{"id":4115,"date":"2021-05-03T19:53:22","date_gmt":"2021-05-04T00:53:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4115"},"modified":"2021-05-10T14:23:49","modified_gmt":"2021-05-10T19:23:49","slug":"mi-presentimiento-era-real","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4115","title":{"rendered":"Mi presentimiento era real"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4116\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019.jpg\" alt=\"\" width=\"824\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019.jpg 824w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019-300x182.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019-768x466.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019-640x388.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 824px) 100vw, 824px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Corr\u00eda el a\u00f1o de 2019 cuando la autora de la siguiente cr\u00f3nica volvi\u00f3 a Chile, lugar en el que seis a\u00f1os antes hab\u00eda estado de intercambio estudiantil. No se imaginaba que iba a vivir muy de cerca la revuelta civil. Hoy, por medio de este texto, rememora esos d\u00edas y su salida un tanto atropellada.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Mariana Gonz\u00e1lez-M\u00e1rquez<\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Santiago de Chile estall\u00f3 en un incendio. El metro, las calles, algunas tiendas y oficinas fueron consumidas por el fuego. La rabia y el hartazgo de m\u00e1s de tres d\u00e9cadas de pobreza y desigualdad fueron la gasolina que aviv\u00f3 ese fuego. Santiago de Chile se incendi\u00f3 y no volvi\u00f3 a ser el mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El vuelo 984 estaba por despegar. \u201cMe siento rara, como si algo fuera a pasar\u201d, le dije a mi hija Frida. \u201cEst\u00e1s nerviosa\u201d, me contest\u00f3. Pero no era ese cosquilleo que me invade antes del vuelo, era una inquietud que no pod\u00eda identificar y tampoco cesaba, por m\u00e1s cervezas que tomara en la sala de espera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La hermosa vista de la cordillera de los Andes logr\u00f3 que olvidara la sensaci\u00f3n por un momento. Era 2019 y las calles de Santiago estaban casi como las recordaba seis a\u00f1os atr\u00e1s. La misma sensaci\u00f3n de bruma en las calles, los mismos puestos de comida callejera, el mismo fr\u00edo que no deja moverse a gusto. M\u00e1s edificios altos con departamentos, eso s\u00ed. Edificios que parecen trazados en un cuaderno de cuadr\u00edcula cuyos espacios apenas dejan respirar a quienes los habitan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Escuchamos el acento que me conquist\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s y caminamos las calles que nos dieron cobijo en nuestra traves\u00eda sudaca, esas que me robaron un pedazo de coraz\u00f3n mientras estudiaba una maestr\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La realidad sali\u00f3 a la luz en las primeras conversaciones con los amigos con una cerveza Austral en mano. \u201cHan subido to\u00b4. El presidente no ha hecho m\u00e1s que burlarse y la gente est\u00e1 harto enoj\u00e1\u201d, me dijo Alejandra, una amiga maestra mientras com\u00edamos en su casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algunos noticieros mostraban a j\u00f3venes \u2014casi ni\u00f1os\u2014 saltando las entradas al metro como una manera de protestar por el aumento de 30 pesos (poco m\u00e1s de un peso mexicano) a la tarifa al principal medio de transporte de los santiaguinos. Son chicos de no m\u00e1s de 15 a\u00f1os que se tomaron la rabia chilena como propia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1 <em>heavy<\/em>. Yo encuentro que esto va a terminar mal, los cabros (ni\u00f1os) se est\u00e1n tomando las protestas muy en serio\u201d, me comenta Inger, una amiga, tambi\u00e9n periodista, mientras pase\u00e1bamos por el centro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Evadir, no pagar, otra forma de luchar!\u201d, \u201c\u00a1Evadir, no pagar, otra forma de luchar!