{"id":4058,"date":"2021-04-09T18:49:31","date_gmt":"2021-04-09T23:49:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4058"},"modified":"2021-04-12T09:16:19","modified_gmt":"2021-04-12T14:16:19","slug":"con-que-no-nos-falte-el-aire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4058","title":{"rendered":"Con que no nos falte el aire"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4060\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02-768x1024.png\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"813\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02-768x1024.png 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02-225x300.png 225w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02-640x853.png 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/Foto_02.png 960w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>Hay cosas que la pandemia nos ha ense\u00f1ado, o incluso nos ha obligado a reflexionar. En el presente texto, el autor, que tuvo COVID-19 hacia finales de 2020, aprovecha una pedaleada en bicicleta al aire libre, para ser consciente de lo extraordinario que es tener sanos los pulmones, respirar. Y es tambi\u00e9n una cr\u00f3nica de celebraci\u00f3n por la vida, la salud y la amistad.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Gerardo Guerrero<\/h3>\n<h5>Fotos: Gerardo Guerrero<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Suena el despertador a las cinco cincuenta en punto. En lo primero que pienso, y que me place comprobar, es que la temporada de fr\u00edo, con la que tanto le batalla uno para levantarse a estas indecentes horas de la ma\u00f1ana, poco a poco va cediendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por ah\u00ed le\u00ed alguna vez que, as\u00ed como dise\u00f1ar fachadas con el cl\u00e1sico techo <em>cottage<\/em> delata al arquitecto principiante, abordar con detalle exagerado las acciones que proceden al despertar son el primer impulso que deben de descartar los escritores y cineastas amateurs. As\u00ed que, para fines pr\u00e1cticos, la rutina ma\u00f1anera de este relato ocurre como al lector le plazca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 de ver a las siete con Leo en un Farmacias Guadalajara, para de ah\u00ed, irnos derechito hasta nuestro destino. Llegu\u00e9 al lugar y ya estaba esper\u00e1ndome. Despu\u00e9s de saludarnos a trav\u00e9s del <em>buff<\/em> y del cubrebocas, y con un sano choque de pu\u00f1os (pues los tiempos no dan para m\u00e1s), agarramos camino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Queda claro que el tr\u00e1fico de domingo es la verdadera bendici\u00f3n del d\u00eda de guardar, pues en cuesti\u00f3n de pocos minutos estamos frente a la cuneta con la que inicia nuestro entrenamiento del d\u00eda. Nos ajustamos las gafas y el casco, una acomodada de guantes para aquello del agarre y listo. Agregarle algo m\u00e1s al ritual ya ser\u00eda estar evadiendo lo que viene.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Respiro hondo intentando eliminar de mis pensamientos toda escena fatalista que me haga ser err\u00e1tico en las micro decisiones que estoy por tomar. Embestimos, yo con mucho m\u00e1s nervio que Leo, el contundente columpio que hay que atravesar para llegar al circuito en donde practicaremos el resto del tiempo. La pendiente (que comienza justo en el cruce de Eca Do Queiros y Juan Palomar y Arias) es tan pronunciada que cualquier piloto promedio con auto de transmisi\u00f3n manual la encuentra retadora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras descendemos, con los dedos bien agarrados del freno, modulo la velocidad con la que quiero bajar: que no sea lo suficientemente lenta como para no hacerle justicia a la desma\u00f1anada, pero que no sea tan desbocada como para jugarle al v&#8230;ivo. Si algo debe salir mal, lo mejor a lo que puede aspirar uno es que no sea a media bajada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras mantengo los pies bien macizos sobre los pedales, siento el viento, helado y cosquilludo, escabullirse a trav\u00e9s de las fibras de lo que llevo puesto, consumando esa sensaci\u00f3n de choque tan peculiar con el calor que produce la adrenalina cuando anda desatada por el cuerpo. Pr\u00e1cticamente no estoy moviendo una sola parte de m\u00ed, y mi frecuencia card\u00edaca roza los ciento sesenta tumbos por minuto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No hemos llegado ni a la mitad de la bajada e