{"id":3732,"date":"2020-08-14T02:52:27","date_gmt":"2020-08-14T07:52:27","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3732"},"modified":"2020-08-14T02:52:27","modified_gmt":"2020-08-14T07:52:27","slug":"la-resistencia-de-bacalar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3732","title":{"rendered":"La resistencia de Bacalar"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3733\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"2400\" height=\"1266\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash.jpg 2400w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-300x158.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-1024x540.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-768x405.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-1536x810.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-2048x1080.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/Bacalar_camila-vazquez-ksbTiVBmq-A-unsplash-640x338.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2400px) 100vw, 2400px\" \/>\u00a0<\/strong><\/p>\n<blockquote><p><strong>\u00a0<\/strong>\u00bfQu\u00e9 hacer ahora que la pandemia nos detiene para viajar? Recordar las ocasiones que viajamos. Porque como escribi\u00f3 Ricardo Piglia: \u201c\u2026 el viaje es una de las estructuras centrales de la narraci\u00f3n: alguien sale del mundo cotidiano, va a otro lado y cuenta lo que ha visto, la diferencia\u201d. Es lo que el autor de la presente cr\u00f3nica nos trae, del caribe mexicano.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4><strong>Alejandro Alvarado<\/strong><\/h4>\n<pre>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@camivaz28?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Camila V\u00e1zquez<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/bacalar?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/pre>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La Laguna de Bacalar es una paleta de siete tonos de azul que se resisten a la mancha del ser humano. Si hace cientos de a\u00f1os nadaron por estas aguas los piratas m\u00e1s sanguinarios de Francia, Inglaterra y de Holanda, hoy somos los turistas quienes nos sumergimos y nos embarramos el cuerpo con la arena blanca, tratando de exfoliar las marcas que nos ha dejado la ciudad de cables y de sem\u00e1foros descompuestos.<\/p>\n<p>Llegan decenas de turistas. Llegan en lanchas ruidosas por el motor y por las grabadoras encendidas. Bajan con cuidado para que no se mojen las papas que llevan en la bolsa y la cerveza en lata. El lanchero se apresura y les pide que no bajen ning\u00fan alimento o bebida. Devuelven todo y se van renegando al canal de los piratas donde vamos a nadar todos.<\/p>\n<p>Mi esposa cont\u00f3 hasta tres y yo hasta cinco para brincar del velero a las aguas tibias.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Las gotas que no mojan<\/strong><\/p>\n<p>El pueblo de Bacalar lo recorrimos sin mapa. Buscamos degustar su comida, conocer sus sitios y dar una cucharada a la luna, como recomienda el poeta Jaime Sabines. Nos sentamos en la plaza principal para decidir qu\u00e9 har\u00edamos al d\u00eda siguiente cuando una llovizna nos sorprendi\u00f3. Las gotas deb\u00edan escurrir desde lo m\u00e1s alto del cielo porque apenas y se ve\u00edan los hilos de la cortina de agua.<\/p>\n<p>La llovizna no nos moj\u00f3 y tampoco apag\u00f3 el cigarrillo que fumaba el marinero tatuado que ten\u00edamos enfrente. Minutos atr\u00e1s hab\u00eda estacionado su bicicleta de monta\u00f1a y se sent\u00f3 para afinar su guitarra vieja y raspada. Nos escuch\u00f3 inseguros y como si nos conociera de tiempo atr\u00e1s, nos recomend\u00f3 visitar el canal de los piratas, \u201cpero h\u00e1ganlo en velero para que disfruten el viaje, es una buena experiencia\u201d, sugiri\u00f3.<\/p>\n<p>Aceptamos esa y otra recomendaci\u00f3n. Seguimos las se\u00f1as que nos dio para llegar a un bar ubicado a la orilla de la laguna donde tocar\u00edan m\u00fasica en vivo. Al fondo hab\u00eda una barra de bebidas iluminadas con luces navide\u00f1as y una luz de ne\u00f3n roja ca\u00eda sobre nuestro nuevo amigo mientras tocaba una canci\u00f3n de The Credence, ah\u00ed, cuando lo presentaron, nos enteramos que era capit\u00e1n de un velero; sigui\u00f3 la noche con la voz de dos j\u00f3venes uruguayas y las cuerdas de un ukulele. Pas\u00f3 la m\u00fasica rock, reggae y cerr\u00f3 un grupo de percusiones improvisadas formadas por turistas de distintos pa\u00edses que se quedaron a vivir en Bacalar.<\/p>\n<p>Todos \u00e9ramos turistas en este pueblo que los mayas denominaron alguna vez Bakjalal.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Once ca\u00f1ones y una pirata<\/strong><\/p>\n<p>Cuando recorr\u00edamos el antiguo Fuerte de San Felipe de Bacalar conocimos la historia de los piratas que constantemente saquearon aquella colonia que fue este pueblo. Iban por algo m\u00e1s valioso que el oro: el palo de tinte, un \u00e1rbol de donde extra\u00edan el tinte rojizo que serv\u00eda para pintar las ropas y alfombras elegantes de los reyes de entonces.<\/p>\n<p>La fortificaci\u00f3n, con una posici\u00f3n t\u00e1ctica y tambi\u00e9n privilegiada ante la laguna, conserva su fosa, sus torres y 11 de los 34 ca\u00f1ones que dispararon contra las embarcaciones de temidos piratas, especializados en la tortura, en la t\u00e1ctica del pillaje y las fortunas alcanzadas. Entre los nombres me brincaba extra\u00f1amente Anne Bonny.