\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El canto de voces agudas comenz\u00f3 a escucharse cada vez m\u00e1s cerca. En el metro Grecia, muy cerca del Estadio Nacional, unas 200 chicas con uniforme azul llegaron corriendo por una de las entradas de la estaci\u00f3n. Los polic\u00edas en la estaci\u00f3n se replegaron a las paredes.<\/p>\n<p>Una a una, las j\u00f3venes fueron pas\u00e1ndose a la zona de andenes. Sin importar lo apretado de su falda, saltaron el torniquete de entrada donde los usuarios suelen pagar su boleto del metro. Una vez dentro, el canto se hizo m\u00e1s fuerte, como quien se hubiese ganado una medalla de oro de la dignidad, como si la vida se les fuera en ello.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegaron m\u00e1s polic\u00edas para tratar de contenerlas. Como si los ideales supieran de amedrentamiento. Ellas salieron, se mantuvieron gritando y brincando. \u201cPacos culia\u00b4os (maldito)\u201d, gritaban los testigos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Inger abre la puerta de su casa y me saluda. \u201cQued\u00e9 atrapada en la evasi\u00f3n del metro, hueona. Tuve que esperar a que desalojaran a los cabros\u201d, me dice con cierta sonrisa de complicidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esa tarde del 16 de octubre las evasiones dejaron de ser espor\u00e1dicas y se hab\u00edan esparcido por las cinco l\u00edneas del metro. Gente de todas las edades se un\u00eda a los chicos a saltarse el torniquete. Los trabajadores del medio de transporte suspendieron operaciones por la tarde para evitar salir heridos por la presencia de polic\u00edas que buscaban apaciguar \u2014sino es que reprimir\u2014 a los evasores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El tema invadi\u00f3 un rato la mesa y se esfum\u00f3 cuando empezamos a planear el fin de semana en Isla negra. La Claudia, una amiga tambi\u00e9n periodista, viajar\u00eda desde el sur hasta Santiago en un par de d\u00edas para unirse al plan y vernos despu\u00e9s de cinco a\u00f1os. En todos los noticieros las im\u00e1genes de \u201clos secundarios\u201d se repiten una y otra vez. Los sindicatos de profesores y la uni\u00f3n de trabajadores se pronuncian en apoyo a los chicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El alza del precio del metro fue la gota que derram\u00f3 el vaso del pueblo de Chile, cuyo salario m\u00ednimo rondaba entonces los 300 mil pesos chilenos (unos 7,900 pesos mexicanos). A eso se sum\u00f3 el aumento de 10% en el costo del agua, en el precio del pan, la imposici\u00f3n de medidores de luz que retabularon los costos de la energ\u00eda el\u00e9ctrica, altos costos del sistema de salud \u2014todos ellos privatizados\u2014, un sistema de pensiones que deja en la indefensi\u00f3n a quienes sufren una enfermedad cr\u00f3nica o terminal y que se queda con el dinero del usuario cuando \u00e9ste muere sin haber pedido el retiro de sus contribuciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mecha hab\u00eda comenzado a consumirse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es 18 de octubre y esta tarde como con dos amigas mientras la Frida ir\u00e1 al centro con una antigua compa\u00f1era del colegio en el que estudi\u00f3 un a\u00f1o de su vida chilena. La dejo en el metro Estadio Nacional y le pido su n\u00famero a la chica para estar en contacto. Hay demasiados polic\u00edas que las miran con recelo. El ambiente se siente tenso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El tema de las evasiones vuelve a salir en la sobremesa con mis dos amigas. \u201cNo, si toda la raz\u00f3n a los cabros. Est\u00e1n tomando las protestas porque son los que menos tienen que perder\u201d, dice la Paula, mientras tomamos nuestra segunda cerveza Kunstmann en una terraza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llamo a la amiga de Frida y no me contesta. Insisto. Le mando WhatsApp. No le llega. Me inquieto y pregunto a mis amigas si saben de algo en el centro. Solo que hay evasiones, est\u00e1n empezando a cerrar los negocios, me cuentan. Una de ellas me presta su m\u00f3vil.