{"id":4224,"date":"2021-07-01T22:33:53","date_gmt":"2021-07-02T03:33:53","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4224"},"modified":"2021-08-02T20:23:33","modified_gmt":"2021-08-03T01:23:33","slug":"observacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4224","title":{"rendered":"Observaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4226\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"407\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash-640x427.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/kelly-sikkema-Y63DCcIKlIs-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>La prosa de No Hilda es punzante, precisa, hilvanada con la seguridad de alguien que camina en la noche y sabe que cuenta con ojos de lechuza. En su relato, nadie puede pasar indemne, es innegable que nos toca por alg\u00fan lado.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>No Hilda<\/h3>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@kellysikkema?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Kelly Sikkema<\/a> v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/women-write?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash.<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tiene la apariencia de lo que acaba de llegar.<\/p>\n<p>Lo sucio, lo tierno, lo apretado con ansias de expansi\u00f3n. El cabello arremolinado en un mo\u00f1o sobre la nuca parece proteger sus recuerdos o la parte donde deber\u00edan estar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al llegar de fuera, como despu\u00e9s de ir al s\u00faper o despu\u00e9s de un viaje; o tambi\u00e9n al llegar de dentro, como al despertar o al nacer: los que llegan existen distinto. Ella tiene esa mirada que, antes perdida, ahora reconoce el lugar \u2014su lugar\u2014 absorbiendo cada espacio y cada ausencia con la pupila: tiene la mirada de los forasteros.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se ha movido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por fuera el viento golpea las ventanas como lo hace todas las noches, exige entrar. Resuena un latido que se confunde con el propio, hay un ritmo que gu\u00eda la vida nocturna, el coraz\u00f3n de la noche golpea m\u00e1s lento, pero con m\u00e1s fuerza. Sus hijos duermen, su esposo es un tronco h\u00famedo que sue\u00f1a alcanzar el cielo por el horizonte. Ella est\u00e1 de pie, de costado a la ventana. En silencio. Observa inm\u00f3vil dos fotograf\u00edas que tiene aseguradas al calendario con un clip. Su pasado est\u00e1 sujeto a su presente con un pedazo de alambre torcido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muchas veces me dijeron que tenemos l\u00edmites, hay algo que nos divide; que dentro y fuera son dos cosas distintas, que futuro y pasado no se tocan nunca, pero verla a ella como un p\u00e9ndulo en ese ir y venir tan severo, con su entrar y salir tan sofisticado, me hace creer que eso que repitieron, m\u00e1s que una ley es una advertencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tuve que regresar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Comprobar, revisar. Revivir. Tuve que venir a ver al monstruo de nuevo. La cercan\u00eda me dio conexi\u00f3n, pero necesitaba la perspectiva que da la distancia. Vine a observar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de analizar las fotos desde donde estaba, ella se acerc\u00f3, quit\u00f3 el clip y las mir\u00f3 de cerca. Parec\u00eda buscar(les) algo. Su respiraci\u00f3n se hac\u00eda m\u00e1s lenta, asemej\u00e1ndose poco a poco al aire nocturno que golpeaba la ventana. Su pecho era la tierra derrumb\u00e1ndose aliviada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En una de las fotograf\u00edas una ni\u00f1a acuna una sonrisa inventada por su felicidad, y en la otra, una adolescente desv\u00eda la mirada y saca la lengua como el pistilo de un obelisco majestuoso e imponente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella se miraba a trav\u00e9s del tiempo. Reconoci\u00f3 los a\u00f1os que anidaron en su cuerpo cont\u00e1ndose a s\u00ed misma su propia vida e imagin\u00f3 en un segundo el resto de los d\u00edas que quedaban por venir. Una r\u00e1faga de aire entr\u00f3 por su nariz confundi\u00e9ndose con un suspiro. Con la prisa que da el miedo a lo desconocido volvi\u00f3 a sujetar las fotos con el clip. Asegur\u00f3 a la adolescente un poco por encima de la ni\u00f1a; como protegi\u00e9ndola.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pude verla condensarse como si ganara peso en un chasquido, como si su nostalgia o su esperanza o su memoria se evaporara sobre ella y se solidificara en sus hombros haci\u00e9ndolos lentamente. Ella pareci\u00f3 disolverse en la oscuridad junto con todo lo que la rodeaba. No supe a qui\u00e9n o a qu\u00e9 poner atenci\u00f3n. Hab\u00eda algo en todo el cuarto que no respetaba los l\u00edmites. Se hab\u00eda colado el viento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella llevaba puesta su pijama y descalza, estaba de pie, de espaldas a la cama; parec\u00eda confusa, como si temiera decidir si mantenerse en pie o desplomarse de una vez. Un ritmo fr\u00edo y contundente recorri\u00f3 el lugar de arriba abajo: era su respiraci\u00f3n golpeando su pecho, sosteni\u00e9ndola. El mismo viento que ella no quer\u00eda dejar entrar, la manten\u00eda viva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00c9l, el monstruo, era una nada con espesor impreciso, una vivencia que degoll\u00f3 a las palabras que quisieron contenerlo. \u00c9l era ella. La mujer que no sabe si existe con mayor fuerza en el pasado, si est\u00e1 atrapada en las fotos, si est\u00e1 sujeta a un cuerpo con un tipo de alambre torcido, como sus fotos. Ella soy yo. La que comprueba, revisa y revive si esa noche estaba respirando o si solo era el viento recorriendo mi nariz. La que piensa en todas direcciones y sin embargo no se mueve. La que se observa en sus fotos, la que se des-cribe para entenderse sin definirse, regresando y renaciendo mil veces en los lugares donde el aire se ha marchado. Soy yo, protegi\u00e9ndome del dolor y la dicha que da ser monstruosamente humana, de la incertidumbre que provoca el tiempo en la piel y la eriza, de las palabras que a su ritmo me dan otra forma de existencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La prosa de No Hilda es punzante, precisa, hilvanada con la seguridad de alguien que camina en la noche y sabe que cuenta con ojos de lechuza. En su relato, nadie puede pasar indemne, es innegable que nos toca por alg\u00fan lado. &nbsp; No Hilda Foto de Kelly Sikkema v\u00eda Unsplash. &nbsp; Tiene la apariencia de lo que acaba de llegar. Lo sucio, lo tierno, lo apretado con ansias de expansi\u00f3n. El cabello arremolinado en un mo\u00f1o sobre la nuca parece proteger sus recuerdos o la parte donde deber\u00edan estar. &nbsp; Al llegar de fuera, como despu\u00e9s de ir al s\u00faper o despu\u00e9s de un viaje; o tambi\u00e9n al llegar de dentro, como al despertar o al nacer: los que llegan existen distinto. Ella tiene esa mirada que, antes perdida, ahora reconoce el lugar \u2014su lugar\u2014 absorbiendo cada espacio y cada ausencia con la pupila: tiene la mirada de los forasteros. Sin embargo, no se ha movido. &nbsp; Por fuera el viento golpea las ventanas como lo hace todas las noches, exige entrar. Resuena un latido que se confunde con el propio, hay un ritmo que gu\u00eda la vida nocturna, el coraz\u00f3n de la noche golpea m\u00e1s lento, pero con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4226,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[16,14],"tags":[92,561,116,1363,1364,762],"class_list":["post-4224","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-de-aqui-y-de-alla","category-las-cronicas","tag-cronica","tag-cronistas-tapatios","tag-el-huevo-cojo","tag-la-cronica","tag-nohilda","tag-taller-de-cronica"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4224","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4224"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4224\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4227,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4224\/revisions\/4227"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4226"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4224"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4224"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4224"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}