{"id":4033,"date":"2021-04-02T16:04:54","date_gmt":"2021-04-02T22:04:54","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4033"},"modified":"2021-04-06T09:47:18","modified_gmt":"2021-04-06T14:47:18","slug":"diez-estampas-de-semana-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4033","title":{"rendered":"Diez estampas de Semana Santa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/keem-ibarra-D8MFQXLF1YQ-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4035\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/keem-ibarra-D8MFQXLF1YQ-unsplash.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/keem-ibarra-D8MFQXLF1YQ-unsplash.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/keem-ibarra-D8MFQXLF1YQ-unsplash-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>La siguiente es una cr\u00f3nica colectiva, elaborada a diez manos. Diez diferentes autores escriben, con el pretexto de la semana santa, alguna historia, alg\u00fan recuerdo o simplemente un recuento, lo que nos lleva a tener un amplio mosaico de temas, de voces, de estilos.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Primera Estaci\u00f3n. Un viacrucis anticipado<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Es muy temprano y mi mam\u00e1 est\u00e1 sentada en un banco gris de pl\u00e1stico, a media cuadra de la entrada principal del Cuartel Colorado, en Guadalajara, en la calle Xicot\u00e9ncatl casi esquina con Gigantes. Espera su turno, trae el cubrebocas bien puesto y eso le ayuda a esconder el miedo que siente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No me ve. Platica con las personas que conoce del barrio al que lleg\u00f3 en los a\u00f1os 60 del siglo pasado, procedente de Capilla de Guadalupe. Mi pap\u00e1, sentado en un banco rojo con la marca de Coca-Cola, conversa, hace chistes, \u00e9l no tiene miedo, as\u00ed enfrenta las adversidades, siempre, jugando, despu\u00e9s de todo \u00e9l est\u00e1 en sus terrenos, naci\u00f3 ah\u00ed, en el barrio de San Juan de Dios, en 1950. Yo espero con mi hija en una silla que me prestaron. Es domingo 21 marzo de 2021. El Viacrucis de la Semana Santa parece haberse adelantado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le pregunto a mi mam\u00e1 c\u00f3mo se siente. De inmediato salen l\u00e1grimas de sus ojos, no puede contener el llanto: \u201cTengo miedo, siento que me voy a morir\u201d. Chela, la vecina que los conoce desde hace al menos 40 a\u00f1os, le dice: \u201cNi se apure, mi mam\u00e1 tiene presi\u00f3n alta y est\u00e1 como si nada\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pasan las horas. Fanny, la hija de Chela, tiene 28 a\u00f1os, es delgada y muy movida. Ella organiz\u00f3 la espera, est\u00e1 formada desde la noche anterior, no ha dormido desde el jueves, pero luce fresca mientras nos pide paciencia. Se sali\u00f3 de la fila por un momento para ir al ba\u00f1o mientras mi t\u00eda le cuida el lugar, dice que falta poco, calcula que como a las 10:30 ya les tocar\u00e1 a mis pap\u00e1s formarse solos. Mi mam\u00e1 vuelve a llorar. Tiene mucho miedo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llama Fanny por el celular y nos avisa que ya es hora. Mi hermana toma la mano de mi mam\u00e1 y comienzan a caminar en direcci\u00f3n al Cuartel. Yo siento escalofr\u00edo, veo la espalda de mi mam\u00e1, tiene 66 a\u00f1os, pero le cuesta caminar. Dos preguntas me perturban: \u00bfy si se muere?, \u00bfy si es la \u00faltima vez que la veo bien? Respiro y me concentro, debo decirle a mi pap\u00e1 para d\u00f3nde se fueron, porque quiso entrar al ba\u00f1o justo cuando le dijeron que se formara. Mi pap\u00e1 camina seguro, \u00e9l insiste en que no tiene miedo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La fila avanza hacia la entrada del Cuartel, mi hermana los graba con el celular y mi hija les desea suerte. Mi mente vuela, imagino que es la fila de la muerte, que los van a fusilar de alguna manera, al fin es un cuartel, pero tambi\u00e9n pienso que es la fila de la vida, todo a la vez, siento que estoy so\u00f1ando o teniendo una pesadilla, que estamos en guerra, o en otro tiempo, como que a pesar de estar confinada por m\u00e1s de un a\u00f1o no puedo creer que estemos en pandemia, eso solo lo vi en los libros, en las pel\u00edculas; hoy estoy aqu\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente, y despu\u00e9s de casi una hora de espera, salen triunfantes, no los fusilaron, es m\u00e1s, casi ni sintieron el piquete, ya est\u00e1n vacunados. Yo respiro, el Viacrucis parece haber terminado, por ahora. Falta la segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19 y a\u00fan no es Semana Santa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Segunda estaci\u00f3n: Del aplauso a la perforaci\u00f3n del cuerpo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay