{"id":4351,"date":"2021-11-15T22:35:20","date_gmt":"2021-11-16T04:35:20","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4351"},"modified":"2024-09-26T11:48:47","modified_gmt":"2024-09-26T16:48:47","slug":"la-abeja-que-me-llevo-a-la-oscuridad-de-la-inconsciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4351","title":{"rendered":"La abeja que me llev\u00f3 a la oscuridad de la inconsciencia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4352\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-1024x681.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"406\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-1024x681.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-768x511.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-1536x1022.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash-640x426.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/michael-glazier-wNZ_pdOvloQ-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Hay a quienes les horroriza pensar en que una abeja los pique, pero que, aunque as\u00ed sucediera, la cosa no va m\u00e1s all\u00e1 del piquete. Sin embargo, el autor de la siguiente cr\u00f3nica es de esa reducida poblaci\u00f3n que, si el veneno del piquete de una abeja entra por su torrente sangu\u00edneo, puede causarle severos estragos. Aqu\u00ed nos narra una reciente ocasi\u00f3n en que sucedi\u00f3. Y, afortunadamente vivi\u00f3 para cont\u00e1rnoslo.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Ricardo G\u00f3mez<\/h3>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@mglazier98?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Michael Glazier<\/a> v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/bee-sting?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi vista se iba nublando con cada paso que daba, me urg\u00eda llegar a la sombrilla de palma en la que estaba mi amigo. Me acerqu\u00e9 para pedirle auxilio, pero entre la angustia y el deseo de no morir alcanc\u00e9 apenas a decirle que no pod\u00eda m\u00e1s. La luz se iba apagando como si estuviera cayendo en el fondo de un pozo, cada vez m\u00e1s lejos el brillo de la superficie. Lo \u00faltimo que reconoc\u00ed al caer fue la punta del cerro que divid\u00eda las dos playas en donde est\u00e1bamos. Me negaba a creer que era mi final, pero las fuerzas y mi conciencia hab\u00edan abandonado mi cuerpo: yo hab\u00eda dejado de ser. La oscuridad termin\u00f3 por absorberme.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda me despert\u00e9 tan temprano como regularmente lo hago, pero con la emoci\u00f3n de estar en la playa, de vacaciones, en un destino nuevo, que, adem\u00e1s, se hab\u00eda sabido vender entre el lujo de los restaurantes, fiesta nocturna y durante el d\u00eda la ausencia de grandes olas de turistas en sus playas con paisajes de portada. Una amiga, otro amigo y yo nos hospedamos en un Airbnb en la ciudad de La Paz.<\/p>\n<p>Partimos luego del desayuno hacia Tecolote \u2013una playa que est\u00e1 a la sombra de la popular Balandra, con su inmenso lago de agua marina\u2013 el trayecto, aunque corto, ten\u00eda contrastes que hac\u00edan espectacular la vista: dunas y monta\u00f1as rocosas, cactus gigantes y por el otro lado de la carretera la inmensidad azul del Mar de Cort\u00e9s.<\/p>\n<p>Llegamos a la bifurcaci\u00f3n del camino: una \u201cY\u201d obligada por el cerro que te lleva a menos de 10 minutos a uno de los dos destinos. Tecolote, a diferencia de Balandra, tiene oleaje, del tipo que te permite romper la ola con un clavado en su base al hacerlo en el momento perfecto o s\u00f3lo brincarla sin mayor esfuerzo; es una playa que promete no revolcarte, adem\u00e1s, con unas tonalidades de azul que le dan una belleza Pantone. Su arena no es blanca como las del Caribe mexicano, sino dorada.<\/p>\n<p>La carretera se acaba y comienza un camino de terracer\u00eda, puedes pasar cientos de metros sin encontrarte una construcci\u00f3n, personas o una ramada, pero, aunque no la pareciera, s\u00ed hay y nos dirig\u00edamos a una. En el trayecto algunos puntos me recordaron a la playa donde viajaban a caballo Charlton Heston y Linda Harrison en la escena final del Planeta de los Simios, era como si fu\u00e9ramos los \u00fanicos humanos abri\u00e9ndonos paso por la arena.