{"id":3906,"date":"2021-02-23T01:27:15","date_gmt":"2021-02-23T07:27:15","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3906"},"modified":"2021-02-23T01:27:15","modified_gmt":"2021-02-23T07:27:15","slug":"ay-papantla-tus-hijos-vuelan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3906","title":{"rendered":"\u00a1Ay, Papantla, tus hijos vuelan!"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-3907\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores-1024x614.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"366\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores-1024x614.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores-300x180.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores-768x461.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores-640x384.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/voladores.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>La autora de la siguiente historia hurga en los recuerdos de su ni\u00f1ez, para contarnos la impresi\u00f3n que tuvo la primera ocasi\u00f3n en que le toc\u00f3 observar a los famosos Voladores de Papantla y c\u00f3mo esa imagen tuvo repercusiones en su vida.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Marcela Palacios Minakata<\/strong><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue en el a\u00f1o de 1985 cuando las Fiestas de Octubre, en Guadalajara, cambiaron su sede del Parque Agua Azul al Auditorio Benito Ju\u00e1rez. Honestamente, desconozco si desde sus primeras ediciones los insignes Voladores de Papantla formaban parte de las atracciones de esta verbena popular. Lo que s\u00ed recuerdo n\u00edtidamente, es la impresi\u00f3n que me causaron cuando los vi por primera vez. Empinados en aquel interminable m\u00e1stil (o al menos as\u00ed lo percib\u00eda a mi tierna edad y desde mi precoz acrofobia), cuatro individuos ape\u00f1uscados en un fr\u00e1gil bastidor representan a los cuatro puntos cardinales, y uno m\u00e1s \u2014a mi juicio el m\u00e1s valiente de todos, porque es el \u00fanico que no lleva una cuerda de protecci\u00f3n atada a su cuerpo\u2014 danza al ritmo de la flauta y el tambor, parado apenas sobre una min\u00fascula base de madera.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de esa muestra de su dominio sobre la ley de la gravedad, se dispone, ya sentado, a dirigir el ritual: a su se\u00f1al, el cuarteto \u2014cada uno de ellos debidamente asegurado al soporte por una soga amarrada a su cintura\u2014 deja caer su cuerpo al vac\u00edo, mientras estrat\u00e9gicas acrobacias con sus brazos y piernas al aire aseguran que el palo gire, provocando que las cuerdas vayan descendiendo hasta tocar el suelo. A los voladores esto les lleva exactamente 13 giros, y a mi, una ni\u00f1a de apenas 10 a\u00f1os, varias noches dilucidando, entre la fascinaci\u00f3n y el terror, qu\u00e9 les motivaba a estos hombres a arriesgar de esa forma su vida.<\/p>\n<p>Por esas fechas, recuerdo que mi maestra de Espa\u00f1ol nos asign\u00f3 una peculiar tarea: redactar un art\u00edculo period\u00edstico sobre alg\u00fan suceso local. De inmediato, y con una idea bastante clara en mente (porque, obvio, este tipo de tareas siempre fueron mis preferidas), tom\u00e9 mi cuaderno y escrib\u00ed, me acuerdo perfectamente, un encabezado digno de la pluma m\u00e1s acuciosa del extinto <em>Alarma!:<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u201c\u00a1YO SOLT\u00c9 LA CUERDA, NO CULPEN A NADIE!\u201d: VOLADOR DE PAPANTLA GRITA ANTES DE CAER EN PLENO ESPECT\u00c1CULO\u201d<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De lo que segu\u00eda, debo ser franca, no logro acordarme. Supongo que era una extensa descripci\u00f3n (rollera y telenovelera siempre he sido) de c\u00f3mo el atribulado hombre opt\u00f3 por el suicidio, para terminar con el sufrimiento que le carcom\u00eda el alma, as\u00ed como las reacciones que el hecho gener\u00f3 entre los espectadores.<\/p>\n<p>Nunca me anim\u00e9 a preguntarles directamente a mis padres si se enteraron de esta \u201centrevista\u201d o si fueron ellos los responsables de que sucediera, pero un par de d\u00edas despu\u00e9s de haber entregado la tarea, la <em>miss<\/em> me pidi\u00f3 que me quedara a platicar un rato con ella en el sal\u00f3n, a la hora del recreo. Me pregunt\u00f3 si todo iba bien con mis compa\u00f1eros, si ten\u00eda problemas en casa, si mis pap\u00e1s me dejaban ver la televisi\u00f3n y una serie de cuestionamientos que en su momento me parecieron por dem\u00e1s extra\u00f1os. Mi profesora ten\u00eda los ojos, como vulgarmente dicen, \u201csaltones\u201d, y le saltaban a\u00fan m\u00e1s conforme iba respondiendo lo que me preguntaba. Al final, me mir\u00f3 con complicidad (aunque creo que tambi\u00e9n con un poco de preocupaci\u00f3n) mientras me invitaba a salir al patio a seguir jugando con mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>De sobra est\u00e1 decir que jam\u00e1s recib\u00ed retroalimentaci\u00f3n por mi art\u00edculo, menos supe qu\u00e9 calificaci\u00f3n obtuve. Sin embargo, con esa an\u00e9cdota de mi infancia descubr\u00ed dos cosas important\u00edsimas en mi vida: una, el impacto que en otras personas pod\u00edan llegar a tener las palabras que estaba aprendiendo a plasmar en el papel, que determinar\u00edan mi gusto por la narraci\u00f3n; y otra, que lo m\u00edo era algo m\u00e1s que morbo, que en m\u00ed exist\u00eda una genuina curiosidad por tratar de comprender el comportamiento de los seres humanos, lo que a la postre orientar\u00eda mi vocaci\u00f3n profesional.<\/p>\n<p>No soy de Papantla, y mucho menos vuelo m\u00edsticamente por los aires, pero\u2026 \u00a1Ay, Jalisco, tu hija escribe y adem\u00e1s terapea!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora de la siguiente historia hurga en los recuerdos de su ni\u00f1ez, para contarnos la impresi\u00f3n que tuvo la primera ocasi\u00f3n en que le toc\u00f3 observar a los famosos Voladores de Papantla y c\u00f3mo esa imagen tuvo repercusiones en su vida. &nbsp; Marcela Palacios Minakata &nbsp; Fue en el a\u00f1o de 1985 cuando las Fiestas de Octubre, en Guadalajara, cambiaron su sede del Parque Agua Azul al Auditorio Benito Ju\u00e1rez. Honestamente, desconozco si desde sus primeras ediciones los insignes Voladores de Papantla formaban parte de las atracciones de esta verbena popular. Lo que s\u00ed recuerdo n\u00edtidamente, es la impresi\u00f3n que me causaron cuando los vi por primera vez. Empinados en aquel interminable m\u00e1stil (o al menos as\u00ed lo percib\u00eda a mi tierna edad y desde mi precoz acrofobia), cuatro individuos ape\u00f1uscados en un fr\u00e1gil bastidor representan a los cuatro puntos cardinales, y uno m\u00e1s \u2014a mi juicio el m\u00e1s valiente de todos, porque es el \u00fanico que no lleva una cuerda de protecci\u00f3n atada a su cuerpo\u2014 danza al ritmo de la flauta y el tambor, parado apenas sobre una min\u00fascula base de madera. 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