{"id":3784,"date":"2020-10-09T15:41:25","date_gmt":"2020-10-09T20:41:25","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3784"},"modified":"2020-10-09T15:41:25","modified_gmt":"2020-10-09T20:41:25","slug":"entre-hilos-agujas-y-aromas-de-la-cocina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3784","title":{"rendered":"Entre hilos, agujas y aromas de la cocina"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3785\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"2400\" height=\"1600\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash.jpg 2400w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/les-triconautes-CwUYr2zGirk-unsplash-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 2400px) 100vw, 2400px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La autora de la siguiente historia no solo habla de su afici\u00f3n al tejido, sino que hurga en sus recuerdos para entretejer una serie de im\u00e1genes, por medio de las cuales no solo nos asomamos a la historia de Veracruz, sino que la seguimos en su recorrido personal por una afici\u00f3n, un arte, que la ha acompa\u00f1ado siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Mar\u00eda de Jes\u00fas Rojas Espinosa<\/em><\/p>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@triconautes?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Les Triconautes<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/to-knit?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los cinco a\u00f1os de edad me dieron una aguja capotera ensartada con hilo naranja, una tela de manta tensada por un aro de madera, de los que ya no hay. \u201cHijita, borda as\u00ed\u201d. A\u00fan recuerdo que me pusieron a hacer el punto atr\u00e1s. Era el regalo para las madres. No recuerdo si lo termin\u00e9. Tengo viva la imagen en la memoria.<\/p>\n<p>Hilos, tijeras, agujas, reglas de madera, patrones, telas de colores, alfileteros tejidos de colores y diferentes formas de tela, rellenos de aserr\u00edn, m\u00e1quinas de coser Singer, revistas de modas \u2014que pesaban como ladrillos\u2014 de bellos modelos de ropa para toda ocasi\u00f3n; tambi\u00e9n las hay para bordar y tejer. Este es el mundo de trabajo de las artesanas, de las tejedoras, dise\u00f1adoras, modistas o costureras, al que ingres\u00e9 desde peque\u00f1a por tener una abuela y una madre costureras.<\/p>\n<p>En diferentes etapas de mi vida este mundo de colores ha estado presente. Con siete a\u00f1os de edad, estaba de vacaciones en una peque\u00f1a poblaci\u00f3n pintoresca e importante por su historia, de nombre R\u00edo Blanco, Veracruz, de un clima fr\u00edo por la noche y por la ma\u00f1ana, en el curso del d\u00eda, hasta calor se pod\u00eda sentir.<\/p>\n<p>Los hombres se levantaban de madrugada para ir a trabajar a la f\u00e1brica textil que naci\u00f3 en 1892, oper\u00f3 por once d\u00e9cadas y dej\u00f3 de funcionar porque su maquinaria, donde se produc\u00eda mezclilla, se volvi\u00f3 obsoleta. Sus hombres sostuvieron una huelga que uni\u00f3 a todos los trabajadores del pa\u00eds, de ah\u00ed su historia.<\/p>\n<p>El hombre obrero de aquellos tiempos de los a\u00f1os 50\u00b4s, vest\u00eda pantalones de mezclilla. A partir de los 70\u00b4s, se volvieron de moda y hasta las mujeres comenzamos a usarlos.<\/p>\n<p>Esta historia es una bella remembranza, porque mi madre era comadre de Marcelino y Juana, \u00e9l era obrero de esa f\u00e1brica y ella ama de casa, padres de nueve hijos; la mayor, Magdalena, era la ahijada; le segu\u00eda Marcelino, Minerva, Mario\u2026 era con los que jugaba al ir de vacaciones, luego dej\u00e9 de ir y nacieron los otros y ya no me enter\u00e9. Lo curioso es que a todos les pusieron los nombres con \u201cM\u201d.<\/p>\n<p>Ir a ese m\u00e1gico lugar era jugar, hacer lo que no hac\u00eda en casa, vivir las costumbres de una familia ajena. Los s\u00e1bados que el se\u00f1or descansaba, nos sent\u00e1bamos en torno a la mesa de madera de pino, gastada por el tiempo y la limpieza, a desayunar. Al centro de esta, yo ve\u00eda una enorme cazuela de barro humeante de frijoles reci\u00e9n cocinados, que un d\u00eda antes hab\u00edan sido cocidos en una olla, tambi\u00e9n de barro.