{"id":4135,"date":"2021-05-20T11:42:17","date_gmt":"2021-05-20T16:42:17","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4135"},"modified":"2021-06-16T15:08:29","modified_gmt":"2021-06-16T20:08:29","slug":"la-ruta-de-la-sierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4135","title":{"rendered":"La ruta de la sierra"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4136\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2.jpg\" alt=\"\" width=\"968\" height=\"648\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2.jpg 968w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2-300x201.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2-768x514.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/NAco-2-640x428.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 968px) 100vw, 968px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>La autora de la siguiente cr\u00f3nica nos lleva de la mano por un recorrido que para ella es cotidiano: una ruta por la que conduce y en la cual registra todo lo que observa y que la lleva a casa: una peque\u00f1a colonia de trabajadores de la miner\u00eda, en Nacozari, Sonora.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>Adriana Zavala Garc\u00eda <\/em><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Conduzco de regreso a mi casa despu\u00e9s de una breve visita a mi ciudad natal, tengo un sentimiento de tristeza, como si hubiese sido ayer que part\u00ed por primera vez. Con certeza, mis dos hijos cargan el mismo sentimiento, m\u00e1s un toque de arrebato adolescente.<\/p>\n<p>Me dejo ir en las dominantes curvas de la sierra, siento que danzo con ellas. De fondo suena un <em>playlist<\/em> de rock de los 70\u00b4s.<\/p>\n<p>Escucho el canto a murmullos de mi hija y la respiraci\u00f3n profunda de mi hijo, que duerme como si no lo hubiera hecho en d\u00edas.<\/p>\n<p>De repente, aparece la luna frente a m\u00ed, tal como si me guiara, mientras pienso en el sin fin de historias que albergan estos caminos, incluso las propias.<\/p>\n<p>Miro las cruces y peque\u00f1as tumbas: homenajes de un ser querido que parti\u00f3, abandonando su alma en un accidente. Recuerdo a Roberto, compa\u00f1ero y amigo de la universidad, que dej\u00f3 su \u00faltima mirada en esta carretera.<\/p>\n<p>Un letrero a un lado del camino dice \u201cPuta de la sierra\u201d, me causa la misma gracia que cuando lo le\u00ed por primera vez. Mi hijo me pregunta: \u00bfhe le\u00eddo bien? y obtiene de m\u00ed una sonrisa sarc\u00e1stica. S\u00ed, has le\u00eddo bien, le respond\u00ed. Y continuamos nuestro camino por la ruta de la sierra, admirando sus paisajes y matices.<\/p>\n<p>Nos faltan m\u00e1s de 60 kil\u00f3metros para llegar, cruzo el puente Moctezuma, posiblemente el m\u00e1s largo del recorrido, que crece sobre los extintos cauce del r\u00edo Sonora.<\/p>\n<p>Alcanzo a mirar a familias pasando el rato en la zona, algunos haciendo la tan cl\u00e1sica y homenajeada carnita asada, otros solamente tom\u00e1ndose unas \u201ccheves\u201d de Tecate light o de Bud light, eso ya dependiendo de la \u201cpromo\u201d del d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l pandemia?, me pregunto.<\/p>\n<p>Mas adelante paso de lado una glorieta en la que han instalado una imponente estatua del Moro de Cumpas, un caballo que se hizo famoso por una carrera que no gan\u00f3, y al que le escribieron un corrido.<\/p>\n<p>El viaje comienza una importante osad\u00eda en la que pone a prueba mis reflejos y habilidades para esto de la manejada, pasando por caminos de terracer\u00eda y secciones tan angostas, que solo es posible el paso de un veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o, una lluvia intensa ocasion\u00f3 que el cauce del r\u00edo creciera como no lo hab\u00eda hecho en a\u00f1os, y derrumb\u00f3 parte de la carretera.<\/p>\n<p>Pareciera que nuestro recorrido ha terminado: nos topamos con el letrero de \u201cbienvenidos a Nacozari de Garc\u00eda\u201d, un peque\u00f1o poblado minero que no alberga m\u00e1s de 13 mil habitantes.<\/p>\n<p>Se me hace divertido contar la analog\u00eda, de si, cada uno de sus habitantes, incluyendo a nuestras mascotas, ocup\u00e1ramos un asiento del estadio Azteca, no llenar\u00edamos ni si quiera una cuarta parte.