personas que recuerdan de la Semana Santa las vacaciones, yo recuerdo cuando mi mam\u00e1 nos llevaba a mi hermana y a m\u00ed a Guanajuato, nos qued\u00e1bamos en casa de mi t\u00eda Rosa y visit\u00e1bamos muchos templos, era una \u00e9poca muy religiosa de mi mam\u00e1. Nosotros \u00e9ramos ni\u00f1os y todo en vacaciones era de un color llamativo y m\u00e1s agradable. Tanto as\u00ed que en una ocasi\u00f3n mi mam\u00e1 se par\u00f3 a leer en misa, en un templo en muy antiguo y lleno de viejitos de iglesia que sab\u00edan todos los cantos habidos y por haber. Cuando termin\u00f3 la lectura, mi hermana y yo le aplaudimos como si de la ganadora del premio Nobel se tratara. En vacaciones todo se mira de otra forma, por eso ni el sacerdote celebrante, ni la recua de viejitos de la iglesia siguieron nuestro aplauso: ellos no estaban de vacaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando era muy peque\u00f1o acompa\u00f1aba a mi abuelita a todas las actividades de Semana Santa de la iglesia, por eso s\u00e9 qu\u00e9 es la adoraci\u00f3n a la cruz, el p\u00e9same a la virgen, las siete palabras, el v\u00eda crucis y hasta la adoraci\u00f3n del fuego nuevo. Pero una de las cosas m\u00e1s religiosas para m\u00ed fue cuando, estando en tercero de secundaria, me qued\u00e9 solo en la casa porque todos se hab\u00edan ido a alguno de los oficios de semana santa y me perfor\u00e9 la oreja izquierda y me puse una arracada de plata que hab\u00eda comprado el tianguis cultural, cuando todav\u00eda se pon\u00eda en el exconvento del Carmen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tercera estaci\u00f3n. Todo pecado se redime con la bendici\u00f3n sacerdotal<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Guillermina no crucific\u00f3 a Cristo el Viernes Santo de 1950, pero para sus padres fue como si lo hubiera hecho. Aquel d\u00eda, Guille, como le dec\u00edan en casa, fue a la parroquia principal a presenciar las tres ca\u00eddas, en compa\u00f1\u00eda de su hermana Mar\u00eda Gonz\u00e1lez y del esposo de \u00e9sta, Manuel Camacho, quienes d\u00e9cadas despu\u00e9s se convertir\u00edan en mis abuelos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Igual que cada a\u00f1o, en San Luis de la Paz, un pueblo polvoriento de Guanajuato, Jes\u00fas cay\u00f3 tres veces antes de ser crucificado, sin mayores contrariedades. Al terminar la representaci\u00f3n religiosa, Guille, Mar\u00eda y Manuel cruzaron hacia el jard\u00edn principal. Compraron rodajas de quiote dulce, el palo que crece en el centro del maguey y que los lugare\u00f1os horneaban bajo tierra, como la barbacoa. Enseguida tomaron una banca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hubo un momento en que Guille dijo a su hermana que dar\u00eda vueltas alrededor del jard\u00edn, como acostumbraban los j\u00f3venes por aquellos a\u00f1os. Las mujeres caminaban en un sentido y los hombres en otro. Mar\u00eda siempre estuvo alerta, pendiente de su hermana. Vio cruzar varias veces los mismos rostros, entre ellos el de Guille, pero de pronto ya no. Se alarm\u00f3. La busc\u00f3. Pens\u00f3 que estaba por ah\u00ed platicando con alguien, con alguna prima o amiga. No, ya no apareci\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mar\u00eda durmi\u00f3 esa noche en la casa de su t\u00eda Isa. Apenas clare\u00f3, la ma\u00f1ana del S\u00e1bado de Gloria, sali\u00f3 rumbo al Rancho San Isidro. Lleg\u00f3 directo a la casa de sus pap\u00e1s, Virginia \u00c1lvarez y Pedro Gonz\u00e1lez. Entre l\u00e1grimas, les dijo que Guille se hab\u00eda perdido, que no sab\u00eda nada de ella. No tuvieron noticias todo ese d\u00eda, que es un d\u00eda de luto y silencio para los cat\u00f3licos, tan triste que no hay misas ni sacramentos en las iglesias. En San Luis de la Paz ni siquiera prend\u00edan las luces del templo, porque era un d\u00eda de llanto y soledad para Mar\u00eda: para la Virgen Mar\u00eda, no para Mar\u00eda la hermana de Guille.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Cristo trajo un domingo de alegr\u00eda para el pueblo que no alcanz\u00f3 para la casa de los Gonz\u00e1lez \u00c1lvarez porque no se les revel\u00f3 el hijo de Dios, sino don Sim\u00f3n y do\u00f1a Rafaela. Llevaban noticias de Guille: no hab\u00eda muerto, mucho menos resucitado; es m\u00e1s, se encontraba en pecado. Se hab\u00eda ido con Andr\u00e9s, el pretendiente, e hijo de ambos, y estaba con ellos en el rancho El Redondo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Don Pedro, aunque ya lo sospechaba desde un d\u00eda antes, estall\u00f3 en ira ya con el hecho confirmado. As\u00ed estuvo un largo rato hasta que do\u00f1a Virginia lo calm\u00f3. Escucharon de nuevo a las visitas y llegaron a un acuerdo: Guille y Andr\u00e9s se casar\u00edan por el civil la siguiente semana. Tambi\u00e9n quedaron en que