{"id":3758,"date":"2020-09-05T01:13:05","date_gmt":"2020-09-05T06:13:05","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3758"},"modified":"2020-09-05T01:13:05","modified_gmt":"2020-09-05T06:13:05","slug":"la-golondrina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3758","title":{"rendered":"La golondrina"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3759\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/golondrinas_1237386605_83590436_667x375.jpg\" alt=\"\" width=\"667\" height=\"375\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/golondrinas_1237386605_83590436_667x375.jpg 667w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/golondrinas_1237386605_83590436_667x375-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/golondrinas_1237386605_83590436_667x375-640x360.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 667px) 100vw, 667px\" \/>\u00a0<\/strong><\/p>\n<blockquote><p>\u00bfSe trata de un viaje? \u00bfUn recuerdo de infancia? \u00bfLa muerte de su abuelo? Esta cr\u00f3nica podr\u00eda ser sobre muchas cosas; lo cierto es que es poderosamente hermosa y rica en historias, en im\u00e1genes, que seguramente nos parecen tan cercanas, porque la historia bien pudiera ser la de cualquiera.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4><strong>\u00a0<\/strong>NoHilda<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Una flecha cruza el cielo para herir a la nostalgia. Y, sin embargo, la revive. El cielo ha<\/em> <em>llorado, anticipado y angustiado por la pena. Y la tierra ungida en aquel llanto enternece a<\/em> <em>cada paso.<\/em><\/p>\n<p><em>Con esas alas punzantes y cortantes las golondrinas abren heridas que cre\u00edamos<\/em> <em>cicatrizadas. P\u00e1jaros de tristes suplicios, cortan las venas de los vientos. Abren, cual<\/em> <em>escalpelo, la piel del tiempo. Y nosotros, bajo aquellas gotas de presente, cimentamos<\/em> <em>nuestra propia muerte.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tierra roja estar\u00eda acumul\u00e1ndose sobre el f\u00e9retro. Terr\u00f3n tras terr\u00f3n, esa tierra roja que en mi infancia se apelmazaba en las suelas de mis zapatos haci\u00e9ndolos m\u00e1s grandes y m\u00e1s pesados, ese d\u00eda estar\u00eda maciza sobre el caj\u00f3n de mi abuelo. Hay un compromiso entre la vida y la tierra, una suerte de pr\u00e9stamo o intercambio entre una y otra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ram\u00f3n Am\u00e9zquita naci\u00f3 y creci\u00f3 en La Capilla de Milpillas, trabaj\u00f3 en Estados Unidos, se cas\u00f3 y tuvo siete hijos en Guadalajara; luego, su cuerpo regres\u00f3 a su lugar de origen para ser sepultado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tierra de La Capilla es de un color sangre que no termina de secarse. Una sangre materna que no termin\u00f3 de cortar. Uno o dos insectos se mueren lentamente en el parabrisas de los coches cuando uno va entrando por la carretera reci\u00e9n pavimentada. Cuando era ni\u00f1a, el n\u00famero de muertes quiz\u00e1 superaba las tres cifras, y ahora ya ni siquiera nacen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para mis a\u00f1os de secundaria y preparatoria, ir a La Capilla significaba una huida. Y huir de m\u00ed era lo que m\u00e1s me gustaba. En ese lugar nunca era Hilda: era la nieta de Ram\u00f3n, la sobrina de Salvador o la hija de Rosendo. Estar detr\u00e1s de otro nombre me hac\u00eda sonre\u00edr sin tantos miedos. La nieta-sobrina-hija de alguien pod\u00eda andar por todo el pueblo con la incomodidad y \u2014tambi\u00e9n\u2014 con la seguridad de saberse observada. Al ser un pueblo peque\u00f1o, no solamente todos se conocen, sino que todos conocen la vida privada de los dem\u00e1s. Si hac\u00eda algo mal, todo el pueblo se daba cuenta primero antes que yo. Luego, me mandaban avisos a trav\u00e9s de las miradas. Un <em>piercing<\/em> nunca fue tan popular en otro lugar, nunca fue tema de las miradas inquisitivas en misa de seis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi abuelo siempre llegaba al pueblo antes que nosotros, pero el d\u00eda de su entierro todos llegamos antes que su cuerpo. El d\u00eda ocho de diciembre es la gran fiesta de La Capilla. Nadie en su sano juicio duerme m\u00e1s de tres horas. Despu\u00e9s de Mazamitla, es el lugar en el que mis huesos m\u00e1s se han comprimido de fr\u00edo. Mi abuelo llegaba desde el d\u00eda cinco, y para mi cumplea\u00f1os \u2014que es el seis\u2014 \u00e9l estaba en su pueblo (yo har\u00eda lo mismo). En cada casa de La Capilla ten\u00eda un conocido y en cada casa ten\u00eda algo que saber, algo que preguntar o algo que callarse. Nunca lo vi platicar, siempre escuchaba. Asent\u00eda. El arte de asentir no es para cualquiera, hay que hacerlo lento, extenso, solemne. Entre m\u00e1s lento m\u00e1s solemne, esos que asienten como ataque epil\u00e9ptico no est\u00e1n escuchando, solo refuerzan sus ideas son las palabras de otros. El asentimiento lento es la rumiaci\u00f3n, la masticaci\u00f3n, el paladeo. Es mi abuelo en cada quijada. Ram\u00f3n siempre le\u00eda el peri\u00f3dico y la primera vez que sal\u00ed en el peri\u00f3dico \u00e9l ya estaba muerto. Tampoco es que hubiera dicho nada interesante, pero hubiera apreciado su asentimiento como un latido visible de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La golondrina se viste de las posibilidades inexistentes y nos deja en su vuelo la duda de<\/em> <em>qui\u00e9n hubi\u00e9ramos sido, si esa otra vez que nos visit\u00f3 hubi\u00e9ramos ido en otra direcci\u00f3n, si<\/em> <em>hubi\u00e9ramos dicho que no, si hubi\u00e9semos o no, escuchado al coraz\u00f3n. El p\u00e1jaro de la<\/em> <em>incisiva culpa, vuela y revuela entre los recuerdos como en las interminables calles.