{"id":3864,"date":"2021-02-02T01:40:59","date_gmt":"2021-02-02T07:40:59","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3864"},"modified":"2021-03-16T15:26:35","modified_gmt":"2021-03-16T21:26:35","slug":"san-andres-mi-barrio-donde-el-tiempo-detuvo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3864","title":{"rendered":"San Andr\u00e9s, mi barrio, donde el tiempo detuvo"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3865\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2.jpg\" alt=\"\" width=\"1280\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2.jpg 1280w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2-768x432.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/San-Andres-2-640x360.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<blockquote><p><em>La autora de la presente cr\u00f3nica rememora algunos de los principales acontecimientos de su vida, ligados al barrio que la vio nacer: San Andr\u00e9s, que hace 40 a\u00f1os no era el mismo que hoy, pero, como sucede con las personas, tambi\u00e9n en las colonias, a pesar del paso del tiempo, la esencia queda.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<h4><em>Altagracia Lizardo Medina<\/em><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cYo vivo en San Andr\u00e9s, donde se acuestan dos y amanecen tres\u201d. Eso dec\u00eda mi pap\u00e1 cada vez que le preguntaban d\u00f3nde hab\u00eda comprado la casa. Eran los a\u00f1os ochenta y la ciudad obviamente no era lo que es hoy. Cuando llegamos, en 1982, mi hermano Diego acaba de nacer y frente a la casa hab\u00eda cuatro canchas de futbol. La avenida Javier Mina se cortaba por una huerta, en la esquina de mi casa.<\/p>\n<p>En esa huerta fuimos muy felices mis dos hermanos y yo. Cazar luci\u00e9rnagas, que luego pusimos en envases de vidrio de alg\u00fan refresco y que convertimos en l\u00e1mparas de bur\u00f3, era algo emocionante, aunque no nos salvamos nunca de los piquetes de zancudo.<\/p>\n<p>En las canchas de futbol, que no ten\u00edan pasto, eran de tierra, llegaban circos peque\u00f1os y en algunas ocasiones fuimos parte del p\u00fablico. Tambi\u00e9n en las canchas, con apenas 7 a\u00f1os, emprend\u00ed un negocio con mi hermana: ella ten\u00eda cinco a\u00f1os. Vendimos dulces y frutas, pero no tuvimos mucho \u00e9xito, por ello observ\u00e9 a mis posibles clientes y les traje lo que ped\u00edan.<\/p>\n<p>Mi mam\u00e1 cuenta que de pronto vio que no pod\u00edamos atender a tantos clientes, y nuestro negocio mejor\u00f3, c\u00f3mo no, si mi producto estrella eran las cervezas que me vendi\u00f3 Don To\u00f1o, el de la tienda, en ese tiempo los menores pod\u00edan comprar no s\u00f3lo las tortillas, sino cualquier cosa sin restricciones. Desafortunadamente nuestra alegr\u00eda no dur\u00f3 mucho, porque mi mam\u00e1 ya no nos dej\u00f3 vender y esa an\u00e9cdota la cuenta al menos cada cena de Navidad.<\/p>\n<p>A un par de cuadras estaba la CONASUPO (Compa\u00f1\u00eda Nacional de Subsistencias Populares), que fue una empresa paraestatal que se dedic\u00f3 a acciones relacionadas con el sistema de abasto y la seguridad alimentaria; para nosotros era un supermercado accesible, en ese tiempo no exist\u00eda Walmart ni Soriana, ahora, ah\u00ed, es el Parque San Jacinto, donde a diario bailan zumba en plena pandemia, ensayan grupos de porristas, otros pasean en bici, algunos en patinetas y otros m\u00e1s \u2014los m\u00e1s peque\u00f1os\u2014 hacen uso de los juegos que ah\u00ed se encuentran.<\/p>\n<p>A casi 40 a\u00f1os de nuestra llegada las cosas no son tan distintas, cambiaron de forma, pero no de fondo. Las costumbres se mantienen: como ir los domingos a misa en el templo de San Andr\u00e9s \u2014aunque yo s\u00f3lo fui de ni\u00f1a\u2014 o a cualquier hora visitar el Sant\u00edsimo en la peque\u00f1a capilla de la calle de Chamizal, para despu\u00e9s comprar alg\u00fan antojo en los puestos o un juguete de moda, la mayor\u00eda de pl\u00e1stico y chinos; antes eran de madera.<\/p>\n<p>Pagar el agua al lado del quiosco, hacer tr\u00e1mites en el registro civil o comer en los Lonches Rub\u00e9n, que con todo y el paso del tiempo y la muerte de su creador se siguen vendiendo y siguen siendo populares, son tambi\u00e9n costumbres que han prevalecido.<\/p>\n<p>La plaza se ha ido renovando, se le ha dado mantenimiento en los \u00faltimos a\u00f1os, pero el esp\u00edritu de pueblo contin\u00faa vigente. En los portales persisten algunos negocios, al igual que los mismos tacos al pastor de la esquina del templo y los puestos de papas, garbanzos y cacahuates, s\u00f3lo que ahora son atendidos por los hijos o los nietos de los antiguos vendedores.