ella permanecer\u00eda en casa de sus futuros suegros hasta entonces, pero no dormir\u00eda cerca del prometido. Fue un pacto breve, sin el ritual de la \u00e9poca. Los padres del novio no pedir\u00edan la mano de la novia acompa\u00f1ados del sacerdote de la iglesia, ni llevar\u00edan las viandas correspondientes. Ya para qu\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Guille y Andr\u00e9s se casaron por obra de un juez, aunque no tuvieron derecho a noche de bodas; no todav\u00eda. Ella regres\u00f3 con sus padres ese d\u00eda y estuvo con ellos durante las tres semanas siguientes, mientras duraban las amonestaciones, es decir, en tanto una hoja con los nombres de los prometidos permanec\u00eda pegada en el pizarr\u00f3n de la parroquia por si otra persona reclamase el mismo derecho con el mismo hombre\u2026 o con la misma mujer. \u00a0No hubo novedades, la ceremonia religiosa se celebr\u00f3, y \u2014para la familia\u2014 la bendici\u00f3n del sacerdote borr\u00f3 la ofensa, casi crucifixi\u00f3n, cometida contra el Hijo de Dios aquel Viernes Santo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cuarta Estaci\u00f3n. Los anhelos de una vacaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir del viernes santo, justo cuando muere Cristo crucificado, hasta el Domingo de Resurrecci\u00f3n, se permite de todo, desatar incluso los m\u00e1s disolutos deseos, pues Dios ha muerto, no ve nada y por lo tanto no existe pecado, todo es aceptado sin remordimiento alguno.<\/p>\n<p>Parece que los vacacionistas en Puerto Vallarta hicieron suya esta premisa de la pel\u00edcula peruana llamada <em>Madeinusa<\/em>, un nombre muy peculiar al igual que la trama, en donde suceden varios acontecimientos inauditos en las fiestas del pueblo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viernes Santo 6:00 de la tarde. Al principio me pareci\u00f3 emocionante ver el malec\u00f3n y la calle por donde transitan los autos, atiborrada de gente. La banda en vivo amenizaba el atardecer y algunos disfrutaban de los mimos o del hombre que por unas monedas moldea una figura de arena a la orilla del mar. Familias numerosas parlotean entre risas, con m\u00ednimo una f\u00e9mina que luce orgullosa las tradicionales trencitas playeras que dejan entrever su cuero cabelludo y que sirven de prueba fehaciente de que se estuvo en la playa.<\/p>\n<p>Hasta ese momento solo pensaba en lo que mis padres me hab\u00edan privado de disfrutar por tantos a\u00f1os, cuando se negaban a mi petici\u00f3n sobre viajar en plena Semana Santa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, al caer la noche, con un Dios muerto que no puede ver los pecados, todo cambi\u00f3 y aquello que por la tarde luc\u00eda como una verbena popular, empez\u00f3 a tomar tintes decadentes y la conducta de moderaci\u00f3n que tanto predica la iglesia cat\u00f3lica para los tiempos santos, desapareci\u00f3 lentamente, junto con el juicio de los presentes: a los alrededores, varias parejas se manoseaban sin recato, hombres ebrios envalentonados protagonizaban absurdas ri\u00f1as y mujeres solidarias sosten\u00edan la cabellera de la amiga para que el v\u00f3mito no arruinara su peinado, mientras hac\u00edan largas filas para comprar m\u00e1s alcohol en alguna vinater\u00eda. Yo, ante este decepcionante panorama, decid\u00ed regresar a mi hotel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>S\u00e1bado de Gloria, 6:00 de la ma\u00f1ana. Mi amigo Jorge, que tambi\u00e9n vacacionaba en Vallarta, toca la puerta de mi cuarto para notificarme que mi otro amigo, Oliver, estaba desparecido. M\u00e1s tardamos mi hermana y yo en salir a buscarlo que su pap\u00e1 llam\u00e1ndonos para avisar que lo hab\u00edan encontrado a la orilla del mar, dormido al lado de lo que parec\u00eda ser su propio v\u00f3mito. En ese instante, despu\u00e9s de anhelar cada a\u00f1o vacacionar como \u201cla gente normal\u201d, jur\u00e9 no volver a hacerlo. La Semana Santa, como dicen, son d\u00edas de guardar, pero de guardar distancia de los dem\u00e1s, m\u00e1s si se est\u00e1 en medio de una pandemia, por ejemplo. De guardar ese af\u00e1n aspiracional de tener la aclamada <em>selfie<\/em> para mostrar en redes que se es pudiente y aventurero. D\u00edas de guardarse, descansar y reflexionar, y no porque la liturgia lo diga, ya que gracias a Dios soy atea, sino por la paz mental que todos en alg\u00fan momento de nuestra vida necesitamos, m\u00e1s que las esperadas vacaciones de Semana Santa.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4037\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash-640x427.