{"id":3780,"date":"2020-10-02T13:09:50","date_gmt":"2020-10-02T18:09:50","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3780"},"modified":"2024-09-09T14:27:47","modified_gmt":"2024-09-09T19:27:47","slug":"dios-de-las-luciernagas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3780","title":{"rendered":"Dios de las luci\u00e9rnagas"},"content":{"rendered":"<p><em><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3781\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"2400\" height=\"1600\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash.jpg 2400w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/antoino-lopez-CAaqUyHLRos-unsplash-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2400px) 100vw, 2400px\" \/>\u00a0<\/em><\/p>\n<blockquote><p>Con una muy poderosa prosa, bien construida, con hermosas im\u00e1genes, la autora nos lleva de la mano por un recuerdo de su infancia, engarzando habilidosamente eslabones de su historia, en el que no pod\u00eda faltar la educaci\u00f3n religiosa, los escabrosos secretos de familia y, al final la seguridad de que uno se construye su propia historia, m\u00e1s all\u00e1 de las propias convenciones.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<h4>Minerva Mendoza<\/h4>\n<pre>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@antoniolopezvelasco?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Antoino Lopez<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/estrellas?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/pre>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un cielo lleno de estrellas y un campo habitado por luci\u00e9rnagas, un arriba y un abajo llenos de noche y de luz fue la imagen que me desdobl\u00e9 del origami de mi infancia. Una vez puesta a recordar, otras tantas im\u00e1genes se desdoblaron mostrando las marcas de sus dobleces en m\u00ed, pero me detuve en esta, inspirada, tal vez, por la bracita del cigarro que me iba yo fumando, mientras calculaba en el pensamiento qu\u00e9 escribir, y, a lo mejor, porque me pareci\u00f3 lindo, tierno, que por ah\u00ed en la contemplaci\u00f3n de esa noche en la monta\u00f1a, se me sembrara sola y desde lo sentido la forma del Dios que me construir\u00eda en la adultez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La primera esquina de esta imagen se llama Satan\u00e1s.<\/strong><\/p>\n<p>Un d\u00eda de mis 9 a\u00f1os, mi madre, tan llena de buenas intenciones para con sus hijas, mi hermana menor y yo, decidi\u00f3 que era hora de mandarnos al catecismo para que pudi\u00e9ramos hacer nuestra primera comuni\u00f3n. As\u00ed, mi madre tramit\u00f3 lo tramitable, y cada s\u00e1bado, durante algunos meses, que, calculo, bien pudieron ser tres, seis, o vaya uno a saber, fui junto con mi hermana al catecismo.<\/p>\n<p>Tan aplicada y obediente, como se pueda imaginar, me dispuse a ser una buena cat\u00f3lica, y a seguir, ciega, sorda, muda, coja y manca, todo lo que mis catequistas me dijeran que era el camino de la virtud; y as\u00ed, como quien entra a la casa sin ser invitado, pero sin grandes esc\u00e1ndalos que provoquen alarma, apareci\u00f3 Satan\u00e1s en mi vida.<\/p>\n<p>Dios hab\u00eda llegado antes de forma apenas dibujada y muy poco comprensible en el \u201cPadre nuestro que est\u00e1s en los cielos\u201d para ir a dormir, en el nombre\u00a0 del Padre, de Hijo y de Esp\u00edritu Santo para tocarle la puerta y decirle \u201cbuenas noches\u201d, en la cartita al ni\u00f1o Dios, pero el Se\u00f1or del Averno, el Amo de las Tinieblas, ese, cuyo nombre no debe pronunciarse y que a todos mal aconseja para conseguir la perdici\u00f3n de nuestras almas, ese, que hasta entonces solo hab\u00eda sido un personaje de las pel\u00edculas de terror a las que me hab\u00eda vuelto fan gracias a la credencial del video club que mi mam\u00e1, insisto, tan llena de buenas intenciones, nos hab\u00eda dado permiso de tener y administrar libremente a mi hermana y a m\u00ed, cobr\u00f3 dimensi\u00f3n y forma f\u00e1ciles para mi imaginaci\u00f3n y mi entendimiento. Entender al Diablo resultaba m\u00e1s f\u00e1cil que entender a Dios.