<\/p>\n<p>Conocimos la historia de la resistencia y la insurrecci\u00f3n de los pueblos mayas ante los espa\u00f1oles, despu\u00e9s observamos las armaduras, las espadas y las escopetas que utilizaron para doblegar una cultura, pero el nombre de Anne segu\u00eda dando vueltas en mi cabeza.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la exposici\u00f3n hist\u00f3rica llegamos a una sala donde se mostraban las pinturas que ni\u00f1os de Bacalar hab\u00edan hecho de su laguna. Disfrutaba los trazos infantiles, coloridos y despreocupados cuando record\u00e9 que la historia de la pirata Anne Bonny estaba entre los \u201cCuentos de buenas noches para ni\u00f1as rebeldes 2\u201d que por las noches le le\u00eda a mi hija. La caprichosa vida enlaza las historias de manera misteriosa.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Se llevaron el tesoro<\/strong><\/p>\n<p>Exploramos la laguna desde un pesado catamar\u00e1n que parad\u00f3jicamente se deslizaba con ligereza por el agua. El <em>Trimmer<\/em> calculaba la fuerza de la corriente y la direcci\u00f3n del viento para dar indicaciones a su equipo, el <em>Proel<\/em> y la <em>Dos<\/em>, y colocar las velas como mejor conven\u00eda. Ya de por s\u00ed, los paisajes naturales de Bacalar eran un espect\u00e1culo, pero tambi\u00e9n lo era el trabajo de los tripulantes de esta embarcaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nuestro inter\u00e9s por conocer el palo de tinte era honesto. No quer\u00edamos traficar con el preciado bot\u00edn del siglo pasado, sino conocer aquel \u00e1rbol originario de la pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n que tanta codicia y sangre provoc\u00f3, pero los marinos nunca nos dijeron cu\u00e1l era, quiz\u00e1 por desconocimiento o por un a\u00f1ejo sentido de protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s supe que el \u00e1rbol alto y espinoso estuvo frente a nosotros de manera an\u00f3nima. As\u00ed como la Grana cochinilla la utilizaban culturas ind\u00edgenas para obtener tintes, los mayas extra\u00edan del palo de tinte tonos negro, caf\u00e9 y sepia.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El primer clavado<\/strong><\/p>\n<p>Como todos los ni\u00f1os, las clases de nataci\u00f3n empezaron con la ayuda de una tabla. En una de las vueltas que d\u00e1bamos, solt\u00e9 la tabla, no la alcanc\u00e9, me hund\u00ed y tragu\u00e9 litros de agua clorada. El profesor me sac\u00f3 de lo profundo, pero yo ya me hab\u00eda ingerido el veneno del miedo, uno que no se va jam\u00e1s y que entume las extremidades.<\/p>\n<p>No pienses que desde entonces no me he metido a la alberca o al mar, claro que s\u00ed, lo disfruto desde la orilla o donde la ola llega reducida a espuma, le expliqu\u00e9 a mi maestro de nataci\u00f3n 25 a\u00f1os despu\u00e9s de aquella primera experiencia. El\u00edas, como se llama el profesor de nataci\u00f3n, asumi\u00f3 el reto y en un mes logr\u00f3 que pudiera nadar de una orilla a otra y sin tabla.<\/p>\n<p>Ese primer clavado en Bacalar fue un chapuz\u00f3n a las aguas de la memoria.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La resistencia a punto de caer<\/strong><\/p>\n<p>La laguna de los siete tonos de azul ha resistido los embates de la historia, pero hoy su peor enemigo es tambi\u00e9n su palanca de desarrollo: el turismo. Con los visitantes nacionales e internacionales se produjo m\u00e1s basura y aguas residuales que sobrepasan la infraestructura del peque\u00f1o pueblo, de apenas 11 mil habitantes.<\/p>\n<p>Bacalar todav\u00eda no resuelve c\u00f3mo proteger su ecosistema, cuando ya se proyecta la construcci\u00f3n de una estaci\u00f3n del Tren Maya y recibir todav\u00eda m\u00e1s turismo. Los ecologistas estiman que diez a\u00f1os bastar\u00edan para que la laguna cambie sus colores azules por las aguas negras del desarrollo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0\u00bfQu\u00e9 hacer ahora que la pandemia nos detiene para viajar? Recordar las ocasiones que viajamos. Porque como escribi\u00f3 Ricardo Piglia: \u201c\u2026 el viaje es una de las estructuras centrales de la narraci\u00f3n: alguien sale del mundo cotidiano, va a otro lado y cuenta lo que ha visto, la diferencia\u201d. Es lo que el autor de la presente cr\u00f3nica nos trae, del caribe mexicano. \u00a0\u00a0 Alejandro Alvarado Foto de Camila V\u00e1zquez en Unsplash. \u00a0 La Laguna de Bacalar es una paleta de siete tonos de azul que se resisten a la mancha del ser humano. Si hace cientos de a\u00f1os nadaron por estas aguas los piratas m\u00e1s sanguinarios de Francia, Inglaterra y de Holanda, hoy somos los turistas quienes nos sumergimos y nos embarramos el cuerpo con la arena blanca, tratando de exfoliar las marcas que nos ha dejado la ciudad de cables y de sem\u00e1foros descompuestos. Llegan decenas de turistas. Llegan en lanchas ruidosas por el motor y por las grabadoras encendidas. Bajan con cuidado para que no se mojen las papas que llevan en la bolsa y la cerveza en lata. El lanchero se apresura y les pide que no bajen ning\u00fan alimento o bebida. 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