{"id":3800,"date":"2020-10-26T09:47:31","date_gmt":"2020-10-26T15:47:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3800"},"modified":"2020-10-26T09:47:31","modified_gmt":"2020-10-26T15:47:31","slug":"rojo-de-los-altos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3800","title":{"rendered":"Rojo de Los Altos"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3802\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/rojo-ok.png\" alt=\"\" width=\"1003\" height=\"596\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/rojo-ok.png 1003w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/rojo-ok-300x178.png 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/rojo-ok-768x456.png 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/rojo-ok-640x380.png 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1003px) 100vw, 1003px\" \/><\/p>\n<blockquote><p>Un recorrido sobre el que alguien pensar\u00eda no hay mucho qu\u00e9 contar \u2014el viaje en cami\u00f3n de Guadalajara a Huejuquilla El Alto\u2014 se vuelve el centro nodal de esta cr\u00f3nica: el autor nos narra y describe todo lo que ve, en esas \u00a1diez horas!<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><em>Tasto\u00e1n Castorena<\/em><\/h4>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Cuando en aquel mes de enero escuch\u00e9 por primera vez el nombre de \u201cHuejuquilla El Alto\u201d \u2014y siguiendo mi obstinada costumbre de querer ubicar en el mapa todo pueblo que la gente me menciona\u2014 inmediatamente busqu\u00e9 en Google Maps la ubicaci\u00f3n de tal poblaci\u00f3n. Averig\u00fc\u00e9 que es el municipio m\u00e1s remoto y septentrional del estado de Jalisco y que, milagrosamente, alcanz\u00f3 un lugarcito en la punta de uno de los tres deditos de la entidad federativa, en su extremo boreal; si uno observa el plano cartogr\u00e1fico de Jalisco, contempla que a Huejuquilla por poco y le toca ser localidad nayarita, o duranguense, o zacatecana. En el mapa se ve apenas una carretera que llega al rec\u00f3ndito lugar. Aquel peculiar top\u00f3nimo lo escuch\u00e9 de boca de una muchacha que por azares del destino conoc\u00ed en un despacho legal en el que trabaj\u00e9 durante alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>Adriana (como se llama aquella joven estudiante de relaciones internacionales), me habl\u00f3 durante todo el a\u00f1o acerca de su pueblo, sobre sus tradiciones, usos y costumbres, sus lugares emblem\u00e1ticos, su gente, y, en general, todo lo referente al lugar en donde creci\u00f3 y se desenvolvi\u00f3 previo a su mudanza a Guadalajara por motivos acad\u00e9micos. Yo, emocionado con sus vivencias y movido por una excesiva curiosidad de conocer todo lo que tenga que ver con lo geogr\u00e1ficamente remoto, esperaba ansioso que Adri me invitara a conocer su terru\u00f1o.<\/p>\n<p>No transcurri\u00f3 mucho tiempo cuando lanz\u00f3, palabras m\u00e1s palabras menos, la propuesta que yo tanto aguardaba: \u201cNemo, (que as\u00ed es como nos comenzamos a decir, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9), \u00bfno te gustar\u00eda conocer mi pueblito? All\u00e1 tienes tu casa y puedes ir si gustas\u201d. Le tom\u00e9 la palabra y luego de diversos preparativos, en el jueves posterior a la navidad me embarqu\u00e9 de madrugada en un autob\u00fas bastante modesto, color rojo con blanco, de la l\u00ednea \u201cRojo de los Altos\u201d, con rumbo al municipio m\u00e1s rec\u00f3ndito de Jalisco.