{"id":3951,"date":"2021-03-16T12:35:33","date_gmt":"2021-03-16T18:35:33","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=3951"},"modified":"2021-03-16T15:19:34","modified_gmt":"2021-03-16T21:19:34","slug":"milagro-estoico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=3951","title":{"rendered":"Milagro estoico"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ilustracion-vehiculo-chocado-dano-automatico_87946-939-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-3953\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ilustracion-vehiculo-chocado-dano-automatico_87946-939-1.jpg\" alt=\"\" width=\"626\" height=\"374\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ilustracion-vehiculo-chocado-dano-automatico_87946-939-1.jpg 626w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ilustracion-vehiculo-chocado-dano-automatico_87946-939-1-300x179.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 626px) 100vw, 626px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>La premisa de la siguiente historia es buen\u00edsima (de hecho, la entrada es brutal, ya lo ver\u00e1n): uno no deber\u00eda ver c\u00f3mo sus padres chocan su auto. Pero al autor de la siguiente cr\u00f3nica le toc\u00f3 y nos lo cuenta detalladamente.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Adolfo Cota<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno no deber\u00eda ver nunca c\u00f3mo a sus padres los impactan mientras conducen su carro. Eso me digo ahora, ya pasado algo de tiempo y m\u00e1s caf\u00e9 de por medio. Pero el haberlo visto me da pretexto para hacer esta cr\u00f3nica del hecho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y no es que pase muy seguido, no todav\u00eda. Pero mi pap\u00e1 ya tiene m\u00e1s de 70 a\u00f1os y el que se aferre (de por s\u00ed, siempre ha sido muy terco, ahora con casi una d\u00e9cada de jubilado, a\u00f1os m\u00e1s o menos, su tozudez ha crecido desmedida) a seguir manejando, habiendo tanto Uber es una manifestaci\u00f3n de necedad. Tal vez una manifestaci\u00f3n de querer sentirse independiente bajo la idea en la que fue educado, de que tener carro es igual a eso: a ser libre. Yo a mis a\u00f1os ya entiendo que ese paradigma no es cierto. Pero bueno, mi pap\u00e1 sigue manejando pese a todo y creo que lo seguir\u00e1 haciendo a\u00fan despu\u00e9s del choque de hace unos d\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Leo de nuevo a los estoicos y aprendo de su filosof\u00eda, ahora en la modernidad del siglo XXI bajo la ense\u00f1anza del fil\u00f3sofo y bi\u00f3logo Massimo Pligliucci. Sobre eso precisamente ven\u00eda pensando mientras manejaba camino a la casa de mis pap\u00e1s. El trabajo como consultor permite manejar un horario flexible cual liga, y antes de regresar al pueblo donde actualmente radico de manera temporal, siempre me doy la oportunidad de pasar a visitar a mis padres que en estos tiempos del COVID es un lujo que cuido; me reciben con caf\u00e9 m\u00e1s o menos reci\u00e9n hecho, depende de la hora, y puedo estar con ellos unos momentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed iba, manejando por la avenida Tepeyac, paso el tope frente a la iglesia de Guadalupe y la eterna farmacia Guadalajara que conozco desde ni\u00f1o. El barrio es la colonia Chapalita en alguna de sus vertientes: sur, colonos, campo, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me toc\u00f3 el alto en el sem\u00e1foro del cruce con avenida de Las Rosas, justo hasta adelante, sin ning\u00fan carro frente a m\u00ed. Hice alto y segu\u00eda con las divagaciones del pensamiento de Epicteto. Los que conozcan, sabr\u00e1n que en ese cruce hay una peque\u00f1a glorieta, de lo m\u00e1s c\u00f3mica: de unos dos y medio metros de di\u00e1metro y que solo tiene como prop\u00f3sito ser puerta de acceso para la bomba de agua, instalada de manera subterr\u00e1nea en ese punto y ayudar a distribuir el tr\u00e1fico de los que quieren dar vuelta a la izquierda, ya sea viniendo de Las Rosas o de Tepeyac.