{"id":4570,"date":"2025-01-23T11:16:49","date_gmt":"2025-01-23T17:16:49","guid":{"rendered":"https:\/\/elhuevocojo.com\/?p=4570"},"modified":"2025-01-23T11:17:20","modified_gmt":"2025-01-23T17:17:20","slug":"dona-rosaura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=4570","title":{"rendered":"Do\u00f1a Rosaura"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-4572\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura.jpg\" alt=\"\" width=\"1500\" height=\"844\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura.jpg 1500w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura-300x169.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura-768x432.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/DonaRosaura-640x360.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>La autora del siguiente perfil nos regala un retrato de do\u00f1a Rosaura, una mujer como hay muchas en cualquier ciudad o poblaci\u00f3n; lo que en un principio parece ser una descripci\u00f3n detallada y fr\u00eda, conforme avanza se convierte en una especie de c\u00e1lido recordatorio de que todos tenemos una do\u00f1a Rosaura en nuestro entorno.<\/em><\/p>\n<h4>Marlene Ju\u00e1rez Morales<\/h4>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">La veo pasar casi a diario. Su figura es alta y esbelta como sombra et\u00e9rea en la gran ciudad. De caminar lento, constante y seguro. Va y viene en largas caminatas. No s\u00e9 con certeza a d\u00f3nde va y de d\u00f3nde viene. Me asaltan muchas dudas. \u00bfCu\u00e1l es la raz\u00f3n de su caminar interminable? No lo s\u00e9, pero mientras camina se revela en la faz de su rostro un monologo indefinido y ufano. Una paz inmensa que puede verse a la lejan\u00eda.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">A sus 85 a\u00f1os, do\u00f1a Rosaura traza rutas indescifrables, hace sus propios caminos: se inventa veredas; camina entre 4 o 5 kil\u00f3metros diariamente. Algunas veces su caminata la realiza en las primeras horas del d\u00eda; otras en el anaranjado ocaso. Su sombra se descompone en caminos y carreteras al borde del peligro.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Lleva consigo una toalla ra\u00edda que le cubre la cabeza y le llega al filo de los hombros. Viste con vestidos que le llegan a las rodillas, adornados con florecillas amontonadas de colores innombrables. No usa detalles o accesorios para engalanarse. As\u00ed: sin nada, ni siquiera el cabello va prisionero. Lo deja libre, alborotado, entre cano y amarillento, como si fuese un pastizal seco. Todo en ella es sin\u00f3nimo de libertad. Sus sandalias, ya bastante ofendidas por el uso, dejan ver la huella de sus descuidados pies. Sube banquetas, pasa por caminos, veredas y va por toda la orilla de la carretera. Eso s\u00ed, siempre en sentido contrario de los coches, para verlos de frente.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Ocasionalmente le he visto cargando un morral multicolores, de esos que elaboran y venden los presos; otras veces carga una cubeta vieja o una morraleta a rayas que llena con diversos productos que consigue en su caminar: vainas de guash, mango, limones, naranjas, o alguna que otra hierba comestible que corta en los l\u00edmites de los corrales o paredes que se encuentra a su paso. Tambi\u00e9n recoge ramas de \u00e1rboles ca\u00eddos; sobre todo si est\u00e1n secas. Las carga sobre su cabeza y sigue caminando. Son tan \u00fatiles para hacer el fuego y cocer los alimentos. Si est\u00e1 de suerte encuentra ramas extremadamente largas, las cuales arrastra haci\u00e9ndolas crujir como rechinido de puertas viejas. Ya en casa las har\u00e1 pedazos con su machete que siempre tiene a la mano. Algunas otras veces camina para hacer compras, como huevo, jab\u00f3n, sopas, tortillas, entre otras muchas necesidades que le asaltan a diario.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Ella vive en una casa de ladrillos que uno de sus hijos le mand\u00f3 construir. En esta casa vive tambi\u00e9n su hijo Bartolo. Ha sido por muchos a\u00f1os consumidor activo de diversas sustancias nocivas. Su estado es deplorable. Se ven en su rostro cicatrices de alg\u00fan tipo de arma blanca, ca\u00eddas fuertes y se\u00f1as de peleas callejeras y mordidas de perros. Bartolo, mejor conocido como \u201cEl Chafl\u00e1n\u201d, inspira miedo. Cuando lo veo o me lo encuentro me tiemblan los pies, me aparto del camino y bajo la mirada. Cuando est\u00e1 en estado de ebriedad hay que darle dinero \u2013pide siempre monedas de 10\u2013 y solo as\u00ed te deja continuar tu camino.