inevitablemente me vienen a la mente aquella PCR positiva y sus d\u00edas posteriores. La incertidumbre del posible contagio en mi c\u00edrculo cercano o de un cuadro grave; de una historia de horror como las que uno lee en redes sociales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pienso en los quince largos d\u00edas de claustro; en la cena del treinta y uno en la que mis invitados fueron mi conciencia, el inhalador y el plato pasado a trav\u00e9s de la puerta. Aquella frustraci\u00f3n de comprobar la frase (avalada por su proveedor de <em>Instagram Stories<\/em> m\u00e1s cercano) que reza que \u00ab<em>los que m\u00e1s se cuidan son los primeros que se contagian<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n -y con mayor intensidad- me es imposible ignorar la jodida fortuna que significa este aire pasando por mis pulmones; que estos hayan conservado su capacidad de expandirse y de contraerse. Que mis otrora condenados alv\u00e9olos hayan quedado lo suficientemente espabilados para seguir haciendo su funci\u00f3n en situaciones que no impliquen reposo. Pienso en lo mucho que quiero inhalar y exhalar, una y otra, vez bajo escenarios como este. En la satisfacci\u00f3n de por fin hacerme de esta bicicleta despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de desidia y antes de que llegue una nueva cepa proveniente del inframundo africano; antes de que esto se comience a transmitir por el aire o de que comiencen los toques de queda, o la invasi\u00f3n zombie o qu\u00e9 carajo vamos a saber de tan variada cosa que pueda ocurrir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Poco a poco la velocidad se va normalizado y entran las piernas. Pedaleamos durante un par de horas m\u00e1s hasta completar los kil\u00f3metros que nos propusimos desde un inicio. Con pendientes de proporciones m\u00e1s terrenales y planicies perfectas para echar resistencia, sale por medio del pedal todo el estr\u00e9s acumulado de la semana. Y le damos duro, sin prisa, sin nada que nos correte\u00e9, porque es domingo y los domingos ni Villa mataba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El costo de cualquier descenso es que en alg\u00fan momento hay que enfrentar una subida. Y ya para tomar camino a casa, nos topamos en forma de cuesta la pendiente que nos impuls\u00f3 al inicio. Descarto seguir pedaleando a la mitad, porque si no, ahora s\u00ed se me va a salir el bofe con todo y coraz\u00f3n y tripas. Leo la logra como si las piernas no le pesaran, pero es que \u00e9l est\u00e1 hecho de otra madera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya arriba, \u00e9l marca la ruta, pues si en algo sabe moverse es en el asfalto. Llegando a las v\u00edas, nos topamos con el reci\u00e9n iniciado paso del tren y observamos a los varios pasajeros sin boleto pagado que lo abordan. \u00ab<em>Son Maras Salvatruchas<\/em>\u00bb, me dice, y se me viene a la mente la historia que me cont\u00f3, casi reci\u00e9n de conocerlo, sobre c\u00f3mo decidi\u00f3 abandonar la sierra de Guerrero para encontrar el <em>sue\u00f1o tapat\u00edo<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y no porque el <em>sue\u00f1o tapat\u00edo<\/em> sea tan codiciado o <em>nuncavisto<\/em>, sino porque era eso o enfilarse en contra de su voluntad en el campo de concentraci\u00f3n de alg\u00fan cartel del sur. Y la verdad es que Leo est\u00e1 -nunca mejor dicho- para otros trotes, pero esa ya es otra historia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llega el momento de dividir caminos. Nos despedimos y cada qui\u00e9n agarra para su casa, no sin antes quedar para el pr\u00f3ximo fin de semana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El resto del d\u00eda transcurre como cualquier otro de los nueve mil trescientos sesenta d\u00edas de esta crisis. Lo bueno es que, en este, al menos la ma\u00f1ana ya vali\u00f3 toda la pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay cosas que la pandemia nos ha ense\u00f1ado, o incluso nos ha obligado a reflexionar. En el presente texto, el autor, que tuvo COVID-19 hacia finales de 2020, aprovecha una pedaleada en bicicleta al aire libre, para ser consciente de lo extraordinario que es tener sanos los pulmones, respirar. Y es tambi\u00e9n una cr\u00f3nica de celebraci\u00f3n por la vida, la salud y la amistad. &nbsp; Gerardo Guerrero Fotos: Gerardo Guerrero &nbsp; Suena el despertador a las cinco cincuenta en punto. 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