{"id":3720,"date":"2020-08-07T10:33:11","date_gmt":"2020-08-07T15:33:11","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3720"},"modified":"2020-08-07T10:33:11","modified_gmt":"2020-08-07T15:33:11","slug":"variaciones-para-una-sopa-de-cebolla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3720","title":{"rendered":"Variaciones para una sopa de cebolla\u00a0"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3722\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"1920\" height=\"1280\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash.jpg 1920w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/jezael-melgoza-KbR06h9dNQw-unsplash-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>El autor de la presente cr\u00f3nica nos habla de su infancia, su incursi\u00f3n en el vegetarianismo y de una aventura que vivi\u00f3 hace algunos a\u00f1os en la Ciudad de M\u00e9xico, llevando como hilo conductor a la sopa de cebolla.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4>Efra\u00edn Amador<\/h4>\n<pre>Foto de la sopa de cebolla de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@sheri_silver?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Sheri Silver<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/onion-soup?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>\r\n\r\nFoto de la Ciudad de M\u00e9xico de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@jezael?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Jezael Melgoza<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/city-of-m%C3%A9xico?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es s\u00e1bado, en el refrigerador solo habitan los sobrevivientes de la semana y otros productos que de tanto verlos se hicieron invisibles: tres latas de cerveza Pac\u00edfico <em>light<\/em>, cuatro zanahorias, un br\u00f3coli totalmente amarillo que nunca fue parte de ninguna ensalada, media botella con Calpico como \u00faltimo vestigio de una cena de sushi ocurrida\u00a0 hace un mes, una botellita de salsa de soya baja en sodio en la que flota una nata blanca \u2014como nebulosa cautiva\u2014, una salsa inglesa, salsa c\u00e1tsup caducada, un frasco peque\u00f1o con sedimentos de mermelada de zarzamora sin az\u00facar, un pepino, dos corazones de lechuga y un medall\u00f3n de at\u00fan congelado, una botella de jugo de manzana espumoso refrigerada desde hace un\u00a0 a\u00f1o, tres jitomates y casi un kilo de cebollas.<\/p>\n<p>Entonces pienso en este tub\u00e9rculo como un acompa\u00f1ante de vida, despu\u00e9s de todo hasta hemos compartido l\u00e1grimas con las cebollas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Ante el sentido de vida an\u00e1rquico que practicaba mi padre, mi mam\u00e1 no tuvo otra opci\u00f3n que mantener pr\u00e1cticamente sola a cinco hijos y para estar cerca de nosotros se le ocurri\u00f3 que lo mejor era abrir una tienda de abarrotes, por lo que crec\u00ed en una casa en la que escaseaba el mobiliario y\u00a0 en\u00a0 cambio hab\u00eda arpillas de papas, cajas de detergentes, sacos de az\u00facar y todo lo que se pudiera vender en una tienda, incluyendo una gran cantidad de golosinas; un verdadero para\u00edso para cualquier ni\u00f1o, menos para m\u00ed, que me representaba un asunto poco atractivo tener a la mano los pastelitos que se anunciaban en la televisi\u00f3n: no\u00a0 ten\u00eda el menor inter\u00e9s por probar esos manjares azucarados\u2026 rarito desde chiquito.<\/p>\n<p>Com\u00eda poco y mi apariencia escu\u00e1lida hizo que la gente se olvidara de mi nombre y me llamaran cad\u00e1ver, santo entierro, huesos, tililico, esqueleto o cala. Aquella era una \u00e9poca en la que un peso bajo era sin\u00f3nimo de enfermedad, por lo que las visitas al pediatra fueron habituales: mi mam\u00e1 ten\u00eda la firme convicci\u00f3n de que pronto morir\u00eda, y para evitarlo establec\u00eda algunas estrategias que bien hubieran podido ser incluidas en el cat\u00e1logo de tortura de la polic\u00eda local: inyecciones de hierro, cucharadas de aceite de h\u00edgado de bacalao, chocomilk Pancho Pantera con un huevo, todo con la finalidad de