<\/p>\n<p>El transporte no ten\u00eda en su parabrisas las t\u00edpicas y modernas pantallas de led de las dem\u00e1s compa\u00f1\u00edas camioneras para anunciar el destino al que se dirigen, sino que a la usanza antigua ten\u00eda unos letreros rectangulares de pl\u00e1stico colgados del vidrio frontal y en ellos se le\u00edan los nombres de diversas poblaciones: San Crist\u00f3bal de la Barranca, Te\u00fal, Tlaltenango, Colotl\u00e1n, Huej\u00facar, Monte Escobedo, Huejuquilla El Alto. Eran cerca de las cinco de la ma\u00f1ana cuando aquel autob\u00fas, s\u00f3lo conmigo a bordo, enfil\u00f3 desde la central nueva con rumbo a tierras wirraritari.<\/p>\n<p>Primera parada: Zapopan \u00bfZapopan? Me pregunt\u00e9 extra\u00f1ado. S\u00ed, el autob\u00fas lleg\u00f3 a una peque\u00f1a central que se encuentra a un costado del Mercado del Mar de Zapopan, porque all\u00ed s\u00ed hab\u00eda pasajeros interesados en ir al norte de Jalisco. Quiz\u00e1s vinieron al centro del estado por motivos navide\u00f1os. Abordan ancianos ataviados con blancos sombreros texanos o gorras color azul marino con el emblema de los Yankees de Nueva York, mujeres de la tercera edad con canastas y cubetas; j\u00f3venes de mirada penetrante, pero con una timidez que los hace pasar agachados por el pasillo del autob\u00fas para que uno no los mire, y no puede faltar la familia compuesta por mam\u00e1 y pap\u00e1 cargando a sus hijos dormidos, los cuales en su mano portan el monito o el carrito que les trajo el ni\u00f1o Dios.<\/p>\n<p>El chofer verifica que los pasajeros cuenten con boleto y una vez que se hubo cerciorado de que todos estamos debidamente etiquetados, contin\u00faa con su trayecto. Afuera sigue oscuro, pero ya hay veh\u00edculos y personas esperando el transporte p\u00fablico que los habr\u00e1 de llevar a sus trabajos. La ciudad comienza a despertar luego del sue\u00f1o navide\u00f1o y la carretera a Tesist\u00e1n es testigo de ello. Mientras tanto, yo le aviso por mensaje a Nemo que ya voy en camino. Luego de enviar el texto, cobra efecto la trasnochada de las fiestas y dormito durante un rato.<\/p>\n<p>Despierto porque siento que el cami\u00f3n se ha detenido. Me asomo por la ventanilla y s\u00f3lo veo el amanecer detr\u00e1s de unos cerros en lontananza. Intento buscar alg\u00fan vestigio que me diga d\u00f3nde estoy, divisando s\u00f3lo unos enormes arcos de concreto que tienen pintados diversos motivos ind\u00edgenas a la entrada de un pueblo que se ve al fondo de una bajada, como en pozo. Es San Crist\u00f3bal de la Barranca. All\u00ed se suben al Rojo de los Altos ocho ind\u00edgenas wirraritari, todos ataviados con sus trajes t\u00edpicos y con cubetas llenas de lo que parece ser miel. Portan hermosos accesorios hechos de chaquira con figuras y formas que retratan su cosmovisi\u00f3n. Hablan en su idioma y una mujer ordena de manera contundente a una peque\u00f1a que se siente en la fila de asientos que se encuentra a mi costado. Un deseo de hablar con ellos me invade para preguntarles cientos de cosas sobre su historia, su forma de vivir, su lengua, su cosmogon\u00eda, su pante\u00f3n divino y su sagrado wirikuta. Sin embargo, temo ser rechazado por la centenaria y justificada desconfianza que los pueblos originarios tienen hacia los que somos mestizos, guardando as\u00ed mis interrogantes y s\u00f3lo me pregunto qu\u00e9 es lo que ir\u00e1n hablando desde que abordan el automotor en San Crist\u00f3bal hasta que descienden en las comunidades desperdigadas por el camino.