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1, voy a llegar un poco tarde. Nos quedamos atrapadas en el metro un rato y est\u00e1 todo cerrado, nos vamos a tener que ir caminando, mi amiga me va a acompa\u00f1ar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, solo asustadas. Ahorita te cuento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La estaci\u00f3n de metro Chile-Espa\u00f1a, la m\u00e1s cercana, est\u00e1 cerrada y mucha gente tiene que irse caminando a tomar la micro para llegar a su trabajo. La Paula toma la misma ruta que yo para decirme d\u00f3nde bajarme y poder encontrarme con la Frida en alg\u00fan lugar cercano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me bajo del cami\u00f3n. Hay demasiada gente en la calle. En las paradas de los microbuses hay largas filas. Veo a Frida y a su amiga sentadas en una tienda de s\u00e1ndwiches. Est\u00e1n bien, ri\u00e9ndose de su an\u00e9cdota que me llena de angustia mientras la cuentan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cTomaron la estaci\u00f3n Santa Luc\u00eda y detuvieron el tren. Nos quedamos como 20 minutos atrapadas entre dos estaciones sin podernos bajar hasta que avanz\u00f3. Cuando nos bajamos hab\u00eda muchos polic\u00edas y nos salimos. Vimos los gases, mam\u00e1. Les aventaron lacrim\u00f3genos a la gente para que se saliera. Corrimos a las tiendas de alrededor, pero nos salimos porque unos polic\u00edas estaban persiguiendo a unas muchachas. Nos fuimos por las callecitas, por Bellas Artes, y desde all\u00e1 venimos caminando\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su narraci\u00f3n me daba risa y luego terror y otra vez risa y luego preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La amiga se despide porque vive hasta el otro lado de la ciudad. Seguramente tendr\u00e9 que caminar mucho, dice. Llev\u00e9 a Frida a comer algo y nos metimos al Costanera, un centro comercial muy conocido, a comprar unos recuerdos y el tan preciado vino chileno. Eran cerca de las 6 de la tarde. Con un par de botellas en la mano, recibo una llamada de mi amiga Inger.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1i?<\/p>\n<p>\u2014En Costanera.<\/p>\n<p>\u2014Hueona, vente ya. No hay locomoci\u00f3n (transporte) y no vas a poder regresar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe puso feo lo del metro?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, si no encuentras micro me hablas y voy caminando a encontrarte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su tono de voz me son\u00f3 rara. Dej\u00e9 los vinos y nos fuimos rumbo a la calle. Como nosotras, cientos de personas buscaban c\u00f3mo regresar. En las paradas de las micros hab\u00eda filas enormes con la esperanza de que todav\u00eda pasara alguno. Caminamos por avenida Suecia por 10 minutos y nada. La noche empezaba a caer. Alguien nos dijo que la ruta 402 s\u00ed estaba pasando y que nos dejaba cerca de la casa de mi amiga. Esperamos otros 15 minutos y finalmente lleg\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se sent\u00eda un ambiente de incredulidad, de expectativa y a la vez de cansancio. Era viernes en la tarde y el plan habitual de ir a tomar una cerveza qued\u00f3 de lado; muchos santiaguinos tuvieron que regresar caminando a casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cSi igual est\u00e1 bien lo que hacen los cabros, yo creo que lo que hace el gobierno es un abuso, est\u00e1n defendiendo lo que sus padres gastan en locomoci\u00f3n y que tambi\u00e9n les afecta a ellos\u201d, dijo un hombre de unos 30 a\u00f1os a otro a bordo de la micro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En las calles la gente comenz\u00f3 a salir a hacer sonar sus cacerolas. En las esquinas, las terrazas, los jardines. Ni\u00f1os, abuelas y abuelos, padres de familia, j\u00f3venes. Todos tratando de mostrar su inconformidad con \u201cel cacerolazo\u201d. Semanas m\u00e1s tarde la cantante chilena Ana Tijoux har\u00eda una pegajosa canci\u00f3n del cacerolazo que se convertir\u00eda en la bandera del hartazgo de los