conjurar mi deceso por inanici\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre el trabajo que implicaba una tienda de abarrotes y atender a cinco hijos, madre no tubo opci\u00f3n que hacer de su vida el concepto de multitareas cuando el t\u00e9rmino aun no era com\u00fan, por eso la antrop\u00f3loga Marcela Lagarde considera que las actividades de las amas de casa son uno de los grilletes con los que conviven, de cotidiano, la mayor parte de las mujeres que tuvieron la mala fortuna de nacer en sociedades tradicionalistas. Todav\u00eda me resulta un misterio c\u00f3mo mi se\u00f1ora madre conjuraba el tiempo para hacer las labores de ama de casa y a le vez llevar un negocio, las prisas la llevaron a convertirse en una experta de comida pr\u00e1ctica y a velocidades revolucionadas preparaba bistec a la hora de la comida, bistec con papas, con chile, con nopales, con frijoles\u2026 bistec en todas sus presentaciones. Es probable que el punto m\u00e1s alto de sus destrezas culinarias lo tocara cuando preparaba pozole; nunca tuvo tiempo de hornear un pastel y creo que nunca prepar\u00f3 ning\u00fan postre, salvo abrir una lata de chongos zamoranos o de duraznos en alm\u00edbar. Al paso del tiempo me resulta una inc\u00f3gnita c\u00f3mo una mujer que solo hab\u00eda cursado la primaria y que concluy\u00f3 la preparatoria muchos a\u00f1os despu\u00e9s, ya rodando su sexag\u00e9simo aniversario, mientras cocinaba pod\u00eda recitar a Nicol\u00e1s Guill\u00e9n o a Rub\u00e9n Dar\u00edo, o nos indicaba algunas piezas de m\u00fasica cl\u00e1sica utilizando como material did\u00e1ctico las pel\u00edculas viejas que pasaban en el canal 4 despu\u00e9s del programa del t\u00edo Carmelo. Cuando ella preparaba sopa de cebolla mis hermanos quer\u00edan que no llegara la hora de la comida y la llamaban sopa ruda, en cambio, a m\u00ed me parec\u00eda el platillo m\u00e1s delicioso, nadie en la familia cercana acostumbraba a prepararla, aun cuando es una comida que se prepara de manera com\u00fan en varios estados de la rep\u00fablica, sin embargo el origen de este alimento no es mexicano y hay versiones dis\u00edmbolas sobre su autor\u00eda: hay quienes se\u00f1alan que fue el propio Luis XIV quien prepar\u00f3 por primera vez esta sopa al llegar a su palacio, hambriento, y solo ten\u00eda a la mano cebollas, champa\u00f1a y mantequilla. Otra versi\u00f3n se\u00f1ala que surgi\u00f3 en un mercado parisino del siglo XII, en el que preparaban comida para clientes pobres con las sobras de los banquetes de la realeza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>A los 22 a\u00f1os decid\u00ed que ya era lo suficientemente viejo para seguir viviendo con mi familia y con mi raqu\u00edtico salario de profesor de la Universidad Femenina de Guadalajara, que estaba por la calle de Alemania, frente al canal 4, me aventur\u00e9 a rentar un modesto departamento en el barrio de Analco.\u00a0 El miedo a que volviera a explotar el drenaje de la zona hizo que algunos de sus habitantes se cambiaran de domicilio, lo cual me permiti\u00f3 encontrar una renta accesible. La vida independiente inclu\u00eda tambi\u00e9n la obligaci\u00f3n de cocinar, por lo que, desde el primer fin de semana, armado con una bolsa de ixtle, me intern\u00e9 en las entra\u00f1as del Baratillo para adquirir tesoros vegetales a precios m\u00f3dicos; mi sentido <em>naif<\/em> de la cocina me hizo aprovechar todos los 2&#215;1 que se anunciaban en los puestos. El refrigerador rebos\u00f3 de vegetales y frutas durante 15 d\u00edas y luego terminaron en la basura, porque las cantidades que logr\u00e9 preparar fueron m\u00ednimas, comparado con lo que hab\u00eda comprado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n descubr\u00ed que los alimentos, en apariencia sencillos, como la sopa de arroz, ten\u00edan procesos de preparaci\u00f3n muy espec\u00edficos: lo aprend\u00ed despu\u00e9s de pasar varias horas con un intenso dolor de est\u00f3mago por com\u00e9rmelo sin estar bien cocido; de la misma manera, supe que si consumes carnes fr\u00edas con una capa babosa puedes pasar una noche con fiebre.