{"id":4006,"date":"2021-03-26T13:21:24","date_gmt":"2021-03-26T19:21:24","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4006"},"modified":"2021-03-26T13:21:24","modified_gmt":"2021-03-26T19:21:24","slug":"ese-26-de-marzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4006","title":{"rendered":"Ese 26 de marzo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4007\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/sigmund-OV44gxH71DU-unsplash-640x427.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>A un a\u00f1o del inicio de la pandemia, comenzamos ya a hacer un balance un poco m\u00e1s mesurado de lo que hemos vivido. As\u00ed como en las primeras cr\u00f3nicas que publicamos aqu\u00ed mismo justo hace un a\u00f1o se pod\u00eda respirar un dejo de incertidumbre, de m\u00e1s dudas que certezas, ahora la perspectiva es distinta. La autora de la siguiente historia recuerda lo sucedido, justo un d\u00eda como hoy, 26 de marzo, pero de 2020, cuando entonces ni nos imagin\u00e1bamos lo que vendr\u00eda. Buen momento para empezar a hacer corte de caja y que quede testimonio de este momento hist\u00f3rico que vivimos.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Por Abril Casas<\/h3>\n<h5>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@sigmund?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Sigmund<\/a> v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/pandemic-2020?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEs una reverenda friega\u201d le contest\u00e9. Vi en los ojos de Ana algo de decepci\u00f3n, definitivamente esperaba una respuesta m\u00e1s parecida a la de los comerciales de pa\u00f1ales y otros productos para beb\u00e9s: una mam\u00e1 en vestido vaporoso, peinada perfectamente, amamantando en una mecedora en medio de la m\u00e1s hermosa calma. Mi hijo ten\u00eda 5 meses y yo estaba somnolienta a todas horas, cansada como nunca, y muy harta. Adem\u00e1s, caminaba chueco porque el embarazo me jodi\u00f3 la espalda. Albergu\u00e9 por nueve meses a un beb\u00e9 que termin\u00f3 pesando cuatro kilos al nacer, casi el 10% de lo que pesaba yo; a los tres meses el ni\u00f1o ya pesaba ocho kilos. Estaba feliz, no lo niego, pero no todo el tiempo como me dijo mi mam\u00e1 que estar\u00eda. Publicidad enga\u00f1osa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo pens\u00e9 que aquel era el nivel m\u00e1ximo de cansancio, pero estaba equivocada. Exactamente el 26 de marzo de 2020, a 12 d\u00edas de que el gobernador del estado de Jalisco nos encerrara a todos por un virus que todav\u00eda no sab\u00edamos bien qu\u00e9 era pero que te mataba de ahogo, la expresi\u00f3n \u201cmorir de cansancio\u201d tuvo todo el sentido para m\u00ed. La fecha se me qued\u00f3 grabada porque jam\u00e1s hab\u00eda estado tan cansada en toda mi vida y, adem\u00e1s, ese d\u00eda mi padre biol\u00f3gico, al que conozco menos que a mi vecino, decidi\u00f3 enviarme un mensaje emotivo por WhatsApp, felicit\u00e1ndome por mi cumplea\u00f1os. Yo cumplo a\u00f1os el 10 de marzo. Como que tuvo una revelaci\u00f3n o vio a la muerte muy cercana entre tanto barullo con el mentado virus COVID-19. Culpa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi hijo, mi esposo y yo est\u00e1bamos en confinamiento en medio de un vendaval de informaci\u00f3n: de comunicados de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, del Gobierno Federal, del Gobierno del Estado, estos \u00faltimos contradici\u00e9ndose entre s\u00ed sobre la gravedad del asunto y sobre las medidas a tomar \u2014que te pongas el cubrebocas, que te lo quites\u2014; de <em>tweets<\/em> de especialistas, conspiracionistas, opin\u00f3logos profesionales e <em>influencers<\/em>; y de mensajes escritos y audios en WhatsApp de amigos y familiares que supuestamente proven\u00edan de m\u00e9dicos y enfermeras que atend\u00edan directamente a enfermos de COVID. Un mes antes comet\u00ed el error de meterme a un chat de se\u00f1oras. Los \u201cpiolines\u201d de buenos d\u00edas fueron sustituidos por recetas milagrosas para prevenir el COVID y de notas de peri\u00f3dicos quien sabe de d\u00f3nde, que dec\u00edan que todo era una mentira despiadada del gobierno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s de declararse el confinamiento, mi esposo sigui\u00f3 yendo al trabajo mientras mi trabajo de campo, la tesis y la