<\/p>\n<p>Cada uno de los comensales recib\u00eda su porci\u00f3n de deliciosos frijoles negros; el primero, el se\u00f1or de la casa. Adem\u00e1s de este platillo tan mexicano no pod\u00edan faltar las tortillas de ma\u00edz, que iba haciendo Juanita, como cari\u00f1osamente nombraban a la comadre.<\/p>\n<p>Tampoco pod\u00edan faltar las salsas: verde y roja, preparadas en molcajetes de piedra negra y ah\u00ed mismo se serv\u00edan; el queso ranchero envuelto en hoja verde de pl\u00e1tano y carne asada, que se o\u00eda como chirriaba al ser servida en el plato. \u00a1Qu\u00e9 desayunos!<\/p>\n<p>Pese a todo el trabajo de la casa que ten\u00eda Juanita, se daba tiempo para tejer, y yo la ve\u00eda, no sab\u00eda qu\u00e9 hac\u00eda, pero yo, atenta a los movimientos de sus manos con el hilo y un gancho. Por fin me decid\u00ed a pedirle que me ense\u00f1ara. No me hizo caso. Y literal, ese d\u00eda la acos\u00e9.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente la persegu\u00ed desde que me levant\u00e9, no soport\u00f3 el acoso y se rindi\u00f3. Tom\u00f3 un tubo de hilo mercerizado para coser en m\u00e1quina y me dio un gancho igual de delgado. As\u00ed, a los siete a\u00f1os de edad, tom\u00e9 entre mis manos ambos materiales y aprend\u00ed a hacer cadenetas, la base del crochet. Cuando llevaba un tramo se lo ense\u00f1\u00e9 y me dijo: \u201csigue\u201d. As\u00ed, todo el d\u00eda tej\u00ed cadenetas.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda mostr\u00e9 los metros de cadenetas con gran orgullo, sin embargo, ante mis j\u00f3venes ojos, vi como las desbarataba. Ella solo dijo: \u201chas m\u00e1s cadenetas\u201d. Yo de inmediato comenc\u00e9 a tejer m\u00e1s cadenetas, hab\u00eda hecho la promesa de que me ense\u00f1ar\u00eda sin yo protestar. Ese d\u00eda ya no la persegu\u00ed, solo tej\u00ed y tej\u00ed.<\/p>\n<p>De nueva cuenta, al otro d\u00eda, le present\u00e9 mi trabajo y \u00a1sorpresa!, me dieron otro hilo y otro gancho: me ense\u00f1\u00f3 a tejer macizos, punto bajo o chato; pero las vacaciones llegaron a su fin. Mam\u00e1 no volvi\u00f3 a llevarme a R\u00edo Blanco.<\/p>\n<p>En la primaria me pusieron a bordar manteles en los tres primeros a\u00f1os, gracias a mi madre ten\u00eda una mesa de dos metros y medio, de ese tama\u00f1o era, obvio, ella siempre los terminaba. Mis tardes eran de hacer tarea y bordar, solo ve\u00eda a los vecinos y jugar.<\/p>\n<p>En cuarto a\u00f1o, otra vez, a bordar mantel, me encant\u00f3, era matizado. Usaba unas agujas delgadas, especiales para bordar, si la flor era amarilla, ensartaba cuatro agujas de diferentes amarillos, o bien, en color rosa. Pero tambi\u00e9n hubo tejido con la misma maestra de manualidades.<\/p>\n<p>C\u00f3mo recuerdo a mi maestra: llegaba como a las doce del d\u00eda, toda sudorosa. Sacaba su pa\u00f1uelo y se secaba el sudor de su rostro. Comenzaba a llamarnos y ella me ense\u00f1\u00f3 a tejer con agujas, hice una estola color rosa, que me qued\u00f3 toda chueca. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero me platicaba de su enfermedad. Ella era diab\u00e9tica, con ella sufr\u00eda, porque dec\u00eda que le hac\u00eda da\u00f1o tomar agua. Imag\u00ednense, un calor del mes de agosto en Veracruz, que a veces alcanza los 39 grados de temperatura. En ese tiempo casi no se sab\u00eda de esa enfermedad y de c\u00f3mo se curaba.<\/p>\n<p>En quinto de primaria tej\u00ed un su\u00e9ter para m\u00ed, adem\u00e1s, un mantel. En sexto cambi\u00f3 la cosa: me ense\u00f1aron a cocer la ropa, hice patrones de ropa interior, me encargaron tela para un vestido. Hice el patr\u00f3n a mi medida bajo la supervisi\u00f3n de la maestra, se cort\u00f3 igual, pero en casa, mi madre cosi\u00f3 el vestido, rompi\u00f3 mi ilusi\u00f3n: yo quer\u00eda usar su m\u00e1quina. Pero el argumento fue que pod\u00eda descomponerla y que era su herramienta de trabajo. Pude usar una m\u00e1quina de coser hasta que yo me la compr\u00e9.<\/p>\n<p>Sus pensamientos eran de no verme trabajar en una m\u00e1quina, me trat\u00f3 como princesa, cero quehaceres de la casa. Me llamaba a aprender a cocinar. Un d\u00eda le dije a mi abuela: quiero hacer una sopa, y ella me ense\u00f1\u00f3. Visitaba a una se\u00f1ora que era mi vecina, de Puebla, para verla cocinar; recorr\u00eda las casas.