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda me top\u00e9 con un libro de Ethel Krauze en el que no escrib\u00eda poemas ni relatos, si no recetas de cocina vegetariana. En la introducci\u00f3n, explicaba el sentido \u00e9tico que guarda el vegetarianismo; le\u00ed todo el libro en una tarde como si se tratara de una epopeya y al concluirlo, desoyendo los consejos de la escritora \u2014en el sentido de que adoptar un estilo de vida vegetariano deber\u00eda ser gradual e informado\u2014, decid\u00ed que nunca m\u00e1s volver\u00eda a comerme la carne de ning\u00fan animal. Al d\u00eda siguiente me prepar\u00e9 una olla con soya, me aliment\u00e9 del guiso durante varios d\u00edas, entonces experiment\u00e9 un estre\u00f1imiento de casi una semana, hasta que una tarde transitando por la avenida Laureles tuve que correr hasta un lote bald\u00edo, que me sirvi\u00f3 de retrete. Mi falta de tiempo para cocinar me llev\u00f3 a aficionarme a un restaurante vegetariano en el que todos los d\u00edas se ofrec\u00eda alg\u00fan platillo con cebada: rollitos de col con cebada, pud\u00edn de cebada, alb\u00f3ndigas de cebada, sopa de cebada y hasta agua de cebada. En menos de un mes hab\u00eda aumentado considerablemente mi peso. Un d\u00eda que el restaurante estaba cerrado, encontr\u00e9 otro lugar de comida vegetariana nuevo, casi sin clientes, situaci\u00f3n que me permiti\u00f3 platicar con el due\u00f1o \u2014que tambi\u00e9n era mesero\u2014, le coment\u00e9 mi preocupaci\u00f3n por mi aumento de peso y me interrog\u00f3 sobre lo que estaba comiendo. Con una risa burlona me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSabes lo que les dan a los puercos para engordarlos? Les dan cebada a diario\u201d, dijo retir\u00e1ndose de inmediato, todav\u00eda con la risa entre los labios para atender a otro comensal que acababa de llegar.<\/p>\n<p>Ser vegetariano en la ciudad resultaba dif\u00edcil todav\u00eda en la d\u00e9cada pasada por la reducida oferta de lugares con este\u00a0 tipo de comida, pero de noche era imposible encontrar un bocado: mientras mis\u00a0 amigos com\u00edan alg\u00fan taco de asada o de cabeza en un puesto callejero, yo me ten\u00eda que conformar con tacos de cebolla con cilantro y si ten\u00eda suerte podr\u00eda agregarle frijoles; la oferta gastron\u00f3mica nocturna cambi\u00f3 y ahora\u00a0 puedes encontrar un sinf\u00edn de platillos vegetarianos y veganos en distintos puntos de la ciudad, aun a altas horas de la noche.<\/p>\n<p>Durante ese tiempo me perd\u00ed de los pozoles familiares que organizaba mi mam\u00e1 despu\u00e9s de cerrar definitivamente su tienda, pero siempre hab\u00eda un plato de sopa de cebolla para el loquito que se negaba a comer carne.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>La ciudad de M\u00e9xico siempre me ha parecido una ciudad atractiva, a pesar de la paradoja que implica su caos permanente: otorga caricias a cada instante a trav\u00e9s de sus viejos edificios, su vertiginosa vida cultural \u2014despu\u00e9s de Londres es la ciudad con la mayor cantidad de museos en el mundo\u2014. Hace tres a\u00f1os, a punto de salir a un viaje a la playa con un grupo de amigos, los planes se vinieron abajo de forma abrupta, pero ten\u00eda los d\u00edas del puente del 20 de noviembre y no pod\u00eda desaprovecharlos, as\u00ed que, con mochila al hombro, en la que cargaba solo dos playeras, ropa interior para un par de d\u00edas y el boleto para regresar a Guadalajara, sin ninguna reservaci\u00f3n, llegu\u00e9 en autob\u00fas a la ciudad de M\u00e9xico. El ritual consist\u00eda en comprar un ejemplar de <em>Tiempo Libre<\/em>, revista semanal que ofrec\u00eda una especie de cartelera pormenorizada de todas las actividades culturales que se desarrollar\u00edan en la ciudad durante la semana (Dios tenga en el cielo de las revistas a esta publicaci\u00f3n que dej\u00f3 de editarse de manera reciente y que me regal\u00f3 muchas experiencias gratas). El siguiente paso era abordar el metro para llegar hasta la Alameda, desayunar en la Casa de los Azulejos, en el caf\u00e9 Tacuba, o en El Cardenal, dependiendo de lo que ya estuviera abierto.