guarder\u00eda pararon en seco. Mi hijo de dos a\u00f1os y yo nos quedamos en casa intentando distraer la mente de aquello que suced\u00eda tras las paredes; pintamos, jugamos, bailamos y construimos con bloques. Los primeros d\u00edas del confinamiento yo le\u00eda, reestructuraba y escrib\u00eda la tesis de noche, al l\u00edmite del cansancio, pero con una productividad que ni yo me la cre\u00eda. Estaba escribiendo como nunca y avanzando como si me fuera a morir ma\u00f1ana y no quisiera dejar la pinche tesis a medias. La racha de productividad se me acab\u00f3, precisamente, el 26 de marzo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese d\u00eda me levant\u00e9 como si un d\u00eda antes hubiera subido la Barranca de Huentit\u00e1n (quienes lo han hecho, me van a entender): la cabeza me daba vueltas y ten\u00eda n\u00e1useas. La alarma hab\u00eda sonado a las 7 de la ma\u00f1ana, pero la retras\u00e9 dos veces. Era jueves y mi esposo ten\u00eda que cumplir religiosamente su horario de 6 de la ma\u00f1ana a 2 de la tarde de <em>home office <\/em>y yo ten\u00eda que cuidar a un demandante ni\u00f1o de dos a\u00f1os que estaba muy confundido porque no lo dej\u00e1bamos salir y al que le parec\u00eda que las paredes se hac\u00edan cada vez m\u00e1s estrechas con el pasar de los d\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLev\u00e1ntate\u201d me dije, y me tom\u00e9 una pastilla de paracetamol. Recuerdo que no vi la caducidad, \u201cpa\u2019 qu\u00e9 si ni puedo salir a comprar una caja nueva, mejor me la tomo en medio de la duda, de algo ha de servir\u201d, pens\u00e9. Lo siguiente que hice fue ir a ver a El\u00edas a su cuarto: segu\u00eda dormido, para mi fortuna. Y escuchaba los tecladazos en la computadora de mi esposo en la planta baja, que ya estaba trabajando. Baj\u00e9 y me hice la que no me dol\u00eda nada, no quer\u00eda preocuparlo, adem\u00e1s, lo ve\u00eda muy atareado porque ten\u00eda que entregar no s\u00e9 qu\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tom\u00e9 agua y regres\u00e9 a acostarme por tres minutos antes de escuchar: \u201cmam\u00e1, ya me levant\u00e9\u201d. Fui al cuarto de mi hijo, me acost\u00e9 a su lado y comenc\u00e9 a cantarle. Esos escasos cinco minutos del d\u00eda eran para m\u00ed los m\u00e1s bonitos en medio de tanta fregadera. Nos fuimos al sill\u00f3n a jugar con unos bloquecitos de madera y a que me contara qu\u00e9 hab\u00eda so\u00f1ado. \u201cSiete defunciones por COVID-19 en M\u00e9xico\u201d, le\u00ed de reojo en mi celular, lo dej\u00e9 en el sof\u00e1. Abrac\u00e9 a mi hijo con fuerza, esperando sentirme mejor y que \u00e9l no se diera cuenta que su mam\u00e1 estaba asustada y no ten\u00eda respuesta para la pregunta que me acababa de hacer: \u201c\u00bfcu\u00e1ndo vamos a salir a jugar?\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al siguiente d\u00eda ser\u00eda viernes, pero qu\u00e9 m\u00e1s daba si todos los d\u00edas eran iguales, ya no me emocionaba el fin de semana. Bajamos a desayunar y los tres nos abrazamos y nos dimos los buenos d\u00edas. Hice algo sencillo porque la imaginaci\u00f3n y el entusiasmo de desayunar todos juntos sin prisas ya se me hab\u00edan terminado: huevos otra vez y batido de frutas, este \u00faltimo s\u00ed variaba de vez en cuando.\u00a0Yo com\u00ed poco porque las n\u00e1useas me segu\u00edan atormentando. Despu\u00e9s de desayunar mi hijo y yo pasamos dos horas jugando en las escaleras con un globo, \u00e9l parec\u00eda disfrutarlo mucho y yo trataba de jugar con el m\u00ednimo esfuerzo, porque el dolor de cabeza no ced\u00eda.<\/p>\n<p>A las 12 del d\u00eda ya me sent\u00eda un poco mejor y era hora de sacar \u201cla caja de actividades\u201d, una caja de zapatos donde guard\u00e1bamos material para hacer manualidades, o m\u00e1s bien para hacer cochinero disfrazado de obras de arte. Nos sentamos en la mesa del comedor y comenzamos a recortar, pintar y pegar, el resultado siempre era interesante, pero ese d\u00eda mi hijo no quiso hacer demasiado, estaba harto de la caja de actividades y me hizo carita de tristeza. Por primera vez en toda su vida me dijo: \u201cquiero ir a mi cuarto, ya no quiero ver solo a mam\u00e1 y a pap\u00e1\u201d. Subi\u00f3 las escaleras y se qued\u00f3 ah\u00ed como treinta minutos, mientras yo me quedaba recogiendo la mesa con el coraz\u00f3n apesadumbrado. Todos