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Rosaura est\u00e1 atenta a las borracheras de su hijo, a los diferentes encarcelamientos que ha tenido; lo cuida de sus golpes, ca\u00eddas y lo aparta de las peleas callejeras con cualquier borracho, o con los mismos polic\u00edas que amenazan con encarcelarlo. Ella est\u00e1 presente en todo momento, en todas sus fechor\u00edas, \u201ces mi hijo\u201d, argumenta.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n cuida del caballo de su hijo. \u201cEl Chafl\u00e1n\u201d tiene en su haber un caballo que le sirve para cargar le\u00f1a, ma\u00edz o para irse montado de un lado a otro. Es un jinete invadido por el alcohol. El caballo necesita alimentos, agua y espacio; do\u00f1a Rosaura se encarga tambi\u00e9n de ello. Toma el lazo y va jalando el caballo por toda la orilla de la carretera, hasta llevarlo a un lugar donde pueda comer las pocas hierbas que brotan del eterno pavimento. Al atardecer hay que cambiarlo de lugar, al otro d\u00eda darle agua, llevarlo a caminar. Es el \u00fanico caballo que existe por estos lugares. Casi no se ven este tipo de animales a excepci\u00f3n del caballo del \u201cChafl\u00e1n\u201d, que merodea como oscuro fantasma en las calles de mi barrio.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Rosaura y yo nacimos en la misma comunidad, en una colonia de clima frio y de fr\u00eda pobreza. Emigramos hace mucho del lugar que nos vio nacer. Lo hicimos por razones distintas. Ella por cuidar de su hijo \u2013que ya empezaba con sus fechor\u00edas en la ciudad\u2013 y yo para ingresar a la escuela. Ha pasado tanto tiempo. Seguimos distintos caminos, aunque vivimos en la misma zona. Nos unen siempre nuestras ra\u00edces. Charlamos algunas veces. Son di\u00e1logos cortos y llenos de emoci\u00f3n, pero siempre en el mismo sentido: los acontecimientos de nuestro pueblo. Sus bailes populares, las fiestas que se celebran, los arg\u00fcendes que debemos de conocer, los muertos que se fueron sin avisar, nuestras familias, la comida que tanto extra\u00f1amos, las balas perdidas que ha habido \u00faltimamente. Pero hay una raz\u00f3n poderosa por la que me agrada escucharla: por la amistad que tuvo con mi madre. Eran contempor\u00e1neas, iban a los bailes, se hicieron comadres y c\u00f3mplices de la misma miseria que les toc\u00f3 vivir; eran grandes amigas, como dos mariposas que se aproximan a un abismo. Enfrentaron la miseria y la alegr\u00eda sin cuestionar nada. Solo que mi madre se adelant\u00f3 en el camino hace ya varios a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Escuchar a do\u00f1a Rosaura es una leve posibilidad de recordar lo que la memoria no me ayuda, solo las sensaciones ocultas en alguna dimensi\u00f3n del alma permiten volver a vivir lo que fue. Nuestros di\u00e1logos son chispas de nostalgia que nos hacen sentir lo profundamente vulnerables que somos en estos espacios ajenos que nos toc\u00f3 vivir. Somos dos almas grises que buscan el color en cada detalle de esta vida, de esta ciudad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora del siguiente perfil nos regala un retrato de do\u00f1a Rosaura, una mujer como hay muchas en cualquier ciudad o poblaci\u00f3n; lo que en un principio parece ser una descripci\u00f3n detallada y fr\u00eda, conforme avanza se convierte en una especie de c\u00e1lido recordatorio de que todos tenemos una do\u00f1a Rosaura en nuestro entorno. Marlene Ju\u00e1rez Morales La veo pasar casi a diario. Su figura es alta y esbelta como sombra et\u00e9rea en la gran ciudad. De caminar lento, constante y seguro. Va y viene en largas caminatas. No s\u00e9 con certeza a d\u00f3nde va y de d\u00f3nde viene. Me asaltan muchas dudas. \u00bfCu\u00e1l es la raz\u00f3n de su caminar interminable? No lo s\u00e9, pero mientras camina se revela en la faz de su rostro un monologo indefinido y ufano. Una paz inmensa que puede verse a la lejan\u00eda. A sus 85 a\u00f1os, do\u00f1a Rosaura traza rutas indescifrables, hace sus propios caminos: se inventa veredas; camina entre 4 o 5 kil\u00f3metros diariamente. Algunas veces su caminata la realiza en las primeras horas del d\u00eda; otras en el anaranjado ocaso. Su sombra se descompone en caminos y carreteras al borde del peligro. 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