{"id":931,"date":"2011-10-14T14:17:31","date_gmt":"2011-10-14T14:17:31","guid":{"rendered":"http:\/\/elhuevocojo.com\/?p=931"},"modified":"2012-02-17T23:07:27","modified_gmt":"2012-02-17T23:07:27","slug":"jova-cronica-de-un-desastre-que-nunca-ocurrio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/?p=931","title":{"rendered":"Jova: Cr\u00f3nica de un desastre que nunca ocurri\u00f3"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #3366ff;\">Esta cr\u00f3nica comenz\u00f3 siendo apenas un pu\u00f1ado de apuntes y anotaciones mentales. Instant\u00e1neas que se apilaron en la memoria hasta no caber. Una mezcla de susurros y cotilleos que se atestiguaron o se fisgonearon, pero de los que no se hizo ni el intento por verificar. Otros son testimonios recogidos en el traj\u00edn de todos los d\u00edas: en los lugares m\u00e1s comunes y de las formas m\u00e1s vulgares. En resumidas cuentas lo \u00fanico completamente cierto est\u00e1 en fotograf\u00edas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #888888;\">Por: Christian Mendoza <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/jova.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-1378\" title=\"jova\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/jova.jpg\" alt=\"\" width=\"850\" height=\"454\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #999999;\">Imagen: Cortes\u00eda de Martha G.<\/span><\/p>\n<p><em><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para todos aquellos que no corrieron con la misma buena suerte.<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><em>Domingo<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">A pesar del oto\u00f1o, en Puerto Vallarta el calor no da tregua. El m\u00e1s m\u00ednimo esfuerzo produce chorros de sudor. Sin importar cuan alto est\u00e9 el sol, la ropa siempre parece haber salido de la lavadora. Hoy no es la excepci\u00f3n. Afortunadamente es el d\u00eda del descanso del se\u00f1or. El mejor de la semana en un clima h\u00famedo. No hay mejor excusa para tirarse en la cama bajo el ventilador. Ni pa\u2019 qu\u00e9 moverse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 Es poco m\u00e1s del medio d\u00eda. La ciudad se inunda con el sonido de una sirena con h\u00edper volumen. Una voz institucional da un mensaje. No lo comprendo del todo. En su eco retiembla la est\u00e1tica que arrastran los altos decibles del meg\u00e1fono: advierte sobre los peligros de un hurac\u00e1n que podr\u00eda traer grandes precipitaciones para el martes o algo as\u00ed. \u00bfMotivo de alarma? Aqu\u00ed la lluvia deber\u00eda festejarse.<!--more--><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><em>Lunes<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">La estampa de la ciudad amanece gris, como de postal inglesa. A las nueve de la ma\u00f1ana las calles del centro est\u00e1n at\u00edpicamente vac\u00edas. Una llovizna tupida pero no muy larga roci\u00f3 la inquietud. En el camino, que va desde el malec\u00f3n al coraz\u00f3n del Viejo Vallarta, casi todas las tiendas est\u00e1n cerradas. A medio trayecto, en la colonia Emiliano Zapata, los vecinos vigilan desde las puertas y las ventanas. En sus rostros hay una expresi\u00f3n que no acaba de definirse. Mezcla de zozobra y de incredulidad. La duda permanece: bien saben que las monta\u00f1as bajaron la guardia una vez, hace casi diez a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 Las madres llevan a sus peque\u00f1os a las estancias infantiles con el temor de que el servicio sea suspendido hasta nuevo aviso. Los ni\u00f1os m\u00e1s grandecitos esperan ansiosos que con el pretexto de salvaguardar su seguridad se cancelen las clases por un par de d\u00edas. Lo mismo pasa con los haraganes que no quieren presentarse a trabajar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 Pero no. Pese a los malos augurios el sol termina por salir. Poco a poco el term\u00f3metro levanta y la ciudad se envuelve en s\u00ed misma. Jova va volvi\u00e9ndose un nombre com\u00fan en las conversaciones casuales. Es mejor usarlo con cautela. No se vayan a enojar los dioses. Hasta los m\u00e1s descre\u00eddos prefieren decir: \u201cpo\u2019s si llega, ya ser\u00e1 ma\u00f1ana\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\"><em>Martes<\/em><\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">No