{"id":4086,"date":"2021-04-24T11:36:31","date_gmt":"2021-04-24T16:36:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4086"},"modified":"2021-05-10T14:24:22","modified_gmt":"2021-05-10T19:24:22","slug":"cirugia-estetica-a-los-nueve-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4086","title":{"rendered":"Cirug\u00eda est\u00e9tica a los nueve a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4087\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-1024x662.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"394\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-1024x662.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-300x194.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-768x496.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-1536x993.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash-640x414.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/mc-james-gulles-x5SpThMMoJ0-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>A quien no le haya pasado un accidente grave de peque\u00f1o, que levante la mano. \u00bfNadie, verdad? La siguiente historia es un recuerdo de esos: la autora reconstruye la ocasi\u00f3n en que sin m\u00e1s y de repente, en una ca\u00edda, se rompi\u00f3 la nariz. Acomp\u00e1\u00f1enla en este puntual recorrido por sus recuerdos.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Esmirna Moya Romero<\/strong><\/h3>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@jamesgulles?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Mc James Gulles<\/a>, v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/little-girl?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a><\/p>\n<p>Comienza a salir el sol, va iluminando solo la parte superior de las fachadas, la luna de octubre se ve que camina con nosotros y nos acompa\u00f1a a la escuela \u201cde arriba\u201d, llamada as\u00ed por la pendiente de la calle. Tenemos que cruzar la plaza para llegar a la urbana 625 y est\u00e1n modificando el piso, en lugar de baldosas de cemento, colocan adoquines en forma de hex\u00e1gonos; como apenas los est\u00e1n instalando no quedan parejos y en un instante que no me fij\u00e9: \u00a1zaz!, me ca\u00ed.<\/p>\n<p>Por algunos segundos no supe de m\u00ed, a pesar de no haber quedado inconsciente, comienzo a escuchar voces: \u201clevanten a la chamaquita\u201d, \u201cse cay\u00f3\u201d. Mientras sale la gente de la carnicer\u00eda, me ayudan a levantarme, llev\u00e1ndome al primer escal\u00f3n que tiene el mercado; me piden que haga la cabeza hacia atr\u00e1s, percibo el sabor a sangre como si se me hubieran ca\u00eddo los dientes. Me preguntan si me duele, do\u00f1a Conchita me echa aire con su mandil, yo no comprendo lo que pasa, se hace presente una de las doscientas t\u00edas que tengo, baja a toda la corte celestial, se ofrece a llevarme a casa y manda a mi hermano a seguir su camino.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cerciorarse que puedo caminar, se echa a la espalda mi mochila y habla para s\u00ed: \u201c\u00bfC\u00f3mo le doy la noticia a tu mam\u00e1? Dios le ayude para que no le haga da\u00f1o\u201d. Mientras camino siento un hielo en el pecho y traigo l\u00e1grimas en los ojos sin haber llorado, notaba muy nerviosa a la mujer, sent\u00eda que mi cara se estiraba, las piernas me temblaban, no ten\u00eda dolor, pero todo ol\u00eda a sangre.<\/p>\n<p>Al llegar, mi representante pidi\u00f3 que me quedara en el \u00e1ngulo en el que no me ver\u00eda mi madre, para evitar la impresi\u00f3n, mientras ella saludaba amablemente. Sali\u00f3 a la puerta y como si supiera d\u00f3nde estaba yo, no mir\u00f3 nada m\u00e1s, se le abrieron los ojos hasta el suelo, pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda sucedido. Mientras entr\u00e1bamos, Tere insist\u00eda en que deb\u00eda permanecer sentada y tranquila, le aterraba ver la panza de treinta y nueve semanas de embarazo.<\/p>\n<p>Ya sentada en un equipal me di cuenta de que, al mirar de frente, ve\u00eda una sombra, si hac\u00eda bizcos era m\u00e1s grande. La t\u00eda explicaba que me hab\u00eda tropezado, que ella ten\u00eda el tel\u00e9fono de un \u201cotorrinolaring\u00f3logo\u201d, oriundo del pueblo y que era muy bueno; se fue por el n\u00famero a su casa. Desconoc\u00eda ese t\u00e9rmino, me sonaba a un animal, sin embargo, alcanzaba a notar que algo estaba muy mal. Como entonces no exist\u00edan los celulares, mi mam\u00e1 sali\u00f3 a la banqueta intentando ver si mi pap\u00e1 ya ven\u00eda a desayunar, para contarle lo sucedido.