<\/p>\n<p>Un flamante reloj de luces led desde la Torre Latinoamericana anunciaba que faltaban algunos minutos para las ocho de la ma\u00f1ana. A esa hora solo el Sanborns de los Azulejos estaba en funciones, la comida ah\u00ed es lo de menos, all\u00ed me alimento de bocanadas de evanescencias: al instante veo a la \u201cG\u00fcera\u201d Rodr\u00edguez bajando por la escalera central, luego aparece la figura difuminada de Guti\u00e9rrez N\u00e1jera, empapando su bigote mientras bebe una copa de co\u00f1ac y un grupo de soldados zapatistas bebe unas tazas de chocolate.<\/p>\n<p>Desayun\u00e9 con tranquilidad, armando un posible itinerario con ayuda de la revista, cuando concluyo salgo del lugar para buscar un hotel, sab\u00eda que por las fechas los hoteles peque\u00f1os del centro estar\u00edan llenos; me dirig\u00ed por Eje central, paso a un lado de la fachada lateral de Bellas Artes y entre las jardineras veo a un sujeto negro, de estatura prominente, enfundado en una gabardina beige, lleva un altero de libros bajo el brazo. A la distancia lo contemplo con fascinaci\u00f3n por algunos instantes, mientras cambia el color del sem\u00e1foro. Pocos mortales han tenido el privilegio de ver un personaje que habita en una novela, en este caso en una de Bernardo Esquinca. En Inframundo<em>,<\/em> narra la historia de un libro m\u00edtico que dota de poder a quien lo posee; Esquinca desarrolla su historia en distintos lugares del centro hist\u00f3rico y tom\u00f3 algunos personajes frecuentes de esta zona, para recr\u00e9alos en su novela. Interpret\u00e9 este acontecimiento como una se\u00f1al de buen augurio; despu\u00e9s de algunos minutos llegu\u00e9 hasta Jos\u00e9 Mar\u00eda Izazaga, all\u00ed est\u00e1 el Hotel Virreyes<em>.<\/em> Disfrutaba de la elegante decadencia del lugar, pero al entrar al hotel me percat\u00e9 que ya hab\u00eda cambiado de nombre y ahora llevaba el logo de una cadena internacional. Me acerqu\u00e9 a la recepci\u00f3n para recibir un balde de agua fr\u00eda: no hab\u00eda habitaciones disponibles, porque la mayor parte del hotel estaba en remodelaci\u00f3n, ten\u00eda que permanecer en una lista de espera, hasta las tres de la tarde. Pens\u00e9 entonces que en un \u00e1rea repleta de hoteles eso no ser\u00eda un problema, pero estaba totalmente equivocado, porque en su mayor\u00eda estaban repletos, por tratarse de d\u00edas de asueto y por la promoci\u00f3n que hab\u00edan tenido algunos por el \u201cBuen fin\u201d. Casi dos horas despu\u00e9s encontr\u00e9 un motel por la calle Puente de Alvarado, con habitaciones disponibles y bellas edecanes en la entrada.<\/p>\n<p>Originalmente hab\u00eda pensado visitar primero la Pinacoteca de la Iglesia de la Profesa para conocer su colecci\u00f3n de pinturas del periodo virreinal, le\u00ed que solo permit\u00edan la entrada los s\u00e1bados al medio d\u00eda, al grupo de personas que se encontraban formadas en la sacrist\u00eda. Ya eran casi las doce, ni tomando un taxi hubiera llegado a tiempo: cambi\u00e9 los planes y decid\u00ed visitar una exposici\u00f3n en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Algunas cuadras antes de ingresar al museo, entr\u00e9 a un cajero autom\u00e1tico y retir\u00e9 cuatro mil pesos, que me permitir\u00edan no volver a retirar efectivo; coloqu\u00e9 mi cartera en la mochila, donde ahora solo cargaba una botella de agua y contin\u00fae mi camino hacia San Ildefonso. Al ingresar, dej\u00e9 la mochila en la paqueter\u00eda, saqu\u00e9 mi cartera de la mochila y la coloqu\u00e9 en la bolsa delantera del pantal\u00f3n. La exposici\u00f3n mostraba una parte del acervo pl\u00e1stico del Museo Nacional de Arte Chino, lo que m\u00e1s me llam\u00f3 la atenci\u00f3n fueron las pinturas antiguas de gran formato hechas con tinta tan diluida como si se tratara de acuarelas, el arte contempor\u00e1neo chino me pareci\u00f3 igual que el occidental: una broma.