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/johnny-chau-WbBTlOk-CRY-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Quinta estaci\u00f3n. La espera por la Gloria<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era S\u00e1bado de Gloria de 1987 y como en todos los d\u00edas santos, se percib\u00eda un sentimiento de luto y de densidad en el ambiente. El calor era apenas soportable, pareciera que la temperatura aumenta los d\u00edas en que Jesucristo muere. Las familias en sus casas le guardan luto y esperan ansiosas el paso de la muerte a la resurrecci\u00f3n. Patricia, en el hospital, espera a que el m\u00e9dico la atienda porque desde una noche anterior sent\u00eda dolores repentinos en su vientre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Est\u00e1 ya en su noveno mes de embarazo, a unas semanas de dar a luz a su primera hija. El m\u00e9dico, despu\u00e9s de atenderla, le explica que hab\u00eda iniciado ya trabajo de parto, pero que a\u00fan no estaba lista para dar a luz. Le indic\u00f3 regresar a casa y caminar un poco, para que esto le ayudara a tener un parto natural m\u00e1s efectivo, y que regresara al hospital por la tarde.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed que camina, junto con Juan Manuel su esposo, hacia la central de autobuses; despu\u00e9s, de las afueras del pueblo donde los dej\u00f3 el cami\u00f3n hacia su casa, y de igual forma para regresar por la tarde al hospital. Son aproximadamente cuatro kil\u00f3metros, mucho m\u00e1s de lo que camin\u00f3 Jes\u00fas con la cruz antes de ser crucificado, pero para ella no es viernes de crucifixi\u00f3n, sino un S\u00e1bado de Gloria, y Patricia no carga con los pecados del mundo, sino que lleva a una beb\u00e9 a punto de nacer; tampoco la espera un sacrificio de muerte, sino la bendici\u00f3n de una nueva vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte de Cristo, el mundo se queda como en pausa, en espera del Domingo de Resurrecci\u00f3n, aguardando a que Jes\u00fas, con su naturaleza divina, vuelva a la vida; as\u00ed tambi\u00e9n Patricia se encuentra a la espera de la llegada de su hija.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Arrib\u00f3 al hospital a las siete de la noche y tuvo a su beb\u00e9 a las once cuarenta y cinco, cuando el cielo (la gloria, le llaman) se abre y las campanas repican. La llam\u00f3 Gloria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sexta estaci\u00f3n: el evangelio por medio de la tortilla<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En mi adolescencia me junt\u00e9 con los Legionarios de Cristo porque tra\u00eda el diablo suelto y quer\u00eda aplacarlo; me daba miedo, creo. Y estaba de moda ir de misiones: las Megamisiones, les llamaban. Consist\u00eda en ir el Domingo de Ramos a la Universidad An\u00e1huac, en el antiguo DF, a una misa con el mero mero Don Marcial Maciel, en la que se congregaba toda la banda del pa\u00eds y de ah\u00ed part\u00eda cada uno a su destino. Conoc\u00ed diferentes poblaciones del Estado de M\u00e9xico, Oaxaca, Guerrero y tambi\u00e9n estuve en mi natal Guanajuato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con tan solo 15 a\u00f1os, ten\u00eda la tarea de visitar, casa por casa, a la gente del pueblo a \u201cevangelizar\u201d. Les d\u00e1bamos un <em>speech<\/em> de que Dios esto y Dios lo otro. Nos equipaban con un morral de manta \u2014que ten\u00eda rosarios, calcoman\u00edas e im\u00e1genes de la virgen\u2014 un paliacate rojo y una playera, todo con los logos propagand\u00edsticos de los \u00ablegios\u00bb, y uno usaba sus jeans y alg\u00fan sombrero de palma, algunos m\u00e1s fresones al estilo <em>whitexican<\/em>, otros usaban cachuchas de cualquier tipo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A posteriori me di cuenta de que a m\u00ed lo que me gustaba era cotorrear con la gente. Seguro pensaban: \u201c\u00bfeste morro cag\u00f3n que me va a venir a decir de Dios?\u201d, pero en general siempre \u00e9ramos muy bien recibidos y con harta comida. Recuerdo a do\u00f1a Pina, una se\u00f1ora de unos 55-60 a\u00f1os que se paraba a tortear a las 5 de la ma\u00f1ana. La visitamos alrededor de las 10; mi compa\u00f1ero y yo tocamos la puerta, y nos abri\u00f3, nos presentamos y nos invit\u00f3 a pasar. Su casa era de adobe, la cocina ten\u00eda piso de tierra y estaba oscura por falta de ventanas, nos arrim\u00f3 unos banquitos de madera para que nos sent\u00e1ramos y mientras nos sirvi\u00f3 un taco de frijoles y salsa martajada. La tortilla era gruesa, de ma\u00edz azul, hecha a mano en un comal grande calentado por le\u00f1a. Los frijolitos reposaban en una olla de barro redonda con dos asas, una ya medio rota, y el chile \u2014bravo como la chingada\u2014 descansaba en el molcajete.