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras mi abuelo hac\u00eda su ruta de informaci\u00f3n con todos sus conocidos \u2014enti\u00e9ndase todos los del pueblo\u2014, los dem\u00e1s nos entreten\u00edamos en su terreno regando pasto, cortando papayas verdes o esquiv\u00e1ndonos las miradas mientras desenvolv\u00edamos dulces de leche o cocadas compradas en la gasolinera. En esas tardes aprend\u00ed a pelar semillas de naranja y sand\u00eda. As\u00ed de divertido era. Cuando fue su entierro esas ganas de tener una sand\u00eda o naranja enfrente casi se me desbordaban por los ojos y decid\u00ed ir a regar el pasto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En La Capilla hay una tienda donde tienen de todo, cosas que no conoc\u00eda en Guadalajara existen en ese local. Por ejemplo: dulces americanos, panes de don Eusebio y los dependientes m\u00e1s hermosos que haya visto. Dos hermanos y dos hermanas de ojos verdes y azules dan el cambio en monedas mientras el trance celestial se pasa. Vend\u00edan las paletas heladas rellenas de chocolate m\u00e1s deliciosas que hab\u00eda probado y yo pod\u00eda comerme tres solo por ir al trance que me proporcionaba ir a ver a esos cuatro hermanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres hija de Rosendo?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVienen a saludar a tus t\u00edos?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe van a ir hoy?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puede decir alguien cuando est\u00e1 en trance?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por las tardes, harta de pelar semillas, sal\u00eda a explorar las alturas de los cerros. No sin antes llegar por mi paleta helada. Una cruz de hierro mal pintada se impon\u00eda ante nuestros pies junto a la vista panor\u00e1mica m\u00e1s alta de La Capilla. \u201cDonaci\u00f3n de la familia Ram\u00edrez\u201d. A unos cinco metros de la cruz hab\u00eda una casa de madera y lona donde viv\u00eda el encargado de cuidar que nadie hiciera \u201cvagancias\u201d en aquel monumento oxidado, pero nunca tuvimos la suerte de verlo,\u00a0siempre tuve la duda de que quien viv\u00eda ah\u00ed fuera real. Al bajar hab\u00eda una casa de cuatro pisos llena de nidos de p\u00e1jaro. Una colmena de golondrinas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No era canto de aves, no era un chillido, era un zumbido. Miles de golondrinas llenaban la casa con nidos de barro, con polluelos hambrientos, como abejas en primavera. Alrededor de las seis de la tarde las golondrinas adultas regresaban con el cogote lleno de pur\u00e9 de insectos que regurgitaban encima de sus peque\u00f1as aves. En los alambres, en los postes, en los \u00e1rboles, en otras casas. Una plaga.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mayor parte del a\u00f1o, a pesar de estar cubierta de barro, esa casa est\u00e1 vac\u00eda. El barro rodeaba la casa. \u00bfCu\u00e1nto pesar\u00e1 con todos esos pisos? Recuerdo las suelas de mis zapatos como esa casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No pude estar en el entierro de mi abuelo, tuve que regresar a darles de cenar a mis hijos. Les cont\u00e9 el viaje con mi cogote lleno de recuerdos y mis tenis llenos de lodo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Con su vuelo pesado y silencioso, un d\u00eda desaparece. Un d\u00eda, despu\u00e9s de haber<\/em> <em>despedazado al cielo con su vuelo, y ya no hay m\u00e1s donde cortar, ya se ha ido. El olvido<\/em> <em>resarce las nubes y la tierra vuelve a ser firme, las hojas secas cubren las huellas y el<\/em> <em>mundo se pone a erguirse de nuevo, restaurando una nueva, m\u00e1s no diferente, visi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00bfSe trata de un viaje? \u00bfUn recuerdo de infancia? \u00bfLa muerte de su abuelo? Esta cr\u00f3nica podr\u00eda ser sobre muchas cosas; lo cierto es que es poderosamente hermosa y rica en historias, en im\u00e1genes, que seguramente nos parecen tan cercanas, porque la historia bien pudiera ser la de cualquiera. \u00a0 \u00a0NoHilda &nbsp; Una flecha cruza el cielo para herir a la nostalgia. Y, sin embargo, la revive. El cielo ha llorado, anticipado y angustiado por la pena. Y la tierra ungida en aquel llanto enternece a cada paso. Con esas alas punzantes y cortantes las golondrinas abren heridas que cre\u00edamos cicatrizadas. P\u00e1jaros de tristes suplicios, cortan las venas de los vientos. Abren, cual escalpelo, la piel del tiempo. Y nosotros, bajo aquellas gotas de presente, cimentamos nuestra propia muerte. &nbsp; La tierra roja estar\u00eda acumul\u00e1ndose sobre el f\u00e9retro. 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