<\/p>\n<p>A solas, comenz\u00f3 el interrogatorio de la mejor fiscal de mi existencia, pero no ten\u00eda mucho que decir, no sab\u00eda lo que me ocurr\u00eda, as\u00ed que ella me explic\u00f3 que me llevar\u00edan con un doctor para que me revisara la nariz. Iniciaba mi angustia, porque m\u00e9dico era sin\u00f3nimo de inyecciones, pero se convirti\u00f3 en horror cuando record\u00e9 a \u201cla se\u00f1ora sin nariz\u201d. Comenc\u00e9 a sollozar quedito y de inmediato le dije a mi mam\u00e1 que quer\u00eda verme en el espejo.<\/p>\n<p>Mientras me preguntaba si estaba segura, tom\u00e9 valor por la boca y comprob\u00e9 que a\u00fan pose\u00eda mi \u00f3rgano olfativo. Ten\u00eda clavado en la mente el d\u00eda en que la encontr\u00e9, sentada en una piedra, siempre usaba rebozo para cubrirse la cara, pero esa ocasi\u00f3n al pasar frente a ella y quedar su rostro a mi altura, vi lo que a todos ocultaba: ya no ten\u00eda dientes, su piel estaba llena de arrugas, su cabello era blanco y solo ten\u00eda dos hoyitos sobre su boca: \u00a1no ten\u00eda nariz!<\/p>\n<p>Estaba temblando al pensar que la viejita se hab\u00eda ca\u00eddo como yo, el reflejo me mostr\u00f3 una ni\u00f1a espantada, con los ojos hinchados como si hubiera llorado por horas y un enorme cr\u00e1ter blanco en medio de ellos. O\u00ed llegar a mi pap\u00e1, quien al decirle que necesit\u00e1bamos ir al doctor imagin\u00f3 que se convertir\u00eda en padre por tercera ocasi\u00f3n en unas horas, despu\u00e9s de enterarse del acontecimiento, solo sali\u00f3 a dar instrucciones para que se realizara la labor en el rancho y atendi\u00f3 a la t\u00eda que le indicaba c\u00f3mo llegar al consultorio del doctor Garc\u00eda.<\/p>\n<p>\u00cdbamos en el camino de siempre a Guadalajara, pero este viaje ya no era a la explanada de la Normal para asistir al circo. Las pl\u00e1ticas giraban en torno a todo menos a mi ca\u00edda. L\u00f3pez Mateos, ingresar al t\u00fanel de la dimensi\u00f3n desconocida para salir a la avenida Hidalgo y en alguna calle retornar para tomar Pedro Moreno, donde se encontraba la fachada verde con el n\u00famero 1186. Llegamos sin cita, pero una llamada \u201cinformativa\u201d hab\u00eda puesto sobre aviso al especialista, quien al encontrarse con mi pap\u00e1 lo salud\u00f3 con mucha confianza y recordaron que hab\u00edan sido compa\u00f1eros de la primaria.<\/p>\n<p>Con solo observarme, el doctor ya sab\u00eda de qu\u00e9 se trataba, pero ten\u00eda que hacer el chequeo de rutina, no hab\u00eda m\u00e1s testigos del hecho, yo ten\u00eda que explicar lo que hab\u00eda pasado; sin embargo, no lo ten\u00eda muy claro. Me mand\u00f3 a conocer las radiograf\u00edas a unas cuadras de su consultorio, donde me metieron a un cuartito, a solas, me tomaron una foto con mucha luz que en cuesti\u00f3n de minutos nos entregaron por la orden de \u201curgente\u201d que tra\u00edamos.<\/p>\n<p>Al revisarla nos explic\u00f3 que, en efecto, me hab\u00eda fracturado el tabique nasal, en aquel negativo grandote parec\u00eda que le hab\u00edan borrado un pedacito a la l\u00ednea de la nariz. Era un procedimiento sencillo, dec\u00eda el doctor, solo hab\u00eda que dar un \u201cjal\u00f3n\u201d e inmovilizar la zona por unos d\u00edas, pero advirti\u00f3 que era muy doloroso, por mi edad era muy probable que no lo soportara, si me mov\u00eda un poco no funcionar\u00eda; la propuesta fue realizarlo con anestesia y en un quir\u00f3fano, garantizaba realizarlo con mayor precisi\u00f3n y de forma exitosa.<\/p>\n<p>Mi pap\u00e1 se qued\u00f3 arreglando los asuntos monetarios con el m\u00e9dico, quien no dej\u00f3 de tratarlo como su cuate; en una silla del pasillo se sent\u00f3 mi mam\u00e1 y comenz\u00f3 a llorar, al verla inici\u00e9 con lo propio mientras deslavaba la sangre coagulada que segu\u00eda en mi nariz. Me sent\u00eda culpable, nunca la he vuelto a ver tan preocupada por m\u00ed como en aquel instante. Al percatarse de mi tristeza, con dote histri\u00f3nico me dio consuelo, dici\u00e9ndome que no quedar\u00eda como Do\u00f1a Severa, solo me acomodar\u00edan lo que se rompi\u00f3, todo iba a salir bien.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que regresar a casa para llevar dinero, ropa y organizar a los jornaleros; la cita era a la una en punto, hab\u00eda que estar media hora antes en el hospital Bernardette. Me dejaron en casa de mi abuelita para evitar el trayecto completo, pero no pod\u00eda comer las delicias que preparaban ah\u00ed; mis t\u00edos hicieron rueda de prensa para saber por qu\u00e9 estaba manchada de sangre, nunca me cambiaron el vestido, tal vez por llevar la evidencia del crimen o porque simplemente nadie lo pens\u00f3, era muy notorio: color blanco y con una solapa en plata, el uniforme escolar solo era obligatorio los lunes, de martes a viernes \u00e9ramos libres.