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Do\u00f1a Pina vend\u00eda tortillas para hacerse de alg\u00fan \u201cdinerito\u201d, y sus hijos trabajaban en el campo y tambi\u00e9n le ayudaban con los gastos de la casa; ella cuidaba a los nietos, que por ah\u00ed andaban medio mocosos y descalzos. Se paraba a las 5 de la ma\u00f1ana a preparar la masa, el ma\u00edz que usaba lo cultivaba en su propio patio, torteaba para su familia, para vender y para sus hijas que ven\u00edan diario a visitarla. Su vida era simple: tortear, cuidar nietos, ir a la iglesia, sentarse en la banqueta de la calle a platicar con sus vecinas, y tan tan. Siempre admir\u00e9 a do\u00f1a Pina y a la gente que vive de forma simple, que forja con sus propias manos su alimento y que toma de la tierra solo lo necesario para vivir. Hay honestidad en ese trato, sin voracidad, sin extravagancias; unas manos callosas que volteaban la tortilla sin quemaduras y sin reparos, que arrancaban solo el ma\u00edz necesario, que alimentaban a quien necesitaba un taco. De Dios no recuerdo que hayamos hablado, o al menos, no era lo importante para los que est\u00e1bamos ah\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>S\u00e9ptima estaci\u00f3n. El aviso que lleg\u00f3 del cielo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como reacia heredera de los m\u00e1s arraigados introyectos cat\u00f3licos, apost\u00f3licos, romanos (guadalupanos y tapat\u00edos), me resulta imposible desasociar a la Semana Santa con el caduco y abyecto concepto de la culpa.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n me vino, igual que a muchos, inc\u00f3modamente impuesta. No fue extra\u00f1o que a muy corta edad se deline\u00f3 mi vena ap\u00f3stata. Intentos hubo de rectificar el camino, por supuesto, pero nunca de mis padres \u2014al fin rebeldes <em>jipis<\/em> <em>comeflores<\/em> sesenteros\u2014 sino de la influencia de los familiares m\u00e1s cercanos, que adem\u00e1s resultaban ser vecinos en la colonia donde crec\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era la t\u00eda Nena, la consentida de todos, quien diligentemente encaminaba a las imp\u00edas sobrinas y pecadoras en ciernes a todo aquel ritual dictado por los mandamientos de la Santa Madre Iglesia: la misa dominical al mediod\u00eda (previa promesa de que habr\u00eda flautas de pollo con salsa verde en el mercado de Las Fuentes), los doces de diciembre, las navidades, la confesi\u00f3n de pecados mortales inexistentes que requer\u00edan con suma urgencia de la absoluci\u00f3n del padre Miguel para poder comulgar y, claro, la mayor puesta en escena anual del templo de San Pablo: el calamitos\u00edsimo Viacrucis de Viernes Santo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Admito que siempre fue el morbo de ver a las vecinas ataviadas con finas mantillas negras, llorando a moco tendido por un muerto que ni suyo era, lo que hac\u00eda menos tedioso acudir a tan solemne ceremonia. Pero tambi\u00e9n recuerdo la irritaci\u00f3n que me provocaba la voz del sacerdote instando a los fieles a sentir remordimiento por sus humanos yerros. A aceptar que somos indignos. A perpetuar la idea de nuestra ingratitud ante el hijo de un dios que lo mand\u00f3 a morir para \u201csalvarnos\u201d de pecados que quiz\u00e1s jam\u00e1s cometer\u00edamos. Algo no me cuadraba y pod\u00eda decir que incluso me repugnaba. No entend\u00eda entonces, no pod\u00eda ser de otra forma a los 10 a\u00f1os, que pretendieran implantarme una falsa necesidad de redenci\u00f3n. En resumen: no comprend\u00eda por qu\u00e9 forzosamente deb\u00eda de sentir culpa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sal\u00eda del templo henchida de orgullo por mis precoces racionalizaciones, convencida de que jam\u00e1s dejar\u00eda que me hicieran creer que era una mala persona cuando no lo era y mucho menos, tener que sufrir como pla\u00f1idera por ello. S\u00ed, ya pintaba tambi\u00e9n para c\u00ednica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Terminaban las obligaciones divinas y, como eran vacaciones, corr\u00edamos todas las primas a la alberca, pero no hab\u00eda que olvidar que quedaba estrictamente prohibido meter siquiera cualquier parte de nuestra anatom\u00eda al agua en punto de las tres de la tarde, hora en la que, de acuerdo con la tradici\u00f3n, hab\u00eda que inclinar la cabeza porque Jes\u00fas reci\u00e9n expiraba en la cruz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recuerdo que a\u00fan envalentonada por mi inocente reci\u00e9n descubierta herej\u00eda, esper\u00e9 a que todos abandonaran la piscina, mientras muy discretamente me sentaba al borde con las piernas cruzadas. En tanto, en un extra\u00f1o evento climatol\u00f3gico que inexplicablemente jam\u00e1s falla cada a\u00f1o, el mismo d\u00eda y a la misma hora, el sol iba ocult\u00e1ndose al tiempo que de la nada sendos nubarrones negros aparecieron y el viento provoc\u00f3 a la tierra, armando serenos remolinos que avivaron el follaje de los \u00e1rboles. Esper\u00e9 a que nadie me viera y muy despacio fui desanudando una extremidad, despoj\u00e1ndome con pericia de