<\/p>\n<p>A esta playa no ha llegado la justicia social ni la modernidad que Varguitas promete en <em>La Ley de Herodes<\/em>: no hay postes de luz, por lo tanto, no hay cables, de ning\u00fan tipo, est\u00e1n ausentes los servicios de internet y telefon\u00eda, no hay siquiera se\u00f1al de celular, de ninguna compa\u00f1\u00eda, sin embargo, no est\u00e1 exenta de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A las faldas del cerro, como si fuera una caja a los pies de un gigante, est\u00e1 una de las pocas construcciones de Tecolote, es nuestro destino. Un lugar con sombrillas dispersas para los visitantes, hechas de tronco y hojas de palma, org\u00e1nicas en su hechura y org\u00e1nicas en el paisaje; tambi\u00e9n hay camastros, sillas, mesas, todas estas s\u00ed son de pl\u00e1stico. El lugar es atendido por dos hombres de mediana edad que apostaron al lugar como su fuente de ingresos, no son originarios de Baja California, pero s\u00ed son mexicanos, ambos nos reciben con calidez, como si fu\u00e9ramos viejos conocidos, aunque nunca nos hemos visto.<\/p>\n<p>El lugar cierra antes de que la luz del d\u00eda se vaya, las cervezas y la comida que venden se mantiene refrigerada gracias a una planta de luz que funciona con di\u00e9sel, pero su principal fuente de enfriamiento son barras de hielo. To\u00f1o y Marco nos explicaban a mis dos amigos y a m\u00ed su sistema para mantener la cadena de fr\u00edo en los mariscos y mantener bien heladas las cervezas, cosas que no interesaba escuchar, sent\u00eda que perd\u00eda mi tiempo vi\u00e9ndolos hablar en lugar de ver el mar azul.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 un punto en el que dej\u00e9 de escucharlos, sus voces y explicaciones se volvieron murmullos lejanos que se enterraban con cada ola que golpeaba la arena, mis sentidos se enfocaron en la belleza del paisaje y bloquearon todo lo que consideraron insignificante ante la majestuosidad azul del horizonte.<\/p>\n<p>Una caguama Tecate light muy helada que puso To\u00f1o o Marco sobre la mesa me sac\u00f3 de mi trance (no caigamos en la discusi\u00f3n de la marca), la tra\u00edan por petici\u00f3n de uno de mis amigos. Luego llegaron tostadas de ceviche, salsas de habanero, pepinos\u2026 unas tras otra a lo largo del d\u00eda, era como un <em>loop<\/em> nuestra estancia en Tecolote.<\/p>\n<p>Llegamos a La Paz motivados por el cumplea\u00f1os de mi amiga, To\u00f1o y Marco al enterarse del motivo le obsequiaron otra caguama, ella la tom\u00f3 y la dej\u00f3 en una mesa que estaba a mi costado y nos ofreci\u00f3 tomar de ella para que no se calentara, mientras ella se iba a su rutina de bronceado.<\/p>\n<p>La tom\u00e9, le di un trago, pero antes de sentir el l\u00edquido sent\u00ed que mi boca aprisionaba algo que cre\u00ed era una bola de papel, as\u00ed lo sent\u00ed, como un pedazo de servilleta enroscado. Cuando intent\u00e9 escupirlo sent\u00ed la fuerza sus alas golpeando mis labios y un zumbido que hizo eco en mi cabeza. Vino el arponazo. El aguij\u00f3n penetr\u00f3 la parte interior de mi labio inferior y la reacci\u00f3n fue inmediata, como si hubieran descargado 10 mil voltios en mi cabeza.<\/p>\n<p>Cada latido del coraz\u00f3n irrigaba el veneno en mis venas, lo pod\u00eda sentir avanzando dentro de mi en cada bombeo de sangre, me quemaba de adentro hacia afuera como si buscara salir el fuego a trav\u00e9s de mi piel, como un grito que estaba a punto de escapar destrozando la garganta y se expand\u00eda cada vez m\u00e1s. Pas\u00f3 de mis labios a mi lengua, garganta, nariz, ojos, piel y se acercaba cada vez m\u00e1s a mi cerebro. Todo se volvi\u00f3 caos, ruido. El veneno era como lava que avanzaba incontenible, ard\u00eda implacablemente dejando a su paso un fuego salvaje. El miedo aceler\u00f3 mi pulso, aceler\u00f3 la ponzo\u00f1a.