<\/p>\n<p>Sal\u00ed del museo alrededor de las dos de la tarde y se me ocurri\u00f3 que podr\u00eda caminar por la calle de Moneda para visitar la Academia de San Carlos, pero la encontr\u00e9 cerrada; decid\u00ed caminar un poco por las calles aleda\u00f1as, hac\u00eda muchos a\u00f1os que hab\u00eda tomado como zona l\u00edmite a la Catedral, sin penetrar m\u00e1s all\u00e1, al\u00a0 considerar esa \u00e1rea como territorio vedado, pero ese d\u00eda ten\u00eda el \u00edmpetu de perderme un poco entre esas callecitas que ofrec\u00edan todav\u00eda el placer de contemplar palacetes desvencijados. Al dar vuelta a la calle, me encontr\u00e9 con una marea humana comprando gangas en cientos de puestos improvisados en las banquetas; tuve la impresi\u00f3n de que me iba moviendo la propia inercia que llevaba la aglomeraci\u00f3n; de pronto, sent\u00ed un fuerte empuj\u00f3n que hizo que mi nuca se estrellara contra un muro, solo vi pasar un grupo de hombres r\u00e1pidamente frente a m\u00ed \u2014pudieron ser cuatro o veinte\u2014 todo sucedi\u00f3 en un par de segundos. Cuando logr\u00e9 escapar de la multitud, me di cuenta de que mi cartera hab\u00eda desaparecido y con ella mis identificaciones, mi tarjeta de cr\u00e9dito y el efectivo, como el celular estaba en mi bolsa trasera del pantal\u00f3n, no se lo llevaron. Intent\u00e9 reportar la tarjeta, pero no entraba la llamada. Record\u00e9 que por la de 5 de Mayo hab\u00eda una sucursal abierta los s\u00e1bados; trat\u00e9 de correr, entr\u00e9 a la sucursal ba\u00f1ado en sudor, con unos pantalones de mezclilla muy rotos y unos huaraches de campesino, vi a un ejecutivo de cuenta atareado sobre el teclado de una computadora, sin saludarlo comienzo a explicarle lo que me ocurri\u00f3. Por suerte llevo el \u00faltimo recibo que me imprimi\u00f3 el cajero autom\u00e1tico, el ejecutivo me hace la conexi\u00f3n telef\u00f3nica, y cancel\u00e9 la tarjeta mientras \u00e9l verificaba que no la hubieran utilizado.<\/p>\n<p>Camin\u00e9 hacia El Gallo de Oro, una de las cantinas m\u00e1s antiguas de la ciudad de M\u00e9xico, comenc\u00e9 a sentir la nuca y la espalda adoloridas por el impacto. Sin percibirlo, la tarde soleada se hab\u00eda ido transformando a un cielo gris\u00e1ceo del que comenzaban a resbalar miles de finas gotas. Solo contaba con un billete de doscientos pesos, algunas monedas y varios boletos del metro. El mesero me mostr\u00f3 la carta antes de decirme algo, tal vez crey\u00f3 que era un indigente \u2014aunque pr\u00e1cticamente lo era\u2014 revis\u00e9 el precio de las cervezas y ped\u00ed una mientras ve\u00eda el men\u00fa. Para mi sorpresa ofrec\u00edan sopa de cebolla; con todo mi capital puedo pedir un par de cervezas y una sopa de cebolla. Cuando la pruebo, las posibilidades se unen: s\u00e9 que todo estar\u00e1 bien y hasta pens\u00e9 entonces que en alg\u00fan momento podr\u00eda escribir sobre el d\u00eda que la ciudad de M\u00e9xico me avent\u00f3 y luego me arrop\u00f3 con una sopa de cebolla calientita.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor de la presente cr\u00f3nica nos habla de su infancia, su incursi\u00f3n en el vegetarianismo y de una aventura que vivi\u00f3 hace algunos a\u00f1os en la Ciudad de M\u00e9xico, llevando como hilo conductor a la sopa de cebolla. \u00a0 \u00a0 Efra\u00edn Amador Foto de la sopa de cebolla de Sheri Silver en Unsplash Foto de la Ciudad de M\u00e9xico de Jezael Melgoza en Unsplash. &nbsp; &nbsp; Es s\u00e1bado, en el refrigerador solo habitan los sobrevivientes de la semana y otros productos que de tanto verlos se hicieron invisibles: tres latas de cerveza Pac\u00edfico light, cuatro zanahorias, un br\u00f3coli totalmente amarillo que nunca fue parte de ninguna ensalada, media botella con Calpico como \u00faltimo vestigio de una cena de sushi ocurrida\u00a0 hace un mes, una botellita de salsa de soya baja en sodio en la que flota una nata blanca \u2014como nebulosa cautiva\u2014, una salsa inglesa, salsa c\u00e1tsup caducada, un frasco peque\u00f1o con sedimentos de mermelada de zarzamora sin az\u00facar, un pepino, dos corazones de lechuga y un medall\u00f3n de at\u00fan congelado, una botella de jugo de manzana espumoso refrigerada desde hace un\u00a0 a\u00f1o, tres jitomates y casi un kilo de cebollas. 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