la chancla que me calzaba. Nada podr\u00eda impedirme sumergirlo desafiante en las aguas ya turbias de tantas horas de infancia juntas. Comenz\u00f3 una pertinaz lluvia de primavera que me empap\u00f3 el rostro develando mi mirada m\u00e1s traviesa. Estaba a punto de clavar el pie cuando\u2026 \u00a1Booom!, del cielo retumb\u00f3 un trueno que en un segundo de descarga adren\u00e9rgica me alej\u00f3 completamente del jard\u00edn sin que nadie se percatara del pecado que a punto estuve de cometer. \u00bfMe asust\u00e9? \u00a1Un mont\u00f3n! \u00bfSent\u00ed culpa? Odi\u00e9 admitir que s\u00ed. \u00bfLo volv\u00ed a hacer? Siempre, con todo y ese estorboso resquicio de culpabilidad que queda por algunos instantes despu\u00e9s de hacer algo que \u2014para algunos, en alg\u00fan lugar\u2014 no se debe hacer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jam\u00e1s reconocer\u00e9 como m\u00eda esa \u201cculpa religiosa\u201d que osaron inculcarme infructuosamente, pero he de reconocer que de repente (y que esto quede entre nosotros), as\u00ed como cuando el cielo se pone encapotado a las tres de la tarde del Viernes Santo y la tentaci\u00f3n me invade, alcanzo a escuchar un lejan\u00edsimo murmullo del que con suma dificultad descifro un muy (pero muy) ajeno: \u201cMarcela, \u00a1p\u00f3rtate bien!\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/alex-george-rZAKPfQn0NA-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4036\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/alex-george-rZAKPfQn0NA-unsplash-576x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"576\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/alex-george-rZAKPfQn0NA-unsplash-576x1024.jpg 576w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/alex-george-rZAKPfQn0NA-unsplash-169x300.jpg 169w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/alex-george-rZAKPfQn0NA-unsplash.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Octava estaci\u00f3n: vendr\u00e1 la quemaz\u00f3n y tendr\u00e1 el rostro de tu espalda \u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La fiebre, me dec\u00edan c\u00f3mo queriendo calmarme, ven\u00eda de las quemaduras, no de alguna infecci\u00f3n. Pero a los 10 a\u00f1os m\u00e1s que el origen patog\u00e9nico del padecimiento uno quiere saber si al d\u00eda siguiente podr\u00e1 estar jugando, con el resto de los primos y hermanos, en la playa. Apenas era martes santo y yo ya hab\u00eda comenzado mi Viacrucis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hab\u00edamos llegado temprano, en caravana, toda la familia. Cinco coches, cuatro familias y media, 18 personas en total. De todos yo era el m\u00e1s p\u00e1lido, el m\u00e1s \u201cg\u00fcerito\u201d, pero tambi\u00e9n el m\u00e1s despreocupado de los menesteres de bloqueadores, factores de protecci\u00f3n y palapas, en cuya sombra quer\u00edan meternos a fuerza como en una c\u00e1rcel sin barrotes. Cuando se descuidaban los padres, inmersos en el arte de preparar \u201cjaiboles\u201d en una hielera que era bar, refrigerador de comida y mesa, la primada escap\u00e1bamos a corretear cangrejos que se escond\u00edan en el primer hoyo que encontraban. Cuando mi madre me gritaba \u201cFrancisco Javier\u201d, sab\u00eda que no era bueno. Ese martes no s\u00e9 qui\u00e9n se cans\u00f3 m\u00e1s, si ella de advertirme que me iba a insolar o yo de emprender la huida fuera de su mirada protectora.\u00a0 Todo parec\u00eda normal, salvo que a la advertencia de mi madre se le unieron la de la abuela y t\u00edas que cada que volv\u00eda a refrescarme a la palapa me dec\u00edan que me pusiera bloqueador. Obvio no hice caso.<\/p>\n<p>Comimos tostadas de ceviche que sacaban de un t\u00f3per apote\u00f3sico. Ah\u00ed empez\u00f3 el run run. \u201cEse ni\u00f1o se va a insolar\u201d, dijo una voz perdida entre en el sonido de masticar tostadas, al cual estaba comprometido en cuerpo y alma. \u201cYa est\u00e1 todo rojo de la espalda\u201d, dijo quien a la saz\u00f3n supuse fue la abuela. Antes de volver a jugar en esas \u00faltimas horas de sol, mi madre embarr\u00f3 mi espalda de una crema pegajosa que promet\u00eda la ausencia de quemaduras solares. Refresc\u00f3, pero ya era demasiado tarde.