<\/p>\n<p>Cuando naci\u00f3 mi hija compr\u00e9 un libro de cocina porque juraba y perjuraba que yo le cocinar\u00eda. Nunca lo he hecho como quer\u00eda, por el trabajo; ella creci\u00f3, aprendi\u00f3 y me hac\u00eda de comer.<\/p>\n<p>Por a\u00f1os dej\u00e9 de tejer, hasta que hace como 12 a\u00f1os me enter\u00e9 de que mi sobrina iba a un grupo de se\u00f1oras que todos los s\u00e1bados por la tarde se reun\u00edan a tejer. Le dije que me llevara, invit\u00e9 a mi comadre. Pues comenzamos a tejer, nos aficionamos y no falt\u00e1bamos. \u00c9ramos puntuales. Tejimos gorros, zapatos, chales, cojines, bufandas, mitones, collares, capas\u2026 \u00a1qu\u00e9 no tejimos!, todos estos trabajos con diferentes colores, lo mismo blancos que negros, as\u00ed como rosas o rojos, verdes o bien caf\u00e9s.<\/p>\n<p>Como hemos dicho, Veracruz es un lugar de temperaturas variadas seg\u00fan la estaci\u00f3n, que van del fr\u00edo al calor extremo. Ahora se acostumbra a ir a las plazas comerciales donde hay clima, para hacer manualidades.<\/p>\n<p>En la plaza Mocambo, en el \u00e1rea de comidas, los viernes y los s\u00e1bados parece escuela de manualidades: en una mesa hacen bisuter\u00eda y un chavo les ense\u00f1a a hacer pulseras, aretes y collares. Ah\u00ed est\u00e1n las se\u00f1oras con sus piedras multicolores ensart\u00e1ndolas; les cuento que algunas hacen este trabajo para completar el dinero de su pensi\u00f3n, que no les alcanza y de esta manera se ayudan, las menos lo hacen por gusto.<\/p>\n<p>Otras tejen con agujas y ganchos, blusas y diversas prendas a partir de la ense\u00f1anza de una maestra. Pero, adem\u00e1s de realizar las manualidades, se disfruta del chisme pol\u00edtico (y el personaje de hoy es el \u201cPeje\u201d), de saborear pastelillos, del caf\u00e9 americano, del lechero, del t\u00e9 chai, en fin, de todo lo que hay en las diferentes cafeter\u00edas.<\/p>\n<p>Yo tr\u00e1nsito por todos los grupos y me reciben bien y participo de los festejos donde est\u00e1 el tamal, el pastel, el rico volov\u00e1n, el pambazo relleno de frijoles negros, queso y chile chipotle, la hojaldra de pi\u00f1a o jam\u00f3n y queso, del grupo varias somos diab\u00e9ticas, pero ah\u00ed comemos de todo.<\/p>\n<p>Pero mi grupo favorito es donde est\u00e1 Guille, Isabel, Ceci, Dulce, Laura mi comadre, Elsa y yo; ah\u00ed tejemos amigurumis, una t\u00e9cnica japonesa que permite hacer peluches tejidos que hacen felices a los ni\u00f1os. Comenc\u00e9 a tejerlos por los hijos de mis alumnas, que para m\u00ed son mis nietos, pero como mis sobrinas me dieron tres lindas ni\u00f1as, ahora a ellas les tejo mu\u00f1ecos y los publico en Instagram. Por la mu\u00f1eca trapos me encargaron otra: se teje el cuerpo en verde, los ojos en forma de bot\u00f3n en negro y azul, el mo\u00f1o rosa y el cabello amarillo. Por WhatsApp le mand\u00e9 la imagen a mi amiga Evelia, me respondi\u00f3: \u201cest\u00e1 fea\u201d. Pero mis exalumnos que crecieron con Lilo y Stich me dieron varios \u201cme gusta\u201d y mi bella Alsatia, la sobrina nieta mayor, juega con ella y sus primas las cuatas tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La autora de la siguiente historia no solo habla de su afici\u00f3n al tejido, sino que hurga en sus recuerdos para entretejer una serie de im\u00e1genes, por medio de las cuales no solo nos asomamos a la historia de Veracruz, sino que la seguimos en su recorrido personal por una afici\u00f3n, un arte, que la ha acompa\u00f1ado siempre. &nbsp; \u00a0 Mar\u00eda de Jes\u00fas Rojas Espinosa Foto de Les Triconautes en Unsplash. &nbsp; A los cinco a\u00f1os de edad me dieron una aguja capotera ensartada con hilo naranja, una tela de manta tensada por un aro de madera, de los que ya no hay. \u201cHijita, borda as\u00ed\u201d. A\u00fan recuerdo que me pusieron a hacer el punto atr\u00e1s. Era el regalo para las madres. No recuerdo si lo termin\u00e9. Tengo viva la imagen en la memoria. Hilos, tijeras, agujas, reglas de madera, patrones, telas de colores, alfileteros tejidos de colores y diferentes formas de tela, rellenos de aserr\u00edn, m\u00e1quinas de coser Singer, revistas de modas \u2014que pesaban como ladrillos\u2014 de bellos modelos de ropa para toda ocasi\u00f3n; tambi\u00e9n las hay para bordar y tejer. 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