hay en las nubes indicio de lluvia, \u00bfser\u00e1 que el meteoro cambi\u00f3 de rumbo? La prensa local afirma lo contrario. Dicen que los temores son \u201cfundados,\u201d que podr\u00eda haber lluvias intensas; que el r\u00edo podr\u00eda desbordarse; que el hurac\u00e1n tocar\u00eda tierra all\u00e1 por los rumbos de la Costa Sur. Apenas termino la lectura y el gusano seroso de la duda se me acomoda entre las tripas. Miro por la ventana: un cielo blanquecino con pinceladas de azul pardo me apacigua. Hoy no parece ni tan infinito ni tan inalcanzable. Me dan ganas de levantar la mano y estirar los dedos, pero me aguanto. No sea que el cielo siga siendo el mismo y entonces si nos lleve la chingada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 El centro de la ciudad est\u00e1 m\u00e1s vivo. Los trabajos de prevenci\u00f3n llevan y traen gente. Hombres y mujeres trepados en escaleras, botes y tarimas trazan l\u00edneas con cinta adhesiva de papel en ventanales gigantescos o en puertas de cristal abatibles. La forma depende de su imaginaci\u00f3n. Lo m\u00e1s com\u00fan es dibujarles una equis o una cruz, pero hay quienes no se detienen y sobre esas formas unen otras l\u00edneas creando as\u00ed asteriscos o gatos. Unos m\u00e1s chuecos que otros. Unos m\u00e1s cortos; otros m\u00e1s largos. En bancos y bares las medidas son m\u00e1s intensas: se levantan corazas de madera para proteger las entradas y salidas de la furia del viento y del mar. \u00a1Pum! \u00a1Pum! \u00a1Plaz! Marros y martillos trabajan al un\u00edsono desde distintos lados de la calle. \u00a1Triiil! \u00a1Triil! \u00a1Trill! Una excavadora y piedras rotas en el\u00a0\u00abnuevo\u00bb malec\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/bd_ori_ed11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-934\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/bd_ori_ed11.jpg\" alt=\"Imagen: Cortes\u00eda de Issac Ort\u00edz.\" width=\"300\" height=\"199\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #999999;\">Imagen: Cortes\u00eda de Isaac Ortiz <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 A lo largo del Boulevard hotelero tambi\u00e9n se toman precauciones: las palmeras que engalanan al enorme paseo son podadas una a una con paciencia oriental. Los establecimientos frente al mar han decidido tomarse el d\u00eda para desmontar algunas de sus pertenencias. En las playas en las que suelen atiborrarse los ba\u00f1istas, ahora se amontonan hombres con palas y botes: traen consigo hasta un ciento de costales para llenar con arena. M\u00e1s tarde construir\u00e1n barracas para contener los embistes de la corriente en caso de inundaci\u00f3n. Ingenuos: el agua siempre encuentra su camino.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 Una lenta llovizna comienza. Habr\u00e1 de mantenerse ligera e intermitente durante el d\u00eda. Los m\u00e1s precavidos hacen caso de los anuncios en la radio: salen de compras. Entre sus provisiones cargan con velas, linternas y bater\u00edas. El d\u00eda transcurre entre esos preparativos. El calor ha sucumbido. La humedad de la selva es ahora una caricia que entibia el viento que sopla desde la monta\u00f1a. Parece venir impregnado de un cierto sentido de conciencia com\u00fan: si los ventarrones llegan vamos a resistir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 No es del todo cierto. En mi caminar por el centro me encuentro lugares en los que la cautela no existe. Entonces me veo a m\u00ed mismo caminar esas calles nueve a\u00f1os atr\u00e1s. Entre una muchedumbre de gente que desfil\u00f3 por el boulevard hasta las callejuelas del pueblo viejo, horas despu\u00e9s de las marejadas del hurac\u00e1n Kenna. Andando sobre un profundo suelo arenoso, que antes fue empedrado, lleno de troncos, escombros y autos estrellados. Mirando estupefacto entre vidrios rotos y aparadores vac\u00edos de tiendas de ropa, galer\u00edas de arte y costosas joyer\u00edas -que estaban llenos-. Recuerdo con particular inquietud la exasperaci\u00f3n de una mujer que reci\u00e9n hab\u00eda perdido todo. Era una locataria de la calle Ju\u00e1rez, justo a unos metros despu\u00e9s de su cruce con Insurgentes. Hacia el r\u00edo, pose\u00eda un negocio peque\u00f1o en el que vend\u00eda ropa de playa y trajes de ba\u00f1o. La corriente mar\u00edtima