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en la ducha, un agua apenas tibia se sent\u00eda en la espalda como lancetas ardientes, dejando en claro que mi escaso cuidado dermatol\u00f3gico iba a tener consecuencias. Despu\u00e9s de mis gritos la familia se reuni\u00f3 a verme la espalda. Unos aportaban alg\u00fan consejo, alg\u00fan remedio, pero todos exclamaban sentidos ayes al ver mi dorso, que si se ve\u00eda como dol\u00eda, tuvo que haber sido dantesco. Vinieron los temblores de la fiebre y tuvieron a bien ponerme maicena encima, que no sirvi\u00f3 de mucho. Las ampollas comenzaron a dibujar un mapamundi desconocido en mi espalda. Esa noche sent\u00ed el poder torturador de una s\u00e1bana, sufr\u00ed la falta de aire acondicionado y se arruin\u00f3 el resto de la semana que apenas comenzaba. Creo que ah\u00ed empec\u00e9 a odiar la playa, relaci\u00f3n que recuper\u00e9 a\u00f1os despu\u00e9s, entrada la pubertad cuando descubr\u00ed la libertad de una playa de noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Novena estaci\u00f3n: redenci\u00f3n por medio de una nieve<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 calor se siente y apenas van a dar las diez de la ma\u00f1ana, se ve que las lluvias van a estar tard\u00edas, este bochorno me hace sudar de a chorros, vente primo, vamos a atajarnos del sol en la sombra de los portales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esto fue lo que me dijo Luisa, mi prima, de casualidad la encontr\u00e9 en el centro, vine al cajero autom\u00e1tico a sacar la quincena y coincidimos sin esperarlo. Es madre soltera, su hogar est\u00e1 en la colonia El Calvario, ah\u00ed nos reun\u00edamos en familia regularmente en estas fechas de guarda para seguir de cerca la procesi\u00f3n de los penitentes. Este a\u00f1o, al igual que el anterior, por motivos del Covid-19 no estaremos juntos. Los vecinos la aprecian mucho porque es luchona y se ha sabido abrir camino con su hijo; sus pap\u00e1s viven en Toluca y los frecuenta poco, est\u00e1 esperanzada en que la situaci\u00f3n de la pandemia mejore; trabaja como secretaria en la presidencia municipal. Hoy le dieron el d\u00eda de descanso, ma\u00f1ana jueves santo tiene que trabajar, por suerte para ella el s\u00e1bado y el domingo no abrir\u00e1n el edificio, de ah\u00ed que hoy ande de compras para abastecer su despensa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Oye primo, ya que te encontr\u00e9 de este lado del pueblo, hay que tomarnos una nieve, para que se nos hidrate el gaznate.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo, cogitabundo, no hallaba si aceptar o negarme, la pandemia y el exponerme en el conglomerado del \u00fanico puesto de nieve que hay, me hac\u00eda dudar; en otros tiempos estar\u00eda abarrotado de negocios de nieve todo Tejupilco durante los d\u00edas santos, sin embargo, estamos en el hoy, pens\u00e9, y la invitaci\u00f3n de una dama est\u00e1 en puerta, sumo a esto que la temperatura ambiente es extrema y qu\u00e9 a decir verdad ya me estaba afectando; no me qued\u00f3 de otra que aceptar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No tardamos mucho y ya est\u00e1bamos del otro lado de la calle 27 de septiembre, frente a nosotros aparec\u00eda de la never\u00eda \u201cOrgullo calentano\u201d. En un santiam\u00e9n y sin esp\u00e9ramelo, mi prima comenz\u00f3 a dar pasos agigantados, se dirigi\u00f3 como alma que lleva el diablo sobre el \u00fanico banquito que estaba libre, dando una pirueta en el aire, como pudo lo aprision\u00f3, ni Nadia Comaneci hubiera podido abalanzarse mejor sobre ese r\u00fastico mueble de madera. Es justo hacer tanta menci\u00f3n de su osad\u00eda, dado que pudo arrebat\u00e1rselo a dos enamorados incautos que pretend\u00edan madrugarle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Primo, vente, ya est\u00e1 el espacio, ap\u00farate para pedir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con mucha precauci\u00f3n me sent\u00e9 junto a mi prima, lentamente retiro mi cubrebocas y saco de entre mi pantal\u00f3n el peque\u00f1o pomo de gel, mientras froto mis manos con la gelatinosa sustancia, veo de frente alrededor de veinte barricas de madera que traspiraban al un\u00edsono la humedad fresca del hielo, el cual cobijaba \u2014cual madre a su ni\u00f1o de brazos\u2014 a los botes de lat\u00f3n que encerraban entre sus entra\u00f1as el suculento manjar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No pude evitar pensar en la ardua tarea que lleva la preparaci\u00f3n de las nieves: empezando por curar las barricas para aumentar su captaci\u00f3n de fr\u00edo, esto lo hacen moj\u00e1ndolas con vinagre m\u00e1s de cuarenta y ocho horas, puesto que solo servir\u00e1n para diez talladas, para despu\u00e9s, en su interior, esparcir el hielo y usar la sal de tierra de Ixtapan para calibrar su durabilidad. Este dise\u00f1o artesanal, si estuvi\u00e9ramos en el mundo cibern\u00e9tico, lo denominar\u00edamos la construcci\u00f3n de su <em>hardware<\/em>. Pero faltar\u00eda su parte inteligente: un <em>software<\/em> que potencie a todos los compuestos, la receta secreta que solo vive en la memoria de los antiguos neveros de la tierra caliente, pasada de boca en boca y en secreto, para preparar los extractos frutales de la zarza, de la ciruela, de la carambola, del mamey, del lim\u00f3n, del tamarindo, de la jamaica, del array\u00e1n, del mel\u00f3n y de la guan\u00e1bana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aprender sus composiciones y la justa medida del agua o de la leche o su alineaci\u00f3n hist\u00f3rica con la modernidad, introduciendo sabores m\u00e1s alegres y que las nuevas camadas suelen deglutir el \u201cbeso de \u00e1ngel\u201d y \u201cla puerta de averno\u201d, o con un poquito de tanguarniz, nieves de tequila, nieves de cerveza y hasta la nieve Buchanans m\u00e1ster.