<\/p>\n<p>Conforme vamos pasando los municipios, el chofer va quitando los letreritos de pl\u00e1stico del parabrisas. Atr\u00e1s han quedado los pueblos caxcanes y tepehuanos de Garc\u00eda de la Cadena, Te\u00fal de Gonz\u00e1lez Ortega, Tlaltenango y Momax. La mayor\u00eda de estas comunidades se observan solitarias, fantasmales, fr\u00edas, s\u00f3lo con ancianos sentados en las bancas de las plazas principales conversando entre s\u00ed. Los j\u00f3venes quiz\u00e1s est\u00e9n trabajando en alguna ciudad, o en los Estados Unidos, muy lejos del hermoso cielo azul de su pueblito y sus llanuras zacatecanas.<\/p>\n<p>A eso de las once de la ma\u00f1ana llegamos a Colotl\u00e1n, sitio que desde que estudio la Revoluci\u00f3n Mexicana me ha causado particular inter\u00e9s por ser la tierra de Victoriano Huerta, calificado como traidor por la historia patria y conocido bajo el alias de \u201cEl Chacal.\u201d He sabido sobre gente de este lugar que se siente orgullosa de ser paisana del vituperado militar, e inclusive escuch\u00e9 de una leyenda que dec\u00eda que en el lugar existe una colonia en su honor, lo cual me causa tremenda intriga e indignaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Decidido a dilucidar estas interrogantes y aprovechando la media hora que el conductor se estaciona y nos concede para buscar alimentos, deambulo r\u00e1pidamente por las calles c\u00e9ntricas de la municipalidad. Hay un peque\u00f1o tianguis y unos portales donde parece que venden comida. Tambi\u00e9n se ven letreros en comercios que ofertan artesan\u00edas piteadas. Mi b\u00fasqueda es infructuosa; ni una vialidad, ni una estatua, ni siquiera una de esas pesadas placas de bronce que indiquen el lugar o la finca en donde naci\u00f3 el oportunista de la decena tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>La referencia que descubro m\u00e1s cercana a Huerta es en la plaza principal, donde a un costado del kiosco se encuentra hecho con peque\u00f1os mosaicos de talavera el escudo de armas de Colotl\u00e1n, mismo que en su parte central tiene un alacr\u00e1n. \u201cTierra de alacranes\u201d, topon\u00edmicamente significa el nombre de aquel municipio. Al parecer la gente del pueblo se siente m\u00e1s orgullosa de la iglesia de San Luis Obispo con su torre a medio construir y de ser la capital mundial del piteado, que del \u00fanico presidente de ascendencia cora que ha habido en el pa\u00eds. Satisfecho porque mi indagaci\u00f3n no obtuvo resultados favorables, regreso al autob\u00fas para continuar con mi viaje.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda ya voy a m\u00e1s de la mitad de camino. Llegamos a Huej\u00facar, y el autob\u00fas se detiene en una central desierta y vetusta que parece m\u00e1s lienzo charro que estacionamiento para camiones. All\u00ed bajan varias personas, muchas de las que hab\u00edan abordado en Zapopan. S\u00f3lo quedan un viejito <em>atejanado<\/em>, un se\u00f1or que no se ha despertado desde que salimos de Tlaltenango, una wirr\u00e1rika, su peque\u00f1o nieto y yo. El transporte se enciende de nuevo y da marcha, sali\u00e9ndose de la carretera por la que ven\u00eda que dirige hacia Jerez. Toma una desviaci\u00f3n hacia el noroeste y al salir del pueblo toda forma de vida humana se torna inexistente.