hab\u00eda entrado a su tienda llev\u00e1ndose alguna mercanc\u00eda y dejando otra rasgada, sucia y llena de arena. Adentro la situaci\u00f3n era similar: el agua estancada y revuelta amenazaba con pudrir los tejidos de lo que todav\u00eda era \u00fatil. Esto \u00faltimo yac\u00eda en la banqueta. Decenas de personas pas\u00e1bamos por ah\u00ed saltando la pila de mercanc\u00eda. Entorpeciendo el trabajo de la mujer, que sacaba con cubetas y un trapeador el agua dentro de su local. Cuando no pudo m\u00e1s grit\u00f3 un sollozo iracundo: \u00ab\u00a1Ya ni la chingan! Uno aqu\u00ed echando talacha y ustedes estorbando\u201d. Siendo el \u00faltimo que acababa de cruzar, me sent\u00ed un miserable.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 Camin\u00e9 hasta la playa con ese recuerdo en mi cabeza. Tom\u00e9 un atajo a trav\u00e9s del Mercado del Cuale. Ah\u00ed encontr\u00e9 a los vendedores salvaguardando en lo alto su artesan\u00eda. Ese d\u00eda no trabajar\u00edan hasta despu\u00e9s de las seis. As\u00ed lo convinieron con las autoridades en un papel firmado. El r\u00edo parec\u00eda el mismo de siempre: con su incesante ir hac\u00eda el oc\u00e9ano y su chocar de piedras pulidas. Dej\u00e9 que su borde me bajara hasta el mar. A lo lejos se dibuj\u00f3 un hermoso arco\u00edris: la se\u00f1al de la alianza, del perd\u00f3n; de la redenci\u00f3n. Est\u00e1bamos salvados. Se desvaneci\u00f3 cerca del ocaso: ni la lluvia ni el horizonte nebuloso impidieron que la agonizante lumbrera mayor cubriera el manto celeste de rojo intenso. Contempl\u00e9 devotamente ese instante en el que el infinito se comprime y se expande a la vez. Las olas se crisparon, pero en lo m\u00e1s alto de sus bucles mont\u00f3 un grupo de intr\u00e9pidos surfistas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0\u00a0 En aquel momento de arrobo m\u00edstico fui demasiado ciego para entenderlo. El d\u00eda siguiente no terminar\u00eda sin una desgracia. Aunque esta sucediera lejos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #3366ff;\"><a href=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_christian.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1301\" title=\"autor_christian\" src=\"https:\/\/www.elhuevocojo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/autor_christian.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>Christian Mendoza. Hijo de Terps\u00edcore. Lejos de ser musa se conformar\u00eda con ser diva. Lamentablemente, un escritorcillo franc\u00e9s rompi\u00f3 su esperanza: \u201clas divas no limpian cacas\u201d, le asegur\u00f3 el descastado \u00a1Oh tragedia! \u00c9l ya lo hizo. En la necesidad de menores ambiciones ser\u00eda para \u00e9l suficiente con leer -y comprender- la obra completa de Proust, de paso, tambi\u00e9n la de Octavio Paz. Nada m\u00e1s porque le parece que podr\u00edan ayudarle a convertirse en un \u201cescritor\u201d no tan malo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta cr\u00f3nica comenz\u00f3 siendo apenas un pu\u00f1ado de apuntes y anotaciones mentales. Instant\u00e1neas que se apilaron en la memoria hasta no caber. Una mezcla de susurros y cotilleos que se atestiguaron o se fisgonearon, pero de los que no se hizo ni el intento por verificar. Otros son testimonios recogidos en el traj\u00edn de todos los d\u00edas: en los lugares m\u00e1s comunes y de las formas m\u00e1s vulgares. En resumidas cuentas lo \u00fanico completamente cierto est\u00e1 en fotograf\u00edas. Por: Christian Mendoza Imagen: Cortes\u00eda de Martha G. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para todos aquellos que no corrieron con la misma buena suerte. Domingo A pesar del oto\u00f1o, en Puerto Vallarta el calor no da tregua. El m\u00e1s m\u00ednimo esfuerzo produce chorros de sudor. Sin importar cuan alto est\u00e9 el sol, la ropa siempre parece haber salido de la lavadora. Hoy no es la excepci\u00f3n. Afortunadamente es el d\u00eda del descanso del se\u00f1or. El mejor de la semana en un clima h\u00famedo. No hay mejor excusa para tirarse en la cama bajo el ventilador. Ni pa\u2019 qu\u00e9 moverse. \u00a0\u00a0 Es poco m\u00e1s del medio d\u00eda. La ciudad se inunda con el sonido de una sirena con h\u00edper volumen. Una voz institucional da un mensaje. 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