chilenos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La micro avanzaba hacia nuestro destino. \u201cQued\u00f3 la cag\u00e1 en Baquedano (el punto neur\u00e1lgico de la red del metro). Est\u00e1n reprimiendo a la gente\u201d, dijo otro de los pasajeros. En un pa\u00eds lejano el internet es dif\u00edcil de conseguir, as\u00ed que me qued\u00e9 con la duda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la esquina de la calle Grecia Inger nos esperaba. Caminamos. En minutos nos cont\u00f3 lo que nadie se esperaba: las evasiones del metro escalaron tanto que \u201clos pacos\u201d comenzaron a reprimir. Todas las l\u00edneas de metro cerraron y la gente sali\u00f3 a la calle a manifestarse. Hay barricadas en muchas colonias y gente haciendo \u201ccacerolazo\u201d. Se arm\u00f3 la grande, remat\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes en la televisi\u00f3n mostraban a los polic\u00edas golpeando a los evasores, microbuses quemados en medio de la calle, la gente aferr\u00e1ndose a mantenerse dentro de las estaciones, supermercados y tiendas de ropa saqueadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cQuemaron las oficinas de la Enel (compa\u00f1\u00eda de luz)\u201d, exclam\u00f3 Inger mientras me pon\u00eda pijama en la otra habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Casi de inmediato las noticias mostraban una estaci\u00f3n del metro quemada, luego dos, luego tres. Desde el balc\u00f3n de la casa alcanzamos a ver el humo de la m\u00e1s cercana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pasada la medianoche el presidente Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era declar\u00f3 estado de emergencia en la regi\u00f3n metropolitana de Santiago. La medida limitaba el tr\u00e1nsito de personas y la libertad de reuni\u00f3n, adem\u00e1s de anunciar que los militares saldr\u00edan a las calles para \u00abresguardar la seguridad y restablecer el orden\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos at\u00f3nitas. La peor pesadilla del pueblo chileno resurg\u00eda. El fantasma de la dictadura volvi\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>El plan del fin de semana en Isla Negra se esfum\u00f3. La Claudia no pudo viajar porque nadie pod\u00eda entrar ni salir de Santiago si no era para volver a casa. La noche del 19 de octubre las manifestaciones, barricadas, saqueos y quema de microbuses segu\u00eda. Tambi\u00e9n las manifestaciones en el centro y los militares que patrullaban con tanquetas. Los helic\u00f3pteros de vigilancia pasaban d\u00eda y noche sobre la casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El \u201cestado de emergencia\u201d se extendi\u00f3 a casi todo el pa\u00eds y el presidente Pi\u00f1era decret\u00f3 un toque de queda para evitar m\u00e1s desmanes. La mayor\u00eda de los comercios cerraron. Todo era surreal, in\u00e9dito y daba miedo. No volvimos a salir de casa sino a comprar comida al almac\u00e9n (tienda) de la vuelta en el que hab\u00eda una fila para alcanzar a comprar lo que quedaba para abastecerse el fin de semana. Jam\u00f3n, pan, huevo, yogurt, unas l\u00e1minas de queso y vino, eso s\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cSi por alguna raz\u00f3n usted se localiza en un sitio en donde hay manifestaciones, mantenga la calma, al\u00e9jese de los manifestantes; evite acercarse a fuerzas policiales o a grupos no identificados. Bajo ninguna circunstancia se involucre con los manifestantes\u201d, dec\u00eda un <em>mail<\/em> de la Embajada de M\u00e9xico en Chile que lleg\u00f3 a todos los que en ese momento nos encontr\u00e1bamos en el territorio chileno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El domingo los vuelos internacionales comenzaron a demorarse, luego a suspenderse y finalmente a cancelarse debido a que los trabajadores no pod\u00edan desplazarse por el toque de queda. Nuestro vuelo de regreso saldr\u00eda cuatro d\u00edas despu\u00e9s, pero la voz detr\u00e1s del tel\u00e9fono nos avis\u00f3 que deb\u00edan cancelar. Se me hizo un hueco en la panza. Record\u00e9 todo lo que hab\u00eda le\u00eddo del d\u00eda del golpe de estado, el 11 de septiembre de 1973.