<\/p>\n<p>La escuela primaria L\u00e1zaro C\u00e1rdenas es mixta, en los a\u00f1os ochenta las ni\u00f1as asist\u00edan por la ma\u00f1ana y los ni\u00f1os por la tarde, pero las papeler\u00edas y sus due\u00f1os, son los mismos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que quitaron la huerta y abrieron Javier Mina para conectar la ciudad, comenz\u00f3, a\u00f1os despu\u00e9s, la construcci\u00f3n de la l\u00ednea 2 del Tren Ligero, y eso hizo que los camiones que pasaban por la calle Gigantes \u2014que debe su nombre a los \u00e1rboles de gran tama\u00f1o que ah\u00ed se encontraban\u2014 se desviaran hasta Medrano, donde venden pi\u00f1atas.<\/p>\n<p>El bald\u00edo a unos cuantos pasos de mi casa, a media cuadra de Julio Z\u00e1rate, donde se instal\u00f3 una familia humilde con una casa de cart\u00f3n, es desde el a\u00f1o 2000 una sucursal de Domino\u2019s Pizza, y el andador, donde las casas no tienen cochera, se mantiene casi intacto.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Rosa, quien viv\u00eda al lado, muri\u00f3; ya era una persona mayor, aunque nunca supe su edad, hoy vive ah\u00ed uno de sus hijos. \u201cLa Veneno\u201d (as\u00ed le llamaban a la vecina m\u00e1s conflictiva), que en realidad se llamaba Laura, vendi\u00f3 su casa y se fue a vivir a Las \u00c1guilas. Esperanza tambi\u00e9n se fue luego de la muerte de su hijo Pepe, quien, dicen, padeci\u00f3 c\u00e1ncer y muri\u00f3 antes de cumplir 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La esperanza de mi familia tambi\u00e9n se fue tiempo despu\u00e9s: un 22 de noviembre de 2004. Mi hermano Diego, con apenas 22 a\u00f1os, decidi\u00f3 irse de este mundo. Eso nos quebr\u00f3 totalmente. La casa se qued\u00f3 sola, casi intacta; yo entonces ya ten\u00eda 28 a\u00f1os y ya no viv\u00eda ah\u00ed, pero s\u00ed mi familia entera.<\/p>\n<p>De un d\u00eda para otro se acab\u00f3 todo: la casa se puso en venta y mi familia se fue a vivir a unas cinco cuadras de ah\u00ed, nuevamente a dos cuadras de la CONASUPO, en direcci\u00f3n a Tetl\u00e1n, que en 2004 ya era el Parque San Jacinto.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os tras la muerte de Diego fueron muy dolorosos, oscuros y entre medicamentos y terapias para paliar el dolor, decid\u00ed nunca volver al barrio. La poca empat\u00eda y el gran morbo por lo que ah\u00ed sucedi\u00f3 me hac\u00eda evitar pasar cerca, mucho menos voltear. Hasta la fecha evito mirar el cuarto de mi hermano que da a la avenida y la fachada luce casi igual.<\/p>\n<p>Odi\u00e9 San Andr\u00e9s, todo me recordaba a mi hermano, y mientras, la vida me llev\u00f3 por decenas \u2014y no exagero\u2014 decenas de casas, rentadas por supuesto, cualquier lugar lejos era bueno.<\/p>\n<p>Hasta que un d\u00eda, en plena pandemia, me cans\u00e9 de huir y por ciertas circunstancias decid\u00ed volver al barrio. Compr\u00e9 un departamento a tres cuadras de la casa de Javier Mina, en sentido opuesto a la casa donde vive mi padre, es decir, tres cuadras en direcci\u00f3n al centro de la ciudad.<\/p>\n<p>Y como bien dec\u00eda mi pap\u00e1: en San Andr\u00e9s se acuestan dos y amanecen tres, ya no volv\u00ed sola, volv\u00ed con mi hija, ahora de 6 a\u00f1os y ser\u00edamos tres de familia si no se hubiera roto la relaci\u00f3n con el padre de mi ni\u00f1a.<\/p>\n<p>San Andr\u00e9s es de nuevo mi barrio, en el que crec\u00ed y del que muchas veces renegu\u00e9. Ahora me gusta, lo aprecio y vivo tranquila, estoy cerca del centro, como dicen los anuncios de los departamentos en venta que a\u00fan quedan en mi edificio: la Torre Mina.<\/p>\n<p>Estoy cerca de mi trabajo en la Secretar\u00eda de Cultura, que se ubica en el edificio que antes era la XV Zona Militar y cerca de mis sue\u00f1os. Sigo esperando que donde se acuestan dos amanezcan tres: que amanezcan tres o m\u00e1s sue\u00f1os por abrazar, para as\u00ed escribir nuevas y mejores historias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<pre><strong>(Esta cr\u00f3nica fue le\u00edda en el programa Polif\u00f3nica, \r\nde Radio Universidad de Guadalajara, por la autora)<\/strong><\/pre>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/anchor.fm\/elhuevocojo\/embed\/episodes\/San-Andrs--mi-barrio--donde-el-tiempo-se-detuvo-eqcccf\" height=\"102px\" width=\"400px\" frameborder=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed-podcast\/episode\/4NWU3jU5ghIOoGFRYLe5eA\" width=\"100%\" height=\"232\" frameborder=\"0\" allowtransparency=\"true\" allow=\"encrypted-media\"><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora de la presente cr\u00f3nica rememora algunos de los principales acontecimientos de su vida, ligados al barrio que la vio nacer: San Andr\u00e9s, que hace 40 a\u00f1os no era el mismo que hoy, pero, como sucede con las personas, tambi\u00e9n en las colonias, a pesar del paso del tiempo, la esencia queda. \u00a0\u00a0 Altagracia Lizardo Medina &nbsp; \u201cYo vivo en San Andr\u00e9s, donde se acuestan dos y amanecen tres\u201d. 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