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Ya primo, regresa, te me vas en tus pensamientos, \u00bfde qu\u00e9 vas a pedir? Yo ya te gan\u00e9: ped\u00ed una de mamey y una de zarza, adem\u00e1s un platito de galletitas de ma\u00edz, horneadas, para acompa\u00f1ar. Primo, si vas a querer galletas pide las tuyas, a m\u00ed no me gusta convidar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La verdad me gan\u00f3 la risa y me ped\u00ed una de array\u00e1n con mi platito de galletas, supe de ante mano que hab\u00eda valido la pena arriesgarme a convivir con mi prima Luisa. Me hizo olvidar un poco la fragilidad de nuestra existencia ante el virus, adem\u00e1s de que pude comprender, una vez m\u00e1s, que no hay humano que se resista a un vaso de nieve de Tejupilco, aun y aunque estemos en plena pandemia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>D\u00e9cima estaci\u00f3n: Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta Semana Santa es la peor que recuerdo: el Viacrucis comenz\u00f3 desde hace 52 semanas, cuando nos recluy\u00f3 la pandemia, pero ahora adem\u00e1s estamos reviviendo la pasi\u00f3n de Cristo, al menos en Guadalajara, con un pinche sol que te quema, aunque te asomes a las diez de la ma\u00f1ana, sin agua por las restricciones que el gobierno est\u00e1 llevando a cabo en toda la ciudad, ante la temporada de sequ\u00eda y adem\u00e1s sin comida, ya que, aunado a la falta de taqueros, que suelen los muy cat\u00f3licos no salir a trabajar en estos d\u00edas, tambi\u00e9n hubo una escasez de empanadas, debido a que a muchos no les dejaron instalarse en los tradicionales lugares en los que cada a\u00f1o se ponen, sino en otros, dif\u00edciles de identificar, dizque para que no hubiera aglomeraciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s nos falta por sufrir, Se\u00f1or? La visita de los siete templos se cancel\u00f3 (es lo \u00fanico bueno, ya que la har\u00e9 por internet, a puros templos europeos), pero no habr\u00e1 empanadas por internet. Tampoco habr\u00e1 S\u00e1bado de Gloria, porque no hay agua para el remoj\u00f3n (ni para hacer empanadas). Estamos ante un momento crucial en Jalisco: con este sufrimiento nos ganamos la gloria eterna o de plano volvemos a nuestras ra\u00edces y adoraremos al dios Tlaloc, ofreciendo gustosos como sacrificio alguno que otro politiquillo.<\/p>\n<h3>Textos de: Altagracia Lizardo Medina, Adolfo Cota, Israel Pi\u00f1a, Ana Bel\u00e9n Lizardo, Diana Margarita, Fernando Anguiano, Marcela Palacios Minakata, Xavier Zavala, Francisco Jacob G\u00f3mez Contreras y Brissa Arely Mart\u00ednez Garibay.<\/h3>\n<p>Fotos: <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@jhnyc?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Johnny Chau\u00a0<\/a>\/\u00a0<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@lgeorge210?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Alex George<\/a> y\u00a0<a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@keemibarra?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">KEEM IBARRA<\/a> , v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/collections\/21610018\/via-crucis-2021?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La siguiente es una cr\u00f3nica colectiva, elaborada a diez manos. Diez diferentes autores escriben, con el pretexto de la semana santa, alguna historia, alg\u00fan recuerdo o simplemente un recuento, lo que nos lleva a tener un amplio mosaico de temas, de voces, de estilos. &nbsp; Primera Estaci\u00f3n. Un viacrucis anticipado \u00a0 Es muy temprano y mi mam\u00e1 est\u00e1 sentada en un banco gris de pl\u00e1stico, a media cuadra de la entrada principal del Cuartel Colorado, en Guadalajara, en la calle Xicot\u00e9ncatl casi esquina con Gigantes. Espera su turno, trae el cubrebocas bien puesto y eso le ayuda a esconder el miedo que siente. &nbsp; No me ve. Platica con las personas que conoce del barrio al que lleg\u00f3 en los a\u00f1os 60 del siglo pasado, procedente de Capilla de Guadalupe. Mi pap\u00e1, sentado en un banco rojo con la marca de Coca-Cola, conversa, hace chistes, \u00e9l no tiene miedo, as\u00ed enfrenta las adversidades, siempre, jugando, despu\u00e9s de todo \u00e9l est\u00e1 en sus terrenos, naci\u00f3 ah\u00ed, en el barrio de San Juan de Dios, en 1950. Yo espero con mi hija en una silla que me prestaron. Es domingo 21 marzo de 2021. 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