{"id":478,"date":"2011-09-19T17:57:43","date_gmt":"2011-09-19T17:57:43","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=478"},"modified":"2024-12-11T10:23:20","modified_gmt":"2024-12-11T16:23:20","slug":"el-asalto-del-ciclista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=478","title":{"rendered":"El asalto del ciclista"},"content":{"rendered":"<h4><a href=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-4161 aligncenter\" src=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica-1024x553.jpg\" alt=\"\" width=\"610\" height=\"329\" srcset=\"https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica-1024x553.jpg 1024w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica-300x162.jpg 300w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica-768x415.jpg 768w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica-640x346.jpg 640w, https:\/\/elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/El-asalto-del-ciclista-Cro\u0301nica.jpg 1190w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><\/h4>\n<h4><span style=\"color: #3366ff;\">El autor de esta cr\u00f3nica narra c\u00f3mo, siendo las ocho y media de la ma\u00f1ana y estando a cinco cuadras de su casa, sufri\u00f3 su primer asalto. Siempre hay una primera vez, ah\u00ed s\u00ed ni c\u00f3mo&#8230;<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"color: #999999;\">Por Roberto Medina (@chinomorocho)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><strong>1<\/strong><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El primer contacto que tuvo con \u00e9l fue un leve toque con la llanta de la bicicleta en el tobillo. Acto seguido, se le abalanz\u00f3 hasta orillarlo, y una vez que la v\u00edctima no tuvo posibilidad alguna de escapar, comenz\u00f3 la ansiosa petici\u00f3n:<!--more--><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00a1Su\u00e9ltalo puto!, \u00a1su\u00e9ltalo!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Un cuchillo largo, como de 15 cent\u00edmetros, se apoyaba a la altura de las costillas de la v\u00edctima. Lo presionaba, pero no lo suficiente para sacar del shock moment\u00e1neo a quien, en ese momento, s\u00f3lo atinaba a tratar de adivinar lo que pasaba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00a1Su\u00e9ltalo cabr\u00f3n!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Trajo el cuchillo, pero las ganas de anonimato las dej\u00f3 en casa. Le bast\u00f3 al agredido apartar la mirada del arma blanca para verle la cara completa al asaltante: dientes grandes y cariosos, que mostraba como un <em>rottweiler<\/em> amenazante; las mejillas cubiertas por una barba de tres d\u00edas; los ojos negros, tan abiertos y expresivos que al menor impulso habr\u00edan botado hacia afuera. Todo sobre una piel morena que se arrugaba desde la frente hasta la barbilla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00a1Su\u00e9ltalo!, \u00a1su\u00e9ltalo!, \u00a1su\u00e9ltalo!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00c9l, sin dar cr\u00e9dito al crimen que s\u00f3lo necesit\u00f3 de unos diez segundos para consumarse, lo solt\u00f3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"color: #000000;\">2<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Contest\u00f3 el celular. Al otro lado, la voz que hab\u00eda escuchado cada d\u00eda durante el \u00faltimo a\u00f1o y medio; a veces la separaba la bocina del tel\u00e9fono, otras tantas un par de metros, y quiz\u00e1 las m\u00e1s, o las menos -nadie lo sabe- tan s\u00f3lo la separaba una s\u00e1bana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u2014Pregunt\u00f3 con una voz adormilada que se justificaba por la hora.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 Ya voy para la casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Sali\u00f3 tarde de trabajar, si es que el calificativo aplica para la ocasi\u00f3n. Ocho y media de la ma\u00f1ana. La hora exacta para comprobar que la gente en el centro de la ciudad no duerme, porque la urgencia de comprar la fruta, verduras, carne, jugos, lonches y dem\u00e1s impulsa todos los d\u00edas del a\u00f1o a los caminantes diurnos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00bfC\u00f3mo te fue en el trabajo?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La pl\u00e1tica no vari\u00f3 en lo absoluto. El recorrido, tampoco. Hab\u00eda pisado durante meses la calle Independencia hasta donde un pedazo de banqueta la separa de Juan Manuel.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00c9l siempre caminaba. Incluso por las noches, cuando ten\u00eda que bajarse del cami\u00f3n ante las oficinas de la polic\u00eda estatal, que en definitiva no lo hac\u00edan sentirse m\u00e1s seguro. Se dirig\u00eda al trabajo entre lavacoches, cantinas, borrachos y prostitutas, escena que noche a noche hace del Centro de Guadalajara un escenario monop\u00f3lico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">En esas caminatas, con los hombros soportando el peso de una laptop, pensaba que en definitiva no se podr\u00eda librar de un asalto en un d\u00eda pr\u00f3ximo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Pero en ese momento, en el que el sol daba el \u00faltimo bostezo, y estando a cinco cuadras de su casa, s\u00f3lo ten\u00eda mente para hablar con ella. Entonces, la llanta de una bicicleta le toc\u00f3 el tobillo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"color: #000000;\">3<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00a1Su\u00e9ltalo!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Dej\u00f3 caer el celular sobre la palma del asaltante. Si frente a \u00e9l hubiera tenido un espejo, sin duda parecer\u00eda que actuaba -pat\u00e9ticamente- para el c\u00e1sting de una pel\u00edcula de terror.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u2014 \u00a1Date la vuelta cabr\u00f3n! \u00a1Y no voltees!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">C\u00f3mo no obedecerlo. El cuchillo, fiel a su amo, hac\u00eda cumplir la instrucci\u00f3n apoy\u00e1ndose repetidamente sobre la espalda alta, a un costado de la correa que sosten\u00eda la laptop, que, por alg\u00fan motivo que s\u00f3lo el agresor sabe, no fue parte del material robado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El asaltante pedale\u00f3. R\u00e1pido. Lento. El tiempo no importa. Diez segundos se extendieron como una diminuta liga que se tensa hasta casi partirse en dos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La v\u00edctima camin\u00f3 tres o cuatro pasos, lentos, pesados, hac\u00eda donde el asaltante le oblig\u00f3. La calle estaba sola, sin pista de testigos. Se anim\u00f3 a voltear. Ya no hab\u00eda nadie montado en una bicicleta de color azul desgastado, como la del malandr\u00edn. Camin\u00f3 r\u00e1pido hacia la esquina, pero no, ya no hab\u00eda rastro del nuevo due\u00f1o de su celular.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">A\u00fan diez meses despu\u00e9s del primer asalto que sufri\u00f3 en su vida, no dejar\u00eda de repetirse a s\u00ed mismo y a quien volv\u00eda preguntar sobre ese cap\u00edtulo: \u201cQu\u00e9 pendejo, como estuvo montado todo el tiempo en una bicicleta, si lo hubiera empujado de seguro que perd\u00eda el equilibrio\u201d. L\u00e1stima.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #3366ff;\"><strong><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1310\" title=\"autor_roberto\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_roberto.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Roberto Medina Polanco.<\/strong> A\u00fan no hay recomendaci\u00f3n m\u00e9dica que lo separe del Twitter ni del caf\u00e9, aunque a este paso no tardar\u00e1 en llegar. Los ojos le lloran cuando lee, pero se resiste a usar lentes. Quiere aprender a cronicar cuanta cosa ve, pero mientras tanto, se dedica a echar a perder textos.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor de esta cr\u00f3nica narra c\u00f3mo, siendo las ocho y media de la ma\u00f1ana y estando a cinco cuadras de su casa, sufri\u00f3 su primer asalto. 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