<\/p>\n<p>Escup\u00ed finalmente a la abeja destripada una vez que dej\u00f3 su aguij\u00f3n en mi labio. Cuando cay\u00f3 en la arena le solt\u00e9 dos pu\u00f1etazos llenos de rabia, saliva y l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 y trat\u00e9 de mantener la calma, pero mi vista comenz\u00f3 a temblar. Fui al ba\u00f1o para tranquilizarme, como si nada hubiera ocurrido, pero estaba pasando; quise enga\u00f1arme, no lo logr\u00e9. De un tambo con agua que era usada para descargar los ba\u00f1os, con mis manos, me avent\u00e9 en dos ocasiones el l\u00edquido a la cara, para despertar de un mal sue\u00f1o, pero no lo era, estaba perdiendo mi conciencia con el veneno en mi cabeza.<\/p>\n<p>Los latidos se convirtieron en punzadas y cada punzada me apagaba la luz: ve\u00eda intermitente. No quer\u00eda entrar en la oscuridad, sent\u00eda que una vez dentro me podr\u00eda quedar ah\u00ed. Tampoco quer\u00eda que me encontrara la oscuridad lejos de mis amigos, regres\u00e9 lo m\u00e1s pronto que pude con ellos. Cada vez eran m\u00e1s largos los episodios sin luz, pero no me hab\u00eda abandonado mi conciencia, camin\u00e9 memorizando d\u00f3nde estaban las sombrillas org\u00e1nicas, sus palmas, las mesas de pl\u00e1stico, las sillas y cualquier objeto con el que pudiera chocar, hasta que llegu\u00e9 con ellos. \u201cNo puedo m\u00e1s, no puedo m\u00e1s\u201d repet\u00ed una, dos, tres, ocho veces antes de caer en la inconsciencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>***<\/strong><\/p>\n<p>La luz volvi\u00f3 a m\u00ed, me acercaba a ella como si estuviera saliendo de un t\u00fanel. Con ella comenz\u00f3 un murmullo al que le fueron subiendo el volumen hasta que pude escuchar n\u00edtidamente un \u201cdenle agua\u201d con tono de urgencia que To\u00f1o o Marco hab\u00edan dicho. Podr\u00eda haber estado moribundo en ese momento, pero estaba muy cuerdo. \u00bfEste pendejo para qu\u00e9 me quiere dar agua?, pens\u00e9. Lo m\u00e1s extra\u00f1o es que yo iba caminando.<\/p>\n<p>Las abejas tienen en su veneno el poder de romper en m\u00ed toda ley de la f\u00edsica, tiempo y espacio. La gravedad afectaba directamente a mi cabeza y s\u00f3lo a mi cabeza, hab\u00eda aumentado su fuerza volvi\u00e9ndola extremadamente pesada, sent\u00eda imposible levantarla, me colgaba como la cabeza de un balero sin encajar. El tiempo se ralentiz\u00f3, mis pasos eran lentos, el sonido era lento.<\/p>\n<p>Sub\u00ed al auto por mi propio pie, a\u00fan no s\u00e9 c\u00f3mo lo hice, c\u00f3mo me levant\u00e9, c\u00f3mo camin\u00e9, no estuve en m\u00ed en al menos un minuto o dos, seg\u00fan me cuentan mis amigos. No tengo noci\u00f3n de cu\u00e1nto pas\u00f3 desde el desmayo hasta que cerr\u00e9 la puerta del coche, de nuevo, dicen mis amigos que no fueron m\u00e1s de ocho o diez minutos.<\/p>\n<p>De Tecolote a La Paz son 30 minutos de camino en auto, hicimos 20 gracias a las habilidades de supervivencia que se activaron en uno de mis amigos, un tipo bonach\u00f3n que regularmente maneja como abuelita. Al llegar a la ciudad nos dirigimos hacia una cl\u00ednica del estado, ah\u00ed me colocaron una inyecci\u00f3n que me quit\u00f3 la sensaci\u00f3n del peso en la cabeza, pero no ten\u00edan la otra dosis que dijeron los m\u00e9dicos necesitaba. Me enviaron a urgencias del IMSS.<\/p>\n<p>Al llegar no me hicieron esperar mucho tiempo, me aplicaron la inyecci\u00f3n que requer\u00eda y de inmediato mi piel se llen\u00f3 de sarpullido, esa era la reacci\u00f3n que el doctor estaba ansioso por ver, porque es el indicador de que en mi cuerpo hac\u00eda efecto el ant\u00eddoto ante la alergia. Pasaron 15 minutos y las ronchas desaparecieron, mi cuerpo olvid\u00f3 el trauma que hab\u00eda sufrido en la \u00faltima hora.<\/p>\n<p>No tuve efectos secundarios, ni secuelas del veneno de la abeja. Las secuelas quedaron en la memoria de mis amigos, quienes creyeron por un minuto o dos que hab\u00eda muerto en Tecolote.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hay a quienes les horroriza pensar en que una abeja los pique, pero que, aunque as\u00ed sucediera, la cosa no va m\u00e1s all\u00e1 del piquete. Sin embargo, el autor de la siguiente cr\u00f3nica es de esa reducida poblaci\u00f3n que, si el veneno del piquete de una abeja entra por su torrente sangu\u00edneo, puede causarle severos estragos. Aqu\u00ed nos narra una reciente ocasi\u00f3n en que sucedi\u00f3. 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