<\/p>\n<p>Los estados de Jalisco y Zacatecas se alternan seg\u00fan el capricho de los ingenieros que dise\u00f1aron aquella autov\u00eda. Grandes llanos completamente secos, terregosos y amarillos y un cielo gris\u00e1ceo de finales de diciembre que se observa en el infinito conforman el horizonte. S\u00f3lo se miran guam\u00fachiles secos, nopales agujereados y mezquites aferrados a seguir existiendo en medio de la nada. De vez en cuando aparece una derruida casita de adobe y uno que otro zopilote merodeando sobre el lugar donde se encuentra el cad\u00e1ver de alg\u00fan animal. Sitios legendarios y remotos por los que pareciera que no pasaron los a\u00f1os ni lleg\u00f3 a transformarlos la presunta civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El autob\u00fas comienza a subir una serran\u00eda. Desde las curvas de la carretera se va viendo cada vez m\u00e1s alto y lejano aquel valle enorme y seco de Huej\u00facar, mientras el paisaje comienza a llenarse de robles y con\u00edferas. El cami\u00f3n va pr\u00e1cticamente a vuelta de rueda y se escucha que sube no con poco esfuerzo; se jalonea de repente y parece que se va a ir hacia atr\u00e1s, pero el h\u00e1bil conductor alcanza a meter velocidad para recuperar el ritmo y seguimos subiendo la sierra. No podemos continuar con una velocidad constante, pues el pavimento de la v\u00eda se encuentra en p\u00e9simo estado y hay que ir frenando cada tanto para no caer en los abismos que se van apareciendo sobre el asfalto.<\/p>\n<p>No se observan carros. Ni vienen hacia nosotros ni nos rebasan. El pesado automotor va solitario sobre el camino. Tal circunstancia me genera un poco de temor, pues s\u00e9 que esta regi\u00f3n en donde convergen los estados jalisciense y zacatecano es un tanto insegura, una tierra sin ley, pero hasta que no lo vi, no lo cre\u00ed. Ni militares, ni marinos, ni polic\u00edas; ni siquiera una patrulla de tr\u00e1nsito se ha visto. El hecho de que sea un autob\u00fas de pasajeros me tranquiliza un poco, pero la inquietud no termina de esfumarse.<\/p>\n<p>Finalmente se avista a lo lejos una poblaci\u00f3n. Como no hay se\u00f1al de tel\u00e9fono para geolocalizarme, intuyo que es Mezquitic. Las placas zacatecanas de los autos que se ven a la orilla del camino me desconciertan. No es hasta que pasamos por un costado de una arbolada plaza que me percato de que estamos en un lugar llamado Monte Escobedo. Son casi las dos de la tarde. Llevo ya ocho horas a bordo del autob\u00fas, y de Huejuquilla, ni sus luces.<\/p>\n<p>Nuevamente nos detenemos. El chofer desciende y se mete en una antigua casona. Pasan casi veinte minutos y nadie sube; tampoco nadie baja. El peque\u00f1o wirr\u00e1rika, nieto de la mujer que viene dormida tres asientos delante de m\u00ed, es un tanto inquieto. Corre de un extremo a otro del cami\u00f3n sosteniendo con la mano un sombrerito t\u00edpico y preguntando a los pocos pasajeros qu\u00e9 son las pertenencias que llevan consigo, ya sea una mochila, ya un sombrero, ya unos aud\u00edfonos. Cuando aquel chiquillo llega a mi lugar, el chofer sube de nuevo a su centro de trabajo y enciende el veh\u00edculo, por lo que el ni\u00f1o toma asiento a mi lado. Pronto se mira fascinado con mi transparente cubo de rubik y con la biograf\u00eda color rojo brillante sobre Pancho Villa que traigo para\u00a0 hacer el viaje menos tedioso. Le presto el cubo y mientras lo intenta armar le pregunto su nombre, a lo que responde t\u00edmidamente \u201cTaiyari\u201d, que en wirr\u00e1rika significa \u201cnuestro coraz\u00f3n.\u201d A pesar de su tierna edad, entiende prodigiosamente el castellano y adem\u00e1s habla su idioma nativo. Le ofrezco un caramelo de un bolo navide\u00f1o que guardo en mi mochila. La convivencia con el ni\u00f1ito es interrumpida, pues su abuela pronto se percata de su ausencia y le reprende en lengua originaria, debiendo de regresar a su lugar.