{"id":4390,"date":"2021-11-28T17:33:20","date_gmt":"2021-11-28T23:33:20","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4390"},"modified":"2021-11-28T17:33:20","modified_gmt":"2021-11-28T23:33:20","slug":"cuatro-postales-tapatias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4390","title":{"rendered":"Cuatro postales tapat\u00edas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-4391\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-1024x819.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"488\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-1024x819.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-300x240.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-768x614.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-1536x1229.jpg 1536w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash-640x512.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/roman-lopez-cGOkS_UvttU-unsplash.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p>El autor del siguiente texto es el sonorense Miguel Manr\u00edquez, poeta, investigador, pero sobre todo una gran persona, que vivi\u00f3 un tiempo en Guadalajara. Nativo de Sonora, es doctor en letras y en este texto, evidentemente po\u00e9tico y con tintes de a\u00f1oranza, escribe sobre la tierra tapat\u00eda, con el ojo amoroso de ese que se siente en casa, pero a la vez se encuentra lejos.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Miguel Manr\u00edquez<\/h3>\n<p>Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/@romanll?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Roman Lopez<\/a> v\u00eda <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/s\/photos\/guadalajara-m%C3%A9xico?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText\">Unsplash<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Primero la palabra y luego las voces se acercaron en ilaci\u00f3n de nombres. El esperado encuentro con Guadalajara fue, al mismo tiempo, un misterioso desprendimiento del ser norte\u00f1o, esa identidad tan movediza como \u00e1spera que lentamente toma conciencia de otras voces igualmente lozanas que me confortan ante el cambio de paisajes. Desde el primer momento, la fragante pulsi\u00f3n de las palabras me venci\u00f3 hasta quedar dispuesto para cualquier perturbaci\u00f3n de los sentimientos raigales: Arandas, Chapala, Melpomene, Jarritos, Mitla, Nerina, Opochtli, Tlaquepaque, Pinabetes, Vallarta, Zalatitl\u00e1n, Zoquipan, Tonal\u00e1, Masaya, Zapopan, Lanus, Ahuisculco, Cajititl\u00e1n, Atlacomulco, Aguamilpa, Coyucuata, Cocula, Colomos, Chimaltitl\u00e1n, Alcal\u00e1. Al pronunciarlos suenan como un lugar de \u00e1rboles iluminados. Con esos sonidos vibrantes s\u00f3lo tuve la certeza de su energ\u00eda original y la percepci\u00f3n absoluta de su musicalidad po\u00e9tica. Los ritmos y consonancias de las palabras originan destellos por el s\u00f3lo hecho de invocarlas y entonces la ciudad que uno encuentra se intensifica y se abre para dejarnos un espacio topogr\u00e1fico poblado de signos y de voces, de semblantes y miradas.<\/p>\n<p>La obsesi\u00f3n de pertenencia deja de ser divergente (\u00bfd\u00f3nde el norte y d\u00f3nde el sur?) y se transforma en la necesidad palpitante de reconocerse en una lengua com\u00fan que es muchas lenguas; una imagen de s\u00ed mismo que se descubre con la idea de un poderoso territorio compuesto de sonidos, ritmos y palabras. Entonces murmuro: Guadalajara, y en el sonido de su excitante nombre yace una historia construida con fragilidad de utop\u00eda espa\u00f1ola y el coraz\u00f3n ya legendario de la indianidad. Mejor todav\u00eda: esta ciudad con genio y figura es un pa\u00eds que merece ser descubierto desde la geograf\u00eda interior del norte\u00f1o reci\u00e9n llegado. Para naufragar en las calles es imprescindible invocar al tapat\u00edo poeta Ra\u00fal Ba\u00f1uelos: \u201cS\u00f3lo sabiendo se puede mirar as\u00ed\/ S\u00f3lo mirando se puede saber as\u00ed.\/ De ver as\u00ed aparece la luz\u201d.