en casa comenz\u00e1bamos a sentir los estragos del confinamiento, pero un ni\u00f1o de dos a\u00f1os no ten\u00eda muchas herramientas emocionales para enfrentarlo. Me preocup\u00e9, me preocup\u00e9 mucho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las 2 de la tarde ya era turno de pap\u00e1. Muerto de cansancio se puso a jugar y a interpretar a uno de los perritos de los Paw Patrol con fingido entusiasmo. Yo me puse los aud\u00edfonos y me sent\u00e9 frente a la computadora a trabajar en la tesis y en cosas de la consultor\u00eda. Pasaron dos horas de abrir y cerrar archivos, acomodar y escribir ideas a medias; entonces comenc\u00e9 a llorar; no ten\u00eda nada qu\u00e9 escribir, no ten\u00eda ganas de trabajar, no ten\u00eda ganas de nada. Deb\u00eda entregar algo importante en pocos d\u00edas, la cual me molestaba mucho: \u201c\u00bfqui\u00e9n piensa en avances de tesis con el mundo en llamas?\u201d, me preguntaba con rabia. Despu\u00e9s del episodio de llanto intent\u00e9 escribir de nuevo. Nada. La espalda me empez\u00f3 a doler, desde el embarazo sentarme por algunas horas sin moverme se convirti\u00f3 en un martirio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sub\u00ed las escaleras para ver a padre e hijo mirando la televisi\u00f3n abrazados, esa escena me calm\u00f3 por unos minutos. Mi esposo ya se hab\u00eda quedado dormido y mi hijo no dejaba de tener esa carita de tristeza, me volte\u00f3 a ver y me dijo: \u201c\u00bfme abrazas?\u201d. Sin dudarlo lo cargu\u00e9, no s\u00e9 c\u00f3mo, porque la espalda ya no me respond\u00eda igual y el ni\u00f1o ya pesaba 19 kilos. A paso lento me lo llev\u00e9 a su cama mientras pap\u00e1 dorm\u00eda en el sill\u00f3n casi en estado de coma. Cuando lo dej\u00e9 caer en la cama algo me tron\u00f3, no supe si fue la espalda o la cadera, ya me daba lo mismo. Nos quedamos abrazados como 20 minutos, mientras me hac\u00eda preguntas sobre \u201cEl Rey Virus\u201d, as\u00ed le dec\u00eda al COVID-19, porque le cont\u00e9 un cuento donde as\u00ed lo llamaban. Respond\u00ed lo poco que sab\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las 7:30 de la noche era la hora del ba\u00f1o y un berrinche \u00e9pico se present\u00f3. Mi hijo se rehusaba a ba\u00f1arse y sus gritos nos taladraban los o\u00eddos. El dolor de cabeza regres\u00f3. Los berrinches se hac\u00edan cada vez m\u00e1s habituales, pero este era otro nivel: hab\u00eda llanto, patadas, y lanzamiento de juguetes que estaban a la mano. Hartos, mi esposo y yo lo dejamos terminar mientras nos sentamos en el sill\u00f3n, no ten\u00edamos ganas de explicar, obligar o rega\u00f1ar. Adem\u00e1s, parec\u00eda que el berrinche era necesario, que hab\u00eda algo de todos en \u00e9l y est\u00e1bamos dejando salir la frustraci\u00f3n acumulada, la tristeza y el hartazgo. Despu\u00e9s de 15 minutos mi hijo se calm\u00f3 y nos pidi\u00f3 abrazarlo. Nadie dijo nada, nos quedamos en el sill\u00f3n los tres abrazados. Yo vi el reloj, eran las 8:05 de la noche de ese horrible 26 de marzo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; A un a\u00f1o del inicio de la pandemia, comenzamos ya a hacer un balance un poco m\u00e1s mesurado de lo que hemos vivido. As\u00ed como en las primeras cr\u00f3nicas que publicamos aqu\u00ed mismo justo hace un a\u00f1o se pod\u00eda respirar un dejo de incertidumbre, de m\u00e1s dudas que certezas, ahora la perspectiva es distinta. La autora de la siguiente historia recuerda lo sucedido, justo un d\u00eda como hoy, 26 de marzo, pero de 2020, cuando entonces ni nos imagin\u00e1bamos lo que vendr\u00eda. Buen momento para empezar a hacer corte de caja y que quede testimonio de este momento hist\u00f3rico que vivimos. &nbsp; Por Abril Casas Foto de Sigmund v\u00eda Unsplash &nbsp; &nbsp; \u201cEs una reverenda friega\u201d le contest\u00e9. Vi en los ojos de Ana algo de decepci\u00f3n, definitivamente esperaba una respuesta m\u00e1s parecida a la de los comerciales de pa\u00f1ales y otros productos para beb\u00e9s: una mam\u00e1 en vestido vaporoso, peinada perfectamente, amamantando en una mecedora en medio de la m\u00e1s hermosa calma. Mi hijo ten\u00eda 5 meses y yo estaba somnolienta a todas horas, cansada como nunca, y muy harta. Adem\u00e1s, caminaba chueco porque el embarazo me jodi\u00f3 la espalda. 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