<\/p>\n<p>Ahora s\u00ed creo que vamos camino de Mezquitic. En un paraje en que milagrosamente el celular logra obtener se\u00f1al, entran varios mensajes de Adriana preguntando si ya llegu\u00e9 o que d\u00f3nde voy. Le respondo que estoy cerca del \u201cpueblo dentro del mezquite,\u201d o al menos eso es lo que colige mi intuici\u00f3n cartogr\u00e1fica. Cuando se pierde nuevamente la comunicaci\u00f3n telef\u00f3nica con el mundo ordinario me asomo por la ventanilla y contemplo una postal inolvidable: la sierra wirr\u00e1rika se extiende enorme y pl\u00e1cidamente hasta donde mi conmovida vista alcanza a ver, brind\u00e1ndome una de las experiencias m\u00e1s emocionantes de la vida.<\/p>\n<p>Comenzamos a descender la monta\u00f1a y se ve muy en el fondo un peque\u00f1o poblado. Conforme transcurre el tiempo y los kil\u00f3metros llegamos a las afueras de Mezquitic, \u00faltima parada antes de mi ya desesperado destino. Son las dos y media de la tarde. Se bajan los wirraritari, perdi\u00e9ndose abuela y nieto en el polvo de lo que parece ser la calle principal de aquel lugar.<\/p>\n<p>Ya estando seguro de que la siguiente parada es donde me toca bajar y una vez que dejamos atr\u00e1s la sierra, le mando mensaje a mi futura anfitriona para notificarle que estoy por llegar a su pueblo. Cuando parec\u00eda que al fin iba a alcanzar mi destino, la carretera me juega una mala pasada y nuevamente vamos a vuelta de rueda. El camino est\u00e1 completamente devastado: baches que atraviesan de un lado a otro la v\u00eda, pedazos de pavimento levantados, tierra por doquier. Si en el monte los cr\u00e1teres eran volc\u00e1nicos, aqu\u00ed en los l\u00edmites de Mezquitic, Huejuquilla y Valpara\u00edso se vuelven lunares.<\/p>\n<p>Ya resignado al viaje interminable, enciendo el Spotify para escuchar algo de m\u00fasica. Pasamos tres baches y ZZ Top me acompa\u00f1a; otros dos agujeros y es \u00d3scar Ch\u00e1vez con un corrido sobre la intervenci\u00f3n francesa; unos cuantos baches m\u00e1s y es el Intermezzo de Carmen, por Bizet. Entramos a una curva y es municipio de Valpara\u00edso, Zacatecas; salimos de esa curva y ya es Huejuquilla. As\u00ed se vive el \u00faltimo y angustioso tramo del camino. Entre la carretera asolada, canciones del m\u00e1s variado g\u00e9nero, y dos entidades federativas, finalmente se divisa un caser\u00edo y lo que parecen ser las torres de un templo. Intento llamar a Adriana, pero no hay se\u00f1al. En el \u00faltimo mensaje recibido Nemo me ha dicho que su pap\u00e1, que me esperaba para comer, ha decidido comenzar \u00e9l solo, pues el impuntual invitado no llegaba. Apenado por la tardanza, intento mandar mis disculpas, pero todo es en vano: los mensajes nom\u00e1s no salen.<\/p>\n<p>Al llegar al poblado, el autob\u00fas se dirige a la peque\u00f1a centralita que tiene habilitada Huejuquilla. Son las tres cuarenta y cinco de la tarde y por fin, despu\u00e9s de diez horas de trayecto, he llegado a mi destino. Es tiempo de descender del Rojo de los Altos para que Nemo llegue a mi rescate y me lleve a conocer el lugar de los verdes sauces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recorrido sobre el que alguien pensar\u00eda no hay mucho qu\u00e9 contar \u2014el viaje en cami\u00f3n de Guadalajara a Huejuquilla El Alto\u2014 se vuelve el centro nodal de esta cr\u00f3nica: el autor nos narra y describe todo lo que ve, en esas \u00a1diez horas! &nbsp; Tasto\u00e1n Castorena \u00a0 Cuando en aquel mes de enero escuch\u00e9 por primera vez el nombre de \u201cHuejuquilla El Alto\u201d \u2014y siguiendo mi obstinada costumbre de querer ubicar en el mapa todo pueblo que la gente me menciona\u2014 inmediatamente busqu\u00e9 en Google Maps la ubicaci\u00f3n de tal poblaci\u00f3n. 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