<\/p>\n<p>Ya puedo oler el humo y sentir el fr\u00edo que cala hasta los huesos, algunos ya est\u00e1n tizando su estufa de le\u00f1a. De seguro do\u00f1a Norma ya est\u00e1 haciendo sus tortillas \u201csobaqueras\u201d para la semana y sus frijoles refritos. Me encanta visitarla, durante nuestros primeros d\u00edas en la ciudad fuimos amablemente hospedados en su casa. Extra\u00f1o su riqu\u00edsima comida al estilo pueblo sonorense, con tanta grasa que jurar\u00eda que me tapar\u00eda una arteria, y sus constantes rega\u00f1os: era de su predilecci\u00f3n rega\u00f1arme hasta por llegar cansada del trabajo. Constantemente me dec\u00eda que las mujeres \u201cpura monda\u201d tienen permiso de cansarse, un comentario que surge a ra\u00edz de la educaci\u00f3n machista, propia de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hago una peque\u00f1a parada para comprar una taza de caf\u00e9 reci\u00e9n tostado y pan dulce. Doce kil\u00f3metros hacia la cima de la sierra se encuentra nuestra casa.<\/p>\n<p>Algunos kil\u00f3metros hacia adelante es necesario cruzar un estricto m\u00f3dulo de seguridad: ha iniciado nuestro recorrido por los caminos propiedad de la mina de cobre \u201cLa Caridad\u201d, la tercera m\u00e1s grande del mundo.<\/p>\n<p>Al inicio me causaba nervios, ahora hasta de t\u00fa me saludan.<\/p>\n<p>Con cautela continuo mi recorrido, s\u00e9 de memoria la zona por donde suelen cruzar algunos animalitos de la regi\u00f3n: correcaminos, zorrillos, tlacuaches, venados, lobos, leones de monta\u00f1a, liebres y coyotes, por mencionar unos cuantos, porque bajan a un peque\u00f1o represo a tomar agua.<\/p>\n<p>Siempre que tr\u00e1nsito por esta zona se me viene a la mente el comentario de do\u00f1a Brenda: si atropellas un venado, lo echas al carro y me lo traes para hacerlo tamales; ganas no me faltan de llevarle al venado que se come mis tulipanes y rosales. Ya es historia vieja las m\u00faltiples ocasiones que he tenido que salir con escoba en mano para espantar a uno que otro venado que viene hacer aver\u00edas.<\/p>\n<p>Cerca de llegar a casa puedes observar, como si se abriera un tel\u00f3n entre las monta\u00f1as, el imponente tajo de la mina y sus colores entre rojizos y turquesa. Un at\u00edpico paisaje que te llama a detenerte por unos instantes y admirar tan imponente obra de la ingenier\u00eda humana.<\/p>\n<p>Pasan dos minutos y ya me encuentro en la puerta de mi casa, ubicada en una colonia de trabajadores de la miner\u00eda, bastante tranquila, que aloja uno que otro chisme y rencilla, que hace m\u00e1s entretenidos el pasar de los d\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<pre><strong>(Esta cr\u00f3nica fue le\u00edda en el podcast \"Las bolas del engrudo\" por la autora)<\/strong><\/pre>\n<p><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/anchor.fm\/elhuevocojo\/embed\/episodes\/La-ruta-de-la-sierra-e1085ve\" height=\"102px\" width=\"400px\" frameborder=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><br \/>\n<iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/episode\/7pPGq4uyf4QSBWXUnBlaVy\" width=\"100%\" height=\"232\" frameBorder=\"0\" allowtransparency=\"true\" allow=\"encrypted-media\"><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora de la siguiente cr\u00f3nica nos lleva de la mano por un recorrido que para ella es cotidiano: una ruta por la que conduce y en la cual registra todo lo que observa y que la lleva a casa: una peque\u00f1a colonia de trabajadores de la miner\u00eda, en Nacozari, Sonora. &nbsp; Adriana Zavala Garc\u00eda &nbsp; Conduzco de regreso a mi casa despu\u00e9s de una breve visita a mi ciudad natal, tengo un sentimiento de tristeza, como si hubiese sido ayer que part\u00ed por primera vez. Con certeza, mis dos hijos cargan el mismo sentimiento, m\u00e1s un toque de arrebato adolescente. Me dejo ir en las dominantes curvas de la sierra, siento que danzo con ellas. De fondo suena un playlist de rock de los 70\u00b4s. Escucho el canto a murmullos de mi hija y la respiraci\u00f3n profunda de mi hijo, que duerme como si no lo hubiera hecho en d\u00edas. De repente, aparece la luna frente a m\u00ed, tal como si me guiara, mientras pienso en el sin fin de historias que albergan estos caminos, incluso las propias. Miro las cruces y peque\u00f1as tumbas: homenajes de un ser querido que parti\u00f3, abandonando su alma en un accidente. 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