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y ah\u00ed me encontraba frente al tr\u00e1fico cuando veo, por el rabillo del ojo, un auto de color rojo despintado que, viniendo por Las Rosas, quiso dar vuelta como tantos a la izquierda y tomar Tepeyac en la maniobra ya descrita; solo que llam\u00f3 mi atenci\u00f3n porque este veh\u00edculo no hizo alto, solo dio la vuelta aminorando un poco la velocidad para tratar de meterse a la calle con un aceler\u00f3n del carro algo destartalado, del cual se pod\u00eda ver que habr\u00eda tenido mejores d\u00edas.<\/p>\n<p>\u201cSeguro lo chocan\u201d pens\u00e9, para despu\u00e9s de eso ver c\u00f3mo lo chocaban. Era embestido por una peque\u00f1a y compacta Avanza de color champagne, o dorado jodido, seg\u00fan la cultura automovil\u00edstica del espectador, por la puerta y costado del lado derecho del carro rojo, el lado del pasajero o del copiloto. Y solo dije: \u201cclaro, lo estaba buscando\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como todav\u00eda no me tocaba el cambio de luz al verde y ten\u00eda el lugar de primera fila del choque, con suficiente distancia para sentirme un seguro espectador me puse a ver qu\u00e9 seguir\u00eda. Los que hemos chocado alguna vez sabemos que despu\u00e9s de ver que no est\u00e9s herido o algo peor, te bajas con cara de v\u00edctima, sin saber muy bien qu\u00e9 hacer para preguntarle al otro conductor \u2014que casi siempre tambi\u00e9n ya se ha bajado\u2014 si est\u00e1 bien y todo eso. Despu\u00e9s viene el abrir la guantera del carro y empezar a buscar el dichoso papel del seguro, que todos debi\u00e9ramos traer a primera mano, pero que casi todos traemos (si es que lo traemos) bajo otros centenares de papeles, bolsas de dulces vac\u00edas, un rollo a medio acabar de papel sanitario o una caja doblada de pa\u00f1uelos desechables. Yo, en lo personal, no llego al rollo de papel, pero lo he visto en diversos choques y al abrir distintos cajoncitos de la guantera de otros carros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya conoc\u00eda el guion de lo que iba a ocurrir, pero lo que me sorprendi\u00f3 al mismo tiempo de que el sem\u00e1foro me dio la luz verde fue que el se\u00f1or canoso que se baj\u00f3 del carro rojo me era conocido, muy conocido (esa camisa estilo hawaiano de flores azules sobre blanco). \u00a1Era mi pap\u00e1! Y al arrancar con el verde del sem\u00e1foro vi claramente que el copiloto era mi mam\u00e1, que ya empezaba a dar manotazos y gritos contra la imprudencia de mi se\u00f1or padre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El asunto de estacionarse era primordial, al fin y al cabo, los iba a ver a su casa y ellos estaban ah\u00ed, en la glorieta, tapando el tr\u00e1fico. Sin embargo, el estacionarme en esa zona tan llena de negocios cerca de las dos de la tarde es m\u00e1s que dif\u00edcil. Me tom\u00f3 tres vueltas intentando por distintas calles aleda\u00f1as el poder estacionarme. En cada vuelta, cuando volv\u00eda a pasar por el choque de mis pap\u00e1s, ve\u00eda una instant\u00e1nea del avance.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la primera vuelta, mi mam\u00e1 manoteaba y con claridad pasmosa pude leer sus mentadas de madre con tono asustado, mientras mi pap\u00e1 sacaba de la guantera un legajo de kilo y medio de papales doblados. A la distancia, por m\u00e1s que les pit\u00e9 e hice se\u00f1as para avisarles, no me vieron avisarles que la ayuda ven\u00eda en camino o decirles lo sorprendido que estaba de ver c\u00f3mo los hab\u00edan chocado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la segunda vuelta mi pap\u00e1 hab\u00eda desdoblado el legajo de documentos y ahora ten\u00eda una bonita bufanda de papel doblado y con distintos grados de vejez que lo cubr\u00eda a \u00e9l y parte del cofre, mi mam\u00e1 intentaba salir del carro por el asiento del conductor, ya que su puerta estaba