<\/p>\n<p>En medio de clases de catecismo que nom\u00e1s no entend\u00eda por m\u00e1s esfuerzo que pusiera, un sinf\u00edn de dibujos del Antiguo Testamento, boletitos de asistencia con valor monetario para pagar con ellos en alguna kermes equis del templo, y pintas con mis amigos a la unidad deportiva de la colonia, me aprend\u00ed de memoria las oraciones aprendibles, las respuestas contestables para las cien preguntas del librito del catecismo y todos los mandamientos para, al fin, el 10 de mayo de mis 9 a\u00f1os hacer mi primera comuni\u00f3n en la Parroquia de Santa Sof\u00eda, y poder as\u00ed empezar a entregarme devotamente al catolicismo para al final, con mucho trabajo y sacrificio, convertirme en una santa, porque, s\u00e9pase, a m\u00ed me dijeron que de eso depend\u00eda la salvaci\u00f3n de mi alma, y yo aceptaba que al morir, como a eso de los 100 a\u00f1os, bien pudiera irme al purgatorio un rato, pero por supuesto que claro que desde luego que no al infierno.<\/p>\n<p>La idea de Lucifer y sus mil trampas se convirti\u00f3 en una especie de paranoia y cerraz\u00f3n que atrap\u00f3 mis d\u00edas con sus cosas, pero sobre todo mis noches con sus pensamientos, y as\u00ed llegu\u00e9 a mis 10, a mis 11 a\u00f1os, sintiendo que mi mente, mi coraz\u00f3n, mi cuerpo y mi alma estaban habitados por el pecado, por todos los pecados, los veniales y hasta uno que otro mortal, como ese que tiene que ver con matar, porque yo mataba zancudos y cucarachas, y porque, adem\u00e1s, com\u00eda animales que alguien m\u00e1s hab\u00eda matado y ya saben, se peca en pensamiento, palabra, obra y omisi\u00f3n, y \u201ctanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata\u201d, y esto solo es un algo qu\u00e9 decir, porque casi a diario yo pod\u00eda descubrirme en la mentira, en la envidia, en la pereza, en la gula, en la lujuria, la vanidad, y aunque a la ira, la soberbia y a la avaricia no las entend\u00eda bien, estaba segura de que tan mala persona como era yo, seguro que tambi\u00e9n andaba as\u00ed yo por la vida. Todo empeoraba cuando me pon\u00eda a sacar las cuentas de las misas a las que no hab\u00eda ido, de las confesiones a medias que hab\u00eda dado y las comuniones en pecado que hab\u00eda aceptado, ya no se diga de mis faltas con los d\u00edas de guardar. Sin darme cuenta, yo ya me hab\u00eda construido mi propio infiernito y mis torturas personales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La segunda esquina bien podr\u00edamos llamarla V\u00eda l\u00e1ctea y las luci\u00e9rnagas.<\/strong><\/p>\n<p>En un cerro de la monta\u00f1a michoacana est\u00e1 la Rosa Blanca, un rancho m\u00e1s grande que chico en donde creci\u00f3 mi mam\u00e1. No \u00edbamos mucho porque, bueno, las familias tienen sus truculencias y entre las de mi familia materna hab\u00eda una hija, mi madre, con demasiada belleza y un padrastro, el suyo, con demasiada lujuria, pero el amor de mi madre por su madre, mi abuela, y la muy mala vida con su esposo, mi padre, la anim\u00f3 a viajar en muy contadas ocasiones hasta aquel lugar lejano, montada en su amor y con nosotras, sus hijas, iba, dig\u00e1moslo as\u00ed, resguardada a ser feliz por unos cuantos d\u00edas a orde\u00f1ar y besar vacas, ba\u00f1arse en alg\u00fan r\u00edo con agua m\u00e1s helada que fr\u00eda, y a re\u00edrse, desde su amor, de lo rid\u00edculamente citadinas que eran sus hijas, mi hermana menor y yo.<\/p>\n<p>La vida all\u00e1 era de otro mundo, todo era de otro tiempo, de otro modo, con otro ritmo, todo sab\u00eda y se ve\u00eda distinto, y era tanta su hermosura que no hab\u00eda, no hay manera de permanecer ah\u00ed un par de d\u00edas para luego regresar a la ciudad siendo la misma persona. No hab\u00eda energ\u00eda el\u00e9ctrica, ni ba\u00f1o o regadera, gas, y las cosas tan cotidianas como un refrigerador, una estufa o una lavadora eran casi un absurdo. Y aunque mis sentidos s\u00ed daban para apreciar la hermosura del bosque, aquello para m\u00ed, casi era s\u00f3lo un sacrificio y un aburrimiento de muerte, pero ah\u00ed, en medio de una total oscuridad se ilumin\u00f3 ac\u00e1, como a la media vuelta de este doblez de mi coraz\u00f3n, un algo que, asustado, se hab\u00eda metido debajo de las cobijas en espera de la condenaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>Entonces, una noche, una presi\u00f3n en la vejiga me despert\u00f3 y me oblig\u00f3 a salir con urgencia; fui en busca de un arbusto cualquiera que salvaguardara una privacidad que no necesitaba ser salvaguardada de las ranas o los animales de la noche y me alej\u00e9 apenas un poco de los dos cuartos que hac\u00edan de casa. Desahogada, de regreso al cuarto, casi por accidente, un cielo estrellado pronunci\u00f3 mi nombre para que volteara a verlo, me detuve para mirar hacia arriba, vi las estrellas, eran miles, millones de luces mir\u00e1ndome a los ojos, unas, se agrupaban en una franja que atravesaba el cielo y yo, ingenua, llena de sorpresa, solo alcanc\u00e9 a pensar en dos palabras \u201cv\u00eda l\u00e1ctea\u201d que me hab\u00edan ense\u00f1ado en la escuela, pero aquel pensamiento no expresaba lo que m\u00e1s adentro de m\u00ed se iluminaba, pasaron lo que bien pudieron ser apenas unos segundos o minutos \u00bfc\u00f3mo saberlo?, las estrellas y yo \u00e9ramos una sola cosa, un algo pronunciado en una sola palabra, despu\u00e9s, delante de mis ojos, mirando un poco hacia el horizonte, cientos o miles de luces aparecieron, eran peque\u00f1as lucecitas intermitentes sobre el campo, otra vez, ingenua, s\u00f3lo atin\u00e9 a pronunciar otra palabra aprendida, \u201cluci\u00e9rnagas\u201d me dije, mientras ac\u00e1, adentro, lo iluminado echaba sus ra\u00edces. Lo dem\u00e1s, lo que seguro sigui\u00f3 a esa noche y esos d\u00edas, ya no lo recuerdo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tercera esquina, Dios de las luci\u00e9rnagas.<\/strong><\/p>\n<p>Esto a d\u00f3nde voy es m\u00e1s largo en el tiempo, pero m\u00e1s corta en cuento. A los 14 a\u00f1os renunci\u00e9 a todo lo que oliera a catolicismo y juraba, casi en nombre de Dios, que era atea, pero a los 22 a\u00f1os, casi como en un paseo por el bosque de mi infancia en la monta\u00f1a, de a poquito y sin darme mucho cuenta, me puse a construirme un Dios a la medida de mi coraz\u00f3n cariado, uno que no termina de expand\u00edrseme y, a veces, de contrariarme, profundo y complejo, pero del que tal vez no venga mucho al caso hablar aqu\u00ed, porque a final de cuentas, este cuento que me traigo es s\u00f3lo para contar, que ahora, desde este ac\u00e1 en donde estoy, desde esta orilla en que desdoblo, s\u00e9 que la contemplaci\u00f3n de esa noche iluminada de la infancia, esas luces de all\u00e1 arriba y esas luces de all\u00e1 abajo, me sembraron en el silencio, en la soledad, y en mis noches oscuras, a mi Dios de las luci\u00e9rnagas, un Dios que hab\u00eda bajado del cielo a poblar el campo para regalarme en el horizonte la divinidad de las estrellas, eso, o esto es s\u00f3lo una historia bonita que me voy contando para espantarme al diablo cuando me salgo a fumar a media noche a la calle y no veo estrellas en el cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Con una muy poderosa prosa, bien construida, con hermosas im\u00e1genes, la autora nos lleva de la mano por un recuerdo de su infancia, engarzando habilidosamente eslabones de su historia, en el que no pod\u00eda faltar la educaci\u00f3n religiosa, los escabrosos secretos de familia y, al final la seguridad de que uno se construye su propia historia, m\u00e1s all\u00e1 de las propias convenciones. \u00a0 \u00a0 Minerva Mendoza Foto de Antoino Lopez en Unsplash. &nbsp; Un cielo lleno de estrellas y un campo habitado por luci\u00e9rnagas, un arriba y un abajo llenos de noche y de luz fue la imagen que me desdobl\u00e9 del origami de mi infancia. Una vez puesta a recordar, otras tantas im\u00e1genes se desdoblaron mostrando las marcas de sus dobleces en m\u00ed, pero me detuve en esta, inspirada, tal vez, por la bracita del cigarro que me iba yo fumando, mientras calculaba en el pensamiento qu\u00e9 escribir, y, a lo mejor, porque me pareci\u00f3 lindo, tierno, que por ah\u00ed en la contemplaci\u00f3n de esa noche en la monta\u00f1a, se me sembrara sola y desde lo sentido la forma del Dios que me construir\u00eda en la adultez. &nbsp; La primera esquina de esta imagen se llama Satan\u00e1s. 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