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Decenas de llamadas a la embajada para que repitieran lo mismo: que estuvi\u00e9ramos al pendiente de los comunicados del aeropuerto, que solo llam\u00e1ramos si necesit\u00e1bamos ayuda de emergencia. \u00bfQu\u00e9 otra emergencia puede haber sino esta? El hueco en el est\u00f3mago no desaparec\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La aerol\u00ednea nos dio por fin un nuevo vuelo. Saldr\u00eda un d\u00eda despu\u00e9s de lo planeado, aunque a\u00fan el itinerario pod\u00eda cambiar. Sin poder salir, con los helic\u00f3pteros sobrevolando y con las manifestaciones cada vez m\u00e1s numerosas y violentas, el presentimiento de aquel d\u00eda antes de tomar el vuelo tom\u00f3 sentido. \u00bfQu\u00e9 iba yo a saber que pasar\u00eda esto?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Hueona, a ti que tanto te interesaba la dictadura, ahora est\u00e1s viviendo lo m\u00e1s cercano a ella, me dijo Inger entre risa y pena. Sonre\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4119\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c-768x432.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/Chile-2019c-640x360.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al aeropuerto llegamos con nueve horas de anticipaci\u00f3n a la salida del vuelo que despegar\u00eda en la madrugada, para que mi amiga la maestra regresara antes de las ocho de la noche, hora del toque de queda. Con todas las maletas, mucha expectativa y el hueco en el est\u00f3mago que no se iba, preguntamos si a\u00fan no lo cancelaban.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014No sabemos, a\u00fan es demasiado pronto, algunos se han cancelado de \u00faltimo minuto\u2014, me contest\u00f3 la empleada de la aerol\u00ednea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pas\u00e9 saliva. Si eso suced\u00eda tendr\u00edamos que estar toda la noche en el aeropuerto sin poder regresar hasta que terminara el toque de queda. Nos instalamos en una esquina a esperar un par de horas. Decid\u00ed volver a preguntar y otra empleada me dijo que hab\u00eda dos espacios en un vuelo que saldr\u00eda en tres horas y viajaba directo a Ciudad de M\u00e9xico y no a Guadalajara. Acept\u00e9. Lo que quiero es salir, ya en M\u00e9xico veo c\u00f3mo me muevo, le contest\u00e9 a la chica. Me sonri\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una mezcla de tristeza y alivio me invadi\u00f3 cuando me abroch\u00e9 el cintur\u00f3n de seguridad. Dejaba un lugar entra\u00f1able en una de sus peores crisis en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Me doli\u00f3 verlo as\u00ed. En pleno despegue voltee a la ventana. La ciudad parec\u00eda en calma, como si quisiera esconder que el incendio hab\u00eda comenzado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Corr\u00eda el a\u00f1o de 2019 cuando la autora de la siguiente cr\u00f3nica volvi\u00f3 a Chile, lugar en el que seis a\u00f1os antes hab\u00eda estado de intercambio estudiantil. No se imaginaba que iba a vivir muy de cerca la revuelta civil. Hoy, por medio de este texto, rememora esos d\u00edas y su salida un tanto atropellada. &nbsp; Mariana Gonz\u00e1lez-M\u00e1rquez &nbsp; Santiago de Chile estall\u00f3 en un incendio. El metro, las calles, algunas tiendas y oficinas fueron consumidas por el fuego. La rabia y el hartazgo de m\u00e1s de tres d\u00e9cadas de pobreza y desigualdad fueron la gasolina que aviv\u00f3 ese fuego. Santiago de Chile se incendi\u00f3 y no volvi\u00f3 a ser el mismo. &nbsp; &nbsp; *** &nbsp; El vuelo 984 estaba por despegar. \u201cMe siento rara, como si algo fuera a pasar\u201d, le dije a mi hija Frida. \u201cEst\u00e1s nerviosa\u201d, me contest\u00f3. Pero no era ese cosquilleo que me invade antes del vuelo, era una inquietud que no pod\u00eda identificar y tampoco cesaba, por m\u00e1s cervezas que tomara en la sala de espera. &nbsp; La hermosa vista de la cordillera de los Andes logr\u00f3 que olvidara la sensaci\u00f3n por un momento. 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