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>El ruido nervioso de sus calles cruza desde temprano como bandada de canarios temerosos. Es el momento preciso para alimentar la memoria y la mirada: iglesias agrietadas, estruendosos \u00e1rboles que proyectan impasibles sombras como lagunas amables, el mercado San Juan de Dios, con pasillos h\u00famedos y sin fondo, los barrios que todo lo contienen y que parecen umbrales secretos, las desplegadas mujeres que fluyen claras como savia inquieta y empapada, sus hombres grises que miran hacia dentro, sus inflamadas casas que se aferran al barro y al concreto para no elevarse m\u00e1s de lo necesario, las comidas que al contacto con la lengua florecen en mil perlas aromadas, los bru\u00f1idos jardines que lentamente remiendan los crep\u00fasculos tapat\u00edos, el sagrado y profundo n\u00e9ctar del tequila que nos convierte en infinitos peces iridiscentes.<\/p>\n<p>Entonces resuena el verso tapat\u00edo de Ricardo Y\u00e1\u00f1ez: \u201cEstrellas, muchas estrellas y algo de m\u00fasica,\/ m\u00fasica como barriendo todo el pecho,\/ estrellas como llev\u00e1ndose los ojos\u201d.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed en Guadalajara no es necesario buscar por todas partes: la experiencia de la propia restauraci\u00f3n personal se intensifica. El preg\u00f3n de su cultura viene desde lejos en el tiempo alimentando sus tradiciones est\u00e9ticas (m\u00fasica, danza, teatro, literatura, cine, pintura, fotograf\u00eda, escultura, artesan\u00eda) que saboreadas y compartidas convierten a la ciudad en un f\u00e9rtil y poderoso sistema de reconocimiento, pertenencia y de imaginaci\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo olvidar su festines culturales que alivian el destierro?\u00bfc\u00f3mo olvidar a sus juglares?: Y\u00e1\u00f1ez, Ba\u00f1uelos, Aceves, Castillo, De Aguinaga, Arreola, Rulfo, Esquinca, Del paso y otros que escapan a esta memoria que cabestreante recuerda: \u201cAhora, vete a casa, extra\u00f1o, orgulloso de tu raza joven\u201d, musita Auden suavemente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Guadalajara es una ciudad que no intenta el olvido porque todas las ma\u00f1anas se reinventa y se construye porque se ama en su propio torbellino de humo que reposa bajo un sol lent\u00edsimo y sensual. Esta ciudad borbotea y revienta engalanada por sus heridas luminosas. Esta ciudad \u00e1cida y feroz \u201cse sue\u00f1a a s\u00ed misma transfigurada por la noche\u201d. Esta ciudad menguante es laberinto, m\u00e1scara y palpitante isla encadenada al gozo. Esta ciudad atraviesa el tiempo como imagen duplicada en la memoria. Esta ciudad es aire y humo pero tiene espacios suficientes para el hombre que la pisa con calor derramado de extranjero. La ciudad avanza implacable y tibia en el coraz\u00f3n del norte\u00f1o que torpemente la deletrea. Guadalajara es territorio modelado a puro sue\u00f1o que gotea en la madrugada y huele a manzanas y ceniza. \u00bfC\u00f3mo pensarte?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Guadalajara, \u00bfEres \u00e1rbol de follaje encendido?\u00bfEres eternidad, fiebre o coraz\u00f3n maduro?\u00bfEres estampida, silencio o ave majestuosa?\u00bfEres rumor o tierra sobre el limo?\u00bfEres misterio o sue\u00f1o so\u00f1ado desde el principio de mi soledad?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor del siguiente texto es el sonorense Miguel Manr\u00edquez, poeta, investigador, pero sobre todo una gran persona, que vivi\u00f3 un tiempo en Guadalajara. Nativo de Sonora, es doctor en letras y en este texto, evidentemente po\u00e9tico y con tintes de a\u00f1oranza, escribe sobre la tierra tapat\u00eda, con el ojo amoroso de ese que se siente en casa, pero a la vez se encuentra lejos. &nbsp; Miguel Manr\u00edquez Foto de Roman Lopez v\u00eda Unsplash &nbsp; I Primero la palabra y luego las voces se acercaron en ilaci\u00f3n de nombres. El esperado encuentro con Guadalajara fue, al mismo tiempo, un misterioso desprendimiento del ser norte\u00f1o, esa identidad tan movediza como \u00e1spera que lentamente toma conciencia de otras voces igualmente lozanas que me confortan ante el cambio de paisajes. Desde el primer momento, la fragante pulsi\u00f3n de las palabras me venci\u00f3 hasta quedar dispuesto para cualquier perturbaci\u00f3n de los sentimientos raigales: Arandas, Chapala, Melpomene, Jarritos, Mitla, Nerina, Opochtli, Tlaquepaque, Pinabetes, Vallarta, Zalatitl\u00e1n, Zoquipan, Tonal\u00e1, Masaya, Zapopan, Lanus, Ahuisculco, Cajititl\u00e1n, Atlacomulco, Aguamilpa, Coyucuata, Cocula, Colomos, Chimaltitl\u00e1n, Alcal\u00e1. Al pronunciarlos suenan como un lugar de \u00e1rboles iluminados. 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