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento de ingresar al hospital, solo ser\u00eda entrada por salida; me vistieron con una bata en un cuarto para subirme a una camilla, los rostros de mi madre y de mi abue me dol\u00edan m\u00e1s que el golpe a esa hora, me llevaron a convertirme en la excepci\u00f3n: entre mis hermanos y primos nadie ten\u00eda en su haber una cirug\u00eda. Me clavaron el suero en mi flaqu\u00edsima manita y el anestesi\u00f3logo comenz\u00f3 a hacerme pl\u00e1tica, me pregunt\u00f3 mi nombre, mi edad, el nombre de mi escuela, mientras le contestaba no perd\u00eda detalle de sus manos que estaban inyectando el conducto del suero.<\/p>\n<p>Pensaba que me pondr\u00edan una mascarilla con un tubo arrugado en toda la cara, sent\u00ed un hormigueo por todo el cuerpo, despu\u00e9s lleg\u00f3 el sue\u00f1o, trataba de evitar a toda costa quedarme dormida, quer\u00eda ver qu\u00e9 me iban a hacer, por lo que trat\u00e9 de abrirme los ojos con la mano que ten\u00eda libre, me pidieron dejar que solitos se cerrar\u00e1n y ya no supe m\u00e1s.<\/p>\n<p>Sin saber cu\u00e1ntas horas hab\u00edan pasado, comenzaba a despertar, quise levantarme, in\u00fatilmente: el cuerpo no me respond\u00eda. En eso percib\u00ed la luz, muy lejana de m\u00ed, pero era blanca y brillante. En aquel momento dije: \u201cya me mor\u00ed\u201d, no sab\u00eda si as\u00ed se llegaba al cielo, seguramente hab\u00eda visto alguna pel\u00edcula donde las personas caminaban hacia aquella misteriosa luz y denotaba el fin de sus d\u00edas; dos l\u00e1grimas recorr\u00edan mis mejillas, imaginaba a mam\u00e1 con mi hermana en su interior y desconsolada por mi muerte, me angustiaba lo que ella iba a sufrir.<\/p>\n<p>Se abri\u00f3 una puerta a mi lado y estaban mis dos \u00e1ngeles guardianes con mi ropa entre sus manos, diciendo que ya me llevar\u00edan a casa. \u00a1Segu\u00eda viva! Ellas pensaban que el llanto era de dolor por la operaci\u00f3n, no les dije lo que realmente pasaba. Me vistieron, pregunt\u00e9 la hora y tan solo hab\u00edan pasado veinte minutos despu\u00e9s de la una. En muy poco tiempo para regresar del m\u00e1s all\u00e1. Escuch\u00e9 que el doctor hablaba de cuidados para dormir, solo boca arriba, prohibido tocar, sonarse, evitar estornudar y casi casi respirar, les entreg\u00f3 una de mis fotograf\u00edas que le hab\u00edan llevado para conservar el dise\u00f1o original de mi nariz. Me esperaba en siete d\u00edas para revisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tal vez el cirujano me dejo m\u00e1s bella, la familia dice que estoy igualita antes y despu\u00e9s. Consecuencia de todos los cuidados que me brindaron es que ha sido funcional por m\u00e1s de treinta a\u00f1os, no fue necesario un repuesto, no he vuelto a caminar por la calle con las manos en los bolsillos desde entonces, pero esa experiencia traum\u00e1tica no estar\u00eda dispuesta a repetirla, a menos que sea completamente necesaria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A quien no le haya pasado un accidente grave de peque\u00f1o, que levante la mano. \u00bfNadie, verdad? La siguiente historia es un recuerdo de esos: la autora reconstruye la ocasi\u00f3n en que sin m\u00e1s y de repente, en una ca\u00edda, se rompi\u00f3 la nariz. Acomp\u00e1\u00f1enla en este puntual recorrido por sus recuerdos. &nbsp; Esmirna Moya Romero Foto de Mc James Gulles, v\u00eda Unsplash Comienza a salir el sol, va iluminando solo la parte superior de las fachadas, la luna de octubre se ve que camina con nosotros y nos acompa\u00f1a a la escuela \u201cde arriba\u201d, llamada as\u00ed por la pendiente de la calle. Tenemos que cruzar la plaza para llegar a la urbana 625 y est\u00e1n modificando el piso, en lugar de baldosas de cemento, colocan adoquines en forma de hex\u00e1gonos; como apenas los est\u00e1n instalando no quedan parejos y en un instante que no me fij\u00e9: \u00a1zaz!, me ca\u00ed. Por algunos segundos no supe de m\u00ed, a pesar de no haber quedado inconsciente, comienzo a escuchar voces: \u201clevanten a la chamaquita\u201d, \u201cse cay\u00f3\u201d. 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