tapada por el otro veh\u00edculo. Si bien el impacto no fue a mucha velocidad, s\u00ed me preocup\u00e9 hasta ese momento por el estado de mi mam\u00e1, pero al ver c\u00f3mo se contorsionaba para salir del carro, me tranquilic\u00e9. En esa vuelta ya me vieron y me reconocieron por mi uso del claxon y por mis gritos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la tercera vuelta me estacion\u00e9 en un lugar en el que venden de tortas ahogadas y baj\u00e9 apresurado para prestar ayuda. Cuando llegu\u00e9, mi mam\u00e1 ya no estaba en la escena, mi pap\u00e1 segu\u00eda peleando con la boa de papeles y el otro conductor, calmadamente, estaba hablando por celular. Ya estando al lado de mi pap\u00e1, despu\u00e9s de sortear carros que trataban de sortearlos a ellos, detenidos en medio de la mini glorieta, lo vi agitado y nervioso. Me se\u00f1al\u00f3 que mi mam\u00e1 \u2014chica lista\u2014 hab\u00eda caminado fuera del accidente y estaba bajo la sombra de unos yucatecos, de un banco. Mi pap\u00e1 no tra\u00eda su celular, lo hab\u00eda dejado cargando. Mi mam\u00e1 tra\u00eda el suyo, pero sin saldo y todo estaba detenido por esa incapacidad comunicadora. Llegu\u00e9 con mi tel\u00e9fono listo y mientras llamaba al n\u00famero de su aseguradora, despu\u00e9s, claro, de despedazar la tonga de papeles que mi pap\u00e1 manoseaba de un lado a otro y poder encontrar el \u00fanico documento \u00fatil que tra\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me puse a pensar que, si bien no creo en los milagros como los entienden en el catecismo \u2014tan infantiles y poco realistas\u2014 ya que creo que un milagro no puede torcer o romper o brincarse las leyes de la naturaleza que el mismo hacedor de los milagros hizo en un principio, s\u00ed creo en las coincidencias como milagros diarios. Yo estaba ah\u00ed, justo al momento del choque y pude ver a mis padres para ayudarlos. Ninguna ley natural fue rota, el milagro fue consumado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Luego, esperando al ajustador, solo pensaba en una de las definiciones del estoicismo seg\u00fan Massimo: \u201cse trata de tener claro qu\u00e9 est\u00e1 y qu\u00e9 no est\u00e1 bajo nuestro control, centrando nuestros esfuerzos en lo primero y no malgast\u00e1ndolos en lo segundo. Se trata de practicar la virtud y la excelencia y de transitar por el mundo maximizando nuestras capacidades\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con esto \u00faltimo en mente, ya en casa, con caf\u00e9 despu\u00e9s de comer con mis pap\u00e1s, empezamos la negociaci\u00f3n de tirar y romper todos los papeles innecesarios que mi se\u00f1or padre gusta, como tantos otros, de traer en la guantera. Estos momentos hacen necesario al estoicismo en nuestras vidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La premisa de la siguiente historia es buen\u00edsima (de hecho, la entrada es brutal, ya lo ver\u00e1n): uno no deber\u00eda ver c\u00f3mo sus padres chocan su auto. Pero al autor de la siguiente cr\u00f3nica le toc\u00f3 y nos lo cuenta detalladamente. &nbsp; Adolfo Cota &nbsp; Uno no deber\u00eda ver nunca c\u00f3mo a sus padres los impactan mientras conducen su carro. Eso me digo ahora, ya pasado algo de tiempo y m\u00e1s caf\u00e9 de por medio. Pero el haberlo visto me da pretexto para hacer esta cr\u00f3nica del hecho. &nbsp; Y no es que pase muy seguido, no todav\u00eda. Pero mi pap\u00e1 ya tiene m\u00e1s de 70 a\u00f1os y el que se aferre (de por s\u00ed, siempre ha sido muy terco, ahora con casi una d\u00e9cada de jubilado, a\u00f1os m\u00e1s o menos, su tozudez ha crecido desmedida) a seguir manejando, habiendo tanto Uber es una manifestaci\u00f3n de necedad. Tal vez una manifestaci\u00f3n de querer sentirse independiente bajo la idea en la que fue educado, de que tener carro es igual a eso: a ser libre. Yo a mis a\u00f1os ya entiendo que ese paradigma no es cierto. 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