palmeras de dos brazos y con el palo muy en lo alto, jalo algo y \u00a1pum!, toda la avenida desde la estaci\u00f3n hasta la iglesia se apag\u00f3.<\/p>\n<p>Otro evento muy com\u00fan era que se fuera la luz; regularmente lo que suced\u00eda era el paso de un tr\u00e1iler que exced\u00eda la altura de los cables de la avenida principal \u201316 de septiembre\u2013 y era com\u00fan ver a dos individuos en la parte alta de la pieza \u2013tubos de acero o concreto\u2013, dar entrada manualmente al cable y ayudados de una cuerda, o algo que impidiera que hicieran tierra, lo iban acompa\u00f1ando hasta terminar, no siempre logr\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>El circo era un visitante constante en los meses de mayo y junio y se ubicaba en terrenos que se usaban para el futbol llanero, o las competencias atl\u00e9ticas inter escolares. \u00a0Siempre estuvimos en gayola, con sus gradas de tablones que m\u00e1gicamente soportaban a todos. En una de esas funciones recuerdo el ruido de los rayos y el golpeteo de gruesas gotas en la lona, de tal suerte que se desagarr\u00f3 el techo, mojando a todos en el centro de la pista y creando una reacci\u00f3n en cadena entre el p\u00fablico que sali\u00f3 corriendo. Yo me par\u00e9 un momento para ver al payaso empapado que sonriendo hac\u00eda grandes reverencias, dando las gracias a todos.<\/p>\n<p>As\u00ed viv\u00ed en Apizaco, Tlaxcala, sin muchos eventos, entre la cotidianeidad de ir al quiosco y tomar una nieve con coca o escuchar \u2013gracias a un meg\u00e1fono\u2013 las canciones de moda. Visitando a las t\u00edas y compartiendo las posadas y tardeadas.<\/p>\n<p>Vida y recuerdos que parecen de otro planeta a la distancia y de los cuales extra\u00f1o la experiencia que me regalaron y que no podr\u00e1n tener mis hijos en esta gran ciudad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La autora de la presente historia vivi\u00f3 en su ni\u00f1ez y gran parte de su juventud en Apizaco, Tlaxcala. Los recuerdos entra\u00f1ables que nos comparte, las an\u00e9cdotas personales y las im\u00e1genes que nos regala de ese lugar podr\u00edan ser la de muchos otros lugares del pa\u00eds, en la propia infancia de cualquiera. &nbsp; Marcela S\u00e1nchez Orth (MaSO) &nbsp; Mi infancia transcurri\u00f3 en un lugar de M\u00e9xico que pasa desapercibido al visitante porque realmente no tienen ning\u00fan atractivo tur\u00edstico o de ubicaci\u00f3n, en una zona con gran belleza natural: Apizaco. Naci\u00f3 de una estaci\u00f3n de tren que atrajo el comercio de los pobladores cercanos y se convirti\u00f3 en parada obligada en la ruta M\u00e9xico-Veracruz. La antigua estaci\u00f3n que sol\u00eda ver el subir y bajar de pasajeros sombrerudos revolucionarios y en la cual yo tom\u00e9 varias veces el tranv\u00eda para ir a la ciudad, es actualmente un centro comercial con un hotel minimalista, donde se guardan recuerdos de vagones, rieles, gr\u00faas y otras piezas que intentan traer al presente una memoria que poco